Ayer cumplió años Juancito Sosa
9 oct 2011 HISTORIA, Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Historia Argentina
“De mi origen y nacimiento he hablado poco y discretamente porque insólitas disposiciones militares no escritas me hubieran impedido entrar al Colegio Militar”
Juan Domingo Sosa (PERÓN)
Del libro de Hugo Chumbita “El secreto de Yapeyú”
Por Pedro del Arrabal
De nuestra Redacción
Eduardo Corbalan (el compañero “Corbata”) me esperaba una tarde de Junio de aquel invierno del 2006 en el tradicional café “La Academia”, ese que está al lado del hotel Bauen, sobre Av. Callao. Tomanos nuestro habitual café con leche con medialunas y mientras lo hacíamos, con una sonrisa dibujada en su rostro, me dijo:
–Cumpa le traje un material increíble sobre Juancito Sosa para que lo trabajemos en EL EMILIO
-¿Sobre quién? –le pregunté
¡Sobre Perón! -Me contestó. –Ese es su verdadero nombre. Es hijo de una india carajo –me decía mientras sacaba de una bolsa plástica unos papeles anillados. – Estas son fotocopias del libro del Dr Hipolito Barreiro y aquí está la verdadera historia de Perón. Esto se lo dí al compañero Galasso y fue mi aporte a esa obra maravillosa que escribió Norberto sobre Perón.
Recuerdo que pase la tarde-noche de aquel día escuchando los párrafos que “Corbata” me leía de aquellas hojas que él guardaba como tesoro. La lectura era matizada con comentarios e interpretaciones todas ellas relizadas desde esa identificación que hacía de su persona con un gigante como Juan Domingo Perón y que salían de sus visceras al saberlo –ya que era su ídolo sacrosanto- un tipo de pueblo, de origen aborigen, casi igual que él.
Resultaba fácil entender y entenderlo. “Corbata”, tucumano, de condición humilde, sentía que solo un tipo salido del pueblo, con sangre de hermanos de esta tierras corriendo por sus venas, podía comprender cuales eran las verdaderas causas de las penurias que habían venido padeciendo por décadas esos desclasados llamados por Sarmiento la “Chusma”, los “Barbaros”; o sea los marginados, los explotados por esa oligarquía nativa y cipaya que tanto mal le había hecho –y le sigue haciendo- al país, a su Patria.
“Corbata”, como Perón, tenía dos patrias; o mejor dicho una patria chica dentro de otra mayor. Él ya había dejado de lado aquella pequeña patria que lo vio nacer –Tucumán- para adoptar la patria peronista que constituía el país todo, la Nación Argentina. Pero concebía a nuestra Nación como un pequeño Estado Provincial de la Patria Grande que sin lugar a dudas para él y para todos nosotros es Latinoamérica. Cuando “Corbata” hablaba de esa Latinoamérica, de sus entrañas salían gritos de reivindicación para con sus hermanos aborigenes explotados y para con los hijos que salieron de esa mezcla de desclasados europeos con oriundas de estas tierras, hijos y nietos que supieron padecer los mismos malos tratos que sufrieron por siglos padres, abuelos y tatarabuelos de estos humanos desde la llegada de aquellos sanguinarios y codiciosos “dioses” del viejo mundo a este bello y noble NUEVO MUNDO.
Esta anécdota la traje a colación no solo para rescatar la sabiduría intuitiva de un tipo de pueblo como lo fue el desaparecido compañero “Corbata”, sino también para refrescar en mi memoria las muchas razones de ciertos sentimientos populares, que pocas veces resultan comprensibles para los “académicos” que siguen analizando nuestros fenómenos sociales con el manual del colonizador.
QUIEN QUIERA SABER QUE SEPA
La historia de Juan Domingo Sosa yo la conocía de mentas. Es quizá más bella y dulce que cualquier otra de las historias –fabuladas o no, documentadas o no- que se escribieron sobre Juan Domingo Perón. Las menciones de su origen indio –como el origen indio de San Martín- comenzaron aparecer en las investigaciones y textos históricos recién en los últimos 20 a 30 años. Pruebas al canto, que mejor que tomar la genial obra titulada PERÓN de un tipo brillante como Norberto Galasso para rescatar parte de la Historia del Coronel del Pueblo.
Galasso cuenta en su obra: «Se ha sostenido tradicionalmente que Juan Domingo Perón nació el 8 de octubre de 1895, en la zona urbanizada de Lobos, siendo hijo del matrimonio de Juana Sosa y Mario Tomas Perón. Hoy puede conjeturarse , especialmente debido a la investigación del Dr. Hipolíto Barreiro(1) que esta información se halla plagada de inexactitudes: no habría nacido el día 8 de octubre, ni tampoco en el año 1895, ni en una casa de la calle Buenos Aires de Lobos, ni sus padres se hallaban casados a la fecha de su nacimiento. Por el contrario, habria nacido el 7 de octubre de 1893, en la localidad de Roque Perez, siendo hijo de madre soltera, Juana Sosa, por lo cual su nombre sería Juan Domingo Sosa. En este sentido, resulta significativo que, durante su exilio, El general usase un pasaporte a nombre de Juan Sosa, documentación con la cual regresa a la Argentina despues de 17 años de exilio, en 1972.(2) »
En otro párrafo Galasso (3) cuenta: «…el vinculo entre Juana y Mario se reduce a encuentros esporádicos pero a partir de de 1892 habrían pasado a convivir –según Barreiro- en una casa rancho que construyen sobre unos terrenos ubicados en la zona de quintas(Roque Pérez), cercana a la Lobos. Allí nace una segunda criatura el 7 de octubre de 1893 – según lo que se ha podido conjeturar- a quien dan el nombre de Juan. Pero en este caso, su nacimiento no es denunciado durante cierto tiempo. Recien el 8 de octubre de 1895, Mario se presenta al Registro Civil de Lobos –pues Roque Pérez carece aún de oficina destinada a esas tramitaciones- y denuncia el nacimiento como producido el día anterior -7de octubre de 1895- reconociendolo como hijo suyo y agregándole –al Juan- un segundo nombre –Domingo- en recuerdo de Dominga Dutey de Perón, abuela paterna del niño. Insólitamente, la criatura aparece como “hijo natural del declarante” sin mencionarse quien es la madre(4) . Asi resulta que este singular “hijo de padre soltero” y “madre desconocida” se llama Juan Domingo Perón.»
En el párrafo siguiente narra que mientras Mario Tomás Perón reconoce a su primer hijo con Juana –Avelino- según figura en algunos documentos: «… Juana inscribe a su segundo hijo en nero de 1898, como Juan Domingo Sosa, nacido el 8 de octubre de 1895, hijo natural de Juana Sosa, de 24 años de edad , según consta en la partida de bautismo número 583 de la parroquia de Lobos .(5)» La Madre de Juancito Sosa -Juana- parecía tener ascendencia india por doble vía: Tehuelche por parte de madre y Quichua por parte de padre. La abuela materna de Juancito Sosa, Mercedes Toledo era india pura, Tehuelche, de los pagos de Azul, y su abuelo materno se llamó Juan Ireneo Sosa, Santiagueño, de familia quichua. No eran datos genealógicos útiles para entrar al ejercito Argentino. De ahí la invención de la otra historia.
Cierro esta celebración de un aniversario más del nacimiento de “El Coronel del Pueblo”con esta ultima transcripción de la obra de Galasso que pinta con descarnada crudeza las pésimas condiciones en la que vivían los sectores populares latinoamericanos a fines del siglo XIX(6) : « Muchos años después -1964- cuando en España, el Dr. Antonio Puigvert confecciona la historia clínica de Perón, este le revela un aspecto de la verdad: “La primera y principal sorpresa –testimonia Puigvert- fue comprobar, por su propia declaración, que no tenía 69 años sino 71, porque aunque su pasaporte y en todo los registro figuraba como nacido el 8 de octubre de 1895, había venido al mundo dos años antes (7)” . La explicación de esta anomalía no habría obedecido a la inestabilidad de la relación entre Juana y Mario sino, según lo entiende Puigvert – o se lo explicó el propio Perón- a una razón dramáticamente latinoamericana: se requería llegar vivo a los dos años para que se pudiese darlo por nacido. El Había nacido en el interior –comenta Puigvert- y en aquella época, dada la enorme mortalidad infantil que existía, los niños no se inscribían hasta que superaban los primeros embates”(8).
Notas
(1)Barreiro Hipólito, “Juancito Sosa, el indio que cambio la historia”, Editorial Tehuelche, Buenos Aires, 2000
(2)Galasso Norberto “PERÓN” Tomo I, pág 21
(3) Galasso Norberto “PERÓN” Tomo I, pág 22
(4)Barreiro Hipólito, obra citada.
(5) Barreiro Hipólito, obra citada
(6) Galasso Norberto “PERÓN”, Ediciones Colihue – Pág 23
(7)Vila- San –Juan, J.F., Dr. Antonio Puigvert. Mi vida y otras más, Barcelona, Planeta, 1981, pág 252
(8)Vila- San –Juan, J.F., Dr. Antonio Puigvert. Pág. 252
Los texto que aparecen en recuadros pertenecen a la contratapa del Libro de Galasso “PERÓN”
Para el quiera tener más información al respecto solo tiene que acudir al Libro del Compañero Norberto Galasso “PERÓN” de Ediciones Colihue
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“25 de Mayo de 1810: ¿Golpe pro-británico o revolución democrática?”
25 may 2011 Educacion, HISTORIA, Notas semanales
Buenos Aires, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, En el día de la Patria.
Fuente: Cuadernos para la Emancipación – 2002
Por Norberto Galasso
En estos días en que se celebra un nuevo aniversario del 25 de Mayo de 1810 puede ser útil reflexionar aquel acontecimiento, su naturaleza histórica, sus protagonistas.
La versión tradicional difundida por la Historia Oficial (es decir, la fundada por Mitre y divulgada por los historiadores liberal-conservadores) responde a una interpretación elitista, anti-latinoamericana y especialmente pro-imperialista, que resulta muy nociva para nuestras luchas de liberación. Sus rasgos principales son los siguientes: l) Se trataría de una revolución separatista, profundamente antihispánica y pro-británica; 2) Habría sido impulsada por “la gente decente” de Buenos Aires, es decir, los ricos señorones, dueños de esclavos, reunidos en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, siendo escasa o nula la presencia popular; 3) Su objetivo fundamental residiría en abrirse al comercio con los ingleses, trabado por el monopolio español; 4) Su programa estaría dado por “La Representación de los Hacendados”, documento redactado por Mariano Moreno y presentado al Virrey, a favor del comercio libre, en 1809; 5) Sería -aunque no demasiado- un movimiento “argentino” pues French y Berutti habrían repartido cintas celestes y blancas en los días previos al 25; 6) Las ideas de esta revolución habrían sido difundidas por los soldados ingleses que, derrotados después de las invasiones de 1806 y 1807 y teniendo a la ciudad por cárcel, concurrían a las reuniones de la clase alta porteña, donde persuadían acerca de las bondades de la libertad y la democracia; 7) El movimiento tendría dos protectores: uno, Lord Strangford, el cónsul inglés en Río de Janeiro, que apoyaba y brindaba sugerencias a los revolucionarios del Plata, y años más tarde, George Canning, el primer ministro inglés, quien procedió a reconocer nuestra independencia. Esta versión se completa sosteniendo que a partir de ese día de mayo, dejamos atrás un oscuro período de superstición, indolencia y autoritarismo, para recibir una avalancha de ideas y mercaderías inglesas que nos modernizaron, sacándonos de la modorra colonial y conectándonos con el mundo del progreso, aunque nuestras masas bárbaras siempre se manifestaron renuentes a ingresar a esa “civilización”.
Como se comprende, “este” 25 de mayo responde a la visión de la burguesía comercial del puerto de Buenos Aires. Se trataría de un mero golpe oligárquico y antinacional y por tanto, carecería de sentido convocar a alumnos y maestros en las escuelas para conmemorarlo sino, más bien, habría que repudiarlo. Por el contrario, se festeja su efemérides –aunque enmascarando los propósitos de dominación con frases edulcoradas- pues, tal como se lo presenta, sirve para legitimar las políticas de apertura económica, los proyectos elitistas, la simpatía por los anglosajones, así como la mirada desde Buenos Aires puesta en Europa o Estados Unidos dando la espalda al resto de América Latina.
El lector pensará, seguramente, que esta versión debe haber sido superada ampliamente por las nuevas investigaciones históricas y que habrá quedado reducida a alguna revistita infantil para nenes medio tontuelos. Efectivamente, debería ser así, pero resulta que –con algunos agregados interdisciplinarios que remozan la vieja versión- aún hoy prevalece en los diversos niveles de la enseñanza.
Ello no impide que algunos niños inteligentes y algunos universitarios con vocación histórica formulen algunas dudas: ¿Por qué, si la revolución era independentista, no declaró la independencia sino que la proclamó recién 6 años después, en condiciones mundiales mucho más desfavorables que las de 1810? ¿Cómo es posible que los miembros de la Primera Junta de Mayo jurasen por Fernando VII? ¿Si el movimiento nacía “por odio a España”, como señala Mitre en las primeras páginas de su biografía de San Martín, por qué dos españoles (Matheu y Larrea) integraban la Primera Junta? ¿Como es esto de que ningún testigo vió las cintas celestes y blancas de que habla Mitre, sino, en cambio, cintas blancas, los primeros días, en señal de paz y cintas rojas, el 25, amenazando sangre? ¿Cuál es la razón por la cual la bandera española continuó flameando en el Fuerte y otras instituciones oficiales hasta 1814? ¿Qué explicación hay que darle al regreso de San Martín –un “gallego” que estuvo en España desde los 6 hasta los 33 años y dio 30 batallas como militar español– para venir al Río de la Plata a sumarse a una revolución antiespañola? ¿Eran enemigos de España los hombres de Mayo, a pesar de que casi todos ellos tenían padres españoles e incluso desempeñaban cargos en la burocracia estatal? Los historiadores discípulos de Mitre han intentado, de una u otra manera, responder a algunos de estos interrogantes, con argumentos que si resultaban más o menos aceptables en 1880, hoy deben ser calificados de pueriles. Por ejemplo: San Martín volvió en 1812 porque “recibió un llamado de las fuerzas telúricas” o tuvo nostalgias de los pajaritos y los árboles de su Yapeyú natal, donde solo vivió cuatro años. Otra es más conocida y logró hacer camino: la jura por Fernando VII era solo “una máscara” para evitar que España se diera cuenta del propósito de los revolucionarios y los reprimiera. Hoy, las ciencias sociales, han avanzado lo suficiente como para explicar que ningún grupo revolucionario llegado al poder puede jurar por la contrarrevolución, pues si así contenta al enemigo, en cambio, enfrenta a su base social, que se ocupará bien pronto de derrocarlo por traidor. O a la inversa, si su base social sabe que se trata de una picardía, es un secreto a voces que también conocen los enemigos y carece de sentido instrumentarlo.
Abandonemos, pues, esta versión por insuficiente y esperemos que los maestros e historiadores se decidan a polemizar sobre el tema, para encontrar la verdad y para que los alumnos no se aburran con fábulas inconsistentes.
La revolución desde otra óptica
Juan Bautista Alberdi sostuvo, en sus “Pequeños y grandes hombres del Plata”, una posición distinta a la que hemos reseñado. Pero, como se sabe, Alberdi, en sus años altos, tuvo el coraje de enfrentar a la oligarquía mitrista -especialmente definiéndose a favor del Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza- de manera tal que sus ideas han sido condenadas por la cátedra y la Academia. Veamos, sin embargo, su planteo: La Revolución de Mayo “es un detalle de la Revolución de América, como ésta es un detalle de la revolución de España, como ésta lo es de la Revolución Francesa y europea” (“Pequeños y grandes hombres del Plata”, edit. Fernández Blanco, Bs As, 1962, página 64). Es decir, se trataría, en todos los casos, -no de revoluciones separatistas, independentistas – sino de revoluciones democráticas, por la libertad y los derechos del hombre, la división de poderes, etc., dirigidas contra el absolutismo, la monarquía, la Inquisición, la esclavitud, los tributos serviles, etc.
En principio, pues, en el Río de la Plata, se trataría de un movimiento que integraría el proceso de cambio que recorre toda Hispanoamérica por entonces, bajo la influencia tanto de la revolución española de l808 como de la Francesa de 1789. De manera tal que, desde el vamos, los ingleses no jugarían el rol protagónico que les adjudica Mitre y que a este historiador-político-militar le sirve –en 1862, como presidente- para legitimar sus concesiones ferroviarias, bancarias, etc. al capital inglés, al cual juzga “la fuerza que impulsa el progreso en la Argentina” (Bartolomé Mitre. Discurso 7/3/1861. Archivo Mitre)
Pero, además, si se trata de una revolución democrática no puede ser elitista, no la promueven los ricos –que gozan plenamente su “democracia absolutista” al tiempo que le niegan la libertad a los demás- sino aquellos que tienen derechos por conquistar. Entonces, tampoco su objetivo es el comercio libre (que por otra parte, ya había sido implantado por el virrey Cisneros en l809), ni la representación de los hacendados puede ser su programa, sino que debió existir otro proyecto, otro conjunto de ideas capaces de unificar a quienes ansiaban el cambio.
Alberdi, aislado por la oligarquía, no logró discípulos, pero, sin embargo, quienes bucearon en los acontecimientos producidos en el resto de América y en España en la primera década del siglo XIX , advirtieron que el planteo alberdiano resultaba muy interesante y permitía disipar dudas y equívocos que presentaba la versión mitrista.
Así, en 1916, José León Suárez publica “Carácter de la revolución americana. Un nuevo punto de vista más verdadero y justo sobre la independencia hispanoamericana”, donde retoma aquella interpretación sosteniendo que entre 1808 y 1811, en España y en América, los revolucionarios democráticos, émulos de los franceses del 89, se levantaron contra el absolutismo que los oprimía allá y aquí. El ensayo recogió importantes coincidencias, especialmente por parte de latinoamericanistas y antiimperialistas a quienes repugnaba el nacimiento de la Patria parida y acunada por los británicos, aunque también es cierto que la vieron con simpatía algunos hispanistas de derecha quienes querían reforzar la filiación hispánica de nuestros países, pero se les atravesaba en la garganta la reivindicación democrática.
Entre quienes bregaban ya contra el imperialismo y a favor de la unión latinoamericana, se encontraba Manuel Ugarte quien escribió inmediatamente a José L. Suárez: “El punto de vista en que usted se coloca es el único razonable y verdaderamente filosófico en estos tiempos… En una conferencia que di, en 1910, en el Ayuntamiento de Barcelona, tuve ocasión de concretar esa manera de ver… Aquello fue un gesto regional, como el que pudiera hacer aquí una provincia. Su admirable trabajo confirma la tesis, que no es suya, ni mía, sino de toda la generación emancipada de los odios y reintegrada por el sentimiento y el estudio de la realidad a su filiación y su destino” (M. Ugarte, comentario en “Carácter de la revolución americana”, de J. L. Suárez. Edit. librería”La Facultad”, Bs As, 1917, página 94). Ugarte había sostenido en su conferencia de 1910: “Ninguna fuerza puede ir contra sí misma, ningún hombre logra insurreccionarse completamente contra su mentalidad y sus atavismos, ningún grupo consigue renunciar de pronto a su personalidad para improvisarse otra nueva. Españoles fueron los habitantes de los primeros virreinatos y españoles siguieron siendo los que se lanzaron a la revuelta. Si al calor de la lucha surgieron nuevos proyectos, si las quejas se transformaron en intimaciones, si el movimiento cobró un empuje definitivo y radical fue a causa de la inflexibilidad de la Metrópoli. Pero en ningún caso se puede decir que América se emancipó de España. Se emancipó del estancamiento y de las ideas retrógradas que impedían el libre desarrollo de su vitalidad.. ¿Cómo iban a atacar a España los mismos que en beneficio de España la habían defendido, algunos años antes, las colonias, contra la invasión inglesa?…Si el movimiento de protesta contra los virreyes cobró tan colosal empuje fue porque la mayoría de los americanos ansiaba obtener las libertades económicas, políticas, religiosas y sociales que un gobierno profundamente conservador negaba a todos, no sólo a las colonias, sino a la misma España… No nos levantamos contra España, sino a favor de ella y contra el grupo retardatario que en uno y en otro hemisferio nos impedía vivir” (M.Ugarte, “Mi campaña hispanoamericana”, Edit Cervantes, España, 1922, pág 23). Otro socialista, Enrique Del Valle Iberlucea, en 1912, sustentaba una interpretación semejante. (E. Del Valle Iberlucea, “Las cortes de Cadiz”, Edit. M. García, Bs As, 1912) Más tarde, en otros países latinoamericanos aparecieron historiadores que avalaron esta interpretación, como así también investigadores españoles (Eduardo García del Real, Augusto Barcia Trelles, entre otros). Uno de los argumentos más fuertes reside en que en la mayor parte de las revoluciones de Hispanoamérica aparecían españoles liberales jugando destacado papel a favor de la revolución (Larrea, Matheu, Arenales, Alvarez Jonte, Blas Parera, Chilavert, entre otros), así como americanos de origen pero fuertemente influidos por largos años de estadía en España (San Martín, Carrera, Alvear, Zapiola, Iriarte, Blanco Encalada). Asimismo, son comunes los casos de nativos americanos que juegan roles importantes en el bando absolutista (Goyeneche, Olañeta, Pío Tristán, Michelena). Asimismo, en la casi totalidad de las revoluciones, las juntas triunfantes juraban por Fernando VII y recién años después -cuando Fernando VII, que era promesa de democracia, gira a la derecha y reprime brutalmente a los revolucionarios a partirde l8l4- estalla con fuerza el reclamo de independencia, pues resulta condición fundamental para no caer bajo el absolutismo restaurado.
Puede afirmarse que mientras, en España, la revolución -inicialmente nacional en tanto pugna por rechazar al invasor napoleónico – se transforma en democrática a partir del estallido popular y la formación de Juntas (1808), en América, las revoluciones -inicialmente democráticas (ocurridas entre 1809 y 1811), bajo la influencia de la española y la francesa- se convierten en nacionales o independentistas (a partir de 1814) cuando fracasa el proceso español, se anula la Constitución progresista de Cádiz y se reinstala el absolutismo.
Los hechos
Un relato abreviado de los acontecimientos desarrollados en España y en América quizás facilite la comprensión de esta tesis y permita iluminar de manera distinta los acontecimientos de Mayo.
La invasión del ejército napoleónico sobre territorio español, así como la abdicación que el Gran Corso le impone a Carlos IV y a su hijo Fernando VII, detenidos en Bayona, provoca la insurrección del pueblo español el 2 de mayo de 1808. Se trata de una revolución nacional, contra el invasor, defendiendo la soberanía de España, pero inmediatamente asume al mismo tiempo otro carácter: el pueblo se organiza en Juntas y reclama, entonces, no sólo expulsar a los franceses, sino sus derechos democráticos impugnando las viejas instituciones absolutistas. Las juntas diversas unifican su representación en la Junta Central de Sevilla. Así, 1808 es el 89 español. Estas juntas, en su propósito de ser coherentemente democráticas, declaran -el 22 de enero de 1809- que “las tierras americanas no son colonias sino provincias”, iguales a las de España, por lo cual, al convocarse a las cortes constituyentes, se les reconoce representación. Y más aún: la Junta de Cádiz, el 28/2/1810, informa a los americanos de los cambios producidos y les señala que la Junta que ellos han constituido debe ser modelo que deben tomar en América, es decir, los incita a formar Juntas. Esta información no es demasiado conocida, pero sí puede recordarse que el levantamiento del 1º de enero de 1809, en Buenos Aires, aunque de contenido españolista contra la preponderancia francesa, proclama: “Juntas como en España”.
Esto significa que la revolución que recorre el territorio español, se extiende a América, explicándose por esta razón la sincronía de los levantamientos insurreccionales (La Paz l809, Caracas, Buenos Aires, Chile y Nueva Granada en 1810, Méjico, Paraguay y la Banda oriental, en l811). A la luz de esta interpretación resulta coherente, tanto la metodología juntista, como también la jura por Fernando, a quien tanto en España como en América se juzga una posibilidad democrática, deslindándolo del resto de la familia real corrompida.
El levantamiento de las nuevas banderas democráticas se torna urgente en América cuando en España el proceso se derechiza con la disolución de la Junta central de Sevilla y la instalación del Consejo de Regencia, al mismo tiempo que Napoleón domina ya casi todo el país ibérico. Ambas noticias llegan a América en los primeros meses de l8l0 y apresuran los estallidos revolucionarios.
Ahora bien, ¿qué clases sociales se enfrentan en Buenos Aires en ese mes de mayo de l8l0? Por un lado, se encuentran los defensores del absolutismo, sector integrado por los comerciantes monopolistas (registreros, ligados a casas matrices de España, beneficiados por el monopolio), es decir, “los godos”. Sus apellidos interesan porque luego reaparecen integrando la oligarquía argentina: Martínez de Hoz, Pinedo, Alzaga, Santa Coloma, Sáenz Valiente, Ocampo, Lezica, Beláustegui, Arana, Oromí, Ezcurra… En general, son dueños de esclavos, rentistas y ostentan escudos nobiliarios en las puertas de sus casas. Junto a ellos, el Virrey , los oidores (integrantes de la Audiencia) y la burocracia estatal, es decir, el funcionariado privilegiado vinculado al poder, que cuenta, además, con el apoyo de la cúpula eclesiástica y de alguna fuerza armada.
En la vereda opositora se ha gestado un frente antiabsolutista constituido por comerciantes nuevos, la pequeña burguesía y sectores populares.
La burguesía comercial en formación se halla integrada preponderantemente por comerciantes ingleses a los cuales el virrey ha otorgado permisos precarios de radicación y que muy pronto, si no se producen cambios en el poder, deberían levantar sus tiendas e irse a comerciar a otra parte ( El 18 de diciembre de l809 se les otorgó autorización por 4 meses, el 18 de abril de l8l0 se les dio prórroga por 30 días y ya en los días de mayo, nadie se preocupa de ellos, hasta que producida la revolución, consiguen radicación definitiva). Entre otros, pueden citarse algunos apellidos ingleses que luego reaparecen en diversos momentos de nuestra historia: Robertson, Parish, Billinghurst, Miller, Craig, O’Gorman, Amstrong, Lynch, Gowland, Wilde, Brittain, Mackinnon, Dillon, Twaites. Gibson. Ramsay… Integran también ese grupo algunos comerciantes nativos que vienen del contrabando y ligan su suerte ya tempranamente al capital inglés. Entre otros: Aguirre, Riglos, Sarratea, Escalada y García. Este sector concurre a la revolución para terminar con el absolutismo y establecer una amplia libertad comercial que permita una estrecha conexión con el comercio mundial. (Del 25 de Mayo visto desde esta óptica nos hablan Mitre y la Historia Oficial). En cambio, los demás integrantes del frente democrático desean concluir con el viejo régimen pero con un proyecto distinto: que el pueblo gobierne a través de sus representantes, asegurando los derechos del hombre y del ciudadano, la libertad de imprenta y el libre pensamiento, integrando el movimiento al estallido que conmueve por entonces al resto de la América Española e incluso, también al de España si allí prevalecen las fuerzas modernizadoras. En esa pequeña burguesía se destacan varios abogados, como Moreno, Castelli, Belgrano y Paso, con el apoyo de unos seiscientos activistas que pertenecen a los sectores sociales de menores ingresos, conocidos como “Los Chisperos”, “La Legión Infernal”, o “los manolos”, en las crónicas españolas. Allí, liderando, se encuentran French, cartero de la ciudad y Berutti, empleado de la Tesorería del Gobierno. Allí, se destacan también Agustín Donado, gráfico, que se desempeña en la imprenta oficial, Buenaventura de Arzac que “no es nada”, según lo trata despectivamente un informe, Francisco “Pancho” Planes, abogado de exaltada posición revolucionaria, Felipe Cardoso, Vicente Dupuy, Francisco Mariano de Orma y otros, ignorados por la Historia Oficial y a quienes, en los informes del virrey y de la Audiencia, así como en los testimonios y recuerdos de época, se los designa como “la chusma” que vertía “especies subversivas”. También apoyan algunos sacerdotes populares como Alberti, Grela y Aparicio, este último recorriendo los cuarteles y arengando a la tropa, con dos trabucos al cinto.
En los sucesos que se desarrollan en la semana de Mayo, los militantes encabezados por French y Berutti juegan un rol decisivo pues son ellos los que exigen y logran el Cabildo Abierto del 22 de mayo e incluso participan del mismo utilizando invitaciones falsas que ha “fabricado” Donado en la imprenta de Expósitos, como también son ellos quienes forman piquetes en las esquinas del Cabildo impidiendo el ingreso de algunos señorones reaccionarios. Son ellos también los que se movilizan contra la Junta tramposa del día 24 (dos absolutistas, dos revolucionarios y el Virrey como quinto miembro para desempatar), especialmente después que se contactan con Mariano Moreno, ese hombre que tenía la mente clara y sabía lo que había que hacer, por lo cual French lo apoda “el sabiecito del Sur”. Llegado el día 25 y cuando el “sordo” Cisneros y el síndico Leiva apelan a toda clase de dilaciones e incluso intentan que la fuerza armada reprima al pueblo en la Plaza, French, Berutti, Planes y otros ingresan a la planta alta del Cabildo y exigen por la fuerza –cuchillos y trabucos en mano- la designación de una Primera Junta, cuyos integrantes ellos mismos presentan, y firman, en primer término: “Por mí y ante de los seiscientos, Antonio Luis Beruti, por mí y a nombre de seiscientos Domingo French, siguiéndole entre otras, las firmas de Manuel Alberti, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Tomás Guido” (Historia de la Nación Argentina. Academia Nacional de la Historia, Edit. El Ateneo, Bs As, 1969, tomo V, pág. 47)
No existe duda de que el sector popular, como cabeza del frente democrático, impone a la Primera Junta para reemplazar al virrey. Sus integrantes juran, entonces, en nombre del Rey Fernando VII porque éste resulta aún una posibilidad democrática tanto para los españoles liberales como para los americanos de la misma filiación ideológica. Por esta razón, la base social de la revolución acepta no sólo esa jura sino que continúe flameando la bandera española en el Fuerte y que dos españoles integren el nuevo gobierno (Larrea y Matéu ) Subsisten también la Real Audiencia (cuyos integrantes, junto con el virrey, son detenidos y desterrados el 22 de junio, por su confabulación contrarrevolucionaria) y el Cabildo (a cuyos integrantes se los confina recién en octubre de 1810, por probárseles reuniones conspirativas). También son desterrados, meses después, varios ricachones, no por españoles, sino por enemigos de esa revolución que dirige ese Moreno para quien –según manifiesta horrorizado “el godo” Pinedo- “ya todos somos iguales, máxima que vertida así en la generalidad ha causado tantos males …y aún faltan padecimientos por este maldito desorden” (Manuel Arroyo y Pinedo, en “La primera polémica sobre la revolución deMayo”, de Raúl Molina, folleto, pág 73).
Como se sabe, la primera decisión de la Junta es convocar a todos los pueblos a sumarse e inmediatamente organizar dos expediciones -una al Paraguay, la otra, al Alto Perú- así como vincularse a Artigas en la Banda Oriental, para insertarse plenamente en la revolución que está estallando en las distintas ciudades latinoamericanas.
Poco después, Moreno redacta el Plan de Operaciones que constituye el verdadero programa de la Revolución, documento que Bartolomé Mitre “pierde”, distraídamente, para poder mantener a la “Representación de los Hacendados” –alegato por el comercio libre- como objetivo del movimiento.
Sin embargo, la aparición de nuevas copias del Plan, como asimismo de referencias de Fernando VII y de su hermana, Carlota Joaquina, respecto a ese documento , lo tornan hoy indiscutible. Allí se ratifica el proyecto latinoamericano, se plantea la destrucción del absolutismo en América y asimismo se formula un proyecto insólito para esa época: que el Estado reemplace, a una burguesía nacional inexistente, para promover el desarrollo económico. ¿A través de qué capitales? De los que se obtengan expropiando a los mineros del alto Perú pues como afirma Moreno, con argumentos sumamente actuales, “las fortunas agigantadas en pocos individuos …no sólo son perniciosas sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad, demostrándose como una reunión de aguas estancadas, que no ofrecen otras producciones sino para el terreno que ocupan, pero que si corriendo rápidamente su curso bañasen todas las partes, no habría un solo individuo que no las disfrutase…”
Como se advierte, esta revolución igualitaria y expropiatoria nada tiene que ver con aquella del comercio libre y el abrazo con los ingleses de que nos habla la Historia Oficial. Los comerciantes anglo-criollos –que participan en el movimiento por su interés de mantener su radicación en Buenos Aires- logran, recién en setiembre de 1811, elevar sus hombres al Primer Triunvirato (Rivadavia y García): “son los hombres de peso y de pesos”, según los califica Vicente Fidel López. Pero pierden posiciones el 8 de octubre de 1812 cuando San Martín y Alvear derrocan a ese organismo y surge el segundo Triunvirato integrado por los morenistas que recién han vuelto de su confinamiento.
A través de la década, en sucesivos avances, la burguesía comercial anglo-criolla refuerza sus posiciones y a principios de 1820, recién se hallará plenamente en el poder, siempre representada por Rivadavia y García. Es el período en que se inicia “la contrarrevolución”, le escribe Vicente López y Planes al General San Martín, quien acuerda con ese juicio.(Cartas de enero y mayo de 1830, Archivo San Martín) Su proyecto se despliega en esos años: empréstito Baring Brothers, libre importación, sociedades mixtas del Estado con capitales ingleses, Banco de Descuentos y Banco Nacional en poder de los comerciantes extranjeros, política antilatinoamericana contra San Martín y Bolívar, disgregación de la Banda Oriental y del Alto Perú.
Esta sí es la política contrarrevolucionaria de la burguesía comercial –rivadaviana en esa época, mitrista, en los años 60- que la Historia Escolar celebra como triunfo de “la civilización contra la barbarie”. Pero, por supuesto, no es el programa de Mariano Moreno y los revolucionarios de Mayo.
Buenos Aires, mayo 2002
Fuente: Cuadernos para la Emancipación – 2002
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REFLEXIONES SOBRE CIERTA HISTORIA DEL PERONISMO (Parte III)
28 ago 2010 Notas semanales
Por Pedro del Arrabal
PARTE III
HABLEMOS DE PERÓN Y SU CONDUCCIÓN POLÍTICA
El tema de la Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista no resulta para nada un detalle menor. En alguna oportunidad escuche comparar –sabiamente; y no recuerdo si no fue él mismo, o alguien muy cercano a él, el que lo contó- la conducción política de un movimiento de masas que buscaba la liberación para la implantación de la justicia Social, con la tarea de un conductor de un camión. Esta simple historia mostraba a Perón como el conductor de ese imaginario camión. El pueblo confiado, subido a la caja del vehículo, se acomodó y siempre fue seguro en el interior de la misma. El camión era el naciente Movimiento Nacional Justicialista. Perón puso en movimiento la estructura y el pueblo siempre fue seguro en la caja del mismo. Pero no faltaron los que llegaron tarde a la cita y quisieron colarse en el viaje. Como la estructura ya estaba en movimiento corrieron al lado del mismo y se colgaron de ambas barandas del camión. Lógicamente las barandas nunca fueron seguras y en el movimiento del vehiculo entran a jugar los principios que rigen la inercia. Y sucedió lo que tenía que suceder; cuando Perón “giraba a la izquierda” porque las circunstancias así lo reclamaban, los que iban colgados de la baranda derecha se iban a la misma… misma. Lo mismo ocurría cuando giraba a la derecha con los que iban colgados de la baranda izquierda. Bajo su conducción el pueblo en su conjunto siempre fue seguro dentro de la caja porque Perón los había aleccionados sobre la conveniencia de la ubicación y los fundamentos de la misma.
Según mi modesto entender, es allí donde nacen esos disparatados y lamentables sectores que se adjudicaban “ser el verdadero peronismo”. Allí debemos buscar esas actitudes de confrontación entre las tan remanidas “alas” del peronismo (lo que motivó los ya conocidos enfrentamientos de los años “60” y “70”) sin comprender los integrantes de cada una de esas alas -en ninguno de los casos- el valor revolucionario de las nuevas ideas que Perón había impulsado desde su aparición política en 1943. Nunca comprendieron la esencia del peronismo más allá del recitado litúrgico del rosario de consignas asociadas al sentimentalismo peronista pensando que los que lo somos conformamos un conjunto de boludas/os.
ENTONCES, HOY POR HOY ¿QUÉ ES EL PERONISMO?
Se trata de una conjunción maravillosa de ideas y conceptos filosóficos universales que Perón, sabiamente, logró plasmar sintéticamente en lo que dio en llamar “Justicialismo”.
En Esencia se trata de una revolución social no violenta, un paradigma inventado por Mahatma Gandhi quien sostenía:
“No hay camino para la paz, la paz es el camino.”
“La violencia es el miedo a los ideales de los demás.”
“Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.”
“Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego.”
Perón, evidentemente, había hecho suyo estos principios. De otro modo nadie entendería esa opción de Perón por hacer la revolución de un modo tan particular:“Todo en su medida y armoniosamente”; aunque esta lleve mucho tiempo. Ese tiempo evita derramar innecesariamente sangre de hermanos.
“Hay dos formas de hacer una revolución: en poco tiempo a costa de mucha sangre, o tomarse todo el tiempo que sea necesario evitando derramar sangre de hermanos y compatriotas. Yo opto por la segunda” –decía Perón
Solo así se entiende su decisión de no resistir aquella miserable asonada del 16 de septiembre de 1955. Solo la intelectualidad de una izquierda berreta y colonizada, junto a la derecha más reaccionaria se animaron a tildar aquella decisión como un acto de cobardía y no de una inteligencia superior, más humana, menos complaciente con los valores eurocentristas, tan violentamente civilizados ellos.
Sería interesante preguntarles a los admiradores y pregoneros de las revoluciones violentas nacidas y vividas en la Europa “civilizada”, a los admiradores del estilo de la nobleza europea, ¿que dirían si el peronismo usara las mismas metodologías que las usadas en la revolución francesa, o en la rusa?
Europa es el lecho amatorio de las más perversas de las violencias. Los viejos imperios se construyeron a sangre y fuego; las grandes y cruentas revoluciones y los más crueles asesinatos políticos ocurrieron en Europa; las dos guerras mundiales ocurrieron en Europa; imperios ultramarinos europeos se construyeron y consolidaron masacrando seres humanos y esquilmando económicamente a gran parte del resto del mundo. La horrorosa guerra de los Balcanes luego de la muerte de “TITO” ocurrió en esa admirada Europa.
¿A quienes admiran? ¿Europa y los europeos aman la vida? ¡Por Dios! No hay conflicto en el mundo donde no este la pata de una potencia europea. ¿A quienes admiran me vuelvo a preguntar?!
Una y mil veces me quedo con mi peronismo, orgullosamente SUDACA, cuna de las nuevas y pacificas revoluciones, templo de los antiguos-nuevos valores humanos.
¿CÓMO SE RECONOCE A UN PERONISTA?
Como me “siento” peronista (aunque a los intelectuales les cueste entender que el peronismo sea un “sentimiento”), hasta me animo a definirme definiéndolo, simplemente desde mi modesta condición militante:
.-EL PERONISMO ES ESO, PERONISMO; NI MÁS NI MENOS; CON PERÓN COMO IDEÓLOGO Y EVITA COMO BANDERA.
.-PERONISMO ES JUSTICIALISMO PORQUE SU META ES LA JUSTICIA SOCIAL.
.-JUSTICIALISMO NO ES SINÓNIMO DE PARTIDO JUSTICIALISTA. EL PARTIDO ES UNA MERA HERRAMIENTA ELECTORAL, NADA MÁS. QUIEN NO ENTIENDA ESTO NO ES PERONISTA.
.-JUSTICIALISMO ES UNA ACTITUD DE VIDA, UNA FORMA DE ENTENDER LA POLÍTICA DESDE LO SOCIAL.
.-JUSTICIALISMO ES HACER POLÍTICA DESDE EL ESTADO POR Y PARA PROTEGER Y DIGNIFICAR A LOS DESCLASADOS, A LOS DESPOSEIDOS, A LOS IGNORADOS POR EL SISTEMA CAPITALISTA, POR EL NEOLIBERALISMO O CUALQUIER OTRO SISTEMA QUE SOMETA Y/O ATENTE CONTRA LA DIGNIDAD DE LA CONDICIÓN HUMANA.
.-EL PERONISMO NACIÓ PARA COMBATIR EL CAPITAL; Y LO COMBATIÓ.
.-PERONISMO ES SINÓNIMO DE REVOLUCIÓN Y SIRVIÓ PARA MOSTRAR QUE NO SOLO SE REVOLUCIONA DESDE EL MARXISMO.
.-PERONISMO ES UNA NOVEDOSA CONJUNCIÓN DE IDEAS QUE DESDE SUS INICIOS RENEGÓ DE LAS SOLUCIONES VIOLENTAS.
.-PERONISMO ES SINÓNIMO DE REVOLUCIÓN NO VIOLENTA.
.- UN PERONISTA ES ANTE TODO ANTIOLIGARQUICO, ANTICAPITALISTA, ES UN MILITANTE CON UNA CONCIENCIA PROFUNDAMENTE SOCIAL Y VISCERALMENTE LATINOAMERICANA.
.-SER PERONISTA ES ENTERDER QUE HAY UNA SOLA FORMA DE HACER POLITICA DESDE EL ESTADO, Y ES LA SERVIR A LOS SERES HUMANOS, ESPECIALMENTE A LOS MÁS DESPROTEGIDOS.
.-EL PERONISMO DEMOSTRÓ QUE PARA APLICAR POLITICAS DE IZQUIERDA NO SE REQUIERE SER SOLO MARXISTA. SU ORIGINALIDAD SE LA DA SU LUGAR DE PERTENENCIA, LATINOAMERICA.
.- EL PERONISMO NO PROPICIA LA LUCHA DE CLASES. ES UN MOVIMIENTO CONSTITUIDO POR UN PUEBLO PACIFISTA
.-EL MOVIMIENTO PERONISTA TIENE UNA CONFORMACIÓN POLICLASISTA, PROFUNDAMENTE HUMANISTA, QUE BUSCA A TRAVÉS DE UNA REVOLUCIÓN MENTAL INTERNALIZAR EL VALOR DE LA JUSTICIA SOCIAL, LA SOCIALIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO Y EL AMOR ENTRE LOS HOMBRES, VALOR ESTE ÚLTIMO QUE RESCATÓ DEL CRISTIANISMO
.-EL PERONISMO RECONOCE UN SOLO TIPO DE SERES HUMANOS, LOS QUE TRABAJAN.
.-PARA UN PERONISTA A LA PATRIA LA HICIERON Y HACEN TODOS SUS HABITANTES, MUJERES Y HOMBRE, NO “CIERTOS HOMBRE” QUE SE CREEN DUEÑOS DE LA PATRIA.
.-EL PERONISTA NO DICE, HACE; NO PROMETE, REALIZA; TODO POR EL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO.
.-PARA EL PERONISMO LA PALABRA “PUEBLO” TIENE UN SIGNIFICADO MUY ESPECIAL- ES SINONIMO DE DESCLASADO, DE MARGINADO, DE DESPOSEIDO, Y EN REVERTIR ESAS CONDICIONES DE VIDA PONE TODO SU ESFUERZO.
.-NO HAY UN PERONISMO DE IZQUIERDA, NI UN PERONISMO DE DERECHA; ESAS CALIFICACIONES SIRVEN A LA REACCIÓN ANTIPERONISTA. SE ESE PERONISTA O NO SE ES; Y SE LO DEMUESTRA EN LOS HECHOS.
.-EL LEGADO DE PERÓN FUE MUY CLARO: “MI ÚNICO HEREDERO ES EL PUEBLO ARGENTINO”, Y “CADA MILITANTE PERONISTA LLEVA EL BASTÓN DE MARISCAL EN LA MOCHILA”; ERGO SOLO SE RESPETA Y SE ACOMPAÑA A TODO COMPAÑERO DE RUTA QUE RESPETA EL IDEARIO PERONISTA. POR ESO PARA UN PERONISTA ¿SU LUGAR DE LUCHA Y TRABAJO? ESTÁ JUNTO A LOS MÁS HUMILDES; ¿EL OBJETIVO DE SU TAREA MILITANTE? DIGNIFICAR LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS DESPROTEGIDOS, DE LOS DESCLASADOS.
.-PARA UN PERONISTA LA UTOPIA ES SU MOTOR, PERO NUNCA PIERDE DE VISTA QUE LO IDEAL, EN OCASIONES, ES ENEMIGO DE LOS POSIBLE. SE VIVE Y SE HACE POLITICA CON HUMANOS, LO QUE LA TRANSFORMA EN EL ARTE MÁS DELICADO.
.- ESO NO SIGNIFICA QUE, SEGÚN SEAN LAS CIRCUNSTANCIAS Y CUANDO VE COLMADA SU PACIENCIA, NO CREA NECESARIO HACER TRONAR EL ESCARMIENTO.
Mañana, última entrega
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REFLEXIONES SOBRE CIERTA HISTORIA DEL PERONISMO (Parte I)
26 ago 2010 Notas semanales
Buenos Aires-Argentina-EL EMILIO
Hoy presentamos la Primera Parte de un trabajo que intenta reconstruir una porción de la historia del Peronismo y sus principales actores referidos a dos períodos (1966-1976 y 1983-2010). El mismo fue realizado a manera de crónica no sin la lógica carga de subjetividad y emotividad que brota de las mismas vísceras del autor por su condición de militante y por el hecho de haber sido parte y protagonista de la historia de aquel momento. Todo lo aquí volcado por Pedro del Arrabal es materia de discusión, pero a los fines de generar y realizar una discusión sería, que sirva para enriquecer el peronismo, con buenos fundamentos y argumentos que alimenten el esclarecimiento de un período que, según sean los actores y el lugar que ocupaban en aquel momento, se pueden leer y escuchar versiones muchas veces encontradas; y en más de un caso con “chicana política” arrastrada por viejos vicios como argumento; por lo general interpretaciones un tanto antojadizas de los hechos, acciones y acontecimientos.
Por eso, y antes de abrir cualquier juicio apresurado, se recomienda leer hasta el final el presente trabajo para recién ahí, dar una opinión, juicio de valor, o hacer las críticas que como lector, sea militante o no, crea conveniente.
Por su extensión, el mismo se realizará en varias entregas (cuatro), y en días sucesivos para darle continuidad.
La Redacción
Por Pedro de Arrabal
PARTE I
“Esto es una parte de la verdad Peronista, que es la mía; la de un militante del llano. Nadie en el peronismo tiene la verdad absoluta ni la propiedad intelectual adquirida de lo que es ser Peronista. El Peronismo ante todo es un movimiento de masas, no un partido político; y yo fui y soy militante de ese gran movimiento. Nadie tampoco tiene el derecho de juzgar la calidad de peronista de ningún compañero y/o militante, porque son los hechos y las conductas las que definen a los verdaderos peronistas. Son las conductas de algunos que aquí señalo, las que me llevan a cuestionar su peronismo; como también la poca valentía para no decir su verdad política o ideológica. A partir de la desaparición física de nuestro conductor y por decisión de él, es el militante del llano quien resultó depositario de la pesada carga de la herencia peronista. Así lo estableció Perón al decir sabiamente que su único heredero era su pueblo. Por sentirme parte de ese pueblo cuento una parte de la historia de un peronismo que todavía hoy tiene heridas sin cerrarse y con la sola intensión de aportar datos a la bienvenida discusión política que se reestableció en nuestro país a partir del 2003; de colaborar en el esclarecimiento de la historia reciente, la que va de 1966 hasta la fecha.”
Pedro
VIRTUDES Y DEFECTOS DE LA POLÍTICA SEGÚN QUIÉN Y DESDE DONDE SE LA MIRE
Desde el regreso a la democracia -1983-, para el grueso de la sociedad Argentina, la política tuvo y tiene una virtud, permitir a los ciudadanos ir conociendo quién es quién en la función pública y en el campo de las instituciones democráticas. Para algunos de los actores políticos en cambio es el mayor defecto porque los desnuda. No es algo casual dentro del sistema político elegido. Optamos sanamente por la democracia por ser el mal menor; o el menos dañino si se toman en cuenta las ofertas de sistemas políticos que la historia universal tenía en su estantería. En democracia, la política permite saber quién o quienes se acuerdan de los ciudadanos después de un acto electoral; quienes cumplen con sus promesas preelectorales; conocer traiciones ideológicas (peronistas, radicales, PCtistas), mentiras, falsas promesas. Permite saber quién es quién dentro de los partidos políticos (1); en el campo de las ideas (o conocer si hay vacío de las mismas); en fin… conocer a los políticos a través de sus actos en la vida institucional de un país. “Tatita” Freud (así lo llamo yo) hace el resto en materia de fallidos y traiciones del subconsciente de los que quieren ser los actores principales en esta gran obra teatral que tiene por protagonistas a los argentinos.
Para lo que intento comentar, pongo en escena a los actores políticos en esa obra teatral a la que hago referencia, donde los ciudadanos estarían haciendo el papel de actores de reparto… (o que esperan el reparto). Pero focalizaré la cuestión en los peronistas y/o los que se dicen peronistas; no porque tenga autoridad para abrir juicio sobre grado de peronismo de militantes peronista del movimiento, pero si por tener el derecho de no querer “ingerir sapos políticos” a nivel del partido justicialista, que es por donde se encaraman en la función pública muchos personajes que de peronista no tienen nada y hablan y hacen en nombre del peronismo.
Hago esta salvedad porque por suerte las formas de hacer política han variado en cuanto a lo formal pero no así en lo sustancial; por lo menos en relación al peronismo.
En este sistema democrático que nos toca vivir, hoy son los medios los que instalan candidatos y hacen creer a muchos ciudadanos que son ellos los que están eligiendo.
Los hechos y las metodologías parecen originales y nuevas, cuando en realidad lo único nuevo son las herramientas tecnológicas. Equivocadamente se piensa que la imposición de candidatos, por ejemplo en nuestro país y de manera mediática, apareció con la vuelta a la democracia, en 1983.
¡Nada nuevo bajo el sol!
Sobre la imposición de candidatos, Perón solía tomar como ejemplo la república que le siguió a la Revolución Francesa. Con total sencillez decía: “En aquel entonces y luego de aplacados los estertores de violencia del hecho revolucionario en sí mismo, la burguesía se alió con lo que quedaba de la nobleza, compró sus títulos, y con el advenimiento democrático ponían ellos los candidatos, y los franceses (el pueblo frances) creían que eran ellos los que elegían. Así controlaban la política y el poder”.
En todo caso, lo nuevo en todo esto es la aceleración de los tiempos que ciertos medios periodísticos (la TV por ejemplo) le fueron imprimiendo a la tarea informativa. Este hecho no es producto de la casualidad. A través de ello se logró sumergir al ciudadano común en una vorágine de noticias que por lo general va impidiendo cualquier posibilidad de análisis, transformando al televidente, al radioescucha o al lector de diarios, en un mero consumidor de las mismas. La monopolización de la generación de noticias hizo y está haciendo el resto. Si a lo dicho se le suma la cantidad de información suministrada, para cualquier individuo receptor, lo de ayer parece ser una noticia demasiado vieja. Ante la magnitud de este accionar mediático, una parte de la sociedad reacciona por reflejo condicionado al estar cautivos de esos medios.
La condición Borgiana de “incorregibles” fue quizás la que impidió que esto también afectara a muchos peronistas. Para el caso de muchos otros que se decían peronistas (y en los hecho demostraron que no lo eran), lo que no pudo hacer la sangrienta dictadura militar que asoló al país y a su pueblo entre 1976 y 1983 en su trabajo “conversor”, pudieron los medios en el período Alfonsinista-Menemista. Antonio Cafiero quiso hacer del peronismo un partido socialdemócrata; no era novedosa la decisión, intentaba seguir los pasos de Alfonsín.
Pero si hablamos de dirigente peronistas y de los que jugaron de peronista, el período Menemista fue sin lugar a ninguna duda, el más antiperonista que haya existido en la historia del país; por su intensión de matar al peronismo desde adentro, tratando de transformarlo en lo que no era. “Rescató” al peronismo de su tendencia socialdemócrata cafierista para atarlo al social cristianismo derechoso europeo con el verso de la globalización política. Logró sembrar la confusión dentro de cierta clase dirigentes, la mayoría de ellos oportunistas que se decían peronistas. Sembró la semilla neoliberal en estos personajes, que mucho riego no necesitaban, y allí florecieron lo que hoy son los dirigentes del peronismo Federal. El indulto, la aceptación de su gestión (no de su persona porque a la oligarquía les producía asco su aspecto, de allí el intento por cambiar su imagen exterior, porque la interior ya venía neoliberal de fabrica) por parte de la Sociedad Rural, de Neustadt, de Grondona y del stablishmen empresarial de todas las medidas políticas y económicas implementadas por este individuo, son hechos que de por si hablan por si solo y lo hacen el perfecto antiperonista. ¿Más claro? ¡Échele agua!
Pero gracias a Dios (quien facilitó los hechos), a la intuición y a la predica de ciertos viejos militantes, más la tremenda lucidez que hoy por hoy acompaña a nuestros jóvenes, el peronismo sigue vivo y está volviendo a recuperar su esencia y a ser lo que su creador y conductor quiso que fuera. Por eso resulta emocionante ver en los jóvenes esa decisión de no dejar morir nunca el ideario peronista; y que como producto de la propia evolución humana intentan, sin claudicar, dar la batalla en el campo de las ideas.
Cuando veo en los jóvenes esa avidez por incursionar en el campo del conocimiento de nuestras raíces latinoamericanas, cuando veo el fervor con que cantan la Marcha Peronista, cuando escucho las discusiones políticas en las que se suelen enfrascar, solo atino decirle a mi compañera, esposa y amiga: “Nunca todo estuvo perdido; los pibes tomaron nuestras banderas.”
Ahora bien, repasaré un poco los acontecimientos y acciones más importantes de la septuagenaria historia del peronismo; la que me enseñaron viejos militante de la primera hora y la que me tocó vivir como militante peronista.
Por eso voy a separa estas reflexiones en dos periodos: 1966-1976 y 1983-2010
EL PERONISMO “66-76”
Desde mi opción e incorporación militante dentro de la ideología política peronista (tenía yo 16 años y en el secundario había armado una agrupación que le puse ENUT-Estudiantes Normalistas Unidos Triunfaremos; desde niño simpatice con el peronismo) siempre había notado y padecido los vaivenes de la clase dirigente partidaria en su afán por imitar a Perón (que, desde ya, era y es inimitable en su accionar). Por lo general me desorientaban. Los que me reorientaban eran los militantes de base, los del barrio. Los dirigentes tomaban las palabras del “viejo”, hacían particulares lecturas de ellas, e intentaban aplicarlas en sus propias prácticas políticas.
Salvo honrosas excepciones, el resto ¡un desastre!
Esto ya ocurría con Perón en vida.
El intento Vandorista de la segunda mitad de los años “60” (elecciones mendocina de 1966 donde el líder metalúrgico Timoteo Vandor apoyó a al candidato Serú Garcia y Perón – a través de su enviada, Isabel- dio su apoyo a Corvalán Nanclares) fue un claro ejemplo. No ganó el peronismo (que se presentaba con otro nombre por estar proscripto) en aquellas elecciones, pero el candidato de Perón estuvo por encima –lejos- de Serú Garcia en caudal de votos. Fue un intento por parte de Vandor de crear un “peronismo sin Perón”. Y allí quedó demostrado quien conducía el Movimiento Nacional Justicialista, en quien confiaba el pueblo peronista y a quien le daba “bola” ese pueblo. El hecho fue contundente, y las interpretaciones y lecturas posteriores solo sirvieron para alimentar las intensiones divisionistas del movimiento peronista que nunca dejó de implementar el poder económico y agroganadero.
Por otro lado, los reiterados cambios de delegados a los que se vio obligado realizar nuestro conductor estando en el exilio, son las muestras más acabadas de esto que estoy diciendo. Las equivocadas –o malintecionadamente inducidas por intelectuales antiperonistas que operaban para el stablishmen- lecturas políticas que de esos cambios de “delegados” hacían los diferentes dirigentes que operaban por derecha y por izquierda dentro del Movimiento Nacional Justicialista generaron los ríos revueltos en los que se movía cuasi pez en el agua ese stablishmen. Lógicamente lo hacían para mantener el status quo que estuvo vigente hasta el regreso definitivo -20 de junio de 1973- del Gral Perón.
Sin embargo para el pueblo peronista, Perón era el conductor y el grueso del pueblo solo confiaba en él. Siempre fue así. Por eso, muchos nunca entendieron, y aún hoy siguen sin entender al pueblo peronista.
Notas:
(1)En cuestiones de partidos políticos hay opiniones divergentes y por ende interesantes. Muammar Al Gaddafi por ejemplo, líder de la Revolución Libia y Presidente de ese país, expresó en alguna oportunidad en uno de sus escritos, en otras palabras: “Los países dependientes tienen que luchar por su liberación y para eso se requiere de un pueblo unido. No se pueden dar el lujo de tener partidos políticos para sostener el sistema democrático tal cual lo indican los países occidentales capitalistas sojuzgadores. Ese es el engaño con el que se mantiene la condición de dependencia. De ahí la importancia de los movimientos populares. A cualquier país dependiente, la existencia de partidos políticos le impide lograr la meta primera que es romper con su situación de dependencia. Esto implica tener una sociedad partida, entretenida en disputas políticas internas, lo que le hace perder el objetivo de minima y de máxima, liberarse.”
(Continuará mañana)
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