DESARROLLOS (IN)SUSTENTABLES (1ra Parte)
11 dic 2009 Arte y Cultura, Ciencia, CONTAMINACIÓN AMBIENTAL, ECONOMÍA, Educacion, HISTORIA, MEDIO AMBIENTE, Notas semanales, Política Internacional, Politica, Tecnología
Gentileza de EL AGORA
Por Mario Rovere
“El presente es aquel mañana que ayer te parecía tan temido”.
Esta frase estaba a principio de los 80′s bajo un vidrio en un escritorio del Hospital monoclínico de Hanseniasis (Lepra) Baldomero Sommer y vino a la mente junto con los desafíos de las proyecciones del club de Roma cuando no era fácil leer otras cosas durante la última dictadura (1976-1983).
En la década de los 60′s algunas cosas eran más sencillas. Si se decía desarrollo parecía que todo estaba dicho. Como si de una referencia pediátrica se tratara, no bastaba el crecimiento (económico), había también que lograr el desarrollo (social).
Los países desarrollados marcaban el rumbo, ya habían hecho la tarea y conquistado para siempre el paraíso, los subdesarrollados tenían que seguir la senda que ya estaba marcada: la industria serviría como sector modernizador aunque acotada a la “industria liviana” (la pesada no era para cualquiera), generar consumo y mercado interno -es decir incorporar a los y las trabajadoras a la sociedad de consumo-, asociar desarrollo con investigación (aplicada, la básica no era para cualquiera) era la tendencia. Se podía decir que el desarrollo no garantizaba derechos pero prometía que iría creando las condiciones para un Estado de Bienestar criollo, la “educación y la salud eran una inversión y no un gasto”, se podían insertar los conceptos de “educación y salud” en el “desarrollo” y se asociaba automáticamente “desarrollo con ciencia y con progreso”, parecía que estábamos frente a un verdadero paradigma, es decir algo que por definición es innecesario probar.
Pocos años transcurrieron hasta que ciertas hipótesis, ciertas dudas que ya se venían incubando desde antes, más precisamente desde el fin de la segunda guerra mundial sobre el “progreso”, se transformaran en polémica científica y política.
Es que la fuerte asociación entre progreso y desarrollo científico-tecnológico resultaba más sencilla en tanto no había incluido hasta entonces una polémica o una desconfianza
sobre el rol que puede jugar la propia ciencia a quien, desde entonces, se la empezó a ver transcurrir con cierta facilidad y hasta ligereza desde el rol de heroína hasta el de villana.
Será el fin de la Segunda Guerra Mundial y el uso bélico de la energía atómica, uno de los hechos que más sólidamente impulsó por un lado un cuestionamiento sobre la ciencia y por el otro, la necesidad de establecer controles, de fijar parámetros y reaseguros por dentro y por fuera de la propia ciencia.
El orden mundial de la posguerra que pronto se volvería una prolongada guerra fría, parecía encontrar sus autorregulaciones en la planificación en los países del socialismo real o en el
pacto social (Capital, Trabajo, Estado) subyacente al modelo de Estado de Bienestar en los países con regímenes social demócratas.
El desarrollismo de los 60′s y sus preceptos de explotación de mercados internos, de sustitución de importaciones, de incremento del consumo de los trabajadores, de los electrodomésticos y los vehículos económicos pero también de planificación y desarrollo de la educación y de la salud
pública, pronto vería agotar sus paradigmas en América Latina tanto por los procesos políticos revolucionarios de fines de los 60′s y principios de los 70s Chile, Perú, Bolivia, Argentina, Panamá, como por las consecuentes dictaduras militares que comienzan a instalar (tal vez a excepción de Brasil cuya prolongada dictadura 1964-1985 mantuvo una cierta orientación desarrollista), políticas económicas abiertamente neoliberales.
A fin de los 60s y durante los años 70′s, -paradojalmente aprovechando los desarrollos tecnológicos de la computaciones coloca en controversia la viabilidad y pertinencia de los
caminos de desarrollo predominantes en la época, especialmente los referidos al uso de los recursos no renovables.
Usinas de pensamiento como el Club de Roma, el Massachusset //Molinos de viento. Una fuente de energías limpias.Institute of Technology (MIT) y otras instancias comenzaron a difundir diferentes cálculos e hipótesis de mediano y largo plazo para instalar preocupaciones sobre la posibilidad de
agotamiento de recursos naturales no renovables, instalando ya de alguna manera el concepto de sustentable. En otras palabras, interrogando durante cuanto tiempo se podía mantener un patrón de desarrollo como el que los países centrales seguían y además le recetaban a los demás seguir.
Mirado en perspectiva, las resonancias maltusianas de algunos trabajos en donde el énfasis parecía puesto en el crecimiento desmedido de la población hicieron más polémicas estas predicciones aunque ciertamente constituyen la base para poner también en entredicho el camino de países, empresas y gobiernos que comenzaron a consumir bienes comunes no renovables a un ritmo imposible de mantener.
La crisis mundial ocasionada por el aumento del precio del petróleo generado por el acuerdo de organización de los exportadores (OPEP 1973), intentaba cambiar los términos de intercambio e instalar un Nuevo Orden Económico Internacional y en la práctica cumplió un doble rol, por un lado probaba hasta que punto el mundo desarrollado dependía de este recurso no-renovable, pero por otro lado cuestionaba los cálculos lineales iniciales mostrando que las tasas de consumo podían ser muy sensibles al precio al que esos insumos se comercializaran.
Así muy pronto el paradigma desarrollista entró en una contradicción. Por un lado los países centrales se prestaban como modelo a imitar, exponiendo sendas transitadas como “el único camino al desarrollo” y por el otro si la mayoría de los países siguieran ese ejemplo en términos de consumo de los bienes comunes no renovables, el propio planeta sería inviable.
Es probablemente por eso, que cuando en 1989 la caída del muro de Berlín desata una estampida de inversionistas hacia las nuevas reservas de mercado buscando expandir los negocios bajo la piadosa denominación de “globalización”, la comunidad internacional reacciona con una conferencia tan memorable como odiosa a los oídos de los capitalistas más depredadores.
Nacía el concepto de “Desarrollo Sustentable” que fue lanzado por la comisión que presidía Gro Harlen Brundtland1 en 1988. Esta comisión fue la encargada de preparar un informe para analizar la creciente preocupación acerca del acelerado deterioro del ambiente humano y de los recursos naturales y las consecuencias de ese deterioro sobre el desarrollo económico y social. Al establecer esa comisión la Asamblea General de la ONU reconocía que los problemas ambientales eran globales en su naturaleza y determinó que era de interés común de todas las naciones, establecer políticas para un desarrollo que se pudiera sustentar en el mediano y largo plazo.
En un acápite del informe Brundtland “Nuestro futuro común” que se denomina desde nuestra tierra hacia nuestro mundo se señala:
A mediados del siglo XX vimos nuestro planeta desde el espacio por primera vez. Los historiadores podrán eventualmente encontrar que esa visión tuvo un enorme impacto sobre el pensamiento desde la revolución Copernicana en el siglo XVI el cual alteró la autoimagen de la humanidad revelando que la tierra no es el centro del universo. Desde el espacio vemos una pequeña y frágil pelota dominada no por la actividad humana y edificios sino por un patrón de nubes, océanos, áreas verdes y suelos. La inhabilidad humana para ajustar sus actividades en esos patrones está cambiando el sistema planetario en forma sustancial. Muchos de esos cambios están acompañados por riesgos y amenazas a la vida. Esta nueva realidad, de la cual no hay escape, debe ser reconocida y administrada. “(2)
//Desarrollo sustentable: es aquelque satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas.//
Tres fueron los mandatos u objetivos impuestos a la Comisión:
- Examinar los temas críticos de desarrollo y medio ambiente y formular propuestas realistas al respecto.
-Proponer nuevas formas de cooperación internacional capaces de influir en la formulación de las políticas sobre temas de desarrollo y medio ambiente con el fin de obtener los cambios requeridos.
- Promover los niveles de comprensión y compromiso de individuos, organizaciones, empresas, institutos y gobiernos.
Esta agenda se instaló en una reunión internacional realizada en Río de Janeiro, Brasil del 3 al 14 de junio de 1992 con un llamado a la comunidad internacional que se conoció como Cumbre de la Tierra. En esa reunión se consensuó finalmente la definición de desarrollo sostenible que años atrás (1988) se había presentado en el Informe Brundlandt:
“Es el desarrollo que satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas.”
La Conferencia puso en escena, al mismo tiempo que el capitalismo había crecido con más fuerza de lo imaginable no sólo por sus propios méritos sino por el contrapunto político que la propia guerra fría le había ofrecido y cuando la glasnost, como una suerte de autocrítica despiadada desmontó la URSS ladrillo por ladrillo hubo quienes se preguntaron (Hobsbawn) ¿para cuando la glasnost del capitalismo? Sin embargo, la revolución conservadora que surge en 1980 y que se multiplica tras la caída del muro con el consenso de Washington corre el péndulo tan a la derecha que el propio desarrollismo pasa a ser una propuesta sospechosa. Hay que ver allí la persistencia de algunas agencias de Naciones Unidas como UNDP o UN Hábitat, bajo ataque de las Instituciones de Bretón Woods (FMI y Banco Mundial) y el apoyo de un puñado de países europeos, para que conceptos como Índice de Desarrollo Humano, Desarrollo Sustentable, o Bienes Públicos Globales llegaran hasta nuestros días.
Un debate -menor pero con cierta trascendencia- se abrió sobre si la traducción correcta del inglés sustainable es sostenible o sustentable. La controversia puede conducir a un punto ciego pues estas palabras se intercambian frecuentemente casi con el mismo sentido en el español. Sin embargo, nuestra preferencia por la palabra sustentable proviene de cierta resonancia que nos hace suponer que el sustento es mérito del propio objeto, que es algo que viene de adentro o de su propia base y que al contrario, sostenido nos resuena más como “desde arriba” o desde afuera (“es sostenido”).
//La revolución conservadora fortalecida con el Consenso de Washington corre el péndulo tan a la derecha que el propio desarrollismo pasa a ser una propuesta sospechosa.//
Pero quizás, el ejemplo que más nos decide a inclinarnos por este concepto sea el uso en aviación o en aero-dinamia de la idea de sustentación, ya que éste es el principio por el cual algo tan difícil de imaginar como es el vuelo de un cuerpo más pesado que el aire se concreta en función de la velocidad; es decir sólo a partir de cierta velocidad la nave se sustenta. Lo que permite conectar sustentable con la noción de movimientos sociales y de velocidad de los procesos de cambio.
No pretendemos con esto cerrar una discusión porque los vocablos que pueden ser parcialmente sustituibles dependen además de la cultura local que los lee y que comunica mejor o peor un concepto.
Nuestra preferencia adicional por el plural (desarrollos sustentables) hace referencia a la exploración y la búsqueda de alternativas tratando de escapar de las encerronas de los 60′s
“el único camino del desarrollo sería…”
ALGUNOS ANTECEDENTES
Cuando a fin de los 60′s y comienzos de la década de los 70s se comenzaban a escuchar los primeros informes del Club de Roma, un escepticismo bastante generalizado atravesaba aquellos cálculos que parecían más cercanos a la ciencia ficción que a las ciencias duras.
Las primeras aplicaciones de computadoras a la estimación sobre la forma como se podrían mover diferentes variables en el mediano y en el largo plazo, se basaron en el método de proyección. Variables tales como población, recursos no-renovables, contaminación, disponibilidad de alimentos, entre otros, permitían construir un conjunto de escenarios diferentes que finalmente solo diferían en cuánto tiempo demandaría llegar a situaciones críticas, llegar a los límites y dejaban abierta la especulación sobre cual sería el primer recurso en agotarse.
Las críticas llovieron por izquierda y por derecha, “…que no se había tomado en cuenta las curvas de precios que genera cualquier escasez sobre la demanda”, “…que no se había tomado en cuenta la capacidad de la toma de decisión política para cambiar el rumbo de las cosas”, etc.
Sin embargo, 40 años después las predicciones parecen más certeras que nunca y tal vez con una mirada retrospectiva, se puede decir que se quedaron cortas o que quizás no se percibió que la temperatura del planeta pasaría a ser el principal factor que ya casi trascurrida una década del siglo XXI nos pone nuevamente la problemática sobre el modelo de desarrollo en el centro de la agenda.
‘Los límites del crecimiento’, de Dennis Meadows; ‘Lo Pequeño es Hermoso’, de Ernst F. Schumacher; ‘Ante el Abismo’ y ‘La Calidad Humana’, Aurelio Peccei; ‘La Humanidad en la Encrucijada’, de Mihajlo Mesarovic; ‘Reestructuración del Orden Internacional’, de Jan
Tinbergen; y ‘La Cortina de la Pobreza’, de Mahbub ul Haq, son algunos de los títulos lo suficientemente gráficos y explicativos que circulaban en los 70s, a pesar de no haber alcanzado en su momento, un impacto suficiente.
En la práctica, un grupo de expertos iluminando desde diferentes disciplinas y muy próximos al ocaso de la planificación predicaban en el desierto. Para colmo, la caída del muro de Berlín exacerbó como nunca la explotación del planeta y planificar pasó, en muchos países, al desván de la historia. ¿Para que hacerlo? Si el mensajero traía malas noticias, lo mejor era liquidar al mensajero.
“De seguir las tendencias actuales, se excederá la capacidad del planeta para sostener una población creciente…..Lejos de tener ninguna atención alarmista, los análisis efectuados pretenden llamar la atención sobre las consecuencias de distintas posibles situaciones reales,
con objeto de que los responsables de la conducción de la humanidad puedan prever las medidas y las políticas que serían oportunas para que no se llegue a una situación catastrófica”, planteaba Meadows ya en 1972(3).
Los principales rubros de preocupación del texto ya eran alimentos, recursos no renovables, contaminación y un mundo finito.
“En general, la sociedad contemporánea no ha aprendido a reconocer estas disyuntivas y a enfrentarse a ellas. El objetivo ostensible del sistema mundial es producir más gente con más alimentos, bienes materiales, aire puro y agua para cada persona”4
Quizás lo más importante de este breve recordatorio, sería reflexionar sobre el hecho fáctico que con toda la evidencia disponible en el momento, el conocimiento y su difusión no alcanzaron para torcer las tendencias y como lógica consecuencia nos debemos preguntar ¿porqué seríamos ahora más optimistas? ¿Por qué la situación ha empeorado? ¿Por qué ha aumentado el nivel de conciencia? ¿Por qué hay hoy actores mejor organizados para contraponerse a las tendencias principales de la explotación de los recursos naturales?
(Continúa)
1 Quien luego sería la primera Directora mujer de la OMS.
2 “Our Common Future” A Call for Action UN 1987.
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PoSIbles
Politica-Salud Internacional-Desarrollo sustentable
UNA PUBLICACIÓN PARA PENSAR LO LOCAL JUNTO A LO GLOBAL
Una propuesta grafica de EL AGORA
http://www.elagora.org.ar
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