LECTURAS DE VERANO. HOY: SUBCOMANDANTE MARCOS
23 ene 2012 Cultura, Notas semanales
C.A.B.A, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, De nuestra redaccion
Hoy ofrecemos para deleite de nuestros lectores un fragmento del capitulo III del libro “Muertos Incomodos”, novela policial escrita a 4 manos por el subcomandante Marcos (escribio los capitulos impares), mando militar a cargo del levantamiento zapatista, y el escritor mexicano Paco Taibo II(escribio los capitulos pares).
Capitulo III*
ELIAS Y EL CLUB DE CALENDARIO ROTO
Bueno, ahora les cuento cómo fue el encuentro de Elías con el “Club del Calendario Roto”. Una noche se hizo un pequeño escándalo en la champa donde dormimos los campamenteros. Resulta que Juin Hélene, la francesera, padece insomnio y desde su hamaca alcanzó a ver que algo se movía en el techo. Alumbró con su lámpara y resultó ser una culebra, víbora o serpiente. Por supuesto que empezó a gritar y por supuesto que todos nos despertamos. Lo que siguió fue un pánico generalizado, pero disfrazado de debate ecológico esquina con terapia colectiva. Primero discutimos si la matábamos o no.
A la culebra, no a Juin Hélene. Por parte de Danna Mayo se dieron argumentos naturistas en contra de matarla, alertando sobre el peligro de alterar la biodiversidad; por parte de Vittorio Francesco Augusto Luiggi se proponía matarla y se dieron razones culinarias que abundaban sobre las bondades gastronómicas de la culebra, pues había leído en un comunicado del Sup que la víbora asada tenía sabor a pescado. Juin Hélene estaba por alterar el equilibrio biológico matando a la culebra y a mí el pescado me gusta mucho, así
que, por mayoría aplastante, se optó por condenar a muerte a la serpiente. Claro que el problema era primero hacer que bajara del techo, y segundo, matarla. Danna Mayo dijo que consiguiéramos una silla y que Vittorio Francesco Augusto Luiggi la bajara dándole con el cucharón de la sopa de fideo. Panchito dijo, con un notable acento mexicano, que ni madres. En ésas estábamos cuando llegó Elías, se enteró rápido de qué iba la cosa, salió y regresó con una vara larga, golpeó a la culebra tirándola al suelo y, con el
machete, le cortó la cabeza.
- Era una nauyaca -, dijo y se llevó las dos partes no sé donde.
Al rato volvió y nos preguntó si íbamos a salir y cuándo. Le dijimos que sí, que el domingo. Danna Mayo tenía que retirar dinero del banco, Juin Hélene regresar a Francia, Vittorio Francesco Augusto Luiggi comprar algunas cosas, y yo renovar mi visa de turista. Todos teníamos que ir a la Ciudad de México. Elías nos preguntó si podía salir con nosotros. Le respondimos que sí, que por supuesto, que claro, que sería un honor que etcétera.
- Tá bueno–, dijo.
Le preguntamos que a dónde iba él y a qué.
- Voy a México a buscar una medicina, pero no lo vayan a publicar–, nos respondió y se perdió en las sombras de la noche.
Después del susto de la nauyaca, nadie pensaba en dormir, así que se convocó a una sesión extraordinaria del Club del Calendario Roto. ¿Tema? El viaje de Elías.
Junio Ilegal sostenía que lo de la medicina era mentira, que Elías iba a salir para comprar boletos para el Festival de Jazz en la Ciudad de México, al que el Sup iría disfrazado de saxofón y ya luego se iba a trabajar en un Table Dance “sólo para mujeres” para juntar dinero para la causa. Mayo Clandestino alegaba que no, que Elías iba a averiguar la dirección de un hospital donde hacían operaciones de cambio de sexo, porque el Sup es lesbiano, o sea que le gustan las mujeres pero no le hacen caso y se iba a hacer mujer para que lo quisieran. Yo, o sea Julio Secreto, dije que Elías iba para averiguar cuándo
era la Marcha del Orgullo Gay en la que el Sup se haría presente y saldría,
simultáneamente, de la selva y del closet. Agosto Prohibido nos escuchaba en silencio y, cuando los demás nos cansamos de discutir, intervino:
- No saben nada–, nos dijo con desprecio.
- El Sup es más machito que Pedro Infante y Lando Buzzanca juntos, y le gustan los sones y los huapangos. Además, si leyeran el periódico sabrían que Elías va a lo del asunto del Wall Mart de Teotihuacan–.
Nos quedamos mirándolo, sin entender nada.
Agosto suspiró antes de acceder a explicarnos:
- Resulta que la Wall Mart puso una tienda en Teotihuacan para robarse las pirámides del Sol y de La Luna. Se las van a robar por partes. Cada pedazo que se lleven lo van a suplir con uno idéntico, pero hecho de cartón piedra. Las partes originales las empacan en las cajas vacías de mercancías. Por eso, si vas a pedir cajas para una mudanza o para guardar libros, ropa, discos o ayuda humanitaria, ni madres que te dan siquiera una. Se van a robar primero la Pirámide de La Luna, para que el 21 de marzo todavía esté la original de la Pirámide del Sol y así tengan todavía un año para desmantelar ésa sin que nadie se dé cuenta–.
Seguíamos mirándolo y seguíamos sin entender nada. Junio Ilegal preguntó para qué querría la Wall-Mart robarse las pirámides de La Luna y el Sol en Teotihuacan. Agosto Prohibido le respondió con tono de “elemental, mi querido Watson”:
- Pues para que los extraterrestres buenos no ubiquen el lugar para aterrizar. Los extraterrestres buenos están esperando que los zapatistas extiendan su territorio y funden un Caracol en Teotihuacan, entonces van a bajar en las pirámides y tan-tan, se acabaron los Mac Donalds y las Pizzas Hut. Pero si las pirámides no son las pirámides, pues entonces no bajan los extraterrestres buenos y entonces sí tendremos Bush, Blair, Berlusconi, Aznar y FMI forever. ¿Ci siamo capiti?–.
Mayo Clandestino preguntó a dónde se iba a llevar la Wall Mart las pirámides de Teotihuacan. Julio Secreto, o sea yo, me sumé a la pregunta. Junio Ilegal se estaba quedando dormida.
- Eso es lo que va a ir a investigar Elías–, respondió Agosto Prohibido.
Todos estuvimos de acuerdo en que ya estaba bueno de nauyacas, pirámides, puestos de comida rápida y extraterrestres, y que había que dormir.
Ya en la hamaca, en la duermevela, se me confundió todo. Porque resulta que, a diferencia de los demás meses de nuestro roto calendario, yo ya había leído el capítulo uno y dos de la novela ésta de “Muertos Incómodos” y, aunque folia lo que falta, yo ya sabía a qué iba Elias a la Ciudad de México.
Y tuve miedo. Mucho miedo. Pero no un miedo a lo desconocido. No, era algo más racional. Miedo a lo conocido. Miedo a la larga historia de derrotas. Miedo a la costumbre y a la resignación que nos produce esa cuenta en la que siempre aparecemos en las restas y divisiones, nunca en las sumas y multiplicaciones. Tuve miedo de que el Belascoarán y el Elías perdieran, y que nosotros, todos nosotros, perdiéramos con ellos. Porque es sabido que el asesino siempre regresa a la escena del crimen. Pero supongamos que el Elías y el Belascoarán no van detrás de un asesino, sino de EL asesino. Si es quien yo me imagino, entonces EL asesino no va a regresar a la escena del crimen, simple y sencillamente porque él es la escena del crimen. EL asesino es el sistema. El sistema sí. Cuando hay un crimen hay que buscar al culpable arriba, no abajo.
El MAL es el sistema y los MALOS son quienes están al servicio del sistema.
Pero el MAL no es una entidad, un demonio perverso y maléfico que busca cuerpos que poseer y, con ellos como instrumento, hacer maldades, crímenes, asesinatos, programas económicos, fraudes, campos de concentración, guerras santas, leyes, juzgados, hornos crematorios, canales de televisión. No, el MAL es una relación, es una posición frente al otro. Es también una elección. El MAL es elegir el MAL. Elegir ser el MALO frente al otro. Convertirse, por elección propia, en verdugo. Convertir al otro en víctima.
Hay que joderse. Los campamenteros no deberían hacer reflexiones metafísicas. Los campamentistas deben contar tanques de guerra y soldados, deben enfermarse por la comida, deben pelearse entre ellos por tonterías, deben jugar fútbol y deben perder contra los equipos zapatistas, deben ayudar en los proyectos, deben escuchar Radio Insurgente, deben criticar al Sup por no ser ni hacer como ellos quieren que sea y haga, deben hacer
planes de cómo exportar el zapatismo a sus respectivos países, deben aburrirse la mayor parte del tiempo. Todo eso y muchas cosas más, pero definitivamente no deben hacer reflexiones metafísicas. Tampoco se deben colar de indocumentados (nadie le ha pedido el pasaporte a los miembros del Club del Calendario Roto) a novelas policíacas, mucho menos si es una novela a cuatro manos, veinte dedos, ocho extremidades, dos cabezas, muchos mundos.
Pinches zapatistas, van a luchar contra un monstruo con ayuda de un detective y de un chino. Seguro va a aparecer por ahí un ruso. Y clavado que el chino ése es trotskista y el ruso es maoísta. Puta madre. Puta Wall Mart. Puta nauyaca. Putas pirámides. Puta comida rápida. Y puto yo, porque así como en los extraterrestres hay malos y buenos, también hay putos malos y putos buenos, y yo soy de los buenos. Y soy de los buenos porque elegí no ser de los malos. Pinche hamaca. Hay que joderse. No puedo dormir. La hostia que no vuelvo a cenar pozol con frijoles. Y entonces me quedé dormido.
*Subcomandante Marcos, fragmento del libro “Muertos incomodos”, 2005
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