La Constitución del ‘49 y su impacto político en América Latina.
7 jul 2011 Educacion, HISTORIA, Notas semanales, Politica
Buenos Aires, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Política Nacional y Regional
Por Marcelo Gullo*
Para EL EMILIO
Para comprender el significado profundo del proceso revolucionario iniciado por el peronismo y el impacto político que su expresión jurídica máxima – la Constitución de 1949- tuvo, desde el Río Grande hasta la Tierra del Fuego, es necesario exponer primero, la estructura básica del sistema internacional. Un sistema en dónde todo estado y todo proceso revolucionario desarrolla su existencia. Sin un breve introductorio de esta cuestión esencial nos será imposible, no sólo comprender la relevancia de aquella brillante elaboración jurídica – cuyo 60° aniversario conmemoramos-, sino también su relación inextricable con la realidad política cuyo contenido pretendió modificar.
Ayer, al igual que hoy, en el sistema internacional, el lugar que ocupa cada Estado se encuentra determinado por las condiciones reales de poder. Entre estas condiciones determinantes, destacan, por cierto, la cultura de una sociedad y su psicología colectiva. De la simple observación objetiva del escenario internacional se desprende que la igualdad jurídica de los Estados es una ficción, por la sencilla razón de que unos Estados tienen más poder que otros.
La contemplación del sistema internacional, desde la antigüedad oriental hasta nuestros días, permite observar el hecho axial de que siempre han existido pueblos y Estados subordinantes y pueblos y Estados subordinados. Este hecho lleva a la formación, dentro de cada ecúmene y en cada periodo histórico, de un sistema centro-periferia, marcado por una fuerte asimetría, en la que provienen del centro las directrices regulatorias de las relaciones internacionales y hacia el centro se encaminan, los beneficios, mientras la periferia es proveedora de servicios y bienes de menor valor, quedando, de este modo, sometida a las normas regulatorias del centro.
Asimismo, un análisis histórico objetivo y profundo, permite verificar que todos los procesos emancipatorios exitosos fueron el producto de una “Insubordinación Fundante”, es decir que todos los procesos emancipatorios exitosos resultaron de una conveniente conjugación de una actitud de insubordinación ideológica para con el pensamiento dominante y de un eficaz impulso estatal. El proceso iniciado por el peronismo en 1945 significó, desde este punto de vista, un intento tenaz de realizar una “Insubordinación Fundante” y, la Constitución de 1949, no fue, sino, la expresión jurídica de esa insubordinación.
Lógicamente, las características que determinan el poder de los Estados y las relaciones centro-periferia varían históricamente. Sin embargo, es necesario destacar que, a partir de la denominada Revolución Industrial se produce un profundo cambio en los factores que determinan la supremacía del poder, los factores que hacen que un Estado se convierta en subordinante y dominante y que los demás se conviertan en subordinados y, en cierta forma y grado diverso, en dominados. Estamos postulando aquí, de modo más que sintético, que existen una serie de elementos – factores – cuya posesión o no, por parte de un Estado en un momento histórico dado, determinan su posicionamiento en el sistema internacional. A efectos de remarcar este vuelco sustancial que se produce a partir de la Revolución Industrial, conviene recodar que fue la Gran Bretaña, a partir de su industrialización, la que obtuvo, antes que ninguna otra nación tal factor de poder y, a partir de esa primacía, consiguió subordinar de un modo más o menos tangible, al resto de los Estados. Gran Bretaña, no está demás aclararlo, fue la potencia subordinante a la cual, informalmente, la Argentina estuvo subordinada desde 1852 a 1943. Es destacable aclarar que, una vez que Gran Bretaña obtuvo una supremacía incontrastable en el desarrollo industrial de su época, alcanzó un nuevo “Umbral de Poder”, más elevado que cualquiera que se hubiese conocido hasta ese momento y por ello, se dispuso a defender esa supremacía mediante una política que podríamos denominar, con palabras de Helio Jaguaribe, como de deliberada duplicidad. Una duplicidad consistente en actuar de un modo, fronteras adentro y de predicar, puertas afuera de esas fronteras, una ideología, disfrazada de “ciencia”, completamente diversa. Una cosa era aquello que Gran Bretaña hacía efectivamente para industrializarse, progresar en ese proceso de industrialización creciente y mantenerse a la vanguardia del mismo y otra, perfectamente opuesta, era la ideología que, Adam Smith y otros voceros mediante, exportaba hacia los países que intentaba subordinar. El ejemplo seria, más luego, seguido por los Estados Unidos.
La industrialización británica se basó fundamentalmente en un estricto proteccionismo de su mercado interno – con un apropiado y fuerte auxilio del Estado a ese proceso de industrialización. Obtenidos para sí, buenos resultados de esa política, Gran Bretaña se esmerará en sostener, para los otros, los principios del libre cambio y de la libre actuación del mercado, condenando, como contraproducente, cualquier intervención del Estado. Imprimiendo a esa ideología de preservación de su hegemonía, las apariencias de un principio científico universal de economía logró, con éxito, persuadir de su procedencia, por un largo tiempo (de hecho, pero teniendo como centro a los Estados Unidos, hasta nuestros días), a los demás pueblos que, así, se constituyeron, pasivamente, en mercado para los productos industriales británicos (y después para los norteamericanos), permaneciendo como simples productores de materias primas.
Esta situación se mantuvo hasta que los talleres británicos y norteamericanos se vieron obligados a abandonar la provisión de los países latinoamericanos para concentrarse, por completo, en la fabricación de todo aquello que les permitiera detener la infernal maquinaria nazi. Entonces, todos lo países latinoamericanos, a raíz del estallido de la Segunda Guerra Mundial – que hace que se interrumpa, casi totalmente, el suministro de los productos industriales que venían de Europa y Estados Unidos -, inician un proceso de industrialización acelerada. Un proceso anárquico y no planificado. Aunque, en menor escala, el mismo fenómeno se había producido ya, durante la Primea Guerra Mundial. Se desarrollaron, entonces, por fuerza de mera necesidad, una industria liviana así como algunos atisbos de industria pesada. La interrupción de las importaciones había creado las condiciones necesarias para el desarrollo industrial. Un fenómeno análogo había ocurrido en 1812, en Alemania, cuando Napoleón impuso el Bloqueo Continental que impedía que los productos industriales británicos entraran a los países de la Europa continental.
Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial el objetivo de la “Estructura Hegemónica del Poder Mundial” era que todo volviera a la normalidad: es decir que los países periféricos siguieran exportando productos primarios e importando productos industriales. Lógicamente, la incipiente industria latinoamericana no estaba en condiciones de competir con la poderosa industria norteamericana que, además, tenía un gran excedente de producción. La única forma de mantener y, afirmar el proceso de industrialización, consistía en rechazar de plano el dogma liberal de la división internacional del trabajo y establecer, en consecuencia, una gran barrera arancelaria que impidiese la entrada de los productos industriales estadounidenses. De no establecerse esa barrera, se volvería a la condición anterior a la de la década del ‘40, es decir, a la condición de países mono productores de bienes primarios y, una gran masa de la población, empleada en la industria, quedaría en la calle, sin trabajo y en condiciones de vida infrahumanas. Todos los países latinoamericanos estaban ante la disyuntiva de realizar una Insubordinación Fundante o bien, de someterse a los dictados del nuevo centro máximo del poder mundial.
La presión para que los países latinoamericanos no aplicaran medidas proteccionistas, fue enorme. El peronismo se resistió, no acató las indicaciones provenientes de Estados Unidos y Gran Bretaña e intentó profundizar el proceso de industrialización. Además el gobierno argentino aplicó una política de fuerte impulso estatal a la industrialización y dirigió gran parte de sus esfuerzos al desarrollo de nuevas tecnologías estratégicas como la aeronáutica y la nuclear. Uno de los resultados más palpables de esa política, fue el hecho de que la Argentina fuese el tercer país en el mundo en fabricar un avión a reacción: el legendario “Pulqui”.
La decisión del gobierno peronista de implementar una fuerte barrera arancelaria que sirviera de protección a la industria nacional, para evitar esa especie de “infanticidio industrial”, impidió que la Argentina se desintrustrializara volviendo a la condición de exportadora exclusiva de productos primarios sin elaboración.
En Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, el incipiente proceso de industrialización, fue barrido completamente, por la irrupción de los productos industriales que llegaban de los países centrales. El peronismo, tercamente, impidió el proceso de desindustrialización y reprimarización que hubiese condenado al 60 % de la población argentina, a la pobreza extrema en tanto que el modelo agro exportador, ya no era ya capaz de proporcionar el pleno empleo.
Así, mientras los países latinoamericanos se sometían a un proceso de reprimarización de sus economías, la Argentina peronista, profundizaba su proceso de industrialización y los trabajadores participaban del 50 % del Producto Bruto Interno. Esta situación,- a pesar de la enorme campaña de desprestigio que las agencias internacionales de noticias llevaban a cabo contra el gobierno peronista- no pasaba desapercibida para la enorme masa de desposeídos de la America Latina toda. Es, en ese marco, que los pueblos de la América Latina reciben, con asombro y algarabía, la noticia de la consagración, en Argentina, con rango constitucional, de los derechos de los trabajadores. No menos impacto causó, la consagración, también con rango constitucional, del principio de la propiedad inalienable de los recursos naturales, por parte de la Nación Argentina. La conmoción política provocada en America Latina por la Constitución del ´49, fue enorme. Las masas de la América latina veían consagrados constitucionalmente, en la Argentina, lo mismos derechos que, diariamente, les eran negados y pisoteados, en sus propios países.
La Constitución del ’49, insufló un aire revolucionario en la enorme masa de desposeídos latinoamericanos. El peruano Manuel Seoane, líder histórico del Aprismo, calificó, entonces, a la Constitución del ´49 como un “Nuevo Ayacucho”. Las fuerzas populares brasileñas recibieron el aliento necesario para luchar por el retorno de Getulio Vargas al poder quien había sido derrocado, luego del octubre peronista, para impedir la alianza argentino brasileña. En Chile, las fuerzas que apoyaban al general Ibáñez, adquirieron el ánimo político necesario para organizarse y ganar luego las elecciones. Las masas mineras bolivianas comenzaron a soñar con la nacionalización de las minas de estaño y se volcaron, decididamente, a la acción política revolucionaria, apoyando al MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), cuyos lideres – exilados en Argentina – recibieron, al igual que los lideres apristas peruanos, todo tipo de ayuda, por parte del gobierno peronista argentino, a fin de que pudiesen llegar al poder. Para miles de trabajadores domésticos y rurales peruanos, ecuatorianos, paraguayos, colombianos, sometidos a una situación de servidumbre, la Constitución del ‘49 aparece como un “nuevo evangelio”. Lamentablemente en Colombia, la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, producida en 1948, impide que las fuerzas populares se organicen y hacen que un grupo de estudiantes gaitanistas, conmovidos por el asesinato de su líder histórico, opten por el camino de la insurrección armada. Muchos jóvenes latinoamericanos – entre ellos uno, llamado Fidel Castro – impactados tanto por la Insubordinación Fundante que protagonizara la Argentina, como por su consagración de grado jurídico supremo en la Constitución del ’49, toman contacto con el gobierno argentino y reciben de éste, todo tipo de ayuda. En Guatemala, el ejército, conducido por Jacobo Arbenz, intenta seguir el ejemplo de la insubordinación peronista.
A partir de 1949, el “virus” de la insubordinación se propaga por toda América Latina: Vargas, Ibáñez, Paz Estensoro, llegaron al poder en sus respectivos países. El contagio revolucionario parecía indetenible y en la propagación del mismo, jugó un rol fundamental la nueva Carta Magna elaborada por la Argentina insubordinada: la Constitución de 1949. Este contagio revolucionario sólo pudo ser extinguido cuando un grupo de oficiales de la marina y del ejército argentino – al servicio de los intereses anglo-norteamericanos y utilizando como único argumento la violencia y el terror – logró desalojar del poder al gobierno constitucional, encabezado por Juan Domingo Perón.
Quedó inconclusa, entonces, la Insubordinación Fundante iniciada el 17 de octubre de 1945 y la ruptura de la legalidad llegó al inaudito extremo de anular una Carta Magna, la de 1949, mediante un burdo y absurdo – y, por supuesto, carente de valor jurídico alguno – bando militar. Importa, en consecuencia, precisar categóricamente que, a pesar de las numerosas convocatorias constituyentes posteriores, esta arbitrariedad de origen y su consecuente nulidad jurídica liminar, sigue existiendo, aun hoy.
A partir de 1955, la Constitución de 1949 fue satanizada por la propaganda ideológica elaborada por los centros del poder mundial. Sin embargo, cada vez que uno de los distintos pueblos que componen la Patria Grande latinoamericana recupera la conducción de los destinos del Estado, la Constitución del ‘49 está ahí, presente, sirviéndole de referencia y de guía.
Hoy, la Constitución del ‘49, renaciendo de las cenizas, ha nutrido – a 60 años de su promulgación – el proceso revolucionario constitucional de Venezuela y el de Bolivia.
Quizás mañana, cuando el pueblo argentino, recuperando la confianza en sí mismo, se ponga nuevamente de pie para intentar, una vez más, realizar su propia Insubordinación Fundante, la Constitución del ´49 recobre el lugar del cual fue desalojada por un inicuo bando militar, elaborado por la nefasta revolución fusiladora de 1955.
*Marcelo Gullo: Profesor de Política Exterior Argentina y Historia Argentina en la Universidad Nacional de Lanús.
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DESARROLLOS (IN)SUSTENTABLES (1ra Parte)
11 dic 2009 Arte y Cultura, Ciencia, CONTAMINACIÓN AMBIENTAL, ECONOMÍA, Educacion, HISTORIA, MEDIO AMBIENTE, Notas semanales, Política Internacional, Politica, Tecnología
Gentileza de EL AGORA
Por Mario Rovere
“El presente es aquel mañana que ayer te parecía tan temido”.
Esta frase estaba a principio de los 80′s bajo un vidrio en un escritorio del Hospital monoclínico de Hanseniasis (Lepra) Baldomero Sommer y vino a la mente junto con los desafíos de las proyecciones del club de Roma cuando no era fácil leer otras cosas durante la última dictadura (1976-1983).
En la década de los 60′s algunas cosas eran más sencillas. Si se decía desarrollo parecía que todo estaba dicho. Como si de una referencia pediátrica se tratara, no bastaba el crecimiento (económico), había también que lograr el desarrollo (social).
Los países desarrollados marcaban el rumbo, ya habían hecho la tarea y conquistado para siempre el paraíso, los subdesarrollados tenían que seguir la senda que ya estaba marcada: la industria serviría como sector modernizador aunque acotada a la “industria liviana” (la pesada no era para cualquiera), generar consumo y mercado interno -es decir incorporar a los y las trabajadoras a la sociedad de consumo-, asociar desarrollo con investigación (aplicada, la básica no era para cualquiera) era la tendencia. Se podía decir que el desarrollo no garantizaba derechos pero prometía que iría creando las condiciones para un Estado de Bienestar criollo, la “educación y la salud eran una inversión y no un gasto”, se podían insertar los conceptos de “educación y salud” en el “desarrollo” y se asociaba automáticamente “desarrollo con ciencia y con progreso”, parecía que estábamos frente a un verdadero paradigma, es decir algo que por definición es innecesario probar.
Pocos años transcurrieron hasta que ciertas hipótesis, ciertas dudas que ya se venían incubando desde antes, más precisamente desde el fin de la segunda guerra mundial sobre el “progreso”, se transformaran en polémica científica y política.
Es que la fuerte asociación entre progreso y desarrollo científico-tecnológico resultaba más sencilla en tanto no había incluido hasta entonces una polémica o una desconfianza
sobre el rol que puede jugar la propia ciencia a quien, desde entonces, se la empezó a ver transcurrir con cierta facilidad y hasta ligereza desde el rol de heroína hasta el de villana.
Será el fin de la Segunda Guerra Mundial y el uso bélico de la energía atómica, uno de los hechos que más sólidamente impulsó por un lado un cuestionamiento sobre la ciencia y por el otro, la necesidad de establecer controles, de fijar parámetros y reaseguros por dentro y por fuera de la propia ciencia.
El orden mundial de la posguerra que pronto se volvería una prolongada guerra fría, parecía encontrar sus autorregulaciones en la planificación en los países del socialismo real o en el
pacto social (Capital, Trabajo, Estado) subyacente al modelo de Estado de Bienestar en los países con regímenes social demócratas.
El desarrollismo de los 60′s y sus preceptos de explotación de mercados internos, de sustitución de importaciones, de incremento del consumo de los trabajadores, de los electrodomésticos y los vehículos económicos pero también de planificación y desarrollo de la educación y de la salud
pública, pronto vería agotar sus paradigmas en América Latina tanto por los procesos políticos revolucionarios de fines de los 60′s y principios de los 70s Chile, Perú, Bolivia, Argentina, Panamá, como por las consecuentes dictaduras militares que comienzan a instalar (tal vez a excepción de Brasil cuya prolongada dictadura 1964-1985 mantuvo una cierta orientación desarrollista), políticas económicas abiertamente neoliberales.
A fin de los 60s y durante los años 70′s, -paradojalmente aprovechando los desarrollos tecnológicos de la computaciones coloca en controversia la viabilidad y pertinencia de los
caminos de desarrollo predominantes en la época, especialmente los referidos al uso de los recursos no renovables.
Usinas de pensamiento como el Club de Roma, el Massachusset //Molinos de viento. Una fuente de energías limpias.Institute of Technology (MIT) y otras instancias comenzaron a difundir diferentes cálculos e hipótesis de mediano y largo plazo para instalar preocupaciones sobre la posibilidad de
agotamiento de recursos naturales no renovables, instalando ya de alguna manera el concepto de sustentable. En otras palabras, interrogando durante cuanto tiempo se podía mantener un patrón de desarrollo como el que los países centrales seguían y además le recetaban a los demás seguir.
Mirado en perspectiva, las resonancias maltusianas de algunos trabajos en donde el énfasis parecía puesto en el crecimiento desmedido de la población hicieron más polémicas estas predicciones aunque ciertamente constituyen la base para poner también en entredicho el camino de países, empresas y gobiernos que comenzaron a consumir bienes comunes no renovables a un ritmo imposible de mantener.
La crisis mundial ocasionada por el aumento del precio del petróleo generado por el acuerdo de organización de los exportadores (OPEP 1973), intentaba cambiar los términos de intercambio e instalar un Nuevo Orden Económico Internacional y en la práctica cumplió un doble rol, por un lado probaba hasta que punto el mundo desarrollado dependía de este recurso no-renovable, pero por otro lado cuestionaba los cálculos lineales iniciales mostrando que las tasas de consumo podían ser muy sensibles al precio al que esos insumos se comercializaran.
Así muy pronto el paradigma desarrollista entró en una contradicción. Por un lado los países centrales se prestaban como modelo a imitar, exponiendo sendas transitadas como “el único camino al desarrollo” y por el otro si la mayoría de los países siguieran ese ejemplo en términos de consumo de los bienes comunes no renovables, el propio planeta sería inviable.
Es probablemente por eso, que cuando en 1989 la caída del muro de Berlín desata una estampida de inversionistas hacia las nuevas reservas de mercado buscando expandir los negocios bajo la piadosa denominación de “globalización”, la comunidad internacional reacciona con una conferencia tan memorable como odiosa a los oídos de los capitalistas más depredadores.
Nacía el concepto de “Desarrollo Sustentable” que fue lanzado por la comisión que presidía Gro Harlen Brundtland1 en 1988. Esta comisión fue la encargada de preparar un informe para analizar la creciente preocupación acerca del acelerado deterioro del ambiente humano y de los recursos naturales y las consecuencias de ese deterioro sobre el desarrollo económico y social. Al establecer esa comisión la Asamblea General de la ONU reconocía que los problemas ambientales eran globales en su naturaleza y determinó que era de interés común de todas las naciones, establecer políticas para un desarrollo que se pudiera sustentar en el mediano y largo plazo.
En un acápite del informe Brundtland “Nuestro futuro común” que se denomina desde nuestra tierra hacia nuestro mundo se señala:
A mediados del siglo XX vimos nuestro planeta desde el espacio por primera vez. Los historiadores podrán eventualmente encontrar que esa visión tuvo un enorme impacto sobre el pensamiento desde la revolución Copernicana en el siglo XVI el cual alteró la autoimagen de la humanidad revelando que la tierra no es el centro del universo. Desde el espacio vemos una pequeña y frágil pelota dominada no por la actividad humana y edificios sino por un patrón de nubes, océanos, áreas verdes y suelos. La inhabilidad humana para ajustar sus actividades en esos patrones está cambiando el sistema planetario en forma sustancial. Muchos de esos cambios están acompañados por riesgos y amenazas a la vida. Esta nueva realidad, de la cual no hay escape, debe ser reconocida y administrada. “(2)
//Desarrollo sustentable: es aquelque satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas.//
Tres fueron los mandatos u objetivos impuestos a la Comisión:
- Examinar los temas críticos de desarrollo y medio ambiente y formular propuestas realistas al respecto.
-Proponer nuevas formas de cooperación internacional capaces de influir en la formulación de las políticas sobre temas de desarrollo y medio ambiente con el fin de obtener los cambios requeridos.
- Promover los niveles de comprensión y compromiso de individuos, organizaciones, empresas, institutos y gobiernos.
Esta agenda se instaló en una reunión internacional realizada en Río de Janeiro, Brasil del 3 al 14 de junio de 1992 con un llamado a la comunidad internacional que se conoció como Cumbre de la Tierra. En esa reunión se consensuó finalmente la definición de desarrollo sostenible que años atrás (1988) se había presentado en el Informe Brundlandt:
“Es el desarrollo que satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas.”
La Conferencia puso en escena, al mismo tiempo que el capitalismo había crecido con más fuerza de lo imaginable no sólo por sus propios méritos sino por el contrapunto político que la propia guerra fría le había ofrecido y cuando la glasnost, como una suerte de autocrítica despiadada desmontó la URSS ladrillo por ladrillo hubo quienes se preguntaron (Hobsbawn) ¿para cuando la glasnost del capitalismo? Sin embargo, la revolución conservadora que surge en 1980 y que se multiplica tras la caída del muro con el consenso de Washington corre el péndulo tan a la derecha que el propio desarrollismo pasa a ser una propuesta sospechosa. Hay que ver allí la persistencia de algunas agencias de Naciones Unidas como UNDP o UN Hábitat, bajo ataque de las Instituciones de Bretón Woods (FMI y Banco Mundial) y el apoyo de un puñado de países europeos, para que conceptos como Índice de Desarrollo Humano, Desarrollo Sustentable, o Bienes Públicos Globales llegaran hasta nuestros días.
Un debate -menor pero con cierta trascendencia- se abrió sobre si la traducción correcta del inglés sustainable es sostenible o sustentable. La controversia puede conducir a un punto ciego pues estas palabras se intercambian frecuentemente casi con el mismo sentido en el español. Sin embargo, nuestra preferencia por la palabra sustentable proviene de cierta resonancia que nos hace suponer que el sustento es mérito del propio objeto, que es algo que viene de adentro o de su propia base y que al contrario, sostenido nos resuena más como “desde arriba” o desde afuera (“es sostenido”).
//La revolución conservadora fortalecida con el Consenso de Washington corre el péndulo tan a la derecha que el propio desarrollismo pasa a ser una propuesta sospechosa.//
Pero quizás, el ejemplo que más nos decide a inclinarnos por este concepto sea el uso en aviación o en aero-dinamia de la idea de sustentación, ya que éste es el principio por el cual algo tan difícil de imaginar como es el vuelo de un cuerpo más pesado que el aire se concreta en función de la velocidad; es decir sólo a partir de cierta velocidad la nave se sustenta. Lo que permite conectar sustentable con la noción de movimientos sociales y de velocidad de los procesos de cambio.
No pretendemos con esto cerrar una discusión porque los vocablos que pueden ser parcialmente sustituibles dependen además de la cultura local que los lee y que comunica mejor o peor un concepto.
Nuestra preferencia adicional por el plural (desarrollos sustentables) hace referencia a la exploración y la búsqueda de alternativas tratando de escapar de las encerronas de los 60′s
“el único camino del desarrollo sería…”
ALGUNOS ANTECEDENTES
Cuando a fin de los 60′s y comienzos de la década de los 70s se comenzaban a escuchar los primeros informes del Club de Roma, un escepticismo bastante generalizado atravesaba aquellos cálculos que parecían más cercanos a la ciencia ficción que a las ciencias duras.
Las primeras aplicaciones de computadoras a la estimación sobre la forma como se podrían mover diferentes variables en el mediano y en el largo plazo, se basaron en el método de proyección. Variables tales como población, recursos no-renovables, contaminación, disponibilidad de alimentos, entre otros, permitían construir un conjunto de escenarios diferentes que finalmente solo diferían en cuánto tiempo demandaría llegar a situaciones críticas, llegar a los límites y dejaban abierta la especulación sobre cual sería el primer recurso en agotarse.
Las críticas llovieron por izquierda y por derecha, “…que no se había tomado en cuenta las curvas de precios que genera cualquier escasez sobre la demanda”, “…que no se había tomado en cuenta la capacidad de la toma de decisión política para cambiar el rumbo de las cosas”, etc.
Sin embargo, 40 años después las predicciones parecen más certeras que nunca y tal vez con una mirada retrospectiva, se puede decir que se quedaron cortas o que quizás no se percibió que la temperatura del planeta pasaría a ser el principal factor que ya casi trascurrida una década del siglo XXI nos pone nuevamente la problemática sobre el modelo de desarrollo en el centro de la agenda.
‘Los límites del crecimiento’, de Dennis Meadows; ‘Lo Pequeño es Hermoso’, de Ernst F. Schumacher; ‘Ante el Abismo’ y ‘La Calidad Humana’, Aurelio Peccei; ‘La Humanidad en la Encrucijada’, de Mihajlo Mesarovic; ‘Reestructuración del Orden Internacional’, de Jan
Tinbergen; y ‘La Cortina de la Pobreza’, de Mahbub ul Haq, son algunos de los títulos lo suficientemente gráficos y explicativos que circulaban en los 70s, a pesar de no haber alcanzado en su momento, un impacto suficiente.
En la práctica, un grupo de expertos iluminando desde diferentes disciplinas y muy próximos al ocaso de la planificación predicaban en el desierto. Para colmo, la caída del muro de Berlín exacerbó como nunca la explotación del planeta y planificar pasó, en muchos países, al desván de la historia. ¿Para que hacerlo? Si el mensajero traía malas noticias, lo mejor era liquidar al mensajero.
“De seguir las tendencias actuales, se excederá la capacidad del planeta para sostener una población creciente…..Lejos de tener ninguna atención alarmista, los análisis efectuados pretenden llamar la atención sobre las consecuencias de distintas posibles situaciones reales,
con objeto de que los responsables de la conducción de la humanidad puedan prever las medidas y las políticas que serían oportunas para que no se llegue a una situación catastrófica”, planteaba Meadows ya en 1972(3).
Los principales rubros de preocupación del texto ya eran alimentos, recursos no renovables, contaminación y un mundo finito.
“En general, la sociedad contemporánea no ha aprendido a reconocer estas disyuntivas y a enfrentarse a ellas. El objetivo ostensible del sistema mundial es producir más gente con más alimentos, bienes materiales, aire puro y agua para cada persona”4
Quizás lo más importante de este breve recordatorio, sería reflexionar sobre el hecho fáctico que con toda la evidencia disponible en el momento, el conocimiento y su difusión no alcanzaron para torcer las tendencias y como lógica consecuencia nos debemos preguntar ¿porqué seríamos ahora más optimistas? ¿Por qué la situación ha empeorado? ¿Por qué ha aumentado el nivel de conciencia? ¿Por qué hay hoy actores mejor organizados para contraponerse a las tendencias principales de la explotación de los recursos naturales?
(Continúa)
1 Quien luego sería la primera Directora mujer de la OMS.
2 “Our Common Future” A Call for Action UN 1987.
Publicado por
PoSIbles
Politica-Salud Internacional-Desarrollo sustentable
UNA PUBLICACIÓN PARA PENSAR LO LOCAL JUNTO A LO GLOBAL
Una propuesta grafica de EL AGORA
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“EVA PERÓN EN ESPAÑA”
6 sep 2009 Notas semanales
La obra con mayores detalles sobre el viaje de Eva Perón a España, se puede leer o descargar gratuitamente desde el enlace que aparece al pie.

El viaje de Eva Perón a España, en 1947, fue el hecho más destacado de las relaciones hispano argentinas de la época.
España, gobernada por el régimen de Franco, había sido excluida de los foros internacionales y aislada del resto del mundo, por aplicación de la Resolución 39 dictada en la 59º sesión plenaria de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU, en 12 de diciembre de 1946.
Argentina hizo frente a la resolución de la ONU, adoptando un acuerdo para la venta de cereales y alimentos a crédito, en octubre de 1946.
Por otra parte, no solo fue proveedora de alimentos a un país jaqueado por el hambre. Nombró embajador al doctor Pedro J. Radío, quien fue recibido multitudinariamente por la población madrileña el 16 de enero de 1947, hecho reflejado por la prensa, entre otros por el ABC de 17 de enero, que tituló “Madrid tributó ayer un indescriptible recibimiento al nuevo embajador de la Argentina en España”.
Además, Argentina representó los intereses de España ante Estados manifiestamente hostiles, como los del bloque soviético, desarrollando también una intensa y efectiva campaña ante los estados iberoamericanos para mitigar el bloqueo internacional impuesto al Gobierno de Franco -al que no eran ajenos Gran Bretaña y los Estados Unidos de América-, a la vez que promovía la incorporación de España en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El embajador y delegado argentino ante la ONU, doctor José Arce y Arce, defendió acertadamente dicha posición. En noviembre de 1947 los delegados de Yugoslavia y de Bielorrusia en la ONU atacaron al Dr. José Arce y condenaron a la Argentina por apoyar “al último resto del eje Roma-Berlín”; el canciller bielorruso, Kuzma Kiseler, recriminó a Arce, señalando que el apoyo a Franco era la continuación del otorgado por Argentina a Hitler y a Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial. La acusación fue rechazada por Arce, quien explicó que, desde su posición, él defendía la Carta de las Naciones Unidas, en cuanto prohíbe la intervención en los asuntos internos de un Estado soberano y “…las glorias de España y no las de un régimen que rige en España actualmente”.
En éste marco, hacia las 16,23 hs. del 6 de junio de 1947, desde el aeropuerto Presidente Rivadavia, en las afueras de Castelar (provincia de Buenos Aires) decolaba la aeronave de Iberia que llevaba a España a doña María Eva Duarte de Perón, seguida por otro DC-4 de la Flota Aérea Mercante Argentina (FAMA), transportando equipaje y algunos viajeros de la comitiva.
Con el viaje de la esposa del entonces presidente de la Nación, general D. Juan Domingo Perón, Argentina dio prueba indudable de su reconocimiento a España.
El año siguiente, el 18 de octubre de 1948 se firmaba en Buenos Aires el Convenio sobre Migración, como protocolo adicional de los acuerdos comerciales anteriores, haciendo posible que miles de españoles pudieran llegar a radicarse en suelo argentino.
El viaje de Eva Perón a España, desde su partida, el 6 de junio de 1947, hasta su despedida en Barcelona, jueves 26 de junio de 1947, con los hechos de cada momento, personajes, detalles y referencias como la repatriación de los restos de los padres del Libertador General D. José de San Martín; de cómo Eva Perón salvó la vida de una mujer condenada a muerte por el régimen franquista y el destino final de los dos aviones en los que se realizara el periplo transatlántico y europeo, reunidos en el trabajo de investigación periodística, que puede leerse y/o descargarse desde el siguiente enlace:
http://www.mediafire.com/download.php?vikjzzmdgjz
El archivo .pdf de 15 Mb, se puede imprimir (216 páginas), autorizándose la obtención de una copia impresa por usuario.
PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN EN TIRADAS MASIVAS. Los interesados en hacerlo deberán ponerse en contacto con el autor vía correo electrónico:
[email protected] – [email protected] o [email protected]
Instrucciones:
El archivo se puede abrir y/o descargar desde la página del enlace que, si aparece activado como hipervínculo en éste texto, debe abrir cliqueando directamente sobre el mismo con el botón izquierdo del ratón.
En caso contrario, si no apareciera como hipervínculo, se copia la dirección del enlace (http://www.mediafire.com/download.php?vikjzzmdgjz ) y se pega en el lugar de la dirección del sitio a abrir, en el navegador de Internet que se tenga instalado (Mozilla Firefox, Windows Explorer, Safari, Netscape Navigator, Opera, Chrome, Konqueror (de GNU/Linux) o Epiphany (Gnome), etc.
Abre, entonces, la página de Media Fire correspondiente al tema buscado, con la indicación del tema. En el caso: “You requested: ‘EVA PERÓN EN ESPAÑA’-Enrique F. Widmann-Miguel (2009).pdf (14.09 MB)”.
Debajo, aparece una ventana con el texto “Click here to start download…”. Con el puntero del ratón sobre éste texto, se cliquea con el botón izquierdo y se abrirá una ventana con las opciones “Abrir”, “Guardar” y “Cancelar”.
Si se elige abrir, podrá verse el contenido del .pdf directamente.
Si la elección es guardar, aparecerá otra ventanilla con el título “Guardar como”, en la que puede elegirse la carpeta de destino del tema elegido, señalándola con el ratón, cliqueando luego la opción “Guardar” y comenzará la descarga.
Terminada la descarga, aparece el archivo .pdf en la carpeta que se hubiera señalado y desde allí se puede abrir, leer y/o imprimir una copia.

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Tags: ABC, ARGENTINA, ASAMBLEA GENERAL DE LA NACIONES UNIDAS, BIELORUSIA, España, EVA PERÓN, FLOTA AEREA DE LA MARINA MERCANTE, JUAN DOMINGO PERÓN, ONU, REGIMEN DE FRANCISCO FRANCO, SAN MARTÍN, SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, YUGOSLAVIA












