El “Plan Honduras”; propuesta de una Carrió ¿desatada? (¡O desquiciada!).
19 mar 2010 ECONOMÍA, Notas semanales, Política Internacional, Política Nacional, Politica
Buenos Aires-Argentina (Revista Veintitres-ElArgentino.com)
Pidió la intervención de la OEA por las reservas. La diputada sugirió que otros Estados deben intervenir en la Argentina para “preservar el orden institucional”. Enojos internos y problemas de cartel en la Coalición Cívica.

Imagen: Veintitres
Por Franco Mizrahi
A las 20 del miércoles 3 de marzo, la diputada nacional y líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, ingresó al Senado de la Nación cual estrella de televisión y ante las cámaras se acomodó entre el senador del PJ anti K Adolfo Rodríguez Saá y el legislador de la CC Alfonso Prat Gay. Carraspeó, esperó que las señales de cable le dieran pantalla completa y profetizó: “Si la Argentina tolera estas actitudes no habrá más orden institucional. La Presidenta y la titular del Banco Central de la República Argentina, Mercedes Marcó del Pont, han desobedecido a la Justicia y al orden constitucional y han violentado las competencias propias del Congreso de la Nación. La única pregunta que cabe es si no han violado los artículos 17, 18 y 20 de la cláusula de conducta democrática de la Organización de los Estados Americanos. Un Estado-Nación, lo primero que es, es una moneda. El Congreso o la Corte Suprema de Justicia deberían actuar en defensa de la República”.
Acostumbrados a sus proclamas ampulosas, en el salón pocos advirtieron que, esta vez, la diputada había superado todas sus marcas: en un día cargado de tensión política, Carrió había sugerido que la OEA debía intervenir en la Argentina. ¿De qué modo? Según los artículos citados por la dirigente de la CC, estarían dadas las condiciones para “recurrir al Secretario General o al Consejo Permanente a fin de solicitar asistencia para el fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática” (artículo 17). El artículo 20 es más contundente: “En caso de que en un Estado Miembro se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático, cualquier Estado Miembro o el Secretario General podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente para realizar una apreciación colectiva de la situación y adoptar las decisiones que estime conveniente. (…) Si la urgencia del caso lo aconsejare, el Consejo Permanente convocará de inmediato un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General para que ésta adopte las decisiones que estime apropiadas, incluyendo gestiones diplomáticas, conforme a la Carta de la Organización, el derecho internacional y las disposiciones de la presente Carta Democrática”.
Es decir, la intromisión de organismos y otros Estados en la política doméstica. La última vez que la OEA tuvo una actitud similar fue durante el golpe de Estado en Honduras. El antecedente no es casual: desesperada por retener algún protagonismo en el variopinto arco opositor, la diputada ya no se conforma con profetizar catástrofes. Está dispuesta a propiciarlas.
El discurso en el Senado coronó una semana difícil para Carrió. El inicio del primer día de marzo encontró a la titular de la Coalición Cívica sentada en el sofá de su casa frente al televisor. Inquieta, seguía el discurso de Cristina Fernández en la Asamblea Legislativa.
La diputada no había asistido a la Asamblea porque, dijo, “no hay que ir a inaugurar sesiones que luego se van a impedir”. Pero su tropa, a pesar de la ausencia de su líder, estuvo presente. Al igual que los referentes de la oposición, a los que Lilita había intentado convencer de pegar el faltazo. Entre las pocas bancas vacías figuran las de la jefa del bloque de la Cámara alta de la CC, María Eugenia Estenssoro, y las de los senadores del PJ anti K Juan Carlos Romero, Carlos Reutemann, Adolfo Rodríguez Saá y Chiche Duhalde.
Ningún referente del Acuerdo Cívico la acompañó. Y eso la molestó: “Era obvio que íbamos a una trampa… Miren si yo estaba ahí, ¿cómo le explicaba a la sociedad que no sabía lo que iba a pasar? La oposición debe tener una actitud más clara y responsable. Con esa tibieza no se puede enfrentar al kirchnerismo”.
El primer antecedente de esta postura de Lilita se dio con la convocatoria al diálogo político que realizó el Gobierno a fines del año pasado, luego de la derrota electoral de Néstor Kirchner.
El desencadenante, en esta ocasión, fue la frustrada sesión en la Cámara alta para decidir la conformación de las comisiones, cuando el oficialismo se retiró del recinto porque la oposición no logró quórum. Entonces, Carrió planteó retrucar la jugada de los alfiles K con el operativo “desplante”. Pero hasta su amigo Gerardo Morales, jefe del bloque de senadores por la UCR, le respondió por televisión: “El radicalismo tiene que estar porque es un acto institucional supremo.”
A su vez, dentro de la Coalición, el liderazgo de Carrió tiene adherentes pero también detractores. Según asegura una fuente que conoció las internas del partido, hay dos líneas marcadas: “Por un lado están los más fieles como Alfonso Prat Gay, Estenssoro y Patricia Bullrich. Ellos siguen sus instrucciones. Mientras que por lo bajo otros comienzan a quejarse de ciertas actitudes de su jefa”.
Son quienes no coinciden con su modelo de conducción, algo que criticaron los ex ARI que terminaron rompiendo con ella.
Uno de los legisladores que abandonó la CC el año pasado fue el senador Samuel Cabanchik, que armó el monobloque Proyecto Buenos Aires Federal. Argumentó su salida en una gran “desazón frente a la falta de cohesión interna, los débiles mecanismos democráticos de participación y el escaso grado de institucionalización que ha alcanzado la Coalición Cívica”.
Desde el partido desmienten las fricciones internas. En todo caso, dejan entrever, las diferencias son hacia afuera: “Ningún presidente de bloque debería haber estado presente”, sostuvo el diputado Fernando Iglesias.
Buscando respuestas para comprender este escenario, Adrián Pérez, diputado de la CC, aseguró: “Las estrategias sobre cómo frenar el atropello del Gobierno tuvo miradas diferentes. Somos bloques distintos y es legítimo que cada cual marque la suya”. Sin embargo, luego desafió: “El tiempo dirá cuál fue la correcta”.
La Coalición Cívica no dejó que avanzaran las agujas del reloj y en la tarde del martes 2 de marzo, a través de una carta dirigida al vicepresidente Julio Cobos que fue presentada en la Comisión de Acuerdos del Senado, Carrió impugnó a Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central por no ser una “persona idónea para ocupar el cargo”. Cargó contra ella porque “dispuso la transferencia de reservas del BCRA (…), dando cumplimiento a decretos insanablemente nulos emitidos el mismo día. La transferencia de reservas podría configurar la comisión de los delitos de acción pública tales como abuso de autoridad y violación de los deberes de los funcionarios públicos”.
Poco tiempo después, se sentaba frente a las cámaras para pedir la intervención de la OEA. Para Carrió, una discusión contable sobre el destino de una porción de las reservas del Banco Central equivale a la ruptura del régimen democrático. En un país donde aún duelen las secuelas de los golpes civiles y militares, la comparación es una afrenta a la memoria. O, peor, una apuesta peligrosa.
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