Reflexiones para recordar un nuevo 24 de marzo… de 2013
24 mar 2013 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Historia y DD.HH.
Videla, un pobre ignorante anti Gramsciano ( o “tocar de oído”)
Por Victor Leopoldo Martinez (5)
Estoy escribiendo estas reflexiones en vísperas de un nuevo aniversario de aquella luctuosa fecha que fue 24 de marzo de 1976. El pueblo argentino se volverá a movilizar como cada año recordando a 30 mil seres queridos que ya no están; resignificando el valor de la memoria y el pedido de juicio y castigo a los culpables.
Pero desde hace alguños años, la proximidad de esta fecha, me mueve a pensar y repensar, a buscar las razones, encontrar alguna explicación -y ya poco me importa si es lógica o no- para entender tamaña intolerancia y tanta barbarie junta puesta en acción por descerebrados seres (luego entenderán el por qué del término) que creyéndose “civilizados, occidentales y cristianos” dieron inicio al más negro período de la historia argentina; período que tanto daño produjo en nuestra sociedad civil (ya que ellos formaban parte de una “casta” social; y encima armada).
Porque los daños fueron muchos y multiples; lamentablemente no solo físicos y psicológicos en las víctimas desaparecidas, en los sobrevivientes y sus núcleos familiares sino, y básicamente, morales, culturales y educativos en el resto de la sociedad.
Desgraciadamente no estuvimos solos en esta cuestión, nos acompañaron en ese trágico destino común varios pueblos de países hermanos en Latinoamérica.
Para entender hacia donde dirijo mi reflexión de este año primero debo decir que Videla me ayudó bastante al abrir su boca recientemente en un reportaje, y tirar apreciaciones que evidentemente lo muestran tal cual fue, es y será hasta el fin de sus días, un psicótico y mesiánico asesino que merece no solo cárcel sino también un humanitario tratamiento psiquiátrico que le aleje los fantasmas, porque sinceramente no se si esos fantamas lo dejan dormir tranquilo, aún sedándolo con fuerte dosis de haloperidol y alplax.
Veamos:
1ro.- Videla, por “deformación” (de ahí la cuestión de “descebración” que yo aplico a todos aquellos que reciben tratamiento para desarrollar solamente lo instintivo basado en condicionar sus reflejos haciéndolos seres, entes “anti”) recibida en la Escuela de las Américas de Panamá en los años “60 y 70”, lugar donde profesores de West Point les reafirmaban su condición de oficiales de “ejercitos de ocupación”, dificilmente pueda pensar o hacer uso de su intelecto más allá de una orden. Recordemos que no solo Jorge Rafael Videla es egresado de dicha escuela. Además, en 1976, 600 militares argentinos pasaron recibiendo “deformación” por la SOA (sigla en ingles de la Escuela)(*).
2do.- En términos históricos, desde su organización como ejercito regular después de Caseros, los oficiales del ejercito supuestamente “argentino” fueron preparados y “eliteizados” por la burguesia portuaria bajo la concepción de Ejercito de Ocupación. Para estos sátrapas ese era el paso primero. La naciente oligarquía, en su faz de “terratenientes en crecimiento” alimentó esta línea de “no pensamiento” tornándoles dificil la diferenciación entre “Civilización y Barbarie”, haciéndolos cruzados soldados contra esto último. Así se transformaron en asesinos de caudillos populares y de toda esa chusma que los acompañaba primero, y luego en exterminadores de etnias originarias que habitaban nuestro extenso territorio para apropiarse de sus suelos. ¿Por qué razones? El desmedido afan expansivo de esa mencionada burguesia, para nada patriótica pero que siempre se presentó ante los ojos de estos “no pensantes” como tal; que utilizó el argumento de lo “patriotico” para convencer a estos “militares cuadrados y /o corruptos” y los puso al servicio y en defensa del “Ser Nacional” que ellos representaban; tenían que defender a esa “patria” de todos lo que atenten contra ella; en realidad una “patria” llamada codicia en términos capitalistas. Una burguesía cipaya que utilizaba a estos oficiales “no pensantes” como mano de obra barata para trabajos sucios y de esa forma extender sus dominios y crecentar su riqueza.
Nada original. El proyecto imperial capitalista norteamericano tiene sus bases en esos viejos manejos posguerra civil. En la actualidad la industria armamentista (Pentágono) y los popes financieros que manejan no solo Wall Street sino la Reserva Federal y por ende la economía mundial, necesitan de un ejercito norteamericano con oficiales cruzados que expandan la violencia ejemplificadora por todo el orbe y formen militares de otros paises en la mismas linea de “no pensamiento” y obediencia.
Sigamos Viendo…
Esto comienza a cobrar sentido cuando incursiono en textos analíticos elaborados por los propios norteamericanos. Roger Hilsman hijo, en algun momento director de los servicios secretos y de investigación del Departamento de Estado manifestó en una oportunidad: “los militares no son pensadores… Naturalmente , hay generales inteligentes, inteligentísimos, pero en estos casos la intelegencia es cosa distinta de la intelectualidad.”1 Morris Janowitz en su trabajo “The Professional Soldier” comenta: “El cadete militar tiene una personalidad menos independiente que el joven universitario medio según un psiquiatra de las Academias”
Cotejemos “similitudes en cuestiones de perversos principios”
Videla asegura en el mencionado reportaje que le concedió hace poco a la revista española “Cambio 16″ que en la Argentina el kirchnerismo “continúa hundiendo a la patria en el abismo anacrónico del marxismo” y pidió también que sus camaradas de “58 a 68 años, que aún estén en aptitud física de combatir”, se armen “nuevamente en defensa de las instituciones básicas de la República” para combatir a la “presidenta Cristina y sus secuaces”
El Almirante Arthur W Radford, ex presidente de los Jefes de Estados Mayores Unidos de ejercito norteamericano, pidió “una victoria total sobre el sistema comunista; en ningun caso tablas.” La victoria total es una orden imponente y sangrienta. Significa “destruir completamente todos los Estados comunistas, colgar a todos los comunistas y mantener una enorme fuerza vigilante en todas las esquinas del mundo, que corte la mala hierba dondequiera que pueda brotar. Será preciso vigilar a los profesores y a los poetas, quemar libros y sofocar la curiosidad.” 2
Datos biográficos de la gestión Videlista: El 29 de abril de 1976 en Córdoba, una pila de libros arde en el Regimiento de Infantería Aerotransportada de La Calera: «Se incinera esta documentación perniciosa que afecta al intelecto y a nuestra manera de ser cristiana, a fin de que no pueda seguir engañando a la juventud sobre nuestro más tradicional acervo espiritual: ‘Dios, Patria y Hogar»(Era un comunicado Oficial). Arden, entre muchas obras, las novelas de Gabriel Garcia Márquez, los poemas de Pablo Neruda y las investigaciones de Osvaldo Bayer. Desde el Ministerio de Educación y Cultura se gesta la “Operación Claridad”: plan de caza de opositores en toda el área cultural. Además de las desapariciones de artistas, intelectuales, docentes y alumnos, el plan produce despidos masivos e inhabilitaciones para enseñar.
El decreto 538, de mayo de 1978, estableció para profesores y maestros la lectura y comentario obligatorio del folleto «Conozcamos a nuestros enemigos», cuyo contenido resumió el diario La Prensa en ese mismo mes: «El texto tiende a facilitar a los docentes la comprensión del proceso subversivo en el país, especialmente en el medio educativo, y brinda elementos de juicio sobre la forma de obrar del marxismo. Expone también la estrategia particular de la subversión en el ámbito educativo, sus modos de acción en todos los niveles educativos y en la actividad gremial del ámbito educativo (sic). En las conclusiones del trabajo, cuya lectura y aceptación por parte del personal docente y administrativo es obligatoria, se expresa que ‘es en la educación donde hay que actuar con claridad y energía para arrancar la raíz de la subversión, demostrando a los estudiantes las falsedades de las doctrinas y concepciones que durante tantos años les fueron inculcando en mayor o menor grado».
Lo raro y aparentemente paradójico pero que en realidad desnuda el vulgar rol profiláctico de la Junta de Comandantes es que entre 1976 y 1979, el gobierno militar encabezado por Videla tenía muy buenas relaciones con el kremlin moscovita y nuestra oligarquia -vía su ministro de economía, el recientemente fallecido José Alfredo Martinez de Hoz- llevaba adelante jugosos negocios con el Imperialismo Sovietico. Evidentemente los negocios nunca serán perturbados por cuestiones ideológicas. Y esa es un virtud atesorada por el capitalismo. ¿Se acordará Videla de aquel 9 de Julio de 1978 donde compartió el palco del Colón con el embajador soviético en la fiesta de Gala recordatoria de aquella “independencia nacional” que él y su gobierno estaban haciendo añicos?
Esto también demostró que en realidad el verdadero enemigo de los “capitalistas vernáculos” no era el comunismo sino el PERONISMO. Se repetía el septiembre de 1955. No debemos olvidar que la mayoría de los desaparecidos fueron militantes, trabajadores sociales, laburantes molestamente comunes, delegados y dirigentes gremiales, militantes estudiantiles, curas, casi todos ellos compañeros peronistas.
(Antecedentes) El ejercito “libertador” que tomó el poder en septiembre de 1955 quemó millones de ejemplares de “La Razón de mi Vida” y obras de alto contenido cultural. Tomaron por asalto la sede del Partido Justicialista y quemaron todo lo que encontraron. (nada nuevo por estos lares). Tanto el Fahrenheit 451 (de un Bradbury pro imperialista) como el razismo Hitleriano tuvo esmerados alumnos no solo en dictadores latinoamericanos sino hasta en el propio ejercito norteamericano.
“La mayoria de los cadetes están apadrinados por senadores y miembros del Congreso.(Se de cierto muchacho que fue apadrinado porque a su padre lo estimaba mucho el Ku Klux Klan). El ingreso a West Point resulta algo muy dificil para hijos de disidentes politicos o de miembros de minorías políticas insignificantes. No se de ningun negro que haya sido apadrinado por Alabama, de ningún hijo de vendedor armenio de alfombras apadrinado por Indiana, ni de ningún hijo de fontanero socialista apadrinado por Connecticut.”3
Tristran Coffin, periodista y escritor norteamericano contaba en su obra “la Sociedad Armada” de donde provienen las citas anteriores: “Las Academias militares ( se referiere a West Point y otras) que configuran a los jefes superiores de la Organizacion norteamerica no son, en modo alguno, escuelas. Son seminarios que no se interesan por la sabiduria de este mundo. Su ocupacion principal es la de crear una mística, un espiritu guerrero no diferente al ritual de iniciación tribal (en las milicias se necesita una obediencia instantanea y sin preguntas). El objetivo consiste en llevar al cadete , a viva fuerza si es preciso, a una actitud de adoración al Alto Mando y de una rama determinada del servicio, y a una concepción gloriosa y romantica del propio país.. De aquí que el estudio de la evolución o de la historia americana no solo no es pertinente, sino que podría ser subversivo”4
Esto aclara, da forma y contenido al modo mesiánico de pensar de Videla inculcado en la SOA. Pero ese modo de pensar ¿es exclusivo de Videla? O él, hoy por hoy, es simplemente el vocero desahusiado, abandonado y traicionado por sus pares civiles quienes reconociendo su nivel de locura lo dejan de lado temiendo cualquier venganza de su parte. Las declaraciones de este general de escritorio también desnudan su grado de locura y lo presentan como el pobre ignorante que es en infinidad de temas. Sus limitados conocimientos sobre historia americana son más que evidentes. Menos aún sabrá mínimamente sobre la vida y obra de subversivos de la talla Sandino, Velazco Alvarado, Torrijo, Castro, verdaderos demonios para “Dios, Patria y Hogar”, porque lo que hacían no era patriotico sino marxista; y poco importa si un pueblo entero y su patria desean ser marxistas; para este tipo de seres es allí donde está el demonio que atenta contra la propiedad privada. Nada puede ser comunitario. Todo tiene que tener dueño, y eso -para ellos-no es ideológico. Estoy seguro que desconoce por completo los escritos de otros subversivos del pensamiento, en este caso nacional, pienso que por su peligrosidad, y me estoy refiriendo a un Jauterche, un Puiggros, un Hernandez Arregui, un Ugarte, etc, etc, Papá Bartolo Mitre jamás se lo perdonaría. Prueba de esto es que en alguna oportunidad y con bronca Videla manifestó “Los europeos todavía piensan que acá andamos con plumas” como si eso fuera deshonroso. La poca colonización que su mínimo cerebro aceptó le creó tal confusión que siempre volvió rapidamente al cassette que en la SOA le habían metido en la cabeza.
Sería interesantisimo para mi debatir con él públicamente sobre democracia y constitución, sobre el pensamiento Gramsciano de cual habla como si supiera algo.
Y por qué me aparece ese deseo?
Porque me resulta muy gracioso leer que él, ¡casualmente él! manifieste:
a) “La Argentina soporta hoy una nueva guerra sin hacer uso de la violencia física tal cual lo propone Gramsci, tomando a las instituciones como rehenes y desacreditando los principios y valores que les dieron origen y razón de ser; con ello podemos decir que la República ha desaparecido”
Si supiera que Gramsci rescató al “Principe” Maquiavelano casualmente porque le sirvió a los Medicis para concretar la unidad italiana, se caería de espalda. Gramsci fue el creador del partido comunista italiano, un ideólogo, pero ante que comunista seguramente Gramsci era “tano” hasta la médula. Aquel comunista italiano bregaba por una sociedad mas justa para el pueblo italiano, y seguramente pensaba en grande porque la realidad de un pais europeo tiene fuerte incidencia en el resto de los del sub continente euroasiatico, algo que a Videla le resultaría muy dificil de entender. Es más, la inclinación por el magnate de los medios de comunicación -Berlusconi-que tuvo gran parte del pueblo italiano en los últimos 20 años le serviría a él para sentirse con razón antigramsciano.
En otro orden de cosas y a modo de digresión, lamentablemente para mi sería decepcionante tratar de encontrar en toda la península con forma de bota que descansa sobre el Mediterraneo, un solo intelectual italiano de izquierda Jauretchano; contrariamente a lo que ocurre aquí donde la fervorosa devoción que practican nuestros intelectuales por Gramsci nos pone a la vanguardia del pensamiento “progresista” mundial. Y no digo esto menospresiando el aporte que Gramsci hizo a ese pensamiento universal. Pero lamentablemente nuestros progres son tan universales que se olvidan hasta de sus propias raíces y de sus pensadores. Esta bien que seamos hijos de inmigrantes pero tratemos de ser respetuosos de los que intentan crear un pensamiento propio, original, más próximo a nuestra realidad. ¿Por qué seguir pensando de manera colonial que todo lo bueno viene de afuera, hasta en pensamientos?
b) “…en caso de que el Gobierno “se perpetúe en el poder”, serán nuevamente ”las Fuerzas Armadas y de Seguridad junto al pueblo (¿?) del cual provienen (¿?), quienes lo impedirán por imperio de lo normado en la Constitución Argentina”. ¡Qué sabrá Videla de democracia y de constitución si jamas las respetó! Eso ya suena a disparate en forma de incognita. ¿Cual sería la democracia que Videla respetaría? ¿La del voto calificado “anti”?
“El cristiano, a mi juicio, debe actuar con la palabra como mensajero de Cristo; pero además con el testimonio de sus obras como soldado de Cristo”. ¡Videla!!! Un cruzado de Cristo que se mete el no mataras en su mismo trasero y en nombre de su Dios.
Seguramente él no debate con civiles que podrían llegar a “pensar”; simplemente porque lo agotaría mentalmente. Y en ese sentido tiene razón; está viejo y ga ga, Solo sabe dar ordenes a no pensantes. Sería interesante que alguna alma caritativa de su familia le blanquee su real historia de vida; que le cuente la verdad; que le diga que simplemente fue y es un mediocre e ignorante general de escritorio; que jamás participó de guerra alguna en términos de combate (como muchos de sus pares); que como general del “supuesto ejercito argentino”, institución que lo enorgullece por pertenencia , dificilmente pueda reconocer que a la hora de los “bifes” y contra el Imperio Ingles, fue junto a sus pares, unos pusilámines y cobardes conductores que llevaron a heróicos soldados combatientes a una desastrosa derrota por inhabilidad, impericia, y total desconocimiento de las reglas modernas de combate, algo que los pintó de cuerpo entero a la mirada de todo el mundo como vergonzosos y frustrantes profesionales. Ni que hablar del compartamiento en términos internos; el desconocimiento que siempre lo acompañó sobre la verdadera misión de un ejercito nacional y popular; ese ejercito Sanmartiniano que él desconoce en su esencia y que por ese desconocimiento jamás respetó su verdadera y única función, la defensa nacional.
En este 24 de marzo sería interesante que Videla se enterara que jamás será recordado: “Por la honestidad de mi conducta pública y privada, pero también por la prudencia de mis decisiones no carentes de firmeza.”
¿De que conducta pública y privada habla Videla? Es mas que seguro que históricamente será recordado por su reiterada presencia en banquillos de acusados en diferentes juicios por crímenes de lesa humanidad. Evidentemente en la escuelas de las Américas lo formaron para no entender de qué se trata esa belleza llamada vida.
Tiro como último dato sobre el pensar de un oficial norteamericano los siguientes disparates. William M Crasey, oficial de la sección química del ejercito manifestó en algun momento frente a una comisión de congresistas que lo entrevistaba su orgullo por los logros de su sección. Mencionó ciertos gérmenes que depositados en el agua de una ciudad la aniquilarían gracias a un maligno entumecimiento. Gases letales para penetrar en refugios profundos. Compuestos químicos que producen alucinaciones violentas y un gas de acción sobre los nervios que ocasiona la muerte en diez minutos de espamos agónicos. En esa oportunidad deploró “el fervor humanitario” de algunos congresistas que los llevó a prohibir las armas químicas y afirmó fervorosamente: “Creo que puedo resumir lo que pienso(¿?) diciendo que probablemente esta prohibición constituya un crimen contra el soldado norteamericano, crimen que esta Nación quizás tenga que lamentar”. Sus armas , según aseveró, constituían “la manera más eficaz y humana de llevar a cabo una guerra.”
En lo anterior el lector encontrará las razones justificatorias para otras variantes de los aberrantes métodos adquiridos el la SOA y utilizados por la ultima dictadura militar en nuestro país en contra de mucha gente indefensa. El fin justificaba los medios; y poco importaba que los medios fueran aberrantes.
Notas:
1-Tristran Coffin, “La Socieda Armada”, Pag. 78 ediciones Cid, 1966
2 -Idem Pág 144.
3-Idem Pág 74
4-Idem Pág 75
5- Director de EL EMILIO
(*)Datos sobre las consecuencias del accionar de los alumnos de la SOA
Perú (1980-2000): 79.000 muertos y desaparecidos
Guatemala (1962-1994): 200.000 muertos y desaparecidos
Argentina (1976-1983): 30.000 muertos y desaparecidos
El Salvador (1980-1991): 75.000 muertos y desaparecidos
Chile (1973-1990): 3.197 muertos y desaparecidos
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Tags: "Cambio 16", "Operación Claridad", 24 DE MARZO DE 1976-2013, Almirante Arthur W Radford, “La Razón de mi Vida”, “Ser Nacional”, CIVILIZACIÓN Y BARBARIE, codicia, COMUNISMO, DIOS, Escuelas de la Americas, Gramsci, La Calera, marxismo, Morris Janowitz, Patria y Hogar», PENTÁGONO, Peronismo, Roger Hilsman hijo, Victor Leopoldo Martinez, VIDELA, WALL STREET, West Point
Marxismo y Peronismo: Reforma, Revolución y Movimientos de Liberación Nacional
23 ene 2012 HISTORIA, Política Internacional, Política Nacional
C.A.B.A, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Opinion
Por Raúl Isman y Adrián Carlos Corbella
“Ni calco ni copia, sino creación heroica”.
José Carlos Mariétegui.
Hace aproximadamente un siglo y medio Karl Marx analizaba en “El Capital” (y en otras obras económicas, sociales y políticas) las insalvables contradicciones que corroían al sistema capitalista. Postulaba, en lo central, que esas contradicciones llevarían al orden burgués (necesariamente) a la ruina, bajo la forma de crisis económicas inevitables; que provocarían, a su vez, sucesivas situaciones y crisis revolucionarias. Y que además dicho proceso comenzaría lógicamente por los países centrales, porque en ellos la sociedad capitalista había llegado más lejos. El capitalismo sería sucedido por el socialismo (face inicial), un nuevo modo de producción que, cuando lograra una plena igualdad política, social y económica y expandiéndose por todo el orbe podría ser llamado comunismo (etapa superior). Pero en rigor semejante proceso sólo podría darse en formaciones económicas avanzadas o- por llamarlas ad usum de los años ’90- del primer mundo; en las que se hubiere completado lo central de las tareas burguesas. Dichas tareas resultaban precondición inevitable y necesaria de la revolución proletaria y eran en lo central:
a) Desarrollo de una economía capitalista industrial y avanzada, signo inequívoco que en tal país la clase burguesa se había hecho con el poder económico. Y ligado a lo anterior y desde lo político
b) La creación de un estado nacional, base política correspondiente a la soberanía de dicha clase social. Tales son las tareas propias correspondientes al horizonte correspondiente a la revolución que Marx denominó burguesa.
Hemos glosado, en un apretado y rápido resumen, la teoría de Marx, un analista brillante del sistema capitalista y un profeta de la revolución (proletaria y comunista) que nunca ocurrió. Pero por cierto que la práctica histórica concreta resultó muy distinta a lo previsto en las teorizaciones previas. En principio digamos que uno de los errores o fallas más notorios en las elaboraciones marxianas reside en su mirada general sobre el mundo, notablemente eurocentrista. Son muy escasas las referencias en su obra a la situación colonial (que sufrían al menos tres cuartas partes de la humanidad) y llega a afirmar que el imperialismo ingles asume posturas y rasgos revolucionarios… ¡al conquistar la India! En nuestra opinión, la contradicción imperialismo-nación (o pueblo) asume una centralidad mayor que el enfrentamiento burguesía-proletariado, naciente de la lucha de clases propia del modo capitalista de producción. Por aquellos años, esta última lectura de la realidad mundial (llamada clase contra clase por la tercera internacional) dejaba fuera la comprensión de la problemática en la mayor cantidad de países del orbe y resultaba exótica a los ojos de las masas habitantes en lo que aún no se denominaba tercer mundo. Semejante falla u olvido en la concepción de Marx no puede obviarse para construir una interpretación de casi dos siglos de movimiento obrero y luchas populares en todo el orbe. Puede decirse que la elaboración del autor de Das Kapital es una teoría de la revolución en los países capitalistas avanzados, lo cual puede fundamentarse con diferentes referencias en su obra. La “entrada” de los pueblos del mundo periférico a la “historia” sólo puede ser facilitada por la venia de la avanzada Europa; sea por vía de la burguesía (la colonización británica en la India) o porqué la revolución proletaria en el occidente industrial permitiere a la arcaica Rusia saltar etapas históricas en su desarrollo.
Reforma, revolución y otras cuestiones
En diversas épocas de la historia y durante las distintas sociedades de clases existieron reformadores de la sociedad. Se trataba centralmente de núcleos críticos (o diletantes) del bloque de clases que ejercía el poder real en sus respectivos tiempos. Tales reformadores intentaban modificar los aspectos más agresivos de la sociedad; a efectos de continuar, por otras vías, la misma dominación. Desde los Gracos y Julio Cesar en la antigüedad romana hasta diversas herejías en los tiempos bajomedievales son ejemplos de la orientación descripta. La literatura italiana inmortalizó una orientación y una época con el célebre personaje Don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, protagonista de la famosa novela “Il Gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. El noble novelado de marras era antepasado del autor y melancólicamente pontifica acerca de la necesidad de realizar transformaciones cosméticas para mantener lo esencial del status quo. Se lo puede leer en la obra literaria citada y ver en la magnífica recreación cinematográfica dirigida por el gran Luchino Visconti.
La cuestión se diversifica con el advenimiento de los tiempos modernos; en los que las reformas sociales pasaron a ser mester de filósofos y utopistas, soñadores de mundos ideales, no necesariamente anclados con clases y actores sociales realmente existentes. Y por otra parte asume mayor complejidad con el vasto movimiento cultural denominado ilustración; ya que- al decir de Antonio Gramsci- se trata de una verdadera internacional intelectual de la revolución burguesa. Pero presta ministros y funcionarios de todo tipo a monarquías escasamente progresistas. Y dejemos sentado que con la ilustración la idea de progreso comienza a ser visto como un valor de alcance universal; es decir deseable para todas las personas. Hasta allí progresismo y reformismo parecían ser términos intercambiables o identificables uno con el otro. Poco después comienzan a autonomizarse. Por cierto que la revolución iniciada en Francia en 1789 pone a prueba el significado de todas estas etiquetas (progresista, reformista, revolucionario, que no estaban aún muy difundidos en las ciencias sociales); ya que en principio la común oposición al antiguo régimen unifica a girondinos (burguesía moderada, “reformista”) con jacobinos (ala izquierda de la misma clase, “progresista”) y “revolucionarios” sans-cullotes y rabiosos (que pueden ser llamados en nuestro léxico actual ultraizquierdistas). Es más, la revolución francesa acuñó el propio vocablo revolución para el lenguaje político. La filósofa alemana Hanna Arendt diferencia tal transformación de las que se produjeron en etapas anteriores; para las cuales reserva el término cambio de las cosas (mutatio rerum, en latín en el original). Y fue precisamente en la Francia revolucionaria donde nació el concepto de revolución comunista, cuando en 1799 se desencadenó la conspiración de los iguales. Tales “primitivos” comunistas no eran más que jacobinos insatisfechos con los límites burgueses de la revolución. Una famosa frase de algunos confabulados, tomar el cielo por asalto, hizo historia en la literatura, las ciencias sociales y el lenguaje de la agitación social y política. Continuador de aquellos primeros revolucionarios comunistas fue Augusto Blanqui (1805-1881). Luego de la revolución parisina de 1848 quedan claramente delineadas dos orientaciones opuestas: la recién referida y la que impulsaba Louis Blanc (1811-,1882), consistente en acceder al gobierno (no al poder) para realizar reformas; no transformar radicalmente la economía y la sociedad, como anhelaban Blanquí y sus seguidores.
Karl Marx observaba los debates referidos y muchos más; al tiempo que participaba en las luchas revolucionarias. Su obra no deja de ser una larga reflexión sobre los citados debates en diálogo con la experiencia histórica del movimiento obrero y comunista. Pero si bien el autor nacido en Tréveris reivindicaba una condición científica para “su” socialismo y una carácter radical para la revolución obrera y comunista para la cual militaba, jamás desconoció que diversas fuerzas reformistas (los sindicatos ingleses, los socialistas alemanes, los demócratas franceses; por ejemplo) eran retoños “del palo”; es decir agrupamientos integrantes de una misma familia (o movimiento). No puede ser más contrastante su actitud con, por ejemplo, la posición de los partidos Trotskistas de la Argentina; que se caracterizan no sólo por la agresión verbal constante (que no puede confundirse con la verdadera crítica) hacia las posiciones reformistas, si no también por verdaderas guerras discursivas a lo interno de las propias sectas troskosáuricas; enfrentadas entre si por cuestiones tan acuciantes para las sufridas masas laboriosas como cual de ellas es la verdadera guardiana de la sagrada ortodoxia troska.
La revolución rusa: ¿especificidad nacional o modelo universal?
Los vericuetos de la historia hicieron que la primera revolución exitosa se diera en Rusia, país que distaba mucho de ser una formación social con un capitalismo más avanzado y perfeccionado. La Rusia de 1917 apenas si había comenzado un tímido proceso de industrialización. Por añadidura, el crecimiento de un espacio manufacturero obedecía más a la acción de un modernizador ministro reformista, que al crecimiento de una clase burguesa con capacidad de disputar el poder contra la altiva y parasitaria aristocracia y contra la propia autocracia zarista. Por otra parte, Rusia dependía financieramente de Francia, e industrialmente de Inglaterra, Alemania y Francia. Las oprimidas zonas asiáticas del Imperio eran coloniales y claramente “subdesarrolladas”.
Por todo ello en el Partido Obrero Social Demócrata Ruso las posiciones se dirimían alrededor del carácter de la revolución en Rusia; es decir que revolución era posible en el país de los Zares. Hubo una fracción, denominada Mencheviques, que postulaba una fase necesaria de revolución burguesa, para que recién allí fuere posible una trasformación con objetivos socialistas. Lenin- dirigente de la fracción bolchevique- planteaba que la revolución era posible en Rusia pese a sus aspectos económicos, sociales y políticos atípicos, de acuerdo a los cánones marxistas más arriba descriptos. Rusia, según los Bolcheviques y particularmente su calvo dirigente, debía transitar un proceso revolucionario que era esquematizado bajo la fórmula dictadura democrática de obreros y campesinos. Desde semejante enunciado se afirmaba las clases sociales mayoritarias, explotadas y oprimidas que pudieren resultar sujeto de la transformación; al tiempo que, por omisión, quedaba fuera de la alianza social revolucionaria la impotente burguesía rusa. Así las elaboraciones de Lenin (y Trotski) supieron hacer una creativa lectura de la realidad y no una copia de esquemas muertos. En palabras de José Carlos Mariátegui, “creación heroica y no copia”. Y de este modo Rusia abandonó el capitalismo durante 70 años, logro sortear la invasión y el bloqueo de diversos países, pudo repeler la invasión nazi y disputar contra E.E.U.U. la hegemonía mundial durante los complejos tiempos de la Guerra fría (1945-1991).
Digamos que la revolución rusa significó además un desgarramiento entre las dos tradiciones que conformaban el movimiento obrero y socialista. La nucleada en la segunda internacional (reformista) y el nuevo conglomerado mundial que paso a llamarse la Komintern (Internacional Comunista). La formación de está última significo que la ruptura aparecida con la primer guerra mundial se ahondó hasta volverse definitiva; no sin tétricos resultados para los trabajadores, como demuestra la caída de Alemania bajo el nazismo en 1933. Además, la revolución rusa no fue analizada por los núcleos de la tercera como resultado de una excepción histórica, sino como la norma exclusiva que debería transitar todo proceso transformador en el orbe entero y a la cual deberían amoldarse revoluciones y revolucionarios. A ello contribuyeron la conducción del Partido Comunista de la U.R.S.S. y ciertas elaboraciones de la tercera internacional, como las veintiún condiciones de ingreso, que presentaba el modelo bolchevique como camino exclusivo y excluyente y que cada sección debería impulsar en cada país. Pero sin dudas que resultó un acierto el reconocimiento de la cuestión colonial y nacional, plasmado en diversos documentos. Luego de Marx , el mundo periférico resultaba visible, auspiciosamente, en las elaboraciones teóricas y en la práctica política del movimiento comunista internacional transcurridas casi cuatro décadas de la muerte del filósofo de Treveris. Casi contemporáneamente, en diversos países de América Latina, nacían los debates que dieron por resultado la aparición de la corriente denominada izquierda nacional; que intentaba servirse del marxismo para alumbrar la comprensión de la realidad de nuestro continente y no que la propia realidad fuere constreñida a adecuarse a los cánones de un dogma fosilizado.
El epicentro revolucionario del siglo XX se desplaza hacia el sur tercermundista
Además de Rusia, casi todos los países que hicieron en el siglo XX revoluciones eran formaciones económicas periféricas, no industriales, llamados luego de 1945 tercermundistas, coloniales o semicoloniales. Por fuera de cómo se presentaron discursivamente, se trató de luchas por crear estados nacionales que no podían ser tales por causa de la opresiva presencia imperialista.
Uno de los mejores ejemplos es China; que enlaza su revolución con la lucha contra la fragmentación feudal (los señores de la guerra) y la presencia imperialista en las grandes ciudades. Durante la segunda guerra la lucha se dirige contra la invasión japonesa, y en un largo proceso revolucionario se liquida la dependencia semicolonial respecto a Europa, Japón y Estados Unidos, logrando crear- a partir de la gran revolución de 1949- su primer estado realmente nacional durante los tiempos modernos. Hoy queda sólo el nombre de las intenciones comunistas del partido de Mao, pero China es una formación estatal que disputa en pie casi de igualdad con el resto de los principales país del orbe.
Otro caso es Yugoslavia, un país periférico de Europa, arrasado por los vendavales de expansionismos varios, y claramente “balcanizado” antes y después de la revolución dirigida por Josip Broz (Tito), que al igual que en la patria de Mao pudo lograr por primera vez en toda su historia un estado nacional digno de llamarse de este modo. A la muerte del líder y fundador, su construcción fue liquidada por la presión conjunta del imperio norteamericano y los europeos.
Vietnam hace su revolución, mientras lucha por echar a los invasores japoneses y a potencias coloniales o neocoloniales como Francia y Estados Unidos. La realidad social en la patria de Ho-Chi-Min en la actualidad no es muy distinta a China. Pero las negociaciones con el capital internacional se hacen desde la existencia de un estado nacional soberano.
En Cuba, existía un agregado a la constitución, la Enmienda Platt, que permitía a E.E.U.U. intervenir en la isla cada vez que quisiere y ello puesto en el propio texto constitucional. La revolución que se inicia con la intrépida y audaz expedición del Granma tiene un claro objetivo de independencia nacional y las grandes trasformaciones sociales son posteriores a la primitiva afirmación patriótica. Mas cerca en el tiempo, Nicaragua era parte del “Patio Trasero” en su definición más plena. E inclusive se le puede quitar la condición de patio de los E.E.U.U. En todos los casos que hemos balanceado sumariamente, la revolución fue centralmente un proceso de liberación nacional. Las transformaciones sociales que se dieron fueron en gran medida posteriores a la creación del referido estado independiente. Por otra parte se trató incluso de una política que completó o concretó la organización estatal de marras.
Las izquierdas vernáculas: liberación nacional e incomprensión intelectual (y política)
En todas estas revoluciones con apariencia de “socialistas”, “marxistas”, “comunistas”, el proceso de cambio social fue acompañado de un proceso de “liberación nacional”, de ruptura de lazos coloniales o semicoloniales. Es que resultaba una precondición de cualquier iniciativa a favor del bienestar popular que se rompieren los lazos que ataban a cada país con el imperialismo. Fueron revoluciones “internacionalistas” (parte general del proceso de liberación de los pueblos). Y a la vez fueron revoluciones “nacionales”. Todas integraron ambos procesos, a su estilo, y en distinta medida. En nuestra opinión, resulta decisivo este segundo componente nacional o independentista.
La izquierda latinoamericana, en general, y la argentina, en particular- con escasas y honrosas excepciones como el peruano Mariátegui o el argentino Ugarte- adolecieron, y aún adolecen, de graves dificultades para comprender la marcha de las transformaciones sociales y la simple realidad empírica. Por ello, no podían advertir cómo en esas revoluciones socialistas lo “internacionalista” se fusionaba con aspectos de indudable contenido “nacionalista”, que eran parte de un proceso de liberación nacional. La causa fundamental era el rígido ideologismo padecido por los cenáculos izquierdistas; que los conducía a cuestionar a la impoluta realidad por el grave pecado cometido por ésta, consistente en no adecuarse a sus ensueños teóricos.
Las ideas socialistas y anarquistas llegaron a la Argentina con los inmigrantes europeos. Y, como los europeos tendían a concentrarse en algunas áreas muy definidas (Buenos Aires, Sur de Santa Fe con Rosario como eje) que se europeizaron profundamente, pudieron transplantar sus fuerzas políticas originadas en el ámbito europeo al nuevo continente no sólo sin realizar ninguna adaptación: también sin pensar en las nuevas condiciones en que desenvolverían su acción. De modo que para anarquistas y socialistas no había diferencias entre países imperialistas y periféricos a la hora de encarar la lucha por la transformación social. Su punto de partida implicaba desconocer el profundo carácter condicionante y distorsionante que el imperio tenía sobre nuestras sociedades.
El Partido Socialista, fundado en 1896 por Juan B. Justo y otros dirigentes, era una fuerza pensada para resultar similar y confluyente con los partidos análogos del mundo industrializado. Es decir, se creó bajo una concepción eurocentrista. Había no obstante diferencias muy sensibles: en Europa el socialismo ganó, en general, muy rápidamente al movimiento obrero. Aquí, el escaso desarrollo industrial contribuyo a que la inserción de la creación justista se focalizara en destacamentos de clases medias pobres y trabajadores calificados. El proletariado industrial era una minoría en el océano de los sectores populares de un país semicolonial.
Discursivamente el socialismo en la Argentina se paró en los arrabales de su casi contemporánea U.C.R.: cuestionaba la corrupción y no el modelo económico agroexportador; llegando a la “incomprensible” apología del libre cambio; en lugar de impulsar la defensa de la industria nacional por medio de medidas proteccionistas (que daría por resultado el incremento social de las fuerzas del movimiento obrero). En nuestra opinión existían dos causas para que resulte inteligible la extraña orientación. A saber:
a) La no comprensión (o si se prefiere radical incomprensión) de la cuestión nacional. De hecho, el P.S. fue un ala izquierda del imperio antes que una fuerza anclada en la comprensión de las necesidades, sufrimientos y la propia historia del pueblo argentino.
b) Por otra parte, el partido- al asumir las posiciones anti-protección industrial- refrendaba de hecho su interés e intención de representar centralmente a las capas medias consumidoras; más que a la totalidad del pueblo argentino.
Esta fuerza hacía aquí similares cuestionamientos a los que hacían sus partidos hermanos europeos, pero con un desdén extraño hacia nuestro país: llamaban despectivamente política “criolla” a lo propio de la nuestra sociedad. Quizás por esto mismo nunca pudieron ingresar a la Argentina profunda, criolla, latinoamericana, ni entender sus problemas; a sus habitantes los socialistas les resultaban “extranjeros”. Se autocolocaban además en un extraño sitio de superioridad moral. Conciente o inconcientemente participaban del modo oligárquico de relacionarse con el sustrato popular de nuestra sociedad; al cual negaban. Por ello no puede extrañar que el emerger del verdadero proletariado argentino- el 17 de octubre de 1945- fuera visto por el Partido Comunista codovilleano como la salida a la superficie de los lumpen, a los cuales dichos “comunistas” se proponían para reprimir.
La izquierda que había nacido en tiempos pre-peronistas asumió como propio todo el profuso aparato armado en lo cultural e ideológico por parte de la oligarquía terrateniente y su creación, el Estado liberal de la Organización Nacional. Digamos a modo de ejemplo que el historiador cuasi oficial hasta los años ’80 del Partido Comunista Argentino, Leonardo Paso, era tan mitrista que, a su lado, podría pasar hasta un columnista de La Nación como revisionista del ala ligada a la izquierda. Por otra parte, ni socialistas ni comunistas cuestionaron al Modelo Agro-exportador, ni lo denunciaron como mecanismo de dominación neocolonial. En dichas fuerzas aparecía de modo desvergonzado y ridículo las desviaciones que hemos referido líneas arriba, es decir, plantearle al pueblo un esquema extraño, exótico y extranjero de revolución, al cual era imperioso amoldarse. Por ejemplo, la petulancia del P.S. al analizar muestra sociedad viró muy rápidamente en complicidad con el golpe del ’30. O el P.C. llamando a desarrollar… soviets de obreros y campesinos… en la Argentina, consigna tan imbricada en la realidad como la esperanza de otra secta izquierdista varias décadas después en la llegada de extraterrestres para favorecer la revolución proletaria. Tampoco hubo críticas para con el Estado europeizante que renegaba de todo aquello que oliera a “criollo”, “nacional” o “latinoamericano”. Tomar como propio- sin atisbo ninguno de polémica crítica- el arsenal cultural de la oligarquía terrateniente significa la rotunda y radical incomprensión por parte de dichas fuerzas del problema nacional.
Socialistas y comunistas profesaban una admiración sin límites hacia figuras como Rivadavia y Sarmiento, íconos del liberalismo; los veían como “progresistas”, por su anticlericalismo, su laicismo, los aportes del sanjuanino a la educación y su oposición a los resabios “feudales”. Pero aquellos mentados (reales o imaginarios) ademanes progresistas no alcanzaban a ocultar el rol vasto e inestimable de los mencionados “próceres” en la construcción de un orden neocolonial, ni sus vinculaciones con los imperios; a los cuales tomaban acríticamente como modelos: Rivadavia a los piratas british, Sarmiento (profético) a los E.E.U.U.. Por ende no podían comprender que una Argentina atada al diseño de la división internacional del trabajo diseñada por los países centrales no podría desarrollar todas sus potencialidades. Es decir; el ABC de la cuestión nacional. Por ello, nunca entendieron que la Argentina, a diferencia de Inglaterra, Alemania, E.E.U.U. Italia o Francia, era un país periférico, neocolonial, donde cualquier lucha “social” debería ser paralela a un combate por la “liberación nacional” y por la integración de las dos Argentinas: la Argentina “europea”, tributaria y derivada de la ciudad puerto y del Estado liberal, escenografía monumental pero frágil, y el otro país profundo, con sus bases demográficas y culturales criollas y latinoamericanas, a las que Scalabrini Ortiz llamaría años después “el subsuelo de la patria (sublevada)”.
Por eso, cuando comenzaron a principios del siglo XX las discusiones acerca de la necesidad de aplicar un modelo proteccionista de la industria incipiente que había en el país económico, el socialismo se embanderó con el librecomercio en defensa de los “derechos de los consumidores”, sin entender que de lo que se hablaba era de medidas para lograr una mayor independencia económica, es decir, medidas “descolonizantes”. Es que una sociedad que depende de los suministros externos en bienes manufacturados se halla condicionada fuertemente por tal dependencia. Así, socialistas y comunistas se transformaron en el “ala izquierda” de esa Argentina europeísta y liberal, y fueron quedando cada vez más descolocados cuando esta gran estructura comenzó a desmoronarse y estalló luego de la gran crisis.
Lo ocurrido luego del famoso jueves negro en octubre de 1929 sólo podía resultar asombroso para observadores incautos. El aparatoso edificio de la Argentina liberal, europea y agroexportadora ya había entrado en crisis varios años antes del (primer) Centenario. Síntoma de tal crisis era la conflictividad social que obligó a la oligarquía a abandonar los devaneos reformistas y promulgar las leyes de Residencia y Orden Social. Represión por los “cosacos” de Ramón Falcón y Estado de Sitio fueron el rostro sin máscaras del estado liberal. Por otra parte, la U.C.R.- que significó la pinza política para debilitar al orden oligárquico y que accedió con Hipólito Yrigoyen a la presidencia por primera vez sin fraudes- demostró su incapacidad e inconsecuencia para conducir un proceso de liberación nacional. Durante las huelgas ocurridas durante la primer presidencia de Yrigoyen la represión superó en saña, violencia, masividad e ilegalidad a los terribles tiempos de Falcón.
Además, la Primera Guerra Mundial y en mucha mayor medida la crisis del ’30 estimularon cierto nivel de industrialización por sustitución de importaciones, proceso que se vio acompañado por un éxodo rural que hace entrar en contacto tangible y físico a las dos Argentinas: la Argentina “europea” de las áreas portuarias y la más latinoamericana del Interior. Pero el elemento que dio el golpe de gracia al orden oligárquico y su estado liberal y europeizante en gran medida provino desde el exterior, con los cambios que acompañaron al reemplazo de Inglaterra por Estados Unidos como poder dominante en el mundo. Es que la rubia Albión tenía una economía complementaria con la nuestra; mientras que la de E.E.U.U. competía por vender productos agropecuarios en el mercado mundial. Argentina se había especializado económicamente para ser “socio” de Inglaterra, para venderle carne, trigo, lana y cuero a cambio de sus bienes industriales, Cuando comienza el ascenso de Estados Unidos, nosotros no podemos redirigir nuestras exportaciones hacia el nuevo sol mundial, por la simple razón de que ellos eran productores de esos mismos bienes.
En esta Argentina surge el peronismo, emerge “el subsuelo de la patria sublevada”, como diría Raúl Scalabrini Ortiz, como si de una erupción volcánica se tratase. Es un movimiento que une todo aquello dejado afuera, ocultado, invisibilizado, por la “Organización Nacional”. Y levanta banderas de liberación nacional, que van, desde la integración de esas dos Argentinas que habían marchado paralelas, hasta el rechazo al vínculo neocolonial con Inglaterra y la resistencia a establecer un nuevo vínculo colonial con los Estados Unidos.
El lema “justicia social, independencia económica, soberanía política” hace clara referencia a estas cuestiones, a esta lucha por la liberación nacional y por definir una “Nueva Argentina”, alejada de aquella escenografía europeísta.
Y si bien el peronismo tenía contradicciones ideológicas muy fuertes (y las tiene hoy, y probablemente las seguirá teniendo) los partidos de izquierda se quedaron en el análisis de ese perfil ideológico y no lograron entender el carácter de “movimiento de liberación” que el peronismo asumía. Así, rechazaron al peronismo, lo acusaron de nazi-fascismo (otra vez, aplicar categorías extrañas, elaboradas en otras latitudes que no podían ni rozar la comprensión del nuevo movimiento). En su ensoñación de conducir a un proletariado cuasi virtual se pusieron en la vereda de enfrente de la clase obrera real y junto a los enemigos del pueblo y de la nación. Confundiendo la Argentina de 1945 con la Europa ocupada y arrasa por el hitlerismo, declararon que las masas obreras del 17 de Octubre eran multitudes de facinerosos y desclasados, y cerraron filas con las demás fuerzas de la Argentina europeísta: socialistas, comunistas, radicales, demoprogresistas y conservadores, clases medias y oligarcas; todos unidos en la Unión Democrática, a la que apoyaban el Partido Comunista (es decir, la URSS) y la gran conductora del aquelarre: la embajada de los Estados Unidos que buscaba sentar las bases del dominio norteamericano sobre el país. Durante los dos primeros mandatos de Perón, el nuevo movimiento realizó diversas síntesis en lo ideológico. Primero, en su conformación interna mezclando distintos orígenes políticos para dar lugar a una nueva identidad. Y también de los debates que nosotros glosábamos líneas arriba: en nuestra opinión carece de significatividad la polémica reforma-revolución. Las realizaciones de los dos primeros períodos del fundador- incuestionablemente favorables al pueblo- serían analizadas como procesos reformistas por una mirada marxista libresca. Pero si se analiza la situación de la economía nacional, los beneficios para los trabajadores, la capacidad de intervención estatal y la autonomía de la nación toda contra el orden capitalista mundial ¿Caben dudas que se trató de una revolución (nacional y popular)?
El peronismo, por supuesto, no está exento de sus coloridas y trágicas contradicciones: cuando olvida su rol de movimiento de liberación nacional (durante la nefasta década de los ’90) se transforma apenas en una fuerza de centro-derecha con rasgos populistas, una suerte de conservadurismo de masas. Pero son esas etapas las que permiten a los progresistas blandos, alardear de rumbos avanzados que sólo son posibles discursivamente cuando el gran barco justicialista orilla fuertemente a estribor. Los tiempos actuales son largamente elocuentes acerca de ciertas fuerzas, comunicadores, intelectuales y otras personalidades que cuando el Kirchnerismo coloco al peronismo a la izquierda, quedaron irremediablemente soldados a su derecha, y mostraron su verdadero rostro. Sólo cuando el movimiento creado por el coronel sonriente y la siempre joven Eva recupera la memoria y pone en primer lugar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, se convierte en la columna vertebral de la larga marcha de la patria hacia su liberación. Entonces se da la mano con otras fuerzas, claramente de izquierda y se convierte en el único progresismo posible y existente. Lo mismo que decíamos poco antes puede afirmarse de los tiempos K: se trata de un gobierno reformista, dirían con más o menos petulancia los cultores del marxismo libresco. Pero cerremos los ojos y evoquemos la Argentina durante los ’90 y hasta el 2003. ¿No es revolucionario que nuestro país integre la vanguardia de los gobiernos que batallan por la segunda independencia continental, que los organismos de derechos humanos tengan la recepción que logran en el actual gobierno, que los trabajadores hayan revertido el sometimiento patronal impuesto por el neoliberalismo, por citar sólo algunas cuestiones destacables? De modo que dejemos para revolucionarios de papel la disquisición acerca de si reforma o si revolución y vamos a sumergirnos de lleno en la militancia para que la consigna nunca menos se transforme de hecho en siempre más (a favor del pueblo y de la patria).
Este otro peronismo, seguramente el más genuino, el peronismo corrosivo, el peronismo disruptor, el que se remonta a Eva, al 17 de octubre (y que integra en síntesis de hecho las luchas obreras previas) que se nutre de la experiencia de la Resistencia, el de Cooke y el Perón de discurso tercermundista, el de La Tendencia y el camporismo, el del Grupo de los 8, el Frente Grande y el MTA, conduce claramente al kirchnerismo: la etapa superior del peronismo.
Gran parte de la izquierda tradicional ha realizado la autocrítica de sus errores en el ’45 (dos fracciones del P.C., algunos destacamentos del P.S). Otras, por el contrario, han tenido demasiadas dificultades para diagnosticar la realidad, no pueden comprender donde se hallan los enemigos históricos de la nación y del pueblo y mucho menos vincular los cambios sociales con el proceso de liberación nacional.
Por sus inocultables virtudes y pese a sus evidentes defectos el peronismo, se ha transformado en el eje inevitable de cualquier proceso de cambio social en la Argentina. Lo fue. Lo es. Y, posiblemente, lo seguirá siendo por mucho tiempo.
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REFLEXIONES SOBRE CIERTA HISTORIA DEL PERONISMO (Parte III)
28 ago 2010 Notas semanales
Por Pedro del Arrabal
PARTE III
HABLEMOS DE PERÓN Y SU CONDUCCIÓN POLÍTICA
El tema de la Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista no resulta para nada un detalle menor. En alguna oportunidad escuche comparar –sabiamente; y no recuerdo si no fue él mismo, o alguien muy cercano a él, el que lo contó- la conducción política de un movimiento de masas que buscaba la liberación para la implantación de la justicia Social, con la tarea de un conductor de un camión. Esta simple historia mostraba a Perón como el conductor de ese imaginario camión. El pueblo confiado, subido a la caja del vehículo, se acomodó y siempre fue seguro en el interior de la misma. El camión era el naciente Movimiento Nacional Justicialista. Perón puso en movimiento la estructura y el pueblo siempre fue seguro en la caja del mismo. Pero no faltaron los que llegaron tarde a la cita y quisieron colarse en el viaje. Como la estructura ya estaba en movimiento corrieron al lado del mismo y se colgaron de ambas barandas del camión. Lógicamente las barandas nunca fueron seguras y en el movimiento del vehiculo entran a jugar los principios que rigen la inercia. Y sucedió lo que tenía que suceder; cuando Perón “giraba a la izquierda” porque las circunstancias así lo reclamaban, los que iban colgados de la baranda derecha se iban a la misma… misma. Lo mismo ocurría cuando giraba a la derecha con los que iban colgados de la baranda izquierda. Bajo su conducción el pueblo en su conjunto siempre fue seguro dentro de la caja porque Perón los había aleccionados sobre la conveniencia de la ubicación y los fundamentos de la misma.
Según mi modesto entender, es allí donde nacen esos disparatados y lamentables sectores que se adjudicaban “ser el verdadero peronismo”. Allí debemos buscar esas actitudes de confrontación entre las tan remanidas “alas” del peronismo (lo que motivó los ya conocidos enfrentamientos de los años “60” y “70”) sin comprender los integrantes de cada una de esas alas -en ninguno de los casos- el valor revolucionario de las nuevas ideas que Perón había impulsado desde su aparición política en 1943. Nunca comprendieron la esencia del peronismo más allá del recitado litúrgico del rosario de consignas asociadas al sentimentalismo peronista pensando que los que lo somos conformamos un conjunto de boludas/os.
ENTONCES, HOY POR HOY ¿QUÉ ES EL PERONISMO?
Se trata de una conjunción maravillosa de ideas y conceptos filosóficos universales que Perón, sabiamente, logró plasmar sintéticamente en lo que dio en llamar “Justicialismo”.
En Esencia se trata de una revolución social no violenta, un paradigma inventado por Mahatma Gandhi quien sostenía:
“No hay camino para la paz, la paz es el camino.”
“La violencia es el miedo a los ideales de los demás.”
“Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.”
“Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego.”
Perón, evidentemente, había hecho suyo estos principios. De otro modo nadie entendería esa opción de Perón por hacer la revolución de un modo tan particular:“Todo en su medida y armoniosamente”; aunque esta lleve mucho tiempo. Ese tiempo evita derramar innecesariamente sangre de hermanos.
“Hay dos formas de hacer una revolución: en poco tiempo a costa de mucha sangre, o tomarse todo el tiempo que sea necesario evitando derramar sangre de hermanos y compatriotas. Yo opto por la segunda” –decía Perón
Solo así se entiende su decisión de no resistir aquella miserable asonada del 16 de septiembre de 1955. Solo la intelectualidad de una izquierda berreta y colonizada, junto a la derecha más reaccionaria se animaron a tildar aquella decisión como un acto de cobardía y no de una inteligencia superior, más humana, menos complaciente con los valores eurocentristas, tan violentamente civilizados ellos.
Sería interesante preguntarles a los admiradores y pregoneros de las revoluciones violentas nacidas y vividas en la Europa “civilizada”, a los admiradores del estilo de la nobleza europea, ¿que dirían si el peronismo usara las mismas metodologías que las usadas en la revolución francesa, o en la rusa?
Europa es el lecho amatorio de las más perversas de las violencias. Los viejos imperios se construyeron a sangre y fuego; las grandes y cruentas revoluciones y los más crueles asesinatos políticos ocurrieron en Europa; las dos guerras mundiales ocurrieron en Europa; imperios ultramarinos europeos se construyeron y consolidaron masacrando seres humanos y esquilmando económicamente a gran parte del resto del mundo. La horrorosa guerra de los Balcanes luego de la muerte de “TITO” ocurrió en esa admirada Europa.
¿A quienes admiran? ¿Europa y los europeos aman la vida? ¡Por Dios! No hay conflicto en el mundo donde no este la pata de una potencia europea. ¿A quienes admiran me vuelvo a preguntar?!
Una y mil veces me quedo con mi peronismo, orgullosamente SUDACA, cuna de las nuevas y pacificas revoluciones, templo de los antiguos-nuevos valores humanos.
¿CÓMO SE RECONOCE A UN PERONISTA?
Como me “siento” peronista (aunque a los intelectuales les cueste entender que el peronismo sea un “sentimiento”), hasta me animo a definirme definiéndolo, simplemente desde mi modesta condición militante:
.-EL PERONISMO ES ESO, PERONISMO; NI MÁS NI MENOS; CON PERÓN COMO IDEÓLOGO Y EVITA COMO BANDERA.
.-PERONISMO ES JUSTICIALISMO PORQUE SU META ES LA JUSTICIA SOCIAL.
.-JUSTICIALISMO NO ES SINÓNIMO DE PARTIDO JUSTICIALISTA. EL PARTIDO ES UNA MERA HERRAMIENTA ELECTORAL, NADA MÁS. QUIEN NO ENTIENDA ESTO NO ES PERONISTA.
.-JUSTICIALISMO ES UNA ACTITUD DE VIDA, UNA FORMA DE ENTENDER LA POLÍTICA DESDE LO SOCIAL.
.-JUSTICIALISMO ES HACER POLÍTICA DESDE EL ESTADO POR Y PARA PROTEGER Y DIGNIFICAR A LOS DESCLASADOS, A LOS DESPOSEIDOS, A LOS IGNORADOS POR EL SISTEMA CAPITALISTA, POR EL NEOLIBERALISMO O CUALQUIER OTRO SISTEMA QUE SOMETA Y/O ATENTE CONTRA LA DIGNIDAD DE LA CONDICIÓN HUMANA.
.-EL PERONISMO NACIÓ PARA COMBATIR EL CAPITAL; Y LO COMBATIÓ.
.-PERONISMO ES SINÓNIMO DE REVOLUCIÓN Y SIRVIÓ PARA MOSTRAR QUE NO SOLO SE REVOLUCIONA DESDE EL MARXISMO.
.-PERONISMO ES UNA NOVEDOSA CONJUNCIÓN DE IDEAS QUE DESDE SUS INICIOS RENEGÓ DE LAS SOLUCIONES VIOLENTAS.
.-PERONISMO ES SINÓNIMO DE REVOLUCIÓN NO VIOLENTA.
.- UN PERONISTA ES ANTE TODO ANTIOLIGARQUICO, ANTICAPITALISTA, ES UN MILITANTE CON UNA CONCIENCIA PROFUNDAMENTE SOCIAL Y VISCERALMENTE LATINOAMERICANA.
.-SER PERONISTA ES ENTERDER QUE HAY UNA SOLA FORMA DE HACER POLITICA DESDE EL ESTADO, Y ES LA SERVIR A LOS SERES HUMANOS, ESPECIALMENTE A LOS MÁS DESPROTEGIDOS.
.-EL PERONISMO DEMOSTRÓ QUE PARA APLICAR POLITICAS DE IZQUIERDA NO SE REQUIERE SER SOLO MARXISTA. SU ORIGINALIDAD SE LA DA SU LUGAR DE PERTENENCIA, LATINOAMERICA.
.- EL PERONISMO NO PROPICIA LA LUCHA DE CLASES. ES UN MOVIMIENTO CONSTITUIDO POR UN PUEBLO PACIFISTA
.-EL MOVIMIENTO PERONISTA TIENE UNA CONFORMACIÓN POLICLASISTA, PROFUNDAMENTE HUMANISTA, QUE BUSCA A TRAVÉS DE UNA REVOLUCIÓN MENTAL INTERNALIZAR EL VALOR DE LA JUSTICIA SOCIAL, LA SOCIALIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO Y EL AMOR ENTRE LOS HOMBRES, VALOR ESTE ÚLTIMO QUE RESCATÓ DEL CRISTIANISMO
.-EL PERONISMO RECONOCE UN SOLO TIPO DE SERES HUMANOS, LOS QUE TRABAJAN.
.-PARA UN PERONISTA A LA PATRIA LA HICIERON Y HACEN TODOS SUS HABITANTES, MUJERES Y HOMBRE, NO “CIERTOS HOMBRE” QUE SE CREEN DUEÑOS DE LA PATRIA.
.-EL PERONISTA NO DICE, HACE; NO PROMETE, REALIZA; TODO POR EL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO.
.-PARA EL PERONISMO LA PALABRA “PUEBLO” TIENE UN SIGNIFICADO MUY ESPECIAL- ES SINONIMO DE DESCLASADO, DE MARGINADO, DE DESPOSEIDO, Y EN REVERTIR ESAS CONDICIONES DE VIDA PONE TODO SU ESFUERZO.
.-NO HAY UN PERONISMO DE IZQUIERDA, NI UN PERONISMO DE DERECHA; ESAS CALIFICACIONES SIRVEN A LA REACCIÓN ANTIPERONISTA. SE ESE PERONISTA O NO SE ES; Y SE LO DEMUESTRA EN LOS HECHOS.
.-EL LEGADO DE PERÓN FUE MUY CLARO: “MI ÚNICO HEREDERO ES EL PUEBLO ARGENTINO”, Y “CADA MILITANTE PERONISTA LLEVA EL BASTÓN DE MARISCAL EN LA MOCHILA”; ERGO SOLO SE RESPETA Y SE ACOMPAÑA A TODO COMPAÑERO DE RUTA QUE RESPETA EL IDEARIO PERONISTA. POR ESO PARA UN PERONISTA ¿SU LUGAR DE LUCHA Y TRABAJO? ESTÁ JUNTO A LOS MÁS HUMILDES; ¿EL OBJETIVO DE SU TAREA MILITANTE? DIGNIFICAR LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS DESPROTEGIDOS, DE LOS DESCLASADOS.
.-PARA UN PERONISTA LA UTOPIA ES SU MOTOR, PERO NUNCA PIERDE DE VISTA QUE LO IDEAL, EN OCASIONES, ES ENEMIGO DE LOS POSIBLE. SE VIVE Y SE HACE POLITICA CON HUMANOS, LO QUE LA TRANSFORMA EN EL ARTE MÁS DELICADO.
.- ESO NO SIGNIFICA QUE, SEGÚN SEAN LAS CIRCUNSTANCIAS Y CUANDO VE COLMADA SU PACIENCIA, NO CREA NECESARIO HACER TRONAR EL ESCARMIENTO.
Mañana, última entrega
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