SOBRE “ODIOS” BÁRBAROS, “ODIOS CIVILIZADOS” Y LA HIPOCRESÍA
12 ago 2009 Notas semanales

(Buenos Aires-Argentina-EL EMILIO)
La presente nota intenta mostrar el deformado trasfondo histórico-cultural en la utilización de términos existente en los medios de comunicación, algo que se desnudó en la manipulación periodística de algunos de ellos relacionados con cuestiones de origen social y de poder político.
Por Pedro del Arrabal
CONTRASTES EN EL TRATAMIENTO PERIODISTICO DE NOTICIAS SIMILARES.
-”Odio a la puta oligarquía” Luis D’Elia
-”Esa Yegua (por Evita)” – un Pereyra Iraola
Los dichos de D’Elia del 2008, manejados insistente y perversamente para mostrar la “barbarie de un negro piquetero” (y por ende la de todos los que D’Elia simboliza) fue, en términos periodístico, más que alevoso. Y se hizo notoriamente muy evidente en los medios del pool Clarín, ya que el multimedios estaba -y está- jugado a favor de la “patriótica dirigencia del campo.” (Ahora lo está a favor del gran negocio del fútbol que, a través de T&C y Canal 13, le significó al grupo)
El insulto hacia Evita del pretendido “patricio” Pereyra Iraola en la expo rural, fue manejado por esta prensa de tal manera que pasó desapercibido. Uno concluye rápidamente que cualquier insulto en boca de un oligarca no es tal. A lo sumo se trataría de un exabrupto, que rápidamente será “tapado” con otras noticias de “interés general”. Pero rara coincidencia que para los medios clarineros, lo de D’Elia era de “interés general” y un “tema candente” que mereció el seguimiento correspondiente hasta que produjo la consabida repulsión en el tilingaje medio pelo de clase media urbana.
Odios buenos y odios malos; odios incomprensibles y odios comprensibles; odios injustificables y odios justificables; odios viscerales, y odios racionales; odios imperdonables y odios perdonables; todos odios que esta prensa se encarga de manipular con un manejo espurio, con soberbia y sin vergüenza alguna.
Entonces uno se pregunta ¿de quienes son fieles servidores los grandes medios de comunicación en la argentina? Con solo verlos actuar, la respuesta sale automáticamente: Del poder económico.
Estuvieron -y están- al servicio de dicho poder. Seguramente que movidos por la conquista de una parte del suculento botín. Pero además no solo lo sirvieron cuando éste tuvo el control institucional del poder político (en gestión de gobierno), sino también cuando el poder económico requirió de sus servició para controlar al poder político en los escasos períodos históricos en los que estuvo -transitoriamente y vía democracia- en manos del inculto pueblo y/o sus representantes, durante la segunda mitad del siglo pasado(*)
Evidentemente y para estos medios existen dos tipos de insultos, según quien los emita.: a)Los malos, cuestionables e injustificados por provenir de “los incultos e incivilizados de abajo”. Y 2) Los otros, los exabruptos, reacciones lógicas y comprensibles ante tanto despilfarro distribucionistas, y los bárbaro y antipatrióticos ataques contra los merecidos y ganados (con el sudor ajeno) privilegios de los que estos nobles patricio gozan (Y esto no es joda, es literal); delicada situación que apenas les permite sobrellevar esa fastuosa calidad de vida; ¡algo que de desaparecer, los pobres se quedarían sin ejemplos para seguir, che!
La escena resultaba tristemente patética. Un Pereyra Iraola tratando de “yegua” a Maria Eva Duarte de Perón -Primera Dama del primer gobierno del Gral Perón- en un tono de voz y gestos que destilaban odio y repulsión al mismo tiempo; no solo por la boca de aquel pintoresco espécimen, sino a través de todos los poros de su piel. La reacción lo pintaba de cuerpo entero. Parecía un pobre animalito de vaya a saber que Dios. ¿Tanto odio originó aquella expropiación que realizó el gobierno del general Perón en el año 1950 del hoy Parque Pereyra Iraola, , una mísera porción de los cientos de leguas de tierras propiedad de la familia?. Los antepasados de este pretendido “noble patricio” ¿A quién o a quienes compraron tanta tierra? ¿Cuánto pagaron por ellas? Además ¿cuando saldarán los compromisos con el Estado que todavía hoy adeudan en concepto de impuestos, todos correspondientes a la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX?
Pero para los grandes medios de comunicación ese “odio” es comprensible, no cuestionable. Porque a “ellos” no se los cuestiona, se los respeta. Y en eso, los medios de prensa “serios, objetivos y responsables”, como simples sirvientes que son, jamás dejarán el respeto de lado.
HISTORIANDO COSTUMBRE PATRICIAS
Esto me trajo a la memoria algunas curiosidades de la vida familiar y social de estos pretendidos descendientes de “nobles patricios”.
En alguna oportunidad un integrante de una de esas familias -del lado de los Uriburu; de aquel que fuera apenas un “comisario de campaña” pero con descendiente militares amantes del golpe de Estado- me supo blanquear verdaderas historias sobre las “conductas morales” de muchos/as integrantes de aquel reducido y selecto sector social. Se trataba de simples “deslices” reconocidos por viejos y moribundos integrantes de esos núcleos familiares, que hacían estas confesiones para no irse al otro mundo con cargo de conciencia.
Según este personaje, en antaño, las que se decían “familias aristocraticas”, solían utilizar el sustantivo “yegua” para sustituir el burdo y popular término “puta” con que se solía demonizar a las mujeres que constituían la servidumbre de una casa y que a la vez eran utilizadas para que sus “niños” se iniciaran sexualmente. También utilizaban dicho término para calificar a ciertas mujeres por considerarlas “chinas de la calle”, ámbito donde seguramente eran presa fácil para las demoníacas tentaciones de la “carne”. O para identificar a ciertas cabareteras que además de la danza ejercían el oficio más antiguo que conoce la especie humana. Lo tragicómico radicaba, según este conocido, en que las “mujeres fáciles” eran las que satisfacían con claridad y lujuriosa precisión todas y cada una de las fantasías eróticas de los nobles y “machos” patricios, ya que con sus aristocráticas esposas se limitaban a respetar las “formas amatorias tradicionales” que imponía la iglesia para una consorte de “cuna”. Ahora bien, y según este narrador, tampoco faltaba un peón, mucamo o mayordomo que sirviera para satisfacer a más de una aristócrata dama cuando eran desbordadas por sus chanchas fantasías eróticas; algo que el macho cabrio consorte no se lo proporcionaba por dedicárselo a las cabareteras.
Por lo que escuché puedo ligeramente concluir, y sin temor a equivocarme, que la hipocresía, para esa clase social parasita que se dice hacedora de la patria, parecería ser que constituía la moneda de cambio diaria hacia dentro y fuera del núcleo social. No resulta difícil inferir que todo valía -y vale- en cuestiones de placeres mundanos cuando se dispone de tantos privilegios y riquezas, sabiendo que cualquier desliz siempre quedaría enterrado como el más sagrado secreto dentro del núcleo familiar y social.
HISTORIANDO BIENES DE DUDOSO ORIGEN
Tristes personajes que intentan sostener una supuesta condición de “nobleza” basada en la propiedad de tierras conseguidas de manera “non santa”, como producto de prebendas otorgadas por sus socios gubernamentales de turno que entregaban -vía ley de enfiteusis y otras de arrendamientos- grandes extensiones de territorio luego de robárselas a los verdaderos dueños (nuestros hermanos aborígenes). ¿De que pueden hacer gala estos personajes que hicieron de las políticas agroexportadoras y de la renta de la tierra su principal fuente de incremento de capital, poder e influencia?(1) ¿Cómo pueden hablar de democracia los creadores y cultores del fraude electoral y del fraude patriótico; los cómplices directos de sangrientas dictaduras militares? ¿Su nobleza radica en que jamás se ensuciaron las manos con sangre argentina porque para esos tenían a idiotas militares que se encargaban del trabajo sucio? ¿La categoría “patricia” la adquirieron de aquella “amistad anglo-argentina” que nació de la admiración a los “agerridos y bellos soldados que aparecieron una mañana en las playas de Quilmes” según cuenta Cárcano cuando se refiere a las primera invasión inglesa de 1806?
No menos que estos fueron los otros, aquellos pequeños burgueses mercantilistas de la época colonial que se hicieron grandes gracias al oficio de contrabandistas (2). ¡De que pueden hablar los descendientes de aquellos cultores de la contravención como estilo de vida! ¡Qué pueden decir aquellos que acrecentaron sus respectivos patrimonios con
“el fomento y el desarrollo desenfrenado de los negocios y de la especulación. Con aquellos que engendraron una irresistible ola de agio en todos los terrenos. Ello trajo como consecuencia la corrupción, el despilfarro, el afán del oro, la riqueza fácil” según el decir de Ibarguren.
Si tenemos en cuenta estos “pequeños detalles históricos” fácilmente corroborables, detalles que la historia oficial siempre cuidó que no se conocieran (mientras y a través de la educación se enseñaba el respeto por el “campo y su patrones” y se pedía que los niños escribieran una composición cuyo tema era “La Vaca”), seguramente podremos concluir como lo hacía el inolvidable y siempre vigente Arturo Jauretche que “encontraremos más fácilmente verdaderos y dignos patriotas en la guía telefónica que en las guías sociales.”

(*) Los 35 grupos agropecuarios con más de 20.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires son los siguientes: Gómez Alzaga-Balcarce-Larreta, Duhau-Escalante-Avellaneda, Pereyra Iraola-Anchorena, Beraza, Duggan, Santamarina, Santamanina-De Alzaga, Galli-Lacau-Rossi, Lafuente-Mendiondo, Lalor, Ballester-Tronconi, Paz Anchorena, Beamonte, Blaquier, Ochoa-Paz, Guerrero, Harriet, De Apellaniz, Anchorena Zuberbühler, Inchauspe, Sansot- Vernet Basualdo, Pueyrredón, Defferrar, Duhau Nelson, Bullrich, Pereda-Ocampo, Zubiaurre, Herreras Vegas, Arrechea, Harriet, Lalor-Udaondo, Fuchus Facht, Colombo-Magliaro, Ayerza-García-Zuberbühler y Lanz.
(1)Desde 1863 comenzó a debatirse en el gobierno provincial, la posibilidad de poner en venta las tierras públicas arrendadas. En esos debates, hacendados y arrendatarios presionaron para obtener ventajas; de hecho, muchos diputados y senadores, y también miembros de la Comisión de Hacienda, eran a la vez arrendatarios públicos. Estos también hicieron oír su voz a través de la Sociedad Rural Argentina (Valencia, 2000a). Las primeras ofertas, de 1857 y 1859, fueron por cantidades exiguas; luego, la ley de venta del año 1864, puso en venta todas las tierras disponibles dentro de la línea de frontera establecida en 1858, más de 2 millones de has.
(2) El término contrabandista sirvió para identificar a todos aquellos que infringían los bandos (decretos-leyes) virreinales en la época colonial. Era una práctica muy común entre los comerciantes del Río de la Plata, aprovechada por los ingleses para introducir sus producciones sin pagar impuestos y que los “honestos” comerciantes coloniales de la ciudad de los buenos aires imitaran tan digno ejemplo.
“Las necesidades insatisfechas de la población platense y el interés de los
comerciantes explican la práctica asidua del contrabando. Aun clausurado el puerto
de Buenos Aires por ley, fue frecuente el arribo de naves extranjeras inglesas,
francesas, holandesas y portuguesas.” (FLORIA, Carlos Alberto y GARCÍA BELSUNCE, César Augusto, Historia de los argentinos, 2da. edición, Buenos Aires, Larouse, 1992)
El pretexto que se utilizaba para justificar su práctica siempre fue el mismo e inventado por los ingleses: “romper con cualquier forma de proteccionismo a favor del libre comercio”. Lo lamentable de todo esto y como bien lo sostiene Eduardo Galeano, es que Inglaterra era el país más proteccionista del planeta en aquellos años y el más importante predicador del libre comercio y la libre navegabilidad de los Ríos como el principal y prioritario eje de su política exterior e imperial.
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