CIENCIA, IDEOLOGÍA Y POLÍTICA

“Sería fantástico que la ciencia fuese neutral.”
Joan Manuel Serrat (Sería fantástico)

Por Victor L. Martinez (*)

INTRODUCCIÓN
En su número del 5 de julio pasado (2009), la revista dominical del diario Clarín, VIVA, publicó una serie de artículos relacionados con el primer alunizaje llevado adelante por los norteamericanos.
En una de ellas titulada “Y la tierra se paró pa’ mirar hacia la luna” (título muy metafórico y de por si groseramente poético ya que al evento lo estaban mirando por televisión) escrita por el periodista de la revista Fernando García, éste cuenta como vivieron tan singular acontecimiento los argentinos. En su narración se mezclan descripciones de los llamativos fenómenos culturales -novedosos para aquella época- que se daban en esta gran metrópolis, con los primeros intentos publicitarios por aprovechar cualquier evento para alentar el consumismo, y un reportaje a Mónica Caen D’Anver quien cuenta su experiencia de ese día en Cabo Cañaveral como enviada de Canal 13.
En lo personal, el recuerdo que tengo de aquel monumental acontecimiento que se produjo hace ya 40 años (20 de julio de 1969), se conserva bastante fresco.
Cierta imagen me aparece muy borrosa. Veo gente frente a las vidrieras. Me imagino que para esos habitantes de la gran ciudad que no contaban con televisor propio, o los otros que no habían podido llegar temprano a sus casas, los televisores encendidos en algunas vidrieras de negocios satisfacían su curiosidad y expectativas; e insisto, de manera borrosa veo a esas personas apiñadas en las vidrieras para contemplar -me imagino- aquel magno evento.
Para el recién llegado a Buenos Aires ¡justo aquel día! como era mi caso, aquella noticia no era en ese momento tan importante como el deslumbramiento que me producían los carteles luminosos y el movimiento vehicular de las avenidas Corrientes y la 9 de Julio (en aquel momento se decía que esta última era la Av. más ancha y corta del mundo. Su extensión se reducía a cubrir la distancia que va desde la Av. Belgrano hasta la Av. Córdoba).
Viéndolo a la distancia y en términos comparativos, para mis 17 años de aquel momento, seguramente mi deslumbramiento por descubrir el “centro de la gran Ciudad” era muy similar al que estaba asombrando a Neil Amstrong al contemplar nuestro planeta tierra desde afuera de él (Sueño de viajar al espacio que acompañó toda mi infancia al deleitarme noche a noche observando el prístino firmamento catamarqueño de aquellos años, poblado de millones y millones de estrellas). Lo cierto es que poco atrajo mi atención aquel alunizaje.
Esto no hace más que demostrar que todo depende del cristal con que se miren las cosas. La lógica -y un “culto” intelecto- harían ver a la comparación como muy estúpida. Pero tal juicio no contemplaría ni mis sentimientos ni mis sensaciones de aquel momento. La majestuosidad de esta gran ciudad (en ella vivo actualmente), a metros de mis ojos y manos, atraía mucho más mi atención que lo otro que estaba ocurriendo a 300.000 kilómetros de distancia.

CIENCIA Y PERIODISMO

Existe en el ámbito de la educación y de la formación cultural en general -cualquiera sea su manifestación- una fuerte tentación a rotular y/o encasillar la dedicación o encuadre de la práctica profesional de una persona, dentro de estereotipos previamente fijados y a los que se las denominó “escuela” y/o “especialización”. Aún cuando aparezcan abordajes multidisciplinarios nunca faltaran sustantivos colectivo, neutros o abstractos cuantitativos que sirvan para su necesaria identificación.
El periodismo y las comunicaciones en general no quedaron fuera de esto. Así tenemos periodistas deportivos, políticos, especializados en educación, en economía, en cultura, y en ciencias. ¡Nadie sabrá jamás que los diferencia además del encuadre temático y cierta dedicación específica por vaya uno a saber que intereses! Pero las categorías están establecidas. Poco importa tampoco que tanta especialización los haga perder de vista gran parte de la realidad y del conjunto donde se producen los fenómenos.
En relación a esto, uno se puede imaginar a los periodista “especializados en ciencias” como personas que saben de biología molecular, composición geológica de la corteza terrestre, mecánica cuántica, nanotecnología, ingeniería genética, etc, etc, y además historia y evolución de las ciencias en general. Pero desgraciadamente, y en la mayoría de los casos, en realidad se trata de personas que apenas estudiaron para ser periodistas (en algunos casos; en la mayoría ni eso). Los más audaces mezclan su visión de lo que está aconteciendo -o escuchan-, con subjetivos valores y miradas (todos ellos adquiridos e incorporados a través de la educación elemental recibida y/o inculcados por la propia sociedad), transmitiéndolos luego como “verdades objetivas”. Este tipo de periodismo -predominante hoy en día- requiere de “profesionales” que “reflejen los aconteceres” según el lente de los contratantes. Esto último, yo en particular, comencé a llamarlo “periodismo espejo deformado” porque los “dichos” y los “hechos” pueden ser de una determinada naturaleza, tener tantos orígenes, causas e intencionalidades, pero pocas veces tiene que ver con lo que luego se refleja periodísticamente. En la mayoría de los casos el reflejo que de ellos devuelve la labor periodística -producto en la mayoría de los caso de la subjetividad antes mencionada, o de los intereses que tengan los propietarios de los medios- en escasas ocasiones suele ser el real; la mayoría de las veces es tan deformado como tipos de espejos existen; o intereses estén en juego.

LA NEUTRALIDAD DE LA CIENCIA (Según cierto “periodismo”)

Insistir con la asepsia científica y/o su supuesta neutralidad, hoy en día y en un mundo donde el capitalismo se autoproclamó “triunfador”, puede ser parte de una marcada inocencia, o bien de un perverso juego mediático a favor del multimillonario negocio que significa para ciertos pooles empresarios la aplicación de cada descubrimiento científico; en cualquiera de las áreas del conocimiento donde se incursione. Para eso seguiremos tomando estos “inocentes” artículos mostrando como se trabaja en materia periodística para determinado fines.
La periodista Marina Aizen en su artículo-reportaje “Estuvieron…¿Volveran?” -otra de las notas que conforman el paquete dedicado por la revista VIVA al acontecimiento-, refleja en su texto lo anterioremente dicho.
De su entrevista telefónica a Mr. George Mueller, jefe del programa Apolo, la Aizen saca sus propias y siguientes conclusiones: “¿Tendría la NASA la capacidad tecnológica como para emprender este reto (se refiere a la competencia por el dominio espacial entre EE.UU. y la entonces URSS) que emanaba directamente de las novelas de Julio Verne? Jhon Kennedy no lo sabía cabalmente, pero entendió que un triunfo en el cosmos se traduciría en una demostración de la superioridad del sistema capitalista por encima del comunista.”
¡Que lectura e interpretación política del acontecimiento la realizada por la Aizen!
O sea, para esta periodista aquel evento demostró que el desarrollo científico solo consigue logros concretos, y es posible dentro del Sistema Capitalista. ¡Esto es fantástico!
Luego remata su primera conclusión sosteniendo: “Entonces fueron reclutados los mejores cerebros disponibles. Y allí estaba Mr. Mueller, nuestro viejito, quien se iba a convertir en el jefe del programa Apolo.” Esta interpretación que hace la Aizen del interés que moviliza a científicos y técnicos, dentro de nuestros refranes criollos se podría encuadrar en aquel que sostiene «Por la plata baila el mono».
Ahora Bien, de la lectura que uno hace en las tres primeras columnas de la mencionada nota y donde la Aizen hace tamaña aseveración -el triunfo de la ciencia capitalista- uno se entera que el «viejito» en cuestión solo se limitó a decir: “Había dudas de lo que pudiéramos hacer. Pero era el desafío que el país necesitaba en ese momento” El resto, o sea la elucubración político-ideológica introductoria es exclusiva responsabilidad de la Aizen. “Periodismo especializado y objetivo” que le dicen.
En otra parte de su nota, la misma periodista se lamenta al descubrir que: “Después de haber vencido a los soviéticos en el objetivo lunar, EE.UU. dependerá desde el 2010 de los rusos (Estados Unidos con mayúscula y los pobres rusos en minúsculas, por lo visto un detalle no menor en la subjetividad de la autora de la nota) para poder ir a la Estación Espacial Internacional, porque para entonces se debería retirar definitivamente la flota de viejos transbordadores.”
Pero su lamento no termina ahí: “Un año después del desastre del Columbia, ocurrido en el 2003, George W Bush -dice esperanzada la Aizen- anunció una nueva generación de viajes a la luna para el 2020. Los planes incluirían erigir allí un puesto permanente y futuras misiones tripuladas a Martes.” Entonces vuelve al muro de los lamentos sosteniendo: “Pero en ese momento no había un sistema financiero colapsado y una recesión profunda, como hoy. Barack Obama a quien le interesaría más el cambio climático que los planetas del sistema solar (Por la forma que está escrito uno termina concluyendo que Obama, por pensar así, – y gracias a la inducción de la Aizen- es un negro medio imbécil), le ordenó a una comisión de diez ilustres revisar la política espacial; recién en agosto -se lamenta- los consejeros darán a conocer sus recomendaciones. Obama incluso le redujo el presupuesto a la NASA.”
Pero algunos renglones más adelante y reproduciendo conceptos de un tal Jhon Logsdon (experto en política espacial de los EE.UU.) la pobre Aizen, y sin estar en sus planes, desnuda la marcada ignorancia que acompaña a muchos funcionarios de gobierno norteamericanos. Transcribe estos dichos de Logsdon: “Sabíamos que estábamos presenciando la historia. Era como estar en España cuando Colón salio a cruzar el océano. Estabas viendo algo que iba a ser recordado para siempre.”
¡Pobre historia! ¡Si supiera don Logsdon que a Colón no lo fue a despedir nadie! ¡Ni siquiera la reina, quien le había prestados unos dinerillos para que su empresa fuera posible! ¡Es más, si supiera que los acompañantes de Colón eran todos delincuentes sacados de la cárcel ya que nadie quería subir a esas cáscaras de nueces como lo eran aquellas tres carabelas, no hubiese trazado semejante analogía! ¡Peor aún, la Aizen lo tendría que haber desasnado! Pero claro, ella era la reporteadora. Además, y por lo que se lee a continuación, para nuestra periodista había cosas más importante para resaltar; como por ejemplo el “mandato místico” que recubre todo accionar norteamericano: “La navidad de 1968, el Apolo VIII dio vueltas a su alrededor (de la Luna) mientras sus astronautas leían el Génesis de la Biblia (¿?), lo que se transmitió en vivo y en directo a una audiencia palpitante en nuestro planeta.” ¡Rescatar semejante detalle no resulta para nada casual y menos aún inocente! Parecería ser un cumplido de la Aizen para con sus lectores ya que nos recuerda del mandato divino que recae sobre las espaldas de la gran nación de norte en cuanto a su rol de conductor de los destino de la humanidad!
Luego de resaltar peyorativamente en un recuadro la ineptitud técnico-científica de los comunistas soviéticos para dar aquel paso final en dicha carrera, rescata los dichos del cosmonauta ruso Goergi Grechko quien manifiesta su decepción por la cancelación del Proyecto N1/L3 por parte de la URSS, y transcribe de éste lo si siguiente: “Pude haber pisado la luna, pero nuestro módulo lunar era tecnológicamente inferior al Apolo y el riesgo de morir era alto.” La Aizen parece decirnos ¡Ven lo que les pasa a los que no entienden las ventajas con las que puede contar la ciencia cuando está bajo el paragua del capitalismo!
Comienza a cerrar su nota con algo que no tiene desperdicio. Resalta los dichos finales de Logsdon: “Hemos estado gastando más plata tratando de arreglar la economía, los bancos y las automotrices. Si quisiéramos volver a la luna, podríamos hacerlo. Somos un país rico. Lo nuestro es cómo gastar la plata, no si tenemos plata.”
¡Eso es ostentación! ¿Como hizo el país para tener tanta plata?  ¡Eso a quièn le importa!
La Aizen le pregunta -¿Y vale la pena? -”Si – responde Logsdon- Es un destino que queda cerca. Dejamos de ir a la Luna después de seis misiones, ninguna de las cuales hizo una ciencia muy elaborada.” Y retoma el valor económico de la ciencia “Hay mucha ciencia de la luna y desde la luna que la comunidad científica está interesada en hacer.” Difícilmente la Aizen le repreguntaría ¿Quién esta interesada? ¿La comunidad científica o los inversores capitalista en busca de futuros negocios rentables?
Pero la periodista cierra su nota con un pedido de cordura a las autoridades norteamericanas: “Houston, estamos a la espera. ¿hay alguien ahí?” Simple y sencillamente la periodista cometió un solo error en este cierre. Puso Houston en vez de Washington, porque en Washington es donde se deciden los destinos de las partidas presupuestarias. O por lo menos así nos hacen creer. A menos que la Aizen haya querido reflejar su deseo de ser convocada para futuras misiones.

ÍDOLOS DE LATÓN

En otra de las notas que aparece en dicha revista sobre el mismo tema titulada “Debemos volver y luego ir a Martes”, el periodista Fernando García le hace un reportaje telefónico a Ray Bradbury.
Acá solo me limitaré a transcribir algunos dichos del autor de “Crónicas Marcianas” y “Fahrenheit 451″, por mencionar dos de las obras -las más conocidas- de su vasta producción. Dejo al lector que saque sus propias conclusiones.

(P)-¿Diría que el del alunizaje fue el día más importante de todo el siglo XX?
(RB)-No, digo que fue el día más importante en un millón de años; esperamos miles de años para llegar a la luna. Miramos hacia la Luna desde que vivíamos en cuevas y ahora sabemos que llegamos, que podemos estar ahí. Debemos volver. Es más, nunca debimos haber dejado de ir a Luna; deberíamos habernos quedado y después haber ido a Marte.
(P)-Calentamiento global, la batalla por el agua…¿No cree que los viajes espaciales son hoy menos necesarios para explorar el Cosmos que para escaparnos de la Tierra?
(RB) -”¡No!…Nuestro futuro descansa en ir a Marte, en colonizarlo por cien o doscientos años. Después deberíamos largarnos al Universo y encontrar otros planetas y poblarlos para que la vida continúe para siempre, para que en un millón de años sigamos vivos en el Universo y seamos inmortales. Tenemos que ser inmortales. No podemos quedarnos en la Tierra, ni quedarnos en Marte, tenemos que llegar hasta Alpha centauro, o cerca, y vivir para siempre.”

Hasta el momento de leer esta parte de la nota, yo nunca me hubiese imaginado a un Bradbury que le diera tanto valor al ególatra deseo de trascendencia del humano como especie. Menos aún al punto de despreciar la propia vida del resto de los humano en pos de una colonización y apropiación del Universo. Yo le preguntaría ¿Con que finalidad don Bradbury? (1)
Pero continuemos.
¿Esperarían o imaginarían los miles, millones de lectores que hayan tenido la fortuna de leer “Fahrenheit 451″ que algún día escucharían o leerían de Bradbury definiciones como la que sigue, por ejemplo y en relación al Presidente Obama:
-”Nunca imaginé que iban a cambiar el nombre de la Casa Blanca por el de La Cabaña del Tío Tom”
Pero continuando con la lectura del reportaje y tomando del mismo los personajes admirados por Ray, uno puede concluir que todo es posible.
-”Voy a nombrar sólo a uno y ése es Ronald Reagan. Tuve un almuerzo con Gorbachov en Washington en 1992 y le pregunté: “¿Qué piensa usted de Ronald Reagan?”. Y Gorbachov me dijo:”Su presidente más grande”. Le pregunté por qué decía eso y me contestó: “Mire, Kennedy nunca lo dijo, Nixon tampoco; Reagan, sí:”¡Tiren abajo el muro!”. Reagan les dio libertad a todos los países europeos, por eso fue el mejor”. Eso me dijo Gorbachov, y creo lo mismo: Reagan fue fantástico.”
Sin palabras para agregar.

Para concluir, y por lo menos en mi caso, jamás me hubiese imaginado que tamaño escritor, llegara a transformar su amor por la ficción en un excéntrico deseo de trascendencia post-mortem.
-”Ya lo dije en Crónicas marcianas, donde dibujé el mapa de esa realidad… Tenemos que volver a la Luna e ir a Marte. Y le digo otra cosa: yo voy a ser el primer hombre muerto en llegar allá. Ya les dije a las personas responsables de los viajes espaciales que cuando muera, vayan y pongan mis cenizas en una lata de sopa Campbell´s y las lleven a Marte para enterrarlas en un lugar llamado Abismo Bradbury. Ya no podré ser la primera persona viva en llegar a Marte, pero al menos quiero ser el primer muerto en llegar tan lejos.”

Por mi parte don Bradbury, puede usted descansar en paz dentro de esa lata  de sopa, símbolo de la chatarra capitalista. Lastima que con su deseo empiece a contaminar y joder la posible vida que pueda existir en otros bellos lugares de este maravilloso universo que nos contiene.

Pero en concreto esto me sirvió para mostrar cómo una nota que pretendió rescatar aquel acontecimiento, que en la realidad fue un alarde técnico gracias a la ciencia, terminó siendo utilizada por el periodismo para realizar una burda apología del sistema capitalista, no resultando difícil intuir con que fines.

(*) Director de nuestra publicación

(1) Siempre hago esta salvedad a favor del entrevistador en cuanto a la interpretación de una respuesta, poniéndome yo en su lugar y que repreguntaría; más aún cuando las entrevistas son telefónicas. Los motivos ya los expliqué en una nota anterior donde analizo otro reportaje, el de una periodista de diario La Nación.