EL LLAMATIVO RETORNO DE CIERTOS “ARGUMENTOS”
17 may 2012 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Medios de comunicación y Sociedad
A propósito de los peligros de un falso “debate” que se intentó instalar mediáticamente entre el supuesto “antisectas” Pablo Salum y el por él escrachado Claudio María Domínguez.
Por Victor Leopoldo Martinez (*)
A partir de ciertas “imputaciones” hacia el practicante de la “New Age” Claudio María Domínguez por parte de un joven –Pablo Salum- quien estuvo dando sobradas muestras de un desmesurado afán de protagonismo mediático en su deambular diario por los canales de televisión, el chabacano amarillismo periodístico generalizado (doblemente peligroso y ya explicaré por qué) instalado en la mayoría de los programas de entretenimiento (chimentos) e información de nuestra televisión, reflotó una peligrosa frase muy usada desde hace siglos, recuperada por los cruzados de la última dictadura militar argentina y utilizada dentro de sus argumentos a modo de justificación para sus nefastas “tareas” y acciones “extirpadoras” de lo que ellos entendían “desviaciones mentales”: El famoso “lavado de cerebro”. La Iglesia Católica –“religión” oficial del Estado Argentino-le daba a esa dictadura sustento teológico para una supuesta “guerra” contra ideologías apátridas y ateas y cobertura “espiritual” para los operadores refugiados bajo el manto dictatorial. Un General -Balsa- pidió disculpas por las atrocidades cometidas por sus camaradas. Hasta hoy no se conoce ningún pedido de disculpas de los integrantes del alto clero argentino, cómplice de hecho de aquel genocidio cometido por las juntas militares asesinas.
Por otra parte no se pueden pasar por alto y/o olvidar como remotos antecedentes, las “guerras santas (¿?)” y la “Santa(¿?) Inquisición” realizadas por el culto hoy denominado “Católico”, muestras patéticas de las barbaridades cometidas en nombre de Dios, algo que ya he señalado en otro articulo (ver: http://www.revistaelemilio.com.ar/2010/07/la-santa-inquisicion-de-un-cruzado-fuera-del-tiempo/).
Resulta muy evidente que el joven Salum, en su calidad de víctima de un supuesto accionar manipulador de una secta religiosa presenta, todavía hoy, secuelas de los serios trastornos psico-emocionales que seguramente padeció en algún momento de su vida por tal motivo, y que merecerían recibir la debida atención profesional. Pero los consultorios no están casualmente en los estudios de televisión donde él denuncia las manipulaciones y “los lavados de cerebro” que realizarían “sectas religiosas”. Salta a la vista que las secuelas de su cuadro anterior le impiden ver que también allí –en la TV- él está siendo “manipulado” por ese amarillismo ávido de sensacionalismo, hoy practicado hasta por “conductores” de ciertos programas que se presentan a si mismos como “progres” y “anti-amarillistas”.
Resultan llamativas y “curiosas” las frases que aparecen reiteradamente dentro de los argumentos expuesto en el discurso de Salum. “A mi me rescató la iglesia Católica”, “En esas sectas te lavan el cerebro”. Si no fuera por la aparición de curas católicos “consultores” en algunos de esos programas donde a este chico le dan “aire”, los “fallido” en algunos conductores de TV cuando lo entrevistan, y el “respeto a los límites temáticos” que otros conductores tienen en relación al discurso que impone el poder dominante(1), no dejarían de ser frases, o expresiones de una víctima de abusos en proceso de recuperación, pero mal orientada en cuanto a los lugares terapéuticos.
SOBRE SECTAS Y CULTOS
Se me ocurre pensar que plantear y recurrir a una dialéctica seria para discutir lo que son “las sectas” y “los cultos” no estaría mal para el enriquecimiento temático y para mejorar la formación humana en no pocos argentinos desterrando actitudes discriminadora que muy a menudo les aparece. Me parece fundamental en este momento donde está en discusión todo aquello relacionado con las libres decisiones personales tomadas por adultos respecto a decidir sobre sus actos. Digo esto para no entrar en contradicción con las propias leyes que hoy se votan en el congreso manijeadas mediáticamente como “de vanguardia”, o pioneras en la materia (y que desde ya lo son). También resulta importante hacerlo básicamente por la peligrosa ignorancia y el atrevimiento para incursionar en determinados temas que aparece recurrentemente en muchos de esos conductores de TV desde hace ya un largo tiempo a esta parte, algo que exacerba esa peligrosidad a la que hacia referencia en el primer párrafo por estar en medios de comunicación audiovisual (el medio de mayor penetración).
Es claro que desde el cristianismo la cuestión religiosa -en términos de interpretación del vocablo y la acepción que se le dio a la palabra religión-, está asociada – vía Santo Tomás y su Suma Teológica y San Agustín- a “releer” (la palabra divina), “reelegir” a Dios o “religarse” a este. A partir de esto aparece esa arrogante decisión por parte de los ortodoxos de ese culto de que una “secta sea un grupo autónomo, no cristiano, fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal y expectante de un inminente cambio maravilloso, ya colectivo, ya individual, y por ende peligroso”. O sea, para el Culto mayor se trataría de una cuestión de “Quiosquitos menores pero peligrosos como competencia”. Unas postura evidentemente sectaria y distantes de los propios principios orientadores dejados por el Dios Terrenal llamado Jesús.
Dicho de otra forma y un tanto peyorativamente, parecería que las sectas son calificadas de tal cuando un “loquito” fiel, harto de las locuras del “culto mayor” decide abrirse, y curtir su propio mambo llevándose un “toco” de fieles con él, pasando a ser todos ellos juntos unos reverendos… “infieles”. Por lo que se puede apreciar se trataría de una “fidelidad”que no apunta casualmente hacia la “gracia divina” sino más bien a ciertos negocios humanamente mundanos.
Ahora bien, acá –en Argentina- oficialmente se les llama “Culto Católico, Judío, o Musulmán, etc. etc. Sin embargo existen definiciones de culto como estas:
“Cultos son grupos que explotan a sus miembros psicológicamente y/o financieramente, típicamente haciendo que sus miembros obedezcan las demandas del líder a través de ciertos tipos de manipulación psicológica, popularmente conocido como control mental, y a través de inculcar una dependencia ansiosa profundamente enraizada en el grupo y sus líderes.” – Michael D. Langone, Clinical Update on Cults, Psychiatric Times. Vol. 13 No. 7.
Traspolando este concepto a la historia de la conquista y colonización de América, ¿cuántos nativos fueron víctimas de masacres por desobediencia al culto católico? ¿A cuántos convencieron desde el temor a una imaginaria “Ira divina”, y sumieron a sus designios desde esa bastarda concepción de los errores humanos como algo “pecaminoso”, solo perdonados por otros humanos “habilitados” celestialmente y que estaban en el bando de los conquistadores.?
En estos términos, ¿cuál sería la diferencia entre el culto y la devoción al Papa, al Sai Baba o el “Maestro Amor” además de las lógicas que sí existirían en materia de poder económico e infraestructura para difundir contenidos “salvadores” y/o culpas y temores al “castigo divino” anunciados por dudosos interpretes terrenales que paradójicamente y en no pocos casos obran como “ovejas descarriadas” tentados por la “carne”? ¿Que diferencia existe entre ellos? Una excepción a la ley general quizá fue la Madre Teresa quien hoy por hoy e históricamente cuenta con meritos legítimos en razón de su dedicación en vida, real y concreta, por la suerte -o desgraciada- de los humanos enfermos.
El actual Papa no se expidió jamás -y menos concretamente- sobre los miles de curas (de todas las jerarquías) pedófilos que andan haciendo estragos por el mundo. “Dicen” que en la secta del “maestro Amor” -con él a la cabeza- son medios degeneraditos (según el entender de la cultura Judeo-cristiana) y además se queda con los bienes de los incautos fieles. El clero de la Iglesia Católica Argentina es bancada por el Estado Argentino y los altos sueldos de sus jerarcas no se discuten casualmente en paritarias; y las exigencias de los “fondos” se lo imponen al Estado avalados por antaños acuerdos; “De algún trasero tendrá que salir líquido rojo” sostiene un dicho popular. Obviemos claro está -y en esta ocasión- los cientos de propiedades horizontales rentadas dentro de la Capital Federal que engrosan “sustancialmente” el patrimonio de la Curia local. Resulta llamativo que los favores terrenales para ganarse un lugar al lado del altísimo, tengan costos tan elevados, y que dichos costos pagados por el conjunto de la sociedad a través del pago de impuestos, solo para recibir “consuelo espiritual”, y que esos costos pasen desapercibidos gracias a ciertos acuerdos con el poder -económico fundamental-mente- de turno, quienes aportan los “diezmos más interesantes” para ser salvados de sus constantes “pecados” en materia de manejo económicos y por ende de la desgraciada suerte del resto de los mortales.
Pero no todos las ovejas del rebaño que responde a lo “celestial” son iguales. Los curitas desobedientes terminan en las iglesias de frontera así no le joden la paciencia a los custodios del cumplimiento del “Derecho Canónico”, derecho que Dios lo conoce por poseer dones y cualidades metafísicas pero que cada vez que intenta hacer una observación, sus interpretes terrenales no atienden el teléfono.
Y podría seguir…
DE TIEMPOS NO TAN REMOTOS
Y ya que estamos hablando de “lavado de cerebro”, en la década de los setenta ciertos sectores de derecha asociados a los grupos de poder económico, usaban mucho el tema del “lavado de cerebro”. Las víctimas eran los pobres “chicos” que caían en manos de inescrupulosos y ateos guerrilleros apátridas quienes los engatusaban y los llevaban por mal camino llenándoles la cabeza (lógicamente después de lavárselas) con ideas “raras” vinculadas a la Justicia Social, algo que a ellos les resultaba muy parecido al comunismo.
Dichos en otros términos, todos aquellos que militábamos políticamente en aquella época, en mi caso y desde siempre en la Juventud Peronista, fuéramos universitarios o no, éramos unos perfectos imbéciles, sin ideas “claras”, ni ideales, perejiles fáciles de engañar con ideas extrañas que atentaban contra el “ser nacional”(¡?) y la “esencia (¡?) cristiana” de nuestra sociedad.
Cabe preguntarse, las cárceles y persecuciones políticas, la injusticia social reimplantada luego del golpe de septiembre de 1955, ¿eran la esencia cristiana de nuestra sociedad? La ilusión de recuperar la justicia social para el pueblo argentino, anhelo levantado como bandera por aquella gloriosa JP, Justicia Social que se había experimentado y concretado durante el primer y segundo gobierno peronista, ¿eran las ideas extrañas, apátridas y ateas que nos metían en la cabeza porque como borregos estúpidos que éramos podíamos ser fácilmente engañados?
Para eso recurrieron a los militares cipayos y entreguistas de la última dictadura militar para que con métodos adquiridos en la Escuelas de las Américas, extirparan de las universidades, de las mentes, de las cabezas de aquella “juventud engañada” esas ideas raras. Y si las lobotomías no daban resultado, hacerlos desaparecer era lo más conveniente. “Lo que no está, no se ve, entonces no existe”. Lo dijo en confesión pública el “Cristiano Videla”.
Hoy las “lavadoras de cerebro” y engañadoras de los actuales jóvenes incautos, los nuevos imbéciles, son las mismas de siempre solo que cambiaron de marca: hoy “La Campora”, La “JP Descamisados”, “Movimiento Evita”. Lo raro y no por eso menos “casual” en cuanto a lo reiterado, a los preocupados por “el lavado cerebral” tipo ” Grondona, La Nación y los medios del Grupo Clarín” no les preocupan tanto los Troskos por ejemplo (o mejor dicho ciertos Troskos) ¿Por qué será? En realidad esta última aparece como una pregunta estúpida ya que nunca preocuparon mucho a nadie; y desde ya, esta es una apreciación muy subjetiva en términos políticos, y me hago cargo de lo escrito.
De la lectura que hago de las actuales “movidas mediáticas” es que me nace esta preocupación, esta inquietud. Muy malos recuerdos me traen a la mente el solo escuchar cuestiones asociadas a la reinstalación de frases del tenor “lavado de cerebro” como anatema y a modo de estigmatización con tinte maligno. Me estoy refiriendo a la descalificación de ciertas ideas y a la demonización que ciertos personajes están haciendo de la portación de edad juvenil, ideas y compromiso militante hoy muy presente en nuestros actuales jóvenes quienes recuperaron para si aquel concepto heroico de la vida que acompañó a los jóvenes de los “70”. Tengamos cuidado y como viejos y responsables militantes protejamos a nuestra juventud de aquellos dinosaurios que pretenden evitar nuestros supuestos y peligrosos “lavados de cerebro”.
LOS MEDIOS…, ¿NO LAVAN CEREBROS?
Cualquier médico diplomado y serio te dice con todas las letras “no tomes «ACTIVIA» porque es una reverenda mierda para tu organismo”; pero artistas de toda laya te lo recomiendan 60 veces por día en todos los canales de TV (por la plata baila el mono). Lo mismo que «ACTIMEL» y tanta otras basuras. Eso, ¿no es “lavado de cerebro”? La comida chatarra destructora de tejidos hepáticos que ofrece el payaso norteamericano y que publicitan los mismos canales de TV ¿no es “lavado de cerebro”? ¡Cuántos años nos estuvieron lavando el cerebro con las bondades del neoliberalismo! ¡Aún hoy y en no pocos medios monopolizados intentan seguir usando el mismo shampoo! Los medios ¿no colaboraron activamente con la mantención de los mitos, primero “Los argentinos somos derechos y humanos” (y lograron dividir a la sociedad y permitir el uso y abuso del “por algo se lo llevaron”); segundo, el de la “convertibilidad”, algo que a no pocos les permitió hacer jugosos negocios con el verdadero dólar? Eso ¿no es lavado de cerebro?
No quiero aburrir con ejemplos porque lejos está en mi intensión menoscabar la inteligencia de nuestros lectores.
Pero resultaría interesante que reflexionemos al respecto.
(*) Director de EL EMILIO
(1) A esta altura del partido ya no resulta llamativo que un Daniel Tognetti (conductor de DdD)“censure” a Pablo Marchetti y pase “a otro tema” cuando este comenzó a señalar a la Iglesia católica como otra secta en uno de los programas de la semana anterior. Los “periodistas progres” también se cuidan de no faltarle el respeto al poder establecido.
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ENTREVISTA A CARLOS MUGICA, UN CURA SE CONFIESA
11 may 2012 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, A 38 años del asesinato de Carlos Mugica.
A 38 años de su asesinato recordamos al compañero Carlos Mugica en una entrevista que brindo a la Revista 7 Días en Junio de 1972
Fue muchas veces señalado como un sacerdote subversivo. Sin embargo, Carlos Mugica (el polémico capellán porteño) cree respetar los mandatos de Cristo y descerraja sus iras contra -las jerarquías clericales comprometidas con el dinero, el privilegio y el desorden establecido en todo el país.
Es una ráfaga implacable, un martilleo de palabras, la lúcida coherencia que se transmite eléctricamente al gesto en esa permanente y reconcentrada actitud del que amenaza con violentar todos los esquemas -un dogma, una religión, una filosofía- pero repentinamente cede y adopta posiciones expectantes. Rubio, de ojos azules, pulóver de cuello alto y pantalones negros, no parece un sacerdote; sólo los libros que trepan por las paredes de su departamento de un ambiente, en el barrio de Palermo, en Buenos Aires, denuncian la presencia de un miembro de la Iglesia Católica.
Es que Carlos Mugica (39, profesor de teología en las facultades de Economía, Ciencias Políticas y Derecho de la Universidad del Salvador y capellán de la parroquia San Francisco Solano, en Villa Luro), a diferencia de la nueva corriente de sacerdotes católicos, prefiere ignorar ese halo paternalista, el status privilegiado que la sociedad se empecina en otorgarle, para dar de sí -espontáneamente, sin premeditación- la imagen de lo que cree ser: simplemente un hombre común, con toda la riqueza y las limitaciones de los seres humanos; a lo sumo, siente quizá con más profundidad que sus hermanos -palabra habitual en su vocabulario- una problemática responsabilidad, ser también mensajero de sus conflictos.
Pero esa humildad -que se refleja inflexivamente en su manera de vivir- no le posibilitó soslayar una creciente popularidad alrededor de su figura. Lo publicaron así sus declaraciones por radio y televisión (-El socialismo-espetó en una de las emisiones del programa Tiempo Nuevo, dirigido por Bernardo Neustadt, en Canal11-es el régimen que menos contraría la moral cristiana”); lo sacaron del anonimato pronunciamientos tales como el que barbotó cuando Arturo Illia fue elegido presidente de la Nación: -Hoy es un día triste para el país -dijo Mugica el 12 de octubre de 1963-, una parte importante del pueblo argentino ha sido marginado de los comicios y será dirigido por un hombre a quien sólo votó el 18 por ciento de los electores.
El fogoso sacerdote reconoce que fue arduo el camino recorrido para que pudiera recalar, finalmente, en esas posiciones, no extremas -defiende- sino coherentes con la actual actitud de un grupo relevante de obispos de la Iglesia Católica.
-Sin embargo, cuando usted eligió ser sacerdote no enarbolaba las mismas banderas.
-En efecto. Ingresé al seminario hace 18 años, en 1951, y vivía en esa época, el catolicismo individualista, fiel al slogan salva tu alma.
-¿Qué significaba para usted ser sacerdote?
-Salvar mi alma, es decir: ir al Cielo, buscar la felicidad, esa que está en Dios. Evidentemente era bastante egoísta mi actitud, aunque también entonces cambió radicalmente mi vida, porque fue cuando descubrí la alegría de vivir en Dios.
-¿Quién es, qué es Dios?
-Definitivamente, Dios no es una idea sino alguien. Dios es una persona que se entregó totalmente a mí y se dejó matar por mí. Para mí Cristo es mi Señor, mi amigo, mi maestro, mi modelo de vida. Su entrega tiene un valor especialísimo: Dios es un ser que en lugar de servirse del hombre se pone al servicio del hombre y por eso todo hombre que da su vida por los otros sea un ateo, un marxista, o lo que fuere, ése, verdaderamente se une a Cristo.
-¿Quién consolidó en usted el cambio de actitud que se atribuye?
-Un sacerdote francés, el abate Pierre, de quien todavía recuerdo una frase decisiva: -Antes de hablarle de Dios a una persona que no tiene techo es mejor conseguirle un techo. Es decir que conseguirle techo a una persona ya es hablarle de Dios. No nos olvidemos que Cristo curaba a los enfermos, les daba de comer a los que tenían hambre y de beber a los que tenían sed. Y no lo hacía : agarrando al hombre por entero. Antes de ingresar en el seminario yo tenía una visión maniquea de la existencia. El alma era buena y el cuerpo malo. Eso viene de Platón, y se metió en la Iglesia con San Agustín; aún perdura esa concepción, sobre todo en lo relativo al sexo. Pero estamos viviendo un amplio proceso de liberación para desterrar esa actitud individualista del seno de la Iglesia. Antes, como muchos de mis compañeros que luego también evolucionaron, yo estaba preocupado por la salvación de mi alma. Luego empecé a preguntarme ¿por qué salvar mi alma y no mi cuerpo cuando esa división no es, precisamente, una actitud cristiana? En la Biblia no se habla nunca de alma y cuerpo; la Biblia es un libro muy carnal, muy concreto, en el cual se define al hombre como polvo que respira.
-¿Qué sucede entonces cuando muere un hombre? Es decir, ¿no es su alma, según las concepciones cristianas, la que asciende al Reino de los Cielos?
-Insisto en la falsedad de esa concepción dual. Ningún teólogo podrá decir nunca que, después de muerto el hombre, el alma queda flotando en algún lugar. Es una visión tonta, materialista, de la resurrección. No sabemos mucho al respecto. Toda imagen que podamos tener después de la muerte de un hombre es muy pobre. Sabemos, sí, que vivirá para que después escucharan el sermón sino porque esa es su manera de amar en Dios. Y suponemos que eso significa que va a estar presente como persona en todos los seres.
-Muchos cristianos siguen aferrados a esa concepción maniquea (alma: buena; cuerpo: malo). Y aún más: persisten en adoptar la posición que usted calificó de individualista. ¿A qué se debe?
- Una visión distorsionada de la realidad. El cristianismo es esencialmente comunitario. No decimos padre mío sino padre nuestro. Para entender claramente esto basta con acercarse al pueblo. Estar en contacto directo con él. Cuando yo estaba en el seminario iba a un conventillo de la calle Catamarca. Allí viví algo muy especial _ trascendente en mi evolución_; precisamente en el contacto con los hermanos míos del conventillo descubrí lo que ahora llamaría el subconsciente de Buenos Aires. El día que cayó Perón fui, como siempre al conventillo y encontré escrita en la puerta esta frase: -Sin Perón no hay patria ni Dios. Abajo los curas.
Mientras tanto, en el barrio Norte se habían lanzado a tocar todas las campanas y yo mismo estaba contento con la caída de Perón. Eso revela la alineación en que vivía, propia de mi condición social, de la visión distorsionada de la realidad que yo tenía entonces, y también la Iglesia en la que militaba, aunque ya por esa época muchos sacerdotes vivían en contacto directo con su pueblo.
-¿Qué papel supone usted que jugó la Iglesia en ese momento?
- Pienso que entonces algunos sectores de la Iglesia estaban identificados con la oligarquía. No digo que la Iglesia volteó a Perón sino que contribuyó a voltearlo. Pero pienso que también había deterioro en las filas peronistas. Creo que el peronismo perdió fuerza revolucionaria desde la muerte de Evita.
-¿Cuál cree que debe ser su verdadero compromiso con los argentinos, con su pueblo?
-Pienso, siguiendo las directivas del Epicospado, que debo actuar desde el pueblo y con el pueblo: vivir el compromiso a fondo, conocer las tristezas, las inquietudes, las alegrías de mi gente a fondo, sentirlas en carne propia. Todos los días voy a una villa miseria de Retiro, que se llama Comunicaciones. Allí aprendo y allí enseño el mensaje de Cristo.
-¿Qué mensaje?
- Los signos concretos del mensaje de Cristo se pueden detectar cuando Él dice: -En esto se conocerá que ustedes son mis amigos, en el amor que se tengan unos a otros. Y el índice de mi adhesión al mensaje de Jesucristo es mi amor real, concreto, palpable, por mis hermanos.
-¿Cómo se manifiesta, cómo se materializa ese amor?
-Es muy significativo que el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo (versículos del 30 al 46) Cristo hable del Juicio Final en estos términos: “Cuando el hijo del hombre vuelva con sus ángeles a juzgar a los hombres los reunirá a todos en su presencia y va a separar a unos de otros como el pastor separa a las ovejas de los cabritos. Entonces va a decir a los de su derecha: vengan conmigo benditos de mi padre”. Ahí se puede pensar, bueno, vengan conmigo benditos de mi padre porque fueron a pie a Luján, o porque tuvieron mucha devoción a San Cayetano, o porque hicieron y cumplieron muchas promesas, o porque dieron limosna a la Iglesia. Pero Cristo no va a decir eso. Va a decir: -Vengan conmigo, benditos de mi padre, porque tuve hambre y me dieron de comer, porque tuve sed y me dieron de beber, porque estuve en la cárcel y me vinieron a ver, porque estuve enfermo y me curaron, porque anduve desnudo y me vistieron”. Es decir que en el Día del Juicio Final vamos a encontrar a la derecha de Dios a mucha gente que jamás pisó una iglesia y que sin embargo estuvo toda su vida amando a Jesucristo, porque estuvo amando de una manera eficaz a su prójimo, a sus hermanos. Y, lo contrario, Cristo va a decir a los de su izquierda estas palabras terribles: -Apártense de mí, malditos, al fuego eterno”. ¿Por qué? Bueno, ahí podríamos pensar que porque no hicieron la comunión pascual, que porque no dieron limosnas. Y sin embargo, no.
Cristo va a decirles: -Yo tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve en la cárcel y no me vinieron a ver… Y lo notable va a ser que algunos preguntarán: `Pero Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y no te dimos de comer? Y Cristo responderá: -Cada vez que no lo hicieron con uno de éstos. Y es en ese terreno donde se manifiesta mi amor, mi compromiso y el de todo hombre.
-¿Quiénes cree usted que no se comprometen a ese nivel?
-Aquellos que ven a un tipo sufrir en la villa miseria y dicen: pobre. Aquellos que se compadecen pero pasan de largo y siguen viviendo como burgueses. San Agustín fue muy claro al respecto: -Hay muchos que parece que parece que están adentro de la Iglesia y sin embargo están afuera. Es decir: son muchos los que fueron bautizados o tomaron la comunión pero no tienen amor concreto por su prójimo. Son cristianos muertos, no son cristianos. Por eso hay mucha gente que va a comulgar a misa, cree que comulga pero solamente traga la hostia. Cree que recibe la comunión y no se da cuenta de lo que eso quiere decir. Exactamente: común unión. Y si yo voy a recibir la comunión y soy racista, o sectario, o un explotador que oprime a su hermano, me dice San Pablo: “Ingiero el cuerpo del Señor indignamente; me trago y me bebo mi propia condenación”. Porque vivir en el egoísmo, eso es el pecado. Aquel que se la pasa contemplándose el ombligo es un pobre hombre que ya tiene el infierno en vida, que vive en el pecado.
-¿Qué entiende por pecado?
- Pecar es negarse a amar. No hay pecado sexual: hay pecado contra el amor. Uno peca sexualmente cuando utiliza a una persona como cosa, como objeto. Por eso aquellos que pretenden decir: -Ah, bueno, pero yo tuve relaciones con una prostituta, para descargarme…, esos pecan doblemente. Están contribuyendo con su actitud a mantener un estado de esclavitud, aunque sea aceptado por la persona a la que esclavizan.
- Entonces son muchos los cristianos que viven en el pecado, que no aman.
- Son todos aquellos que tienen una imagen desfigurada de Dios. Dios es para ellos el gran súper-yo-castrador y viven con Él una relación mítica, supersticiosa, mágica. Para ellos es un Dios que justifica la inmovilidad, un Dios que permite preguntas tales como -¿Y? ¿Qué vamos a hacerle si existen pobres y ricos?. Ése es el Dios que ataca Marx, ése es el Dios que hace creer a algunos que la religión es el opio de los pueblos. La verdadera fe cristiana, la auténtica fe en Cristo hace trizas esa creencia. Tener fe es amar al prójimo, y eso me moviliza a fondo, tanto como para dar la vida por mis hermanos, tanto como para brindarme íntegramente por ellos.
- ¿Inclusive hasta el punto de engendrar la violencia masivamente?
-Ese es un problema demasiado complejo. Toda violencia es consecuencia del pecado del hombre, de su egoísmo. Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina _ incluso en nuestro país_ una situación de violencia institucionalizada.
Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara -El general hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra. Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas. Es erróneo tratar de ideologizar el Evangelio. Decir, por ejemplo, como he oído: Cristo es un guerrillero. Él, personalmente, no fue violento, sólo en algunos casos concretos cuando echó, por ejemplo, a los mercaderes del templo a latigazos. Es decir que Cristo fue solamente muy violento contra los ricos y los fariseos. Creo que la versión en cine menos alejada de lo que Él fue da Pier Paolo Pasolini en su Evangelio según San Mateo.
-¿Pero cuál es, cuál debe ser la actitud del cristiano ante lo que usted llama el desorden establecido, la violencia organizada del sistema?
-Del Evangelio no podemos sacar en conclusión que hoy, ante el desorden establecido, el cristiano deba usar la fuerza. Pero tampoco podemos sacar en conclusión que no deba usarla. Cualquiera de las dos posiciones significaría ideologizar el Evangelio, que más que una ideología es un mensaje de vida. Pasará Marx, pasará el Che Guevara, pasará Mao, y Cristo quedará. Por eso pienso que es tan compatible con el Evangelio la posición de un Luther King como la ideología de un Camilo Torres.
-¿En cuál de esas tendencias se enrolaría usted?
- Se me ocurre que actualmente en la de la no violencia. Como dijo Monseñor Devoto: -Yo no soy violento, pero no sé qué va a ser de mí si las cosas siguen así. Pero ojo: pienso que hay muchos que exaltan la no violencia ignorando lo que es. Porque Luther King, uno de sus principales teorizadores, fue asesinado. Es decir: la no violencia no es quedarse en el molde sino denunciar, poner bien de manifiesto la existencia de la violencia institucionalizada. Y para eso también hay que poner el cuero. Pero que esté claro: si yo ante el desorden establecido enfrento lo que llamo la contraviolencia y logro reducir la violencia total, es legítimo que la use. Pero si sólo exacerbo aún más la violencia del sistema contra el pueblo, no puedo menos que pensar que es contraproducente que la utilice.
-Un cristiano, ¿Tiene derecho a matar?
- No lo sé. Lo que sí está claro es que tiene la obligación de morir por sus hermanos. Pienso que tenemos mucho miedo a la violencia por una actitud individualista. De repente nos escandalizamos porque alguien puso una bomba en la casa de un oligarca, pero no nos escandalizamos de que todos los días en las villas miserias o en el interior del país mueran niños famélicos porque sus padres ganan sueldos de archimiseria. La idea fundamental me parece que ésta: el cristiano tiene que dar la vida por sus hermanos de una manera eficaz. Cada uno verá de acuerdo con su ideología, de acuerdo con la valoración particular que haga de la realidad, con la información que tenga, lo que tiene que hacer.
-¿Cuál debe ser la función de un sacerdote en países desarrollados como Francia, Inglaterra o Italia?
- Sin duda la misma que en la Argentina, en Bolivia o en Paraguay. También hay explotadores y explotados en Francia (el subproletariado argelino, el subproletariado español), hay miseria, hay villas de emergencia. Yo a esos países los llamo subdesarrollantes, porque son países que viven de los pobres.
-¿Qué piensa que deben hacer los sacerdotes en sociedades socialistas?
-Cumplir con su función habitual: enseñar y amar. Yo no conozco China, pero tengo entendido que allí hay algo positivo: creo que ahora hay 700 millones de chinos que tienen pantalones y antes no sabían que era usarlos. Lo que me preocupa de China es que puede haber algo así como una especie de imperialismo cultural. Es decir, no me gusta que los chinos pretendan exportar su modelo de revolución a todo el mundo. Contra eso tendrían que combatir los sacerdotes, contra el dogmatismo político. Con respecto a los llamados países socialistas de Europa, pienso que son naciones que se encaminan cada día más rápidamente hacia el capitalismo, precisamente porque se metieron con corsé en el socialismo. De todas maneras no me cabe la menor duda de que los pueblos son los verdaderos artífices de su destino y, aunque yo personalmente crea que el sistema menos alejado de la moral y del Evangelio es el socialismo, se me ocurre que en la Argentina tenemos que hacer nuestra revolución, nuestro socialismo, que no necesariamente debe adaptarse a modelos preestablecidos. Además, estoy seguro de que ese proceso pasa, aquí, por el peronismo.
-¿Cuál debe ser para usted la ingerencia de la Iglesia en cuestiones económicas y políticas?¿Cómo justificar el poder económico, las relaciones de la Iglesia con el dinero?
- No se trata de justificar sino de analizar. El gran escándalo del Concilio Vaticano II fue que se tuviera que hablar allí de la Iglesia de los Pobres, cuando lo natural es que si la Iglesia viviera de acuerdo con la orientación clarísima que le dio Jesucristo, de acuerdo a como fue la Iglesia los primeros siglos, cuando todos poseían sus bienes en común repartidos según las necesidades de los fieles, no debería haberse mencionado el asunto. El cristianismo empieza a degradarse cuando se desarrolla el espíritu de propiedad, y al reconocerlo Constantino (año 313) como religión oficial del Imperio, otorgándole a la Iglesia poder político. Lo natural, insisto, en el Concilio Vaticano, hubiera sido que se levantara un obispo y dijera: -Un momento. ¿Por qué la Iglesia de los Pobres? La Iglesia también es de los ricos. ¿Por qué? Porque la Iglesia también tiene que evangelizar a los ricos, entendiendo por evangelizar a los ricos, ayudarlos a dejar de serlo. Lo cual no significa que tire todo por la ventana sino que ponga todos sus bienes al servicio de la comunidad. Es evidente que es un problema, porque si viene un empresario católico y me dice: -Yo que me convertí, padre, yo quiero realmente vivir el Evangelio, no me queda otro remedio que contestarle que cambie radicalmente el enfoque de su empresa, dándole participación efectiva en las ganancias a todos sus trabajadores. Claro, así la empresa se va a fundir en 15 días porque la competencia la mata. Entonces la otra respuesta para un empresario que quiera vivir realmente el Evangelio está en que se platee seriamente el problema de la revolución.
-Eso es lo mismo que dejar de ser empresario.
-No necesariamente. Si Alberto José Armando (empresario y presidente del Club Boca Juniors) viene a mí y me dice -yo quiero cambiar le contesto que bueno, que le saque todo el jugo a los capitalistas que lo rodean y que con su fabulosas inventiva le cree al pueblo situaciones en las que pueda ser realmente protagonista de su destino.
-A usted se lo acusa de pregonar una filosofía de vida casi rayana en el ascetismo, que no coincide con su manera de vivir, más acorde -se dice- con hombres de su misma extracción social.
- Usted ve donde vivo: es un cuarto en una terraza de una casa de departamentos bacana, pero un cuarto al fin. Además es cierto: yo soy de origen oligarca, y eso tiene sus limitaciones. El hecho de que a mí nunca me haya faltado nada talvez haya relativizado mi visión de las cosas. Pero también es cierto que a la oligarquía la conozco de adentro y sé, efectiva, concretamente, cuales son sus corrupciones. De todas maneras a mí no me falta absolutamente nada, pero trato de que me sobren cosas.
-¿Cuáles son sus carencias afectivas?¿No se siente frustrado como hombre?
- No me siento frustrado en absoluto. Pienso que desde el momento en que contraje el compromiso de ser célibe ante Cristo y ante la comunidad me debo a él. Por supuesto el celibato presume una lucha cotidiana. No solamente la lucha en cuanto se refiere al impulso sexual sino en cuanto a la soledad. El problema profundo no es el de la ausencia de contacto carnal, sino la soledad, así, simplemente. Esa es una tensión que vivo permanentemente y por la cual tengo que estar muy sobre mi mismo porque fácilmente se puede desvirtuar mi afectividad.
-¿Ese es uno de los principales conflictos que originó el éxodo de sacerdotes de la Iglesia?
- Pienso que no, que las raíces de la crisis sacerdotal está en otro lado. Pienso que el sacerdote se siente inútil en muchos lugares; es decir: ha perdido el sentido de su vida. Para mí el sufrimiento más grande que puede tener un ser humano es sentirse demás y eso es lo que le pasa a muchos curas.
Fuente: Nac&POP, Red Nacional y Popular de Noticias
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FELIZ DIA PARA TODOS LOS TRABAJADORES
1 may 2012 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO,En el dia de los trabajadores
LA REDACCION DE EL EMILIO DESEA UN MUY FELIZ DIA A TODOS LOS COMPAÑEROS TRABAJADORES. SOLO SU CONCIENCIA PUEDE HACER GRANDE E INMORTAL A LA PATRIA.
“Hagamos, en nuestro recuerdo, un lugar para todos los trabajadores que en la historia del mundo han muerto luchando por la causa del proletariado; hagamos un recuerdo en cada corazón proletario, en forma de altar, para esos hombres rudos, valientes e idealistas, que supieron dar la vida por sus compañeros.
Que cada Primero de Mayo sea para nosotros un altar levantado en cada corazón para revivir la memoria de los que murieron en defensa de los pueblos, esos héroes anónimos que nadie recuerda porque han sido abandonados en la lucha anónima de todos los días. Para ellos, nuestro reconocimiento; para ellos, el mejor recuerdo de nuestro corazón de hombres de trabajo y de hombres buenos.
Compañeros: en todas las plazas de la República se estrechan hoy los brazos musculosos y las manos callosas de nuestros hermanos trabajadores. Vaya para ellos lo mejor que tenga mi corazón de argentino y de trabajador, orgulloso de poderme entremezclar en lo mejor que tiene la patria, su maravilloso pueblo, que en la lucha de todos los días en los talleres esta construyendo la grandeza de esta bendita patria.
Para ellos mi abrazo fraternal y amigo; para ellos mi juramento inquebrantable de que he de morir cien veces antes que traicionar la causa que ellos han puesto en mis manos y en mi corazón.”
Juan Domingo Peron, 1 de mayo de 1953
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CARTA DE PERON A FIDEL CASTRO (05-03-1974)
30 ene 2012 HISTORIA, Notas semanales, Política Internacional, Política Nacional, Politica
C.A.B.A., Argentina, UNASUR, EL EMILIO, De nuestra redaccion
Hace unos días Fidel Castro reivindico a Perón y muchos se sorprendieron. A continuacion mostraremos un testimonio de cómo con hechos concretos (Argentina rompió el bloqueo a Cuba en el año 1973 con la firma de un convenio de Cooperación Económica entre ambos países) se buscaba la integración latinoamericana respetando la soberanía de cada país que desarrollaba su proceso revolucionaria de acuerdo a sus características particulares.
CARTA A FIDEL CASTRO (05-03-1974)
Por Juan Domingo Peron
Excelentísimo señor Primer Ministro, República de Cuba, Comandante Fidel Castro
Estima amigo:
Justamente hoy se cumplen 28 años del día en que asumí la primera magistratura del país, dando un paso en la evolución con un movimiento revolucionario basado en la Justicia Social. Movimiento que perdura en el tiempo y en el espacio, puesto que nuevamente, pese a mis años, estamos firmes resolviendo el futuro de nuestra Patria, buscando salvarla del desastre en que un desgobierno de dieciocho años la ha sumido.
Al frente de esta misión de amistad, les envió al amigo señor Gelbard, nuestro ministro de Economía, que tiene el encargo de darle un fuerte abrazo de mi parte, junto con mis saludos, y también testimonio del profundo agrado que sentimos por la apertura práctica entre nuestros pueblos. En todas las clases de relaciones humanas, la verdadera fraternidad se demuestra no con palabras sino con hechos fehacientes. Nosotros los justicialistas tenemos un aforismo que dice: “Mejor que decir es hacer; y mejor que prometer, es realizar”.
¡Cuba y Argentina lo están demostrando en la práctica!
Las revoluciones no pueden ser idénticas en todos los países porque tampoco todos los países son iguales, ni todos los pueblos tienen la misma idiosincrasia. Es preciso que cada uno actúe dentro de su soberanía con sus propios métodos.
Pero es indudable que la necesidad de una unidad latinoamericana será la única posibilidad de libertad real para nuestro continente. A esta meta debemos concurrir todos de inmediato, para poder elevar nuestra voz con seguridad y respaldo en el seno de ese Tercer Mundo que garantizará nuestro desarrollo futuro y la libertad en lo económico, político y social.
Tanto usted amigo Fidel, como yo, llevamos muchos años de permanente lucha revolucionaria. Ello otorga una experiencia invalorable que es preciso transmitir a la juventud, para evitarle atrasos que se pagan siempre con dolor y sangre, inútilmente. La pujanza viril de la vida joven, para rendir verdaderos frutos a la Patria, debe ir acompañada de la cuota de sabiduría que otorga la experiencia.
La responsabilidad que pesa sobre nuestros hombres no es ya la de realizar la revolución que cada uno de nuestros ideales concibe como lo mejor para su pueblo, sino enseñar a nuestros descendientes a consolidarla. Para ello, tenemos dos caminos: tiempo o sangre.
Tiempo sobra. La historia nos enseña cómo los excesos vuelven finalmente a su cauce habitual.
Sangre, falta. Puesto que somos un continente descapitalizado, que precisa su puesta en marcha por medio de la unidad fraternal, donde los intereses individuales sean considerados y respetados, cuando los mismos no afecten a la comunidad latinoamericana; y en ese desarrollo necesitaremos aumentar al máximo los habitantes en el continente.
¡En fin! Todo esto quiere decir que la tarea no se termina mientras uno viva. Pero bien vale la pena vivir y morir por un ideal que trasciende a los pueblos.
El señor Gelbard le contará cómo marchan nuestras cosas y confío en que todo marchará bien. Reciba un cordial saludo y mi afecto sincero.
¡Un gran abrazo!
Juan Domingo Perón
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Marxismo y Peronismo: Reforma, Revolución y Movimientos de Liberación Nacional
23 ene 2012 HISTORIA, Política Internacional, Política Nacional
C.A.B.A, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Opinion
Por Raúl Isman y Adrián Carlos Corbella
“Ni calco ni copia, sino creación heroica”.
José Carlos Mariétegui.
Hace aproximadamente un siglo y medio Karl Marx analizaba en “El Capital” (y en otras obras económicas, sociales y políticas) las insalvables contradicciones que corroían al sistema capitalista. Postulaba, en lo central, que esas contradicciones llevarían al orden burgués (necesariamente) a la ruina, bajo la forma de crisis económicas inevitables; que provocarían, a su vez, sucesivas situaciones y crisis revolucionarias. Y que además dicho proceso comenzaría lógicamente por los países centrales, porque en ellos la sociedad capitalista había llegado más lejos. El capitalismo sería sucedido por el socialismo (face inicial), un nuevo modo de producción que, cuando lograra una plena igualdad política, social y económica y expandiéndose por todo el orbe podría ser llamado comunismo (etapa superior). Pero en rigor semejante proceso sólo podría darse en formaciones económicas avanzadas o- por llamarlas ad usum de los años ’90- del primer mundo; en las que se hubiere completado lo central de las tareas burguesas. Dichas tareas resultaban precondición inevitable y necesaria de la revolución proletaria y eran en lo central:
a) Desarrollo de una economía capitalista industrial y avanzada, signo inequívoco que en tal país la clase burguesa se había hecho con el poder económico. Y ligado a lo anterior y desde lo político
b) La creación de un estado nacional, base política correspondiente a la soberanía de dicha clase social. Tales son las tareas propias correspondientes al horizonte correspondiente a la revolución que Marx denominó burguesa.
Hemos glosado, en un apretado y rápido resumen, la teoría de Marx, un analista brillante del sistema capitalista y un profeta de la revolución (proletaria y comunista) que nunca ocurrió. Pero por cierto que la práctica histórica concreta resultó muy distinta a lo previsto en las teorizaciones previas. En principio digamos que uno de los errores o fallas más notorios en las elaboraciones marxianas reside en su mirada general sobre el mundo, notablemente eurocentrista. Son muy escasas las referencias en su obra a la situación colonial (que sufrían al menos tres cuartas partes de la humanidad) y llega a afirmar que el imperialismo ingles asume posturas y rasgos revolucionarios… ¡al conquistar la India! En nuestra opinión, la contradicción imperialismo-nación (o pueblo) asume una centralidad mayor que el enfrentamiento burguesía-proletariado, naciente de la lucha de clases propia del modo capitalista de producción. Por aquellos años, esta última lectura de la realidad mundial (llamada clase contra clase por la tercera internacional) dejaba fuera la comprensión de la problemática en la mayor cantidad de países del orbe y resultaba exótica a los ojos de las masas habitantes en lo que aún no se denominaba tercer mundo. Semejante falla u olvido en la concepción de Marx no puede obviarse para construir una interpretación de casi dos siglos de movimiento obrero y luchas populares en todo el orbe. Puede decirse que la elaboración del autor de Das Kapital es una teoría de la revolución en los países capitalistas avanzados, lo cual puede fundamentarse con diferentes referencias en su obra. La “entrada” de los pueblos del mundo periférico a la “historia” sólo puede ser facilitada por la venia de la avanzada Europa; sea por vía de la burguesía (la colonización británica en la India) o porqué la revolución proletaria en el occidente industrial permitiere a la arcaica Rusia saltar etapas históricas en su desarrollo.
Reforma, revolución y otras cuestiones
En diversas épocas de la historia y durante las distintas sociedades de clases existieron reformadores de la sociedad. Se trataba centralmente de núcleos críticos (o diletantes) del bloque de clases que ejercía el poder real en sus respectivos tiempos. Tales reformadores intentaban modificar los aspectos más agresivos de la sociedad; a efectos de continuar, por otras vías, la misma dominación. Desde los Gracos y Julio Cesar en la antigüedad romana hasta diversas herejías en los tiempos bajomedievales son ejemplos de la orientación descripta. La literatura italiana inmortalizó una orientación y una época con el célebre personaje Don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, protagonista de la famosa novela “Il Gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. El noble novelado de marras era antepasado del autor y melancólicamente pontifica acerca de la necesidad de realizar transformaciones cosméticas para mantener lo esencial del status quo. Se lo puede leer en la obra literaria citada y ver en la magnífica recreación cinematográfica dirigida por el gran Luchino Visconti.
La cuestión se diversifica con el advenimiento de los tiempos modernos; en los que las reformas sociales pasaron a ser mester de filósofos y utopistas, soñadores de mundos ideales, no necesariamente anclados con clases y actores sociales realmente existentes. Y por otra parte asume mayor complejidad con el vasto movimiento cultural denominado ilustración; ya que- al decir de Antonio Gramsci- se trata de una verdadera internacional intelectual de la revolución burguesa. Pero presta ministros y funcionarios de todo tipo a monarquías escasamente progresistas. Y dejemos sentado que con la ilustración la idea de progreso comienza a ser visto como un valor de alcance universal; es decir deseable para todas las personas. Hasta allí progresismo y reformismo parecían ser términos intercambiables o identificables uno con el otro. Poco después comienzan a autonomizarse. Por cierto que la revolución iniciada en Francia en 1789 pone a prueba el significado de todas estas etiquetas (progresista, reformista, revolucionario, que no estaban aún muy difundidos en las ciencias sociales); ya que en principio la común oposición al antiguo régimen unifica a girondinos (burguesía moderada, “reformista”) con jacobinos (ala izquierda de la misma clase, “progresista”) y “revolucionarios” sans-cullotes y rabiosos (que pueden ser llamados en nuestro léxico actual ultraizquierdistas). Es más, la revolución francesa acuñó el propio vocablo revolución para el lenguaje político. La filósofa alemana Hanna Arendt diferencia tal transformación de las que se produjeron en etapas anteriores; para las cuales reserva el término cambio de las cosas (mutatio rerum, en latín en el original). Y fue precisamente en la Francia revolucionaria donde nació el concepto de revolución comunista, cuando en 1799 se desencadenó la conspiración de los iguales. Tales “primitivos” comunistas no eran más que jacobinos insatisfechos con los límites burgueses de la revolución. Una famosa frase de algunos confabulados, tomar el cielo por asalto, hizo historia en la literatura, las ciencias sociales y el lenguaje de la agitación social y política. Continuador de aquellos primeros revolucionarios comunistas fue Augusto Blanqui (1805-1881). Luego de la revolución parisina de 1848 quedan claramente delineadas dos orientaciones opuestas: la recién referida y la que impulsaba Louis Blanc (1811-,1882), consistente en acceder al gobierno (no al poder) para realizar reformas; no transformar radicalmente la economía y la sociedad, como anhelaban Blanquí y sus seguidores.
Karl Marx observaba los debates referidos y muchos más; al tiempo que participaba en las luchas revolucionarias. Su obra no deja de ser una larga reflexión sobre los citados debates en diálogo con la experiencia histórica del movimiento obrero y comunista. Pero si bien el autor nacido en Tréveris reivindicaba una condición científica para “su” socialismo y una carácter radical para la revolución obrera y comunista para la cual militaba, jamás desconoció que diversas fuerzas reformistas (los sindicatos ingleses, los socialistas alemanes, los demócratas franceses; por ejemplo) eran retoños “del palo”; es decir agrupamientos integrantes de una misma familia (o movimiento). No puede ser más contrastante su actitud con, por ejemplo, la posición de los partidos Trotskistas de la Argentina; que se caracterizan no sólo por la agresión verbal constante (que no puede confundirse con la verdadera crítica) hacia las posiciones reformistas, si no también por verdaderas guerras discursivas a lo interno de las propias sectas troskosáuricas; enfrentadas entre si por cuestiones tan acuciantes para las sufridas masas laboriosas como cual de ellas es la verdadera guardiana de la sagrada ortodoxia troska.
La revolución rusa: ¿especificidad nacional o modelo universal?
Los vericuetos de la historia hicieron que la primera revolución exitosa se diera en Rusia, país que distaba mucho de ser una formación social con un capitalismo más avanzado y perfeccionado. La Rusia de 1917 apenas si había comenzado un tímido proceso de industrialización. Por añadidura, el crecimiento de un espacio manufacturero obedecía más a la acción de un modernizador ministro reformista, que al crecimiento de una clase burguesa con capacidad de disputar el poder contra la altiva y parasitaria aristocracia y contra la propia autocracia zarista. Por otra parte, Rusia dependía financieramente de Francia, e industrialmente de Inglaterra, Alemania y Francia. Las oprimidas zonas asiáticas del Imperio eran coloniales y claramente “subdesarrolladas”.
Por todo ello en el Partido Obrero Social Demócrata Ruso las posiciones se dirimían alrededor del carácter de la revolución en Rusia; es decir que revolución era posible en el país de los Zares. Hubo una fracción, denominada Mencheviques, que postulaba una fase necesaria de revolución burguesa, para que recién allí fuere posible una trasformación con objetivos socialistas. Lenin- dirigente de la fracción bolchevique- planteaba que la revolución era posible en Rusia pese a sus aspectos económicos, sociales y políticos atípicos, de acuerdo a los cánones marxistas más arriba descriptos. Rusia, según los Bolcheviques y particularmente su calvo dirigente, debía transitar un proceso revolucionario que era esquematizado bajo la fórmula dictadura democrática de obreros y campesinos. Desde semejante enunciado se afirmaba las clases sociales mayoritarias, explotadas y oprimidas que pudieren resultar sujeto de la transformación; al tiempo que, por omisión, quedaba fuera de la alianza social revolucionaria la impotente burguesía rusa. Así las elaboraciones de Lenin (y Trotski) supieron hacer una creativa lectura de la realidad y no una copia de esquemas muertos. En palabras de José Carlos Mariátegui, “creación heroica y no copia”. Y de este modo Rusia abandonó el capitalismo durante 70 años, logro sortear la invasión y el bloqueo de diversos países, pudo repeler la invasión nazi y disputar contra E.E.U.U. la hegemonía mundial durante los complejos tiempos de la Guerra fría (1945-1991).
Digamos que la revolución rusa significó además un desgarramiento entre las dos tradiciones que conformaban el movimiento obrero y socialista. La nucleada en la segunda internacional (reformista) y el nuevo conglomerado mundial que paso a llamarse la Komintern (Internacional Comunista). La formación de está última significo que la ruptura aparecida con la primer guerra mundial se ahondó hasta volverse definitiva; no sin tétricos resultados para los trabajadores, como demuestra la caída de Alemania bajo el nazismo en 1933. Además, la revolución rusa no fue analizada por los núcleos de la tercera como resultado de una excepción histórica, sino como la norma exclusiva que debería transitar todo proceso transformador en el orbe entero y a la cual deberían amoldarse revoluciones y revolucionarios. A ello contribuyeron la conducción del Partido Comunista de la U.R.S.S. y ciertas elaboraciones de la tercera internacional, como las veintiún condiciones de ingreso, que presentaba el modelo bolchevique como camino exclusivo y excluyente y que cada sección debería impulsar en cada país. Pero sin dudas que resultó un acierto el reconocimiento de la cuestión colonial y nacional, plasmado en diversos documentos. Luego de Marx , el mundo periférico resultaba visible, auspiciosamente, en las elaboraciones teóricas y en la práctica política del movimiento comunista internacional transcurridas casi cuatro décadas de la muerte del filósofo de Treveris. Casi contemporáneamente, en diversos países de América Latina, nacían los debates que dieron por resultado la aparición de la corriente denominada izquierda nacional; que intentaba servirse del marxismo para alumbrar la comprensión de la realidad de nuestro continente y no que la propia realidad fuere constreñida a adecuarse a los cánones de un dogma fosilizado.
El epicentro revolucionario del siglo XX se desplaza hacia el sur tercermundista
Además de Rusia, casi todos los países que hicieron en el siglo XX revoluciones eran formaciones económicas periféricas, no industriales, llamados luego de 1945 tercermundistas, coloniales o semicoloniales. Por fuera de cómo se presentaron discursivamente, se trató de luchas por crear estados nacionales que no podían ser tales por causa de la opresiva presencia imperialista.
Uno de los mejores ejemplos es China; que enlaza su revolución con la lucha contra la fragmentación feudal (los señores de la guerra) y la presencia imperialista en las grandes ciudades. Durante la segunda guerra la lucha se dirige contra la invasión japonesa, y en un largo proceso revolucionario se liquida la dependencia semicolonial respecto a Europa, Japón y Estados Unidos, logrando crear- a partir de la gran revolución de 1949- su primer estado realmente nacional durante los tiempos modernos. Hoy queda sólo el nombre de las intenciones comunistas del partido de Mao, pero China es una formación estatal que disputa en pie casi de igualdad con el resto de los principales país del orbe.
Otro caso es Yugoslavia, un país periférico de Europa, arrasado por los vendavales de expansionismos varios, y claramente “balcanizado” antes y después de la revolución dirigida por Josip Broz (Tito), que al igual que en la patria de Mao pudo lograr por primera vez en toda su historia un estado nacional digno de llamarse de este modo. A la muerte del líder y fundador, su construcción fue liquidada por la presión conjunta del imperio norteamericano y los europeos.
Vietnam hace su revolución, mientras lucha por echar a los invasores japoneses y a potencias coloniales o neocoloniales como Francia y Estados Unidos. La realidad social en la patria de Ho-Chi-Min en la actualidad no es muy distinta a China. Pero las negociaciones con el capital internacional se hacen desde la existencia de un estado nacional soberano.
En Cuba, existía un agregado a la constitución, la Enmienda Platt, que permitía a E.E.U.U. intervenir en la isla cada vez que quisiere y ello puesto en el propio texto constitucional. La revolución que se inicia con la intrépida y audaz expedición del Granma tiene un claro objetivo de independencia nacional y las grandes trasformaciones sociales son posteriores a la primitiva afirmación patriótica. Mas cerca en el tiempo, Nicaragua era parte del “Patio Trasero” en su definición más plena. E inclusive se le puede quitar la condición de patio de los E.E.U.U. En todos los casos que hemos balanceado sumariamente, la revolución fue centralmente un proceso de liberación nacional. Las transformaciones sociales que se dieron fueron en gran medida posteriores a la creación del referido estado independiente. Por otra parte se trató incluso de una política que completó o concretó la organización estatal de marras.
Las izquierdas vernáculas: liberación nacional e incomprensión intelectual (y política)
En todas estas revoluciones con apariencia de “socialistas”, “marxistas”, “comunistas”, el proceso de cambio social fue acompañado de un proceso de “liberación nacional”, de ruptura de lazos coloniales o semicoloniales. Es que resultaba una precondición de cualquier iniciativa a favor del bienestar popular que se rompieren los lazos que ataban a cada país con el imperialismo. Fueron revoluciones “internacionalistas” (parte general del proceso de liberación de los pueblos). Y a la vez fueron revoluciones “nacionales”. Todas integraron ambos procesos, a su estilo, y en distinta medida. En nuestra opinión, resulta decisivo este segundo componente nacional o independentista.
La izquierda latinoamericana, en general, y la argentina, en particular- con escasas y honrosas excepciones como el peruano Mariátegui o el argentino Ugarte- adolecieron, y aún adolecen, de graves dificultades para comprender la marcha de las transformaciones sociales y la simple realidad empírica. Por ello, no podían advertir cómo en esas revoluciones socialistas lo “internacionalista” se fusionaba con aspectos de indudable contenido “nacionalista”, que eran parte de un proceso de liberación nacional. La causa fundamental era el rígido ideologismo padecido por los cenáculos izquierdistas; que los conducía a cuestionar a la impoluta realidad por el grave pecado cometido por ésta, consistente en no adecuarse a sus ensueños teóricos.
Las ideas socialistas y anarquistas llegaron a la Argentina con los inmigrantes europeos. Y, como los europeos tendían a concentrarse en algunas áreas muy definidas (Buenos Aires, Sur de Santa Fe con Rosario como eje) que se europeizaron profundamente, pudieron transplantar sus fuerzas políticas originadas en el ámbito europeo al nuevo continente no sólo sin realizar ninguna adaptación: también sin pensar en las nuevas condiciones en que desenvolverían su acción. De modo que para anarquistas y socialistas no había diferencias entre países imperialistas y periféricos a la hora de encarar la lucha por la transformación social. Su punto de partida implicaba desconocer el profundo carácter condicionante y distorsionante que el imperio tenía sobre nuestras sociedades.
El Partido Socialista, fundado en 1896 por Juan B. Justo y otros dirigentes, era una fuerza pensada para resultar similar y confluyente con los partidos análogos del mundo industrializado. Es decir, se creó bajo una concepción eurocentrista. Había no obstante diferencias muy sensibles: en Europa el socialismo ganó, en general, muy rápidamente al movimiento obrero. Aquí, el escaso desarrollo industrial contribuyo a que la inserción de la creación justista se focalizara en destacamentos de clases medias pobres y trabajadores calificados. El proletariado industrial era una minoría en el océano de los sectores populares de un país semicolonial.
Discursivamente el socialismo en la Argentina se paró en los arrabales de su casi contemporánea U.C.R.: cuestionaba la corrupción y no el modelo económico agroexportador; llegando a la “incomprensible” apología del libre cambio; en lugar de impulsar la defensa de la industria nacional por medio de medidas proteccionistas (que daría por resultado el incremento social de las fuerzas del movimiento obrero). En nuestra opinión existían dos causas para que resulte inteligible la extraña orientación. A saber:
a) La no comprensión (o si se prefiere radical incomprensión) de la cuestión nacional. De hecho, el P.S. fue un ala izquierda del imperio antes que una fuerza anclada en la comprensión de las necesidades, sufrimientos y la propia historia del pueblo argentino.
b) Por otra parte, el partido- al asumir las posiciones anti-protección industrial- refrendaba de hecho su interés e intención de representar centralmente a las capas medias consumidoras; más que a la totalidad del pueblo argentino.
Esta fuerza hacía aquí similares cuestionamientos a los que hacían sus partidos hermanos europeos, pero con un desdén extraño hacia nuestro país: llamaban despectivamente política “criolla” a lo propio de la nuestra sociedad. Quizás por esto mismo nunca pudieron ingresar a la Argentina profunda, criolla, latinoamericana, ni entender sus problemas; a sus habitantes los socialistas les resultaban “extranjeros”. Se autocolocaban además en un extraño sitio de superioridad moral. Conciente o inconcientemente participaban del modo oligárquico de relacionarse con el sustrato popular de nuestra sociedad; al cual negaban. Por ello no puede extrañar que el emerger del verdadero proletariado argentino- el 17 de octubre de 1945- fuera visto por el Partido Comunista codovilleano como la salida a la superficie de los lumpen, a los cuales dichos “comunistas” se proponían para reprimir.
La izquierda que había nacido en tiempos pre-peronistas asumió como propio todo el profuso aparato armado en lo cultural e ideológico por parte de la oligarquía terrateniente y su creación, el Estado liberal de la Organización Nacional. Digamos a modo de ejemplo que el historiador cuasi oficial hasta los años ’80 del Partido Comunista Argentino, Leonardo Paso, era tan mitrista que, a su lado, podría pasar hasta un columnista de La Nación como revisionista del ala ligada a la izquierda. Por otra parte, ni socialistas ni comunistas cuestionaron al Modelo Agro-exportador, ni lo denunciaron como mecanismo de dominación neocolonial. En dichas fuerzas aparecía de modo desvergonzado y ridículo las desviaciones que hemos referido líneas arriba, es decir, plantearle al pueblo un esquema extraño, exótico y extranjero de revolución, al cual era imperioso amoldarse. Por ejemplo, la petulancia del P.S. al analizar muestra sociedad viró muy rápidamente en complicidad con el golpe del ’30. O el P.C. llamando a desarrollar… soviets de obreros y campesinos… en la Argentina, consigna tan imbricada en la realidad como la esperanza de otra secta izquierdista varias décadas después en la llegada de extraterrestres para favorecer la revolución proletaria. Tampoco hubo críticas para con el Estado europeizante que renegaba de todo aquello que oliera a “criollo”, “nacional” o “latinoamericano”. Tomar como propio- sin atisbo ninguno de polémica crítica- el arsenal cultural de la oligarquía terrateniente significa la rotunda y radical incomprensión por parte de dichas fuerzas del problema nacional.
Socialistas y comunistas profesaban una admiración sin límites hacia figuras como Rivadavia y Sarmiento, íconos del liberalismo; los veían como “progresistas”, por su anticlericalismo, su laicismo, los aportes del sanjuanino a la educación y su oposición a los resabios “feudales”. Pero aquellos mentados (reales o imaginarios) ademanes progresistas no alcanzaban a ocultar el rol vasto e inestimable de los mencionados “próceres” en la construcción de un orden neocolonial, ni sus vinculaciones con los imperios; a los cuales tomaban acríticamente como modelos: Rivadavia a los piratas british, Sarmiento (profético) a los E.E.U.U.. Por ende no podían comprender que una Argentina atada al diseño de la división internacional del trabajo diseñada por los países centrales no podría desarrollar todas sus potencialidades. Es decir; el ABC de la cuestión nacional. Por ello, nunca entendieron que la Argentina, a diferencia de Inglaterra, Alemania, E.E.U.U. Italia o Francia, era un país periférico, neocolonial, donde cualquier lucha “social” debería ser paralela a un combate por la “liberación nacional” y por la integración de las dos Argentinas: la Argentina “europea”, tributaria y derivada de la ciudad puerto y del Estado liberal, escenografía monumental pero frágil, y el otro país profundo, con sus bases demográficas y culturales criollas y latinoamericanas, a las que Scalabrini Ortiz llamaría años después “el subsuelo de la patria (sublevada)”.
Por eso, cuando comenzaron a principios del siglo XX las discusiones acerca de la necesidad de aplicar un modelo proteccionista de la industria incipiente que había en el país económico, el socialismo se embanderó con el librecomercio en defensa de los “derechos de los consumidores”, sin entender que de lo que se hablaba era de medidas para lograr una mayor independencia económica, es decir, medidas “descolonizantes”. Es que una sociedad que depende de los suministros externos en bienes manufacturados se halla condicionada fuertemente por tal dependencia. Así, socialistas y comunistas se transformaron en el “ala izquierda” de esa Argentina europeísta y liberal, y fueron quedando cada vez más descolocados cuando esta gran estructura comenzó a desmoronarse y estalló luego de la gran crisis.
Lo ocurrido luego del famoso jueves negro en octubre de 1929 sólo podía resultar asombroso para observadores incautos. El aparatoso edificio de la Argentina liberal, europea y agroexportadora ya había entrado en crisis varios años antes del (primer) Centenario. Síntoma de tal crisis era la conflictividad social que obligó a la oligarquía a abandonar los devaneos reformistas y promulgar las leyes de Residencia y Orden Social. Represión por los “cosacos” de Ramón Falcón y Estado de Sitio fueron el rostro sin máscaras del estado liberal. Por otra parte, la U.C.R.- que significó la pinza política para debilitar al orden oligárquico y que accedió con Hipólito Yrigoyen a la presidencia por primera vez sin fraudes- demostró su incapacidad e inconsecuencia para conducir un proceso de liberación nacional. Durante las huelgas ocurridas durante la primer presidencia de Yrigoyen la represión superó en saña, violencia, masividad e ilegalidad a los terribles tiempos de Falcón.
Además, la Primera Guerra Mundial y en mucha mayor medida la crisis del ’30 estimularon cierto nivel de industrialización por sustitución de importaciones, proceso que se vio acompañado por un éxodo rural que hace entrar en contacto tangible y físico a las dos Argentinas: la Argentina “europea” de las áreas portuarias y la más latinoamericana del Interior. Pero el elemento que dio el golpe de gracia al orden oligárquico y su estado liberal y europeizante en gran medida provino desde el exterior, con los cambios que acompañaron al reemplazo de Inglaterra por Estados Unidos como poder dominante en el mundo. Es que la rubia Albión tenía una economía complementaria con la nuestra; mientras que la de E.E.U.U. competía por vender productos agropecuarios en el mercado mundial. Argentina se había especializado económicamente para ser “socio” de Inglaterra, para venderle carne, trigo, lana y cuero a cambio de sus bienes industriales, Cuando comienza el ascenso de Estados Unidos, nosotros no podemos redirigir nuestras exportaciones hacia el nuevo sol mundial, por la simple razón de que ellos eran productores de esos mismos bienes.
En esta Argentina surge el peronismo, emerge “el subsuelo de la patria sublevada”, como diría Raúl Scalabrini Ortiz, como si de una erupción volcánica se tratase. Es un movimiento que une todo aquello dejado afuera, ocultado, invisibilizado, por la “Organización Nacional”. Y levanta banderas de liberación nacional, que van, desde la integración de esas dos Argentinas que habían marchado paralelas, hasta el rechazo al vínculo neocolonial con Inglaterra y la resistencia a establecer un nuevo vínculo colonial con los Estados Unidos.
El lema “justicia social, independencia económica, soberanía política” hace clara referencia a estas cuestiones, a esta lucha por la liberación nacional y por definir una “Nueva Argentina”, alejada de aquella escenografía europeísta.
Y si bien el peronismo tenía contradicciones ideológicas muy fuertes (y las tiene hoy, y probablemente las seguirá teniendo) los partidos de izquierda se quedaron en el análisis de ese perfil ideológico y no lograron entender el carácter de “movimiento de liberación” que el peronismo asumía. Así, rechazaron al peronismo, lo acusaron de nazi-fascismo (otra vez, aplicar categorías extrañas, elaboradas en otras latitudes que no podían ni rozar la comprensión del nuevo movimiento). En su ensoñación de conducir a un proletariado cuasi virtual se pusieron en la vereda de enfrente de la clase obrera real y junto a los enemigos del pueblo y de la nación. Confundiendo la Argentina de 1945 con la Europa ocupada y arrasa por el hitlerismo, declararon que las masas obreras del 17 de Octubre eran multitudes de facinerosos y desclasados, y cerraron filas con las demás fuerzas de la Argentina europeísta: socialistas, comunistas, radicales, demoprogresistas y conservadores, clases medias y oligarcas; todos unidos en la Unión Democrática, a la que apoyaban el Partido Comunista (es decir, la URSS) y la gran conductora del aquelarre: la embajada de los Estados Unidos que buscaba sentar las bases del dominio norteamericano sobre el país. Durante los dos primeros mandatos de Perón, el nuevo movimiento realizó diversas síntesis en lo ideológico. Primero, en su conformación interna mezclando distintos orígenes políticos para dar lugar a una nueva identidad. Y también de los debates que nosotros glosábamos líneas arriba: en nuestra opinión carece de significatividad la polémica reforma-revolución. Las realizaciones de los dos primeros períodos del fundador- incuestionablemente favorables al pueblo- serían analizadas como procesos reformistas por una mirada marxista libresca. Pero si se analiza la situación de la economía nacional, los beneficios para los trabajadores, la capacidad de intervención estatal y la autonomía de la nación toda contra el orden capitalista mundial ¿Caben dudas que se trató de una revolución (nacional y popular)?
El peronismo, por supuesto, no está exento de sus coloridas y trágicas contradicciones: cuando olvida su rol de movimiento de liberación nacional (durante la nefasta década de los ’90) se transforma apenas en una fuerza de centro-derecha con rasgos populistas, una suerte de conservadurismo de masas. Pero son esas etapas las que permiten a los progresistas blandos, alardear de rumbos avanzados que sólo son posibles discursivamente cuando el gran barco justicialista orilla fuertemente a estribor. Los tiempos actuales son largamente elocuentes acerca de ciertas fuerzas, comunicadores, intelectuales y otras personalidades que cuando el Kirchnerismo coloco al peronismo a la izquierda, quedaron irremediablemente soldados a su derecha, y mostraron su verdadero rostro. Sólo cuando el movimiento creado por el coronel sonriente y la siempre joven Eva recupera la memoria y pone en primer lugar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, se convierte en la columna vertebral de la larga marcha de la patria hacia su liberación. Entonces se da la mano con otras fuerzas, claramente de izquierda y se convierte en el único progresismo posible y existente. Lo mismo que decíamos poco antes puede afirmarse de los tiempos K: se trata de un gobierno reformista, dirían con más o menos petulancia los cultores del marxismo libresco. Pero cerremos los ojos y evoquemos la Argentina durante los ’90 y hasta el 2003. ¿No es revolucionario que nuestro país integre la vanguardia de los gobiernos que batallan por la segunda independencia continental, que los organismos de derechos humanos tengan la recepción que logran en el actual gobierno, que los trabajadores hayan revertido el sometimiento patronal impuesto por el neoliberalismo, por citar sólo algunas cuestiones destacables? De modo que dejemos para revolucionarios de papel la disquisición acerca de si reforma o si revolución y vamos a sumergirnos de lleno en la militancia para que la consigna nunca menos se transforme de hecho en siempre más (a favor del pueblo y de la patria).
Este otro peronismo, seguramente el más genuino, el peronismo corrosivo, el peronismo disruptor, el que se remonta a Eva, al 17 de octubre (y que integra en síntesis de hecho las luchas obreras previas) que se nutre de la experiencia de la Resistencia, el de Cooke y el Perón de discurso tercermundista, el de La Tendencia y el camporismo, el del Grupo de los 8, el Frente Grande y el MTA, conduce claramente al kirchnerismo: la etapa superior del peronismo.
Gran parte de la izquierda tradicional ha realizado la autocrítica de sus errores en el ’45 (dos fracciones del P.C., algunos destacamentos del P.S). Otras, por el contrario, han tenido demasiadas dificultades para diagnosticar la realidad, no pueden comprender donde se hallan los enemigos históricos de la nación y del pueblo y mucho menos vincular los cambios sociales con el proceso de liberación nacional.
Por sus inocultables virtudes y pese a sus evidentes defectos el peronismo, se ha transformado en el eje inevitable de cualquier proceso de cambio social en la Argentina. Lo fue. Lo es. Y, posiblemente, lo seguirá siendo por mucho tiempo.
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ENTREVISTA A DIEGO CAPUSOTTO: “NADIE NOS IMPUSO NADA”
22 ene 2012 Arte y Cultura, Notas semanales
C.A.B.A, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Espectaculos
Por Juan Manuel Strassburger
El jueves se estrena Peter Capusotto y sus 3 Dimensiones, film donde los personajes del programa realizan una aguda crítica a la industria del entretenimiento.
Hacer un episodio especial del programa. Pero con la crítica al entretenimiento como disparador de situaciones y gags al por mayor en lugar de la cultura rock. Simplemente eso (más Pomelo, Violencia Rivas, Micky Vainilla, Bombita Rodríguez, Jesús de Laferrere, claro) es lo que se propusieron Diego Capusotto y Pedro Saborido a la hora de pasar a la pantalla grande su ya famoso programa. Ni Hollywood ni séptimo arte: Peter Capusotto y sus 3 Dimensiones, a partir del jueves en los cines.
“Para nosotros significó seguir vinculados a un espíritu que el programa tiene y que buscamos mantener en la película”, dice el actor en El Progreso de Barracas, su bar favorito a la hora de encontrarse con la prensa. “Por eso defendemos esta película como un lugar de pertenencia. Como algo que hicimos sin que nadie nos imponga nada. De hecho, mantuvimos con Pedro el mismo procedimiento que tenemos con el programa, aunque con más detalles y repetición de tomas, claro”.
–¿Por qué eligieron al entretenimiento como hilo conductor de la película?
–Es una vieja obsesión que teníamos con Pedro. Partir de una idea del entretenimiento como lugar de sujeción y no del placer. Y jugar con eso desde ese punto de vista conspirativo que nos gusta tener a nosotros. Fue una especie de apartado del programa con personajes que pensábamos que tenían algo que decir al respecto. Esa idea de entretener, de estar pensando otra cosa mientras sucede otra, mientras sos desbordado por ese guión maldito es algo que siempre nos llamó la atención. Eso es lo genuino de esta película. Después, el resultado final, no lo sabemos, lo decide el espectador.
–¿El entretenimiento sería ese “gran hermano” detrás de casi todo el ocio?
–Creo que es una excusa para hablarlo como estafa, mayor incluso a la que lo ve como mero parque de diversiones. Para nosotros hay una estafa mayor y más abarcativa. Y nosotros empezamos esta. Por ahí mañana nuestra idea es una visión más religiosa más allá de que en la peli también tocamos la religiosidad como una instrumentación para entretener. Siempre hay un estado de alerta a lo que nos es guionado de afuera. Hay un guión maldito que en un punto dirige nuestra voluntad. Creo que el entretenimiento es parte de eso y esconde probablemente otra cosa que nosotros queremos descular pero que todavía no sabemos. Y a lo mejor una manera es haciendo este tipo de cosas.
–¿A qué conclusión llegaron?
–Estamos en constante movimiento y lo que hacés hoy es algo de lo que te podés arrepentir dentro de dos meses. O al revés: ver dentro de diez años que estabas acertado.
Durante la proyección una sensación se repite: la de agradecimiento (o festejo) cuando tal o cual personaje aparece en pantalla y vuelve acometer esas acciones que lo identifican. Capusotto coincide: “Sí, hay una cuestión de empatía con algunos personajes. Mucha gente se ha apropiado del programa como algo vital para su propia vida. Se generó algo coleccionable.”
–En ese sentido, no es una película que le dé la espalda al seguidor. Al contrario, le tira guiños…
–Totalmente. Tiene que ver con lo que hacemos nosotros. Sino jamás la hubiésemos hecho. Así como el día de mañana no vamos a hacer más el programa porque no tenemos nada para contar, también nos embarcamos en hacer esta peli porque quisimos mantenernos conectados con ese espíritu.
–Fuiste uno de los primeros en introducir elementos peronistas a la hora de hacer humor en la tele. Hoy eso es mucho más habitual. ¿Ves positivo ese cambio?
–El peronismo atravesó puertas. Y me parece que empezó a entender el fenómeno peronista como algo posible, como un movimiento que generó políticas concretas pero también como un imaginario que estimuló a pensarlo como otra cosa que no fue. Y, en un punto, eso también es el peronismo y la figura propia de Perón: un militar que decía de la casa al trabajo y del trabajo a la casa en función de algo concreto, pero que también despertaba una imaginación mucho más fantástica y literaria. Nosotros en el programa incorporamos a Perón en un lugar que supuestamente no podía estar que era el de padre del rock nacional. La ruptura de los sentidos que pedía el rock en los ’70, cierta cuestión contracultural, difería totalmente de la política de masas, de cierta cosa casi paternalista del peronismo. Sin embargo ahí está en el programa. Con ambos aspectos.
–¿Qué te parecieron las disputas intelectuales como las que se dieron últimamente entre Carta Abierta y Plataforma 2012 o, antes, entre Beatriz Sarlo y 6,7,8?
–Yo, en general, me muevo más entre la gente de la intelectualidad que entre la de la militancia (más allá de que tenga muchos amigos militantes también). Pero en relación a la intelectualidad tengo una contradicción y es que, aún en aquellos que intentan hacer una crítica valorable, aparece a veces una mirada de la política como vista desde un segundo piso de la casa, desde la sobremesa del asado literario, que no me convence. La realidad política es mucho más compleja. Es meter los pies en el barro, negociar con el más sucio. Esas cosas los intelectuales lo saben, no son ingenuos. Pero me parece que no lo quieren ver.
–¿Y a Beatriz Sarlo como la ves en ese esquema?
–Me parece que entre las antípodas del kirchnerismo la única intelectual que puede hacer base ahí probablemente sea ella. Se ve que le gusta ser la primera línea de esa intelecutalidad antikirchnerista. En la obra de teatro antikirchnerista ella está arriba como Cherutti y Artaza (risas). Sin duda es una intelectual valiosa, pero avalada por sectores berretas que la aprovechan para poder discutir medianamente de igual a igual porque si es por ellos no pueden discutir nada. De todos modos, yo no centraría la discusión política entre sectores intelectuales. Mi apuro está en la gente que está más desclasada y que de verdad la está pasando mal.
Fuente: Tiempo Argentino
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Lecturas de Verano. Hoy: Nicolás Casullo
11 ene 2012 HISTORIA, Notas semanales, Política Nacional
C.A.B.A, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, De nuestra redaccion
La redacción de El Emilio inaugura esta nueva sección donde pondremos a consideración de nuestros lectores textos que los cuales nos sumergimos en inolvidables tardes de verano que nos llevaron a apasionarnos, discutirlos y los repasarlos una y otra vez. Ansiamos que sirvan como humildes sugerencias de próximos libros a los que puedan acceder. Comenzaremos con “El Doctrinarismo” de Nicolás Casullo, filosofo, novelista, ensayista, docente y por sobre todas las cosas un enorme Militante.
El Doctrinarismo*
El dogma es una variante empobrecedora no solo de la política, sino de la vida cultural de los pueblos. Surge siempre cuando se olvida el proyecto y se disputan las herencias.
Cuando las concepciones de una causa (nacidas y creadas al calor de una historia de lucha) se vuelven reponso, letanía, catecismo ideológico, significa que las ideas pasan a formar parte simplemente de una astucia de poder. El atajo de los cortesanos.
Significa que la riqueza de un pensamiento colectivo se ha transformado en un comisariato que pretende “ajustar” la capacidad política y cultural de las masas.
Aparecen entonces “los dueños de la verdad revelada”, para reemplazar el conocimiento sobre la realidad nacional y su gente. Aparece una suerte de burocracia teológica, con intenciones carcelarias sobre la imaginación y la memoria popular.
Nunca como en esta última etapa, el peronismo oficial ha hecho tanta gala de doctrinarismo vacio, en el supuesto nombre de Perón. Nunca, como en esta última etapa, ha intelectualizado falsamente su aporte a las causas de las mayorías, suplantando creatividad por retorica. Convirtiendo la ausencia de argumentos realmente confrontadores y rebeldes, en “ortodoxia”.
“Falta adoctrinamiento en las bases”, “se perdió la fuerza doctrinaria”, “hay que volver a los escritos doctrinarios”. ¿Pero que se quiere decir con esto? ¿Que ahora somos algo parecido a este largo ritual del marxismo, donde s se fracasaba era porque no se habían leído adecuadamente “los textos”?
Sin duda, en estos últimos tiempos no hubo acto, reunión importante, documento oficial, congresos, celebración, recordatorio o evento donde no se escucho, se escribió, se leyó, se dijo, se cito y se recito “doctrina”, “verdades”, “posiciones filosóficas”, frases de Perón convenientemente “seleccionadas”, lemas y carteles que ratifican que la nueva Iglesia del movimiento nacional tenia a sus sacerdotes trabajando tiempo completo.
Una esforzada competencia verbal. Una suerte de espiritismo político, que sepulto la mas decisiva y fecunda enseñanza de un caudillo abierto siempre a la historia y a sus nuevas secuencias, sin complejos frente a los cambios, rejuveneciendo sus nociones en cada encrucijada, adelantándose a su época, incorporando las transformaciones en el campo de las ideas, se llame todo esto año 2000, modernización de la democracia, replanteo del proyecto, Cordobazo, socialismo sueco. Vietnam, ecología, Club de Roma, ultimas estrategias imperialistas, y hasta el entierro en paz de su propio pensamiento de coyunturas pasadas.
Un caudillo al que si se le quita el registro de su nombre en infinidad de artículos de su puno y letra, estos serian acusados de “zurdos”, “subversivos”, “antiortodoxos”, “socialdemócratas” y de “herejías doctrinarias”, por gran parte del peronismo que definió el juego mayor en estos últimos dos años.
Hay líneas trazadas por el peronismo que coherentizan con un derrotero nacional y popular, y le otorgan a este último un sello categórico: su humanismo, su antiimperialismo tercerista contemporáneo, el planteo democrático de los trabajadores, su decisión de transformar un país estructurado por las minorías de la dependencia.
Este es el cauce amplio que genero posiciones desde la experiencia política del pueblo que encontró sus objetivos interpretando sin ataduras a la realidad. Esto es también Perón.
Este cauce amplio definido por el recorrido del pueblo peronista y por el pensamiento liberador de telarañas que expuso siempre Perón, es el marco para que la militancia y las bases reinterpreten la realidad, recuperen la iniciativa y salgan convocadoramente al frente. El dogmatismo doctrinario, en cambio, paraliza las renovaciones de ideas que hacen falta.
6 de abril de 1984
*Fragmento del libro “PERONISMO, Militancia y Critica (1973-2008)
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“El peronismo es una revolución pacífica”
5 ene 2012 Arte y Cultura, Comunicación, HISTORIA, Notas semanales, Política Nacional, Politica
Tom Lupo, comunicador de la cultura nacional
El Periodico digital cada 17 le realizo una entrevista a Tom Lupo:
“El peronismo es una revolución tan pacífica que las víctimas vinieron después, como castigo y fueron los mismos peronistas. En todas las revoluciones mueren los contrarios, en esta no”
Es verdad que soñaste con Evita?
Tom Lupo: (Ríe) Sí, he soñado más de una vez con Evita, quizás tenga que ver con que en la primaria, uno de los libros más importantes para mí fue “La razón de mi vida”. Y yo me enamoré de ella, ví esa foto, esos ojos… Aparte, ella había pasado una vez por el Chaco y fue un torbellino. Años después Miguel Ángel Estrella (pianista clásico, embajador argentino ante la UNESCO) me contó una historia que me impresionó mucho, por lo que puede ser en la vida de un chico la presencia de una mujer tan importante. Evita estuvo en Tucumán, en el colegio donde estudiaba Miguel Ángel Estrella, y le preguntó: ¿Qué querés ser cuando seas grande? Y él le dijo: yo quisiera ser músico. Ella lo miró y le dijo: Yo voy a dar mi vida para que ustedes cumplan sus sueños. “Desde ese día cambió mi vida, me volví fanático de Evita”, me dijo.
El peronismo parece una fuente inagotable de historias fantásticas.
T.L.: Sí, fijate que mi pueblo que se llama Charata, en el Chaco, estaba dividido por las vías en dos pueblos: el de este lado y el del otro lado. Cada lado tenía su club de fútbol diferente y era diferente ser de un lado o del otro. Entonces, había que decidir dónde iba la escuela nueva y hubo tantas peleas, que decidieron hacer una de cada lado. Sinceramente, solo con el peronismo puede pasar esto. Y lo que yo soñaba era que Evita venía a nuestro colegio y estaba en el lugar donde jugábamos, que era un jardín maravilloso, con hamacas. Ella aparecía ahí.
Pienso en tu relación con la comunicación y la cultura y me remonto al programa de radio Submarino Amarillo, en los lejanísimos ochenta, que brindó posibilidades a nuestros artistas.
T.L.: Bueno, ahí no sabíamos que iba a ser tan importante: llegaba con un demo gente como Soda Stereo, o los Redonditos de Ricota, sin el disco todavía; los Ratones Paranoicos, después con el tiempo, los Fabulosos Cadillacs. La verdad que yo me daba cuenta que eran buenos, qué música, decía. Muchos después me lo han recordado: yo debuté en tu programa, fuiste el primero. Pero realmente a mí me parece que fue casi un accidente: yo estaba en el lugar adecuado, en el momento adecuado, con cierta sensibilidad.
Sí, cierta sensibilidad como para abrir la puerta
T.L.: Me gustaba la cultura nacional y me parecía legítimo que una banda que ensayó, que grabó -un demo era toda una producción casi industrial-, que tuviera por lo menos derecho a ser pasado alguna vez en la radio. Aparte yo ya era psicólogo y había estudiado bastante de comunicación y no podía evitar saber el daño que era que le roben a una generación la lengua. Que el 95% de la música sea en inglés era un robo terrorífico, el lenguaje es constitutivo del ser, es nuestra propia lengua. Y no estaba presente en la radio.
La cultura nacional y popular estaba censurada y era desconocida para algunas generaciones.
T.L.: Sí, yo en esa época había empezado a leer a Jauretche, Scalabrini Ortiz, Hernández Arregui, y a mí me maravilló eso. Aparte la juventud estaba en manos del comunismo, ser peronista era una cosa rara. Y me maravillaba con Jauretche y pensar el mundo desde acá, me parecía extraordinario.
A mí también me gustaba mucho la poesía de acá y recibí la herencia de un gran militante que fue Haroldo Conti. Él fue profesor en la escuela donde yo estudiaba. Entró una tarde y dice: vengo a enseñar educación democrática, pero como eso no sirve para nada, yo preferiría leerles cuentos de autores latinoamericanos. Y se sentó en una tarimita y nos empezó a leer un cuento de Dalmiro Sáenz. Ese tipo me empujó a leer literatura latinoamericana Walsh, Cortázar, Borges, eso te cambia la cabeza. Yo venía de leer a los rusos, a Dostoievski, a los yanquis, y fue la pata que necesitaba para terminar de ensamblar mi relación con la cultura latinoamericana y nacional. Él hizo de posta.
Bueno, en esa posta hay muchos que hoy cuentan el peronismo a los más jóvenes.
T.L.: Jorge Alemán es un psicoanalista argentino, un tipo que hace años vive en España. Él contó que explicaba a los españoles lo que significaba el peronismo en cuanto una revolución pacífica y sintió que lo escuchaban con atención. El relato del peronismo en otro país, bien contado, es algo extraordinario. Lo que él decía es que no existen antecedentes en la historia del mundo de una revolución tan pacífica, que produjera tan pocas víctimas. Es la verdadera revolución ¿quién puede negar que hubo un cambio en el acceso de las clases sociales al trabajo, a la educación? Etcétera, etcétera: el Estatuto del Peón, lo que quieras ponerle. Sobre todo la concepción de recuperar las empresas que eran extranjeras, la política de defensa de lo nacional. Eso fue una revolución en Latinoamérica. El peronismo fue una revolución tan pacífica que las víctimas vinieron después, como castigo, y las víctimas fueron los mismos peronistas. En todas las revoluciones mueren los contrarios, en esta no.
¿Creés que hoy se dan nuevos pasos en esa revolución pacífica?
T.L.: Me parece que sí, que hay gestos que producen una impronta y una emoción que solamente se viven en los estadios revolucionarios o en la ilusión de que hay un cambio. Puede ser muy trillado, pero para mí sigue siendo virginal la orden de Kirchner: -Proceda, a Bendini, y la bajada de los cuadros de los represores. Eso fue inédito en nuestra historia. Si a eso le sumamos el no al ALCA, la reestatización de Aerolíneas, recuperar la plata de las jubilaciones, que era un robo increíble…
Eso es peronismo.
T.L.: Eso es peronismo, pero es un peronismo que además toma en cuenta los derechos humanos, que es un plus que se le agrega, porque no había esa problemática en la época de Perón. Los Kirchner le agregan algo extraordinario y van hasta el hueso. Es un peronismo extraordinario que además puede mostrar que fuimos hacia atrás, que retrocedimos, que fuimos robados por Menem porque eso no tiene nada que ver con el peronismo, fue una estafa al peronismo, una usurpación, y ese mismo movimiento recupera sus mejores banderas y realiza la política contraria a la que hizo ese pseudo peronista, restaña la herida que dejó el neoliberalismo y vuelve a construir otra visión. Sin duda, Néstor Kirchner y Cristina constituyen los mejores gobiernos desde Perón.
Es que, realmente, con el peronismo pasan cosas extraordinarias.
T.L.: Sí, y otra cosa extraordinaria es lo que está pasando en cuanto a la ciencia y la comunicación: La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, la repatriación de más de 800 científicos y lo que significa Tecnópolis, habla de un pensamiento de futuro y de una visión estratégica singulares. Y me parece fundamental la dimensión que tomó la comunicación pública. La creación de canales como Encuentro, Paka Paka e Incaa tv, permiten un desarrollo de nuestra cultura que estaba realmente ausente. Además, con la calidad actual de Canal 7 y de Radio Nacional han creado nuevos vínculos con gran parte de la población. En mi caso, es una alegría comprobar el crecimiento de Radio Nacional y poder, a través del programa en el cual trabajo, “Noche tras Noche”, poner en primer plano a nuestros artistas, nuestros escritores, nuestros músicos y nuestros poetas, es un acto de justicia con esa gran producción de nuestra gente y cuando hablo de nuestra gente incluyo a toda Latinoamérica, porque volvimos a sentir que el sueño de la Patria Grande está haciéndose realidad”.
Entrevista: Rubén Fernández Lisso
Producción: Fernanda Teves
Cada 17, Periodico del Espacio Abierto Peronista
http://cada17.com/
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