LA ECONOMÍA SEGÚN JUAN DOMINGO PERÓN
28 ene 2010 Arte y Cultura, Comunicación, ECONOMÍA, Educacion, Notas semanales, Política Nacional, Politica
LECTURA DE VERANO
Por Pedro del Arrabal
Resulta por demás interesante recordar como entendía el Gral Juan Domingo Perón la economía en términos nacionales. Más que nada en épocas donde las estructuras especulativas del capitalismo comienzan a crujir y cuando el sistema comienza a tambalear, básicamente por sus propios vicios, especialmente por el de la codicia. Pero rescato en esta transcripción de estas “sugerencias” del Gral. el último punto. Les pido le presten mucha atención ya que no caben muchas interpretaciones en relación estricta con la actual actividad minera que se desarrolla en el país.
• La dimensión política es previa al ámbito económico.
• El objetivo fundamental es servir a la sociedad como un todo, y al hombre no sólo como sujeto natural sometido a necesidades materiales de subsistencia, sino también como persona moral, intelectual y espiritual.
• La historia nos indica que es imprescindiblemente necesario promover la ética individual primero, desarrollar después la consecuente conducta social y desprender finalmente de ellas la conducta económica.
• En el mundo, está ganando terreno la idea de que el bienestar de los pueblos se halla por encima de las concepciones políticas dogmáticas.
• La realidad me permite afirmar que no somos un país subdesarrollado.
• Nuestra patria tiene todo lo necesario para que sus hijos sientan el gozo infinito de la vida. Dios nos ha brindado riquezas incalculables, sólo falta que asumamos la decisión irrevocable de realizar la empresa que nos aguarda.
• Aquella nación que pierde el control de su economía, pierde su soberanía.
• Si se trata de obtener máximos beneficios consolidando intereses que están en el exterior, los aportes a la economía nacional se alejarán considerablemente de lo que resulta conveniente para el país.
• El hombre es principio y fin de la comunidad organizada, por lo que no puede haber realización histórica que avasalle la libertad de su espíritu.
• Hubo una insuficiente utilización del recurso humano que ha sido deficientemente incorporado en los últimos lustros, de acuerdo con la evidencia surgida de las tasas de desempleo.
• Nuestra comunidad sólo puede realizarse en la medida en que se realice cada uno de los ciudadanos que la integran.
• Para que la planificación sea efectiva no bastan los planes de mediano o largo plazo. Las decisiones concretas de política económica requieren también planes de corto plazo, que deben ser los reales.
• Es necesario, instaurar un inalienable principio de objetividad. No puedo pensar otro criterio de objetividad que no sea la presencia de la voluntad del pueblo como guardián de su propio destino.
• La actividad económica debe dirigirse a fines sociales y no individualistas, respondiendo a los requerimientos del hombre integrado en una comunidad y no a las apetencias personales.
• Debe prevalecer una distribución socialmente justa.
• Al país como comunidad armónica y donde los logros económicos no atentan contra la libertad y la dignidad del hombre.
• Se dan las condiciones para armonizar una estructura económica agropecuaria con una industrial, sin que el progreso de un sector se logre a costas del otro.
• Es respecto de todo proceso productivo que adquiere verdadero sentido el concepto de autosuficiencia y ruptura de la dependencia.
• En la función empresarial el Estado tendrá un papel protagónico o complementario de la acción privada, según que las exigencias.
• Ningún país es realmente libre si no ejerce plenamente el poder de decisión sobre la explotación, uso y comercialización de sus recursos y sobre el empleo de sus factores productivos.
• Es cristianamente inaceptable que este desarrollo se materialice a expensas de los más necesitados.
• Todos deben participar en el esfuerzo, pero todos deben también gozar de los beneficios.
• No podemos olvidar que somos los únicos responsables de los éxitos o fracasos que el País experimenta.
• Sólo podremos exigir el cumplimiento de un compromiso social si previamente facilitamos los medios básicos para llevarlo a cabo.
• La intervención directa en el proceso de comercialización interna y externa, como así también en la fijación de precios que aseguren un beneficio normal y una eliminación de la incertidumbre del futuro, son también responsabilidades que el Estado no debe bajo ningún concepto delegar y menos aún olvidar.
• El progreso económico dependerá exclusivamente de nuestro propio esfuerzo; de allí que el capital extranjero deba tomarse como un complemento y no como factor determinante e irremplazable del desarrollo.
• Si tanto el Estado como el sector privado, comprenden que su meta es la misma – el bienestar de toda la comunidad – la determinación de los límites de acción no puede ser conflictiva.
• Desde el punto de vista del beneficio empresario, el mismo debe guardar estrecha relación con la aspiración de trasladar a la comunidad los frutos del progreso, a través del sistema de precios.
• El primer objetivo de la empresa en una sociedad que quiere justicia social auténtica, no es simplemente el beneficio, sino el servicio al País.
• Cuando hablo de sector privado industrial, me refiero tanto a empresarios como a trabajadores, nucleados unos y otros en sus organizaciones naturales.
• La importación de la tecnología debe ser reducida a lo estrictamente imprescindible.
• No ayuda a la liberación la existencia de estrechos compromisos tecnológicos.
• El Modelo necesita una tecnología que cimente su desarrollo, pero esta necesidad no debe instrumentar la acción de un poderoso factor de dependencia.
• Tenemos que desarrollar en el país la tecnología que nutra permanentemente a nuestra industria.
• El gasto en investigación y desarrollo debe ser tan grande como jamás lo haya sido hasta ahora.
• Sin tecnología nacional no habrá una industria realmente argentina, y sin tal industria podrá existir crecimiento pero nunca desarrollo.
• Debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo en los centros de alta tecnología donde rige la economía de mercado.
Juan Domingo Perón
(Del Modelo argentino para el Proyecto Nacional)

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Tags: autosuficiencia, ÉTICA, Capitalismo, COMUNIDAD ORGANIZADA, dependencia económica, desarrollo económico, Dignidad, dimensión política, ECONOMÍA, economía de mercado, factores productivos, incertidumbre, JUAN DOMINGO PERÓN, justa distribución, monopolios internacionales, país subdesarrollado, progreso, RECURSOS HUMANOS, RECURSOS NATURALES, SOBERANÍA, tasas de desempleo
LA REBELION DEL MAESTRO HORCHATERO
10 sep 2009 Notas semanales
Por Vicent Boix
Según cuenta la mitología, en el siglo XIII y en plena reconquista por tierras valencianas, una joven se acercó al rey Jaume I y le dio a probar una exquisita bebida blanca. El monarca, sorprendido por su sabor, le pregunto a la muchacha: “¿Què és això?” (¿Qué es eso?). La jovencita, atónita, respondió con firmeza: “És llet de xufa” (Es leche de chufa). A lo que el noble sentenció: “Aixó no és llet, això és or, xata” (Eso no es leche, esto es oro, guapa”)
De esta forma tan peculiar como fantástica, con ese “…or, xata”, quedó bautizada una de las bebidas más populares y refrescantes del verano. Huelga decir que la lozana no salió a recibir a su majestad con ese simulacro de horchata, que está embotellada y para más cachondeo y burla se denomina “maestro horchatero”. Si así hubiera sido, ni oro para la pócima, ni guapa para la joven atrevida. Seguiríamos bebiendo leche de chufa.
El preparado artesanal de la buena horchata tradicional comienza la noche anterior a su elaboración, ya que las chufas requieren estar a remojo durante unas cuantas horas. Ya en la mañana se quita el agua. Se añade de nueva adicionando una pequeña concentración de hipoclorito sódico para la adecuada desinfección. En media hora se lava bien la chufa eliminando el químico y las impurezas. Se moltura en un molino, se macera, se tamiza, se escurre y se añade azúcar. Se enfría a una temperatura de entre -1 a -4 grados centígrados y tenemos lista esa horchata, que en condiciones normales, puede mantener sus propiedades y sabor durante unos pocos días. Algunos maestros horchateros (los de verdad y no el abuelo de Heidi que ha fichado Chufi para su publicidad televisiva) añaden cacao o canela o limón u otros aditivos naturales para especular con sabores y aromas. Y es que cada maestrillo, tiene su truquillo.
De ahí sale el líquido que sedujo a Jaume I. El que elaboran desde hace siglos los maestros horchateros de verdad. Es pura coincidencia cualquier parecido con algunas leches de chufas que permanecen a temperatura ambiente en estantes de supermercados, con fechas de caducidad que se prolongan por varios meses. En todo caso, habría que preguntarle a los químicos y científicos de estas empresas embotelladoras, y no al pobre maestro horchatero de la televisión, otrora abuelo de Heidi.
Es bien cierto que desde hace muchos años se comercializan y consumimos alimentos adulterados y prefabricados que perdieron cualquier ápice de naturalidad. Eso nadie lo puede negar. Ahora bien, lo que pretende razonar este artículo nada tiene que ver con este proceso que cada vez más gente empieza a revertir, sino más bien, con la información -desinformación- que se le proporciona al consumidor.
Cabría preguntarse primeramente dónde está el límite ante el cual, un alimento alejado de sus propiedades naturales y tradicionales, puede seguir llamándose igual que sus ancestros. Es decir ¿Es correcto que se denomine horchata a secas, a una leche de chufa capaz de aguantar la temperatura ambiente durante 5 meses y que apenas deja poso? Otra cosa sería si existiera la decencia y la ética en las agencias publicitarias, en las transnacionales y en los medios, y a este producto se le pusiera algún apellido, por ejemplo, “Horchata embotellada” u “Horchata con conservantes”. La gente podría distinguir y recibir información veraz.
Sin embargo, desgraciadamente, la tendencia es precisamente la contraria. Engatusar a la clientela con publicidad engañosa. Ya no sólo se esconde el carácter artificial e industrial de ciertas leches de chufa que son atiborradas con productos químicos para que aguanten estoicamente en los supermercados, sino que una se atreve a calificar a su leche de chufa estrella como “Maestro horchatero”. Todo porque lleva un porcentaje más elevado de chufas y porque han contratado al abuelo de Heidi para así darle ese toque rural, romántico y tradicional a su producto. Y según ellos -ojo con la expresión- también porque tiene una “extracción artesana” (:o).
Lamentablemente y aunque parezca mentira, hay gente que se lo cree. Estas orgías horchatotelevisivas calan en muchos consumidores. Los grandes perdedores, obviamente, son los maestros horchateros de verdad. Los miles de artesanos que cada día trabajan duro para que este producto siga enamorando a Jaume I.
Sobre estos asuntos, el verano ha sido muy prolífico. Algunas agencias publicitarias, medios de comunicación y grandes transnacionales han salido del armario. La crisis aprieta y hay que vender a cualquier precio. Aparte de la mentada leche de chufa, la empresa Pascual tuvo la indecencia de promocionar un zumo de naranja que brotaba del propio árbol. Madre mía, esto si es un insulto a la inteligencia, al buen gusto y al fundamento que tanto comenta Karlos Arguiñano.
Es grosero comparar unas naranjas exprimidas con esos simulacros de mejunjes embotellados. Pero lo es más si se tiene en cuenta que alguna que otra marca utiliza las naranjas de peor calidad, que en algunos casos, permanecen amontonadas durante semanas a temperatura ambiente, perdiendo así sus propiedades, sabor natural y llegando algunas a la putrefacción. Toda una aberración informativa y propagandística, que perjudica claramente a cientos de miles de pequeños agricultores, que son los únicos capaces de producir unas naranjas, que una vez exprimidas en casa, proporcionan unos sabores y propiedades inimitables.
Como se ve, todo vale en el mundo de la publicidad. Quién paga a un medio tiene licencia y permiso para confundir a millones de personas. No hay ningún control por parte del estado ni de los propios medios. Repsol, Endesa e Iberdrola son las empresas más ecológicas. Danone reduce el hambre en el mundo. Chufi fabrica horchata artesanal. La Coca Cola no tiene conservantes y es aconsejable durante los viajes largos por carretera. Conducir un Audi o un Mercedes es el mayor placer del mundo. El zumo de Pascual es idéntico al de un puñado de naranjas recién recolectadas. Las empresas de telefonía nos regalan las llamadas. Carrefour vende el duro a seis pesetas. Media Mark nos dice tontos si no compramos en sus centros. Y los bancos, en el fondo, son ONG’s.
La información y la veracidad hace tiempo que se prostituye en los medios. Traslade al plano informativo este hecho y descubrirá esa sacrosanta libertad de expresión de la que presumen los medios en las sociedades liberales. Pagas, luego te expresas.
Vicent Boix, aprendiz de maestro horchatero, ex obrero citrícola y autor del libro “El parque de las hamacas” http://www.elparquedelashamacas.org
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Tags: ANCESTROS, AROMAS, ÉTICA, CARREFOUR, COCA COLA, DESINFECCIÓN, EXTRACCIÓN ARTESANA, HEIDI, HORCHATA, IMPUREZAS, MACERACIÓN, PUBLICIDAD NOTICIAS, REPSOL, SABORES, TRANSNACIONALES, VICENT BOIX
¿ES LA CIENCIA NEUTRAL?
21 ago 2009 Notas semanales
¿Cuál es la responsabilidad de los científicos respecto de su labor?
Invitamos a la reflexión y el debate.
Luego de las jornadas de reflexión sobre ciencia y (bio)tecnología
La ciencia tiene un fuerte impacto sobre el mundo en el que vivimos.
Los proyectos científicos tienen habitualmente una aplicabilidad proyectable, o sea, podemos intentar estimar qué consecuencias, desde los planos ético, político, social o económico, traerá un desarrollo o investigación científico-tecnológica en el contexto actual.
¿Intentamos como científicos prever qué consecuencias tendrá nuestro trabajo?
El desarrollo de la actividad científica requiere de un fuerte financiamiento, ¿podemos creer que ese dinero se destina sin considerar para qué servirá la investigación en la que se está invirtiendo?
¿Cómo se elige qué líneas de investigación se financian y cuáles no? ¿Quién lo decide? ¿Con qué fines? ¿De dónde sale el dinero?
¿Se puede pensar en la neutralidad de la ciencia si aceptamos que está dirigida a partir de qué proyectos se financian y cuáles no? ¿A quiénes benefician los productos de la ciencia en la actualidad?
Por otra parte, observamos un doble discurso en la comunidad científica:
Cuando su trabajo se utiliza para bien, la ciencia es buena y el científico, como publicitaba la Fundación Leloir, es un “héroe verdadero”.
Cuando su trabajo se utiliza para mal, el científico no tiene nada que ver, la ciencia no es ni buena ni mala, es neutral, la culpa es de quien utilizó los productos de la ciencia para mal.
¿Qué impacto neto tiene la ciencia actual sobre la sociedad?
Creemos que pensar a la ciencia como una actividad neutral, sin valor ético, desentendiéndonos de los intereses y capitales que dirigen qué, cómo y para qué se financia, es lavarnos las manos, es deslindarnos de la responsabilidad por las consecuencias de nuestro trabajo.
Quienes asistimos al taller de las jornadas, donde se debatieron este y otros temas, tuvimos muchos problemas para encontrar argumentos que sostengan la neutralidad de la ciencia y la tecnología.
¿Por qué parece entonces que esta es la posición hegemónica?
¿Cómo se sostiene esta posición?
Continuaremos publicando las conclusiones y dudas que surgieron en las jornadas que organizamos. Por ahora, queremos abrir el debate. Cualquier ayuda para responder estas cuestiones es bienvenida:
http://colectivodesdeelpie.blogspot.com
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Tags: ÉTICA, Ciencia, COMUNIDAD CIENTÍFICA, CONSECUENCIAS DEL TRABAJO CIENTIFICO, ECONOMÍA, EXTRANJERIZACIÓN DE LA ECONOMÍA, FINANCIAMIENTO DE LAS INVESTIGACIONES, FUNDACIÓN LELOIR, INVESTIGACIÓN CIENTÍFICO-TECNOLÓGICA, NUETRALIDAD DE LAS CIENCIAS, Politica, REFLEXIÓN, RESPONSABILIDAD CIENTÍFICA, Tecnología
EN LA ESQUINA DE DEFENSA E INDEPENDENCIA
19 ago 2009 Notas semanales
(Buenos Aires-Argentina-EL EMILIO)
Adelanto de lo que será el documento definitivo Carta / 6 que el Espacio CARTA ABIERTA dará a conocer próximamente.
No somos mujeres y hombres del escándalo, nuestras conciencias no son saltimbanquis de la alarma. Al contrario: los hechos graves como el de la pobreza de amplios sectores de la población nos atañen. La pobreza atañe al fondo último de nuestros compromisos, la idea de igualdad, nuestras antiguas y recientes militancias. Nos compete, nos atraviesa. Por eso podemos decir: no nos escandaliza. El escándalo es gesto espectacular y ademán avieso. El rostro de los pobres se vuelve superficie de inscripción de llamados evangélicos, sacralidades disponibles, obsceno plano televisivo y objeto de malversación política. Nos atañen tanto las vidas dañadas por la miseria como su circulación en un imaginario que las despoja de creación, potencia y libertad.
Un presidente que desguazó las anteriores tramas sociales pudo decir “pobres habrá siempre” mientras creaba las condiciones para un inédito hundimiento de los salarios y los empleos. La conmoción del 2001 hizo visibles a contingentes de desocupados que habían encontrado en su exclusión el ímpetu para un descubrimiento de sus propias facultades organizativas y políticas. El gobierno iniciado en 2003 pensó al trabajo como una vía de recuperación de la dignidad para los desposeídos. Expansión del empleo y paritarias fueron las llaves precisas y, a la vez, el horizonte deseado. Detenido el ciclo, en la tormenta del mundo, la pobreza se hizo tópico de lo irresuelto. También, núcleo rutilante de una confrontación que es necesario deshojar.
En una iglesia de Liniers, en los palacios vaticanos, en los palcos ruralistas y en los grandes medios se agitan hilos que provienen del mismo ovillo. Ovillo que es idea: es posible aunar la mayor riqueza -dada por la propiedad privada de ciertos recursos- con la asistencia caritativa a los más pobres. Campo y Cáritas. Soja y comedor popular. Para que ese enlace sea fructífero y económico debe prescindir de lo que es visto como poder coercitivo y expoliador: el Estado. Y también del enlace de la cuestión de la pobreza con los temas de la justicia y la igualdad. Pobres habrá siempre, para atenderlos está Cáritas. La limosna es la vía celeste para unos y la sobrevivencia menoscabada para otros. Contra ella es necesario volver a situar la defensa de lo público, el engarce de la cuestión social con otros modos de la justicia y la apuesta no a la victimización de lo popular sino a su recreación política.
¿La justicia pendiente del presente no está ligada a la justicia respecto de un pasado criminal? ¿No está la deuda social impaga vinculada a una renovada reflexión sobre las condiciones de una redistribución del ingreso que afecte no sólo a los trabajadores en blanco? ¿Es posible encarar medidas imprescindibles, como un plan orientado a la resolución de las necesidades alimentarias de la población, que tenga alcance nacional y solidez nutricional, sin herramientas impositivas y recaudatorias? Sin retenciones hay limosna. Con retenciones: debate público y politización.
Decir eso suena a mala palabra: ¡quiénes son los extraviados que en el contexto de un ataque masivo a la política reclaman mayor politización! Nosotros: en la intersección, ya lo decimos, de Defensa e Independencia. En otras esquinas priman otros tonos: la indignación y la sospecha. El hombre típico de Corrientes y Esmeralda es hoy alguien que sospecha. Alguien que ve, tras los discursos y los valores de la política, una razón oscura que sería su verdadero sentido. Una razón material, crematística, que funcionaría como hilo explicativo de toda conducta pública. ¡Quién les paga!, es el grito de guerra en una Argentina con una larga devastación de las conductas políticas. Contemporáneo a ese sentimiento está el de la indignación, el ademán del usuario enojado, del ciudadano reclamante, del movilero agitado en persecuciones varias, del periodista de piso que frunce el ceño. ¡Hasta cuándo!, resuena como eco. Entre la sospecha y la indignación se sumerge la vida política del país. Quizás el ejemplo más claro de esto es la mutación de la condición del lector en gritón de los diarios digitales: ya no es el que acude a un encuentro con lo desconocido -que le exige no poca disposición amorosa para comprender- sino el que lee como excusa para el rezongo o la suspicacia insidiosa. Es el rumor mismo, la pasión arraigada en los subsuelos de los modos de vida que agrieta los cimientos mismos de lo público. Alimentados por una larga historia de desalientos y exacciones. Recreados como fábula moral en las usinas mediáticas. La nueva derecha vive en esos relatos y hace de ellos santo y seña.
Hoy esos ríos profundos de la vida contemporánea minan las bases de la gobernabilidad. Lo hacen ahora con el gobierno nacional. Lo harán luego contra otras representaciones. Lo que en su momento llamamos destituyente es eso: una articulación y un impulso, una organización de sentimientos difusos para dirigirlos, sin pausa y sin errancia, contra un objetivo determinado. Por eso los jefes de ese movimiento no son hombres de la política, aunque ellos pretendan usufructuar sus resultados inmediatos. En el fondo se intuyen las futuras víctimas si no logran pactar con ese sordo rumor. Nadie es creíble, nadie está firme. Parecen a salvo aquellos que se escudan en el reconocimiento directo de las razones mercantiles: los que declaman sus historias empresarias, los que piensan la política como un momento más de la expansión de los negocios. Bajo sospecha quedan aquellos que intentan recurrir a los discursos ideológicos o a las tradiciones políticas. Los que confiesan se convierten en testigos protegidos del juicio al entero sistema partidario.
¿Puede reconstituirse lo público en un tembladeral animado por esas fuerzas sentimentales y anímicas? ¿Puede reconstituirse lo público amenazado por la sensibilidad del miedo, la sospecha y la indignación? ¿Qué política podrá sustraerse de esa atmósfera en la que se reclama el reino desembozado de los intereses privados, porque finalmente serían los únicos sinceros?
Una elección parlamentaria ha transcurrido hace algunas semanas. Los resultados fueron adversos para el proyecto que desde estas cartas acompañamos. En cierto sentido, las advertencias que recorrían los escritos anteriores fueron confirmadas: crecieron electoralmente los adalides de la restauración conservadora, fueron ungidos los que debaten en sus gabinetes cerrados si apurar el paso hasta la caída o dejar llegar las cosas -el gobierno exánime- hasta el 2011. El triunfo de Unión Pro en la provincia de Buenos Aires, con un candidato que exhibe como méritos una caudalosa fortuna y destrezas televisivas, pone en evidencia la articulación política de los rasgos profundos de la época: el llamado a la desnuda presencia de las razones mercantiles como latir vital de la actividad pública y la mediatización de la política, convertida en mero apéndice de ficciones publicitarias que toman inspiraciones épicas -en una época que sin embargo pretenden disciplinada por las grandes fuerzas corporativas económicas- y se basan en idealizaciones de la vida popular -cuando estamos en un tiempo en que lo popular resiste dificultosamente la segmentación brutal de las experiencias colectivas-. Esos rasgos no los inventó la derecha. A lo sumo, sus políticos y publicistas son los que más descarnadamente, sin culpa y sin velos, los incorporan y expanden y por ello pueden recibir los mejores dividendos. Los que se mueven como peces en el agua en la sociedad del espectáculo.
La elección de junio hizo visible la debilidad en la construcción de otra escena para la política. De una escena en la que las fuerzas provengan de la militancia popular y no de las mediciones de rating, en la que los candidatos y funcionarios se elijan menos por la opinión pública y más por sus compromisos persistentes, en la que los diálogos tengan menos de representación de roles que de apertura a problemas, en la que el voto se dirima por la defensa de las condiciones reales de vida y no por la presión de los conjurados mediáticos. ¿No serían éstos menos eficaces en su monserga destituyente si estuvieran menos impagas las deudas sociales? Al gobierno lo atacan los jefes agromediáticos por sus aciertos y no por sus errores. Pero en las urnas perdió también por sus traspiés, sus titubeos, sus debilidades. En manos de un electorado que parece más tomado por el desánimo o la apatía que por el entusiasta abrazo a las consignas de derecha.
La restauración conservadora está en curso y en ella se unifican poderes corporativos -el empresariado nucleado en AEA, la airada mesa de enlace, el bloque mediático y algunos políticos-. Sin embargo no puede pavonearse de legitimidad por el resultado electoral. Porque no está mellada la capacidad gubernamental y porque en los cuartos oscuros también fueron ungidas representaciones parlamentarias que arrojan a la escena problemas necesarios de ser tratados en pos de una sociedad más equitativa y justa.
Si el proceso abierto en el 2003 estuviera cerrado, si sólo quedase la organización de una retirada ordenada, el gesto de la crítica sería intento de autoexclusión de la derrota. Una precaria salvación. Por el contrario, si hay que mencionar errores es en función de otra hipótesis: la de que hay un núcleo de valores fundamentales de este proceso que es necesario no sólo defender sino expandir en los próximos dos años. Y que se defienden y se expanden si hay capacidad de reinventar a la vez políticas de gobierno y de impulso de las autónomas voluntades militantes. Si hay capacidad de pensar como interlocutores no a las corporaciones con sus poderes de veto y sus agitadas amenazas sino a los argentinos de a pie: a esos que tienen el poder de su reunión, su fuerza y su voluntad.
Las urnas hablaron, pero su mensaje no tiene por qué ser aquel que los personeros de la destitución creen escuchar. Al contrario, muchos leyeron en ellas el llamado a un activismo renovado, capaz de procurar ámbitos de encuentro, creación de ideas en común, imaginativas defensas de lo público. En algunos lugares el nombre de Carta abierta bautizó esas experiencias que cavan el presente no sólo para atrincherarse en la prioritaria defensa de un gobierno legítimo sino también para encontrar los destellos de una política renacida. En muchas ciudades los hombres se reúnen en Defensa e Independencia. Quizás porque esa esquina siempre esté en el núcleo más íntimo de nuestras búsquedas.
No venimos aquí, al púlpito de la esquina, a presentar la cartilla para la reconstrucción de una militancia popular. Por el contrario: venimos a decir que estamos perplejos y asombrados. Que a la vez que hay indicios de la posibilidad cierta de una catástrofe conservadora hay un énfasis del gobierno en no retroceder en sus decisiones fundamentales y los hay también de una múltiple voluntad colectiva. Podríamos decir: falta la construcción. Nos privamos de hacerlo, para que quede el vacío ruidoso de aquello que no sabemos ni qué sería ni cómo se hace. Apenas intuimos, y que valga como susurro, que mucho de pasión por el presente, de donación a los entusiasmos de lo que viene y de renuncia a las rigideces del pasado, serán actitudes necesarias.
¿Estamos pidiendo más a un gobierno cuya existencia está, sin dudas, amenazada? ¿Estamos concurriendo a la conjura de las exigencias que pueden alterar la vida institucional? ¿Es tiempo de solicitar, una vez más, profundización de los cambios, o sólo se trata de apegarnos a los hechos, a un realismo de la continuidad, para evitar lo peor: la desestabilización, el ascenso brusco de las derechas, el triunfo de las más radicales presiones corporativas, el escenario hondureño? El gobierno está sitiado. Por una confluencia que quizás nadie pueda detener. En el sitio conjuga gestos defensivos, audacias inesperadas y perseverantes compromisos. Entre estos últimos, la actitud de condena frente al golpe en Honduras ante la indiferencia de muchos e incluso la crítica obtusa ante la decisión de la Presidenta de ir al lugar de los hechos para dejar claro que la recuperación democrática en ese país no sólo reclama la acción de las cancillerías o de las instancias diplomáticas internacionales. Honduras nos atañe. Habla de nosotros. Como Argentina habla de Bolivia. Y Bolivia de Venezuela. Y Venezuela de Ecuador. Destinos cruzados y necesidades mutuas en un contexto signado por la expansión de la presencia estadounidense en Colombia de un modo que remeda, amenazante, las viejas prácticas imperiales.
En cuanto a la actitud que el gobierno de Cristina Fernández debiera tener en esta situación amenazada, algunos prescriben concesiones ante grupos de presión; otros la defensa de las políticas económicas sostenidas. Si solicitamos más, es porque consideramos que esa defensa sólo puede desplegarse sobre la constitución de un horizonte político, sobre el hallazgo colectivo de un proyecto que exceda y desborde la actualidad, sobre el sueño común de reinvención de lo público. Sin esa dimensión utópica, sin esa perspectiva que reinscriba los hechos cotidianos en un relato que los excede y potencia, no hay renovación de las posibilidades gubernamentales pero tampoco de las políticas populares. La idea de cambio fue, publicitariamente, capturada por las derechas mientras el gobierno hizo campañas de reivindicación de lo hecho. Pero la política no es el cierre sobre el presente, salvo que se resigne a devenir administración de lo dado. Es desde las fuerzas que efectivamente han transformado mucho en este país y en estos años, desde las fuerzas que han puesto en discusión razones profundas de la transformación social, que se debe recuperar la invocación al cambio. El llamado a la construcción de una sociedad emancipada de sus grilletes y reparadora de sus injusticias.
Se hizo, es cierto. Defendemos lo hecho. Pero lo que pende es fundamental: la reposición de las instituciones estatales en las condiciones de producción contemporáneas, el planteo de un sistema impositivo que tenga un carácter progresivo o desplegar nuevas regulaciones al capital financiero, son algunas. Otras ya las hemos mencionado. Insistimos: no como gestores de un balance de una empresa en quiebra. Sino como trabajadores de su recuperación. La nación está en juego. Y las vísperas del bicentenario podrían ser ocasión de una apuesta imaginativa que desborde los fastos conmemorativos y los rituales previsibles. De una apuesta que incluya los temas postergados de la emancipación, como la relación entre la nación y las comunidades culturales y étnicas que la precedieron. La reivindicación de los pueblos originarios presupone una profunda invitación a poner en cuestión los fundamentos culturales que nos cobijan, no para abandonar los que nos son comunes sino para que nos sean comunes los que surjan de nuevas revisiones históricas.
La idea de que es necesario reabrir las posibilidades de la historia, no puede escindirse de la emergencia renovada de organizaciones populares. ¿A quién le habla el gobierno cuando habla?, es una pregunta que si notoriamente está vinculada con los estilos comunicacionales dice también sobre cuestiones estratégicas. Porque a la escena de las presiones de las corporaciones patronales sólo se la combate con una escena de escucha y conversación con los partidos políticos populares y con los movimientos sociales. Y a la escena de los titiriteros mediáticos se la confronta no sólo con medios públicos -que son necesarios-, no sólo con la democratización que supone una ley de servicios audiovisuales -que es urgente e imprescindible-, sino también con una escena política autonomizada de la lógica mediática. Incluso, la que ocurra en los esfuerzos últimos que realicemos para que nuestra propia conciencia vuelva a albergar la noción básica de autonomía crítica, ética de convicción y templadas responsabilidades para reconstruir un sentido de verdad ante las derechas que en el vaciadero de los conceptos, se revisten con los viejos temas de las izquierdas. No es que las ideologías hayan desaparecido, sino que se las modula como una más de las mercancías que se le ofrecen al consumidor.
Alguna vez dijimos que a las acciones de este gobierno, incluso a algunas de las más relevantes, les faltaba lo previo: una cierta elaboración en la cual se inscribieran con la fuerza necesaria, pero también su enhebramiento con un entramado de voluntades y activismo, capaz de proponer temas, de situar problemas, de hacer y defender políticas. No se trata sólo del horizonte político futuro. Incluso la institucionalidad gubernamental requiere, para sustentarse sin graves cesiones a los poderes corporativos -que encuentran hoy en el empresariado más concentrado un programa completo de transformación de la economía argentina- , de una revitalización de las organizaciones populares.
Eso que falta es necesario para preservar los aspectos más profundos y relevantes de estos años. Para preservar y expandir la política de derechos humanos; la integración regional; los derechos laborales; decisiones soberanas respecto de los organismos financieros internacionales; instituciones de defensa alejadas de las doctrinas de la represión; la inversión de recursos en ciencia y técnica. Preservar y expandir es, también, ir más allá de una concepción economicista que sitúa al crecimiento como estrategia rectora última. La crisis mundial dejó interrumpido ese camino de expansión de la inversión, empleo y mercado interno. La idea de distribución de la riqueza vino asociada no sólo a un retintineo promisorio sino a la efectiva reactivación de la economía. La crisis afecta ese despliegue, que quizás tenía núcleos internos que lo volvían ciego ante ciertas situaciones de exclusión y desigualdad social.
El debate sobre las asignaciones familiares a trabajadores informales o a desocupados, la idea de ingreso universal de ciudadanía, los planes diferenciados para atender situaciones de pobreza, fue postergado en función de una perspectiva economicista. La ausencia de políticas reparatorias que atenuaran las desigualdades dentro del interior del mundo laboral, aligeró como palabras al viento aquellas que nombraban las efectivas medidas de justicia existentes. ¿No tuvieron relación los resultados electorales con esa ausencia? Porque no hay metáfora más errónea que la de traición, que supone a los votantes como seres arrastrados a una decisión cuyo sentido ignoran. Hay, en todo caso, un disgusto, una necesidad, una crítica, que benefició, especialmente, a los dirigentes surgidos de las falanges restauradoras y los gabinetes fantochescos que inventan políticos por encargo. Lamentamos esa decisión emanada de las urnas. Pero no serán las explicaciones consoladoras las que permitan revertirla.
La reversión es posible, pero requiere un modo novedoso de tratar lo público. De volver a considerar lo público. Está en juego eso en la política nacional pero también en la ciudad de Buenos Aires, en esta ciudad con sus plazas en las que se leen estas cartas, con sus edificios sanitarios amenazados por operaciones inmobiliarias, con sus parapoliciales que desalojan espacios comunitarios, con sus jefes de policía que surgen de las más tenebrosas historias de encubrimientos y exacciones. Medidas que pretenden hacer campo raso de lo heterogéneo y de la ciudad laboratorio de la nueva derecha. Nuestra calle, aquí, es Resistencia.
El jefe de gobierno de esta ciudad es un empresario. Como tal parece menos enjuiciable que los hombres de la política. Ante el banquillo del juicio que la sociedad mediática encara, se lo presume inocente. Quizás no del todo, pero sí más que aquellos que hablan más de política que de negocios. Por eso, puede reírse de las combinaciones entre tintorerías y prostíbulos en los barrios pobres de la ciudad. Ha ordenado desalojar huertas y expulsar hombres y mujeres sin techo. Ha burlado a los docentes y a los trabajadores de la salud. Ha imaginado desalojar los antiguos neurosiquiátricos, menos por un libertarismo antimanicomial que por la valorización de los terrenos. Ha nombrado un jefe de policía en cuyo nombre se anuncia la acentuación de estrategias represivas y de funcionamientos corruptos. Perdiendo votos, sin embargo ha ganado las elecciones. Quizás porque en figuras así se condensan las fuerzas anímicas del miedo, la sospecha y la indignación.
No es un problema de los porteños. En Nueva York le pagan a los desocupados un pasaje de ida para privar de su miseria a la ciudad. Pero esta es nuestra ciudad: en ella debemos disputar cada esquina, cada barrio, cada discurso y cada idea. Contra esa articulación reaccionaria, es necesario situar una agenda de recuperación de lo público: del espacio, de las conversaciones, de las políticas, de las instituciones, de los recursos naturales, de las facultades humanas. El mercado, sabemos, es capaz de apropiarse y gestionar todo eso, bajo la lógica de la ganancia y el rendimiento comercial. Y hay políticas estatales que se subordinan a la obediencia de esa lógica. Incluso, algunas políticas nacionales, como la que regula la minería, en la que prima la explotación inmediata antes que el resguardo de los derechos comunitarios. Recuperar lo público es poner en cuestión esos criterios, situarlos en el marco de una discusión que no debe aceptar para sí los límites de lo ya dado, sino que debe constituir el horizonte utópico y realizable de lo porvenir.
Hay mucho que preservar y hay mucho por hacer. Aunque minado por la sospecha y la indignación existe un terreno en el que eso se dirime: la política. Las diversas tradiciones ideológicas que han puesto el acento en lo popular y sus potencias tienen ante sí un desafío mayúsculo: el de considerar su confluencia sin exclusiones, su situación sin mezquindades y el futuro con inédita imaginación.
Aquí en esta esquina somos una suerte de conjurados. En defensa de un conjunto de políticas desplegadas desde el 2003 y del derecho del gobierno a perseverar en ese camino y con la independencia de criterio que nos dan nuestras propias experiencias, valores, ideas. Nuestro llamado al coraje colectivo contra el operativo derrumbe no resuena en el eco de los espacios vacíos. Al contrario, rebota en los cuerpos, se ahínca en los sueños, se intercambia en la reflexión común. Por eso creemos que no se puede hablar de derrota ni de victoria ni nos está dado el tono de la certeza. Sí saber que lo que sucede nos atañe. Y por eso no nos escandaliza.
ESPACIO CARTA ABIERTA
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PREMIO NOBEL DE LA PAZ, ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL RECLAMA POR LA NO ACEPTACIÓN POR PARTE DE LAS UNIVERSIDADES NACIONALES, DE LOS “FONDOS DONADOS Y A DONAR” POR LAS MINERAS
19 jun 2009 Notas semanales

Buenos Aires, junio de 2009.-
Señor
Presidente del Consejo Interuniversitario Nacional
Darío Pascual Maiorana
Señores/as
Rectores/as de las Universidades Nacionales
S / D
Reciban el fraterno saludo de Paz y Bien.
Me dirijo a Ustedes a fin de expresarle mi profunda preocupación, en relación a la distribución, entre las universidades públicas, de fondos provenientes del emprendimiento minero Bajo La Alumbrera, de Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD), ubicado en la provincia de Catamarca.
En virtud de la ley 14.771 y sin mayor debate, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) decidió, con la resolución 672 del 10 de julio del 2008, la distribución de 50 millones de pesos. Esta decisión fue luego avalada por cada una de las universidades, que recibieron desde 990 mil pesos hasta cerca de 3 millones y medio de pesos por la Universidad de Buenos Aires (UBA). A nuestro conocimiento, la sede Esquel de la Universidad Nacional de Patagonia es la única institución universitaria que rechazó estos fondos, por motivos éticos. Ahora, hace menos de un mes, con la resolución 699 del 18 de mayo del 2009, el CIN aprobó una nueva distribución, esta vez de 36,8 millones de pesos.
Sabemos de las necesidades financieras de las universidades nacionales, las cuales no logran cubrirse con las partidas presupuestarias asignadas por el Congreso de la Nación. Sin embargo, nos parece que tanto el CIN como cada una de las universidades nacionales deberían rechazar esos fondos millonarios, por el hecho de que provienen de una actividad destructiva y contaminante, que genera cada día más violaciones a los derechos humanos de las poblaciones aledañas al mega-emprendimiento.
Entre otros muchos efectos desastrosos provocados por la gran minería, cabe recordar que el uso indiscriminado del agua por Minera Alumbrera Ltd. (100 millones de litros por día) provocó la desaparición de la gran parte de las actividades agrícolas en los departamentos aledaños; la contaminación del agua y del aire aumentó de manera constante los casos de cáncer y las enfermedades respiratorias, y provocó la muerte de muchos animales (tanto ganado como animales salvajes); la libertad de expresión de los ciudadanos es cada día más violada. Se trata de una actividad que afecta de manera ampliamente negativa las condiciones de vida no sólo de las poblaciones actuales, sino también de las generaciones futuras.
Además, como lo destaca Mirta Antonelli, profesora de la Universidad de Córdoba, “hay un aspecto ético involucrado, porque se trata de fondos cuya procedencia está judicializada por contaminación, que es un delito federal. Ahora se están haciendo cómplices todas las universidades”. Así, lo más alarmante es que esta empresa no haya sido obligada a suspender sus actividades, aún cuando su vice-presidente Julian Patricio Rooney está siendo procesado por daño ambiental por la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán. Este procesamiento judicial, dispuesto en mayo de 2008, es el primer fallo contra una multinacional minera por delito ambiental, y una importante oportunidad para luchar contra la impunidad en materia ambiental. Cabe destacar que esta causa se inició en abril de 1999, y, sin la intervención y la perseverancia del Fiscal General de la Cámara Federal de Tucumán, hubiera continuado paralizada mucho años más. El fallo se apoya en pruebas contundentes sacadas de los informes de impacto ambiental de la empresa misma, demostrando la contaminación de las aguas del canal de desagüe DP2, donde se vierten los efluentes de la planta de filtrado del concentrado de mineral del yacimiento Bajo La Alumbrera. Ya en 2007, un informe de la propia Secretaría de Minería de la Nación detallaba los graves impactos ambientales causados por esta mina.
Las universidades, sobre todo la universidad pública, tienen el deber de mantener una mirada crítica sobre toda actividad productiva y sus impactos sobre la población. Mantener esta distancia crítica implica que la universidad goce de una total independencia para desarrollar sus investigaciones. El hecho de que la producción de saberes técnicos dependa de fondos originados en una actividad tan cuestionada como la que desarrolla Minera Alumbrera Ltd. le resta confiabilidad.
Por otro lado, nos parece importante subrayar que la distribución de dinero proveniente de este mega-proyecto minero no es la única arremetida de las grandes corporaciones económicas sobre el ámbito académico. Son muchos los científicos y las instituciones académicas que fueron cooptados y que multiplican las publicaciones complacientes con el modelo sojero y el modelo extractivo minero. Eso contribuye a desprestigiar el ámbito académico; en lugar de cumplir con su deber de informar a la sociedad civil, estas actividades tienden a desinformar. Pero también son muchos los científicos, investigadores y académicos que tratan de proponer miradas alternativas al discurso hegemónico, poniendo a la luz los daños irreparables provocados por estas actividades destructivas, saqueadoras y contaminantes. Varios de ellos luego sufrieron represalias y sanciones adentro de sus instituciones.
Señor Presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, y Señores/as Rectores/as de las Universidades Nacionales, les pedimos tengan presente que la explotación de Bajo la Alumbrera, desde hace más de 10 años ahora, viene provocando graves violaciones a los derechos humanos, no sólo al derecho a vivir en un ambiente sano, sino también al derecho a la salud, y a los derechos económicos, sociales, culturales y políticos de millones de personas.
Las universidades que Uds dirigen deben actuar en defensa del bien público y estar al servicio de los ciudadanos, y eso requiere una total independencia de los intereses privados. Las universidades deben abrir sus puertas al debate de tales temas de suma importancia, para definir el modelo de país que queremos.
Por todo eso, y porque sabemos de su compromiso con los intereses del pueblo y con la libertad académica, solicitamos que cumplen con la exigencia ética de rechazar los fondos provenientes de YMAD.
Les agradecemos toda la atención que pueda prestar a esta situación, y adjuntamos información más detallada respaldando nuestro pedido.
Les reitero mi fraterno saludo.
Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz
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¿ES NECESARIO EXPLICAR UN SENTIMIENTO?
6 jun 2009 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, El sentimiento peronista
Cuando se acerca una fecha electoral siempre reaparece el mismo fenómeno dentro del “medio pelaje” social argentino. Y esta identificación Jauretchana, “el medio pelo”, nunca estuvo mejor aplicada.
En general -y por culpa de nuestro GENERAL (Perón); Y SU AMADA SEGUNDA ESPOSA(Evita) – estos personajes, todos de la más variadas procedencias “profesionales” y estofas, asumen un imaginario papel de “catedráticos” de una fantasiosa asignatura que aparentemente la titularon: “¿Qué es una revolución (por izquierda) democratica (por derecha). Entonces les aparece una necesidad, darse el lujo (porque para ellos es un lujo) de tomar exámenes de todo tipo a cualquiera que se identifique como PERONISTA y que ande dando vuelta por estas tierras: Exámenes de “civilidad”, de “nivel y compromiso para con la democracia”, de “honestidad”, de “ética”, de “estética”, de “cultura”, de “capacidad de gestión”, de “nivel de corruptibilidad”, de “inteligencia”, de “razonabilidad”, etc, etc, de los cuales -según la lógica de los examinadores-nunca salimos aprobados. Obviamente, y hablando de nosotros como “negros peronistas que en realidad somos”, tanta reprobación junta los habilita también para recontra-reprobarnos en lo ideológico.
¿Sintéticamente? ¡Carecemos de ideología! (¿?)
¡Vaya uno a saber que entienden ellos por ideología! ¿Tendrán alguna? Los peronistas ¿Seremos tan burros -con perdón de los asnos- que no entendemos esas cuestiones? O por el contrario ¿no será que nuestro C.I. supera la media normal de la de los examinadores? Las ideologías, ¿contemplan los sentimientos; o son pura “razón”? La ideología, ¿acepta la alegría del vivir (dijera “La “Chona”), forma parte de sus principios y objetivos? ¿Qué entenderán estos personajes por “felicidad del Pueblo”? La coherencia ideológica ¿solamente está asociada al “yugo”, la “lucha”, el nivel de “compromiso combativo”, y jamás a un vino, un asadito, una empanadita, un locrito, un pucherito de gallina con viejo vino “Carlón”, una hermosa noche de bailongo y luego de amor con la mujer amada?
¡Muchachos/as! ¿¡No será que el peronismo recibió ese “toque divino” de creatividad y un don especial para interpretar necesidades e implementar soluciones, no en teoría sino de manera concreta haciendo realidad el significado de lo que es vivir dignamente, una nueva “idea” de lo que es vivir!?
¡VIVIR muchachas/chos!!! ¡Tan sencillo como eso!!!
Lo más gracioso es que ahora han agregado otras asignaturas más, «inmiscuyéndose» incluso en cuestiones internas hasta del propio peronismo; por ejemplo “¿Quién es más peronistas que quien?” ¡”Quien puede cantar y quien no la marchita peronista; adónde si y adónde no se la puede cantar”! (evaluación que se toma con los parámetros que brindan las diferentes y adecuables interpretaciones que se pueden hacer del concepto de propiedad -poco importa en este caso que sea intelectual- Nuestro actual Secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia lo padeció) O ¡quiénes pueden usar “legalmente” los símbolos del PJ! Como si lo “legal” fuera sinónimo de “legitimo”.
Es claro que exprofesamente “no recuerdan” que el genio de Perón, y previendo esto, dejó en su legado un mandato muy claro: “Mi único heredero es el Pueblo Argentino”. Los que como Manuk -del blog Anarkoperonismo.blogspot.com- y yo somos peronistas anarkos que heredamos una partecita del peronismo por mandato de Perón y por ser parte del pueblo Argentino (“Para un Argentino no debe haber nada mejor que otro Argentino”), debemos bloquear y/o anular nuestro “sentir peronista y argentino” porque “a los propietarios legales de la simbología” se les ocurre?
¡Lastima muchachos! ¡Somos incorregibles! Por lo general -Y GRACIAS A NUESTRO GENERAL- No le damos bola a nadie. Solamente, y como militantes que somos de una causa Nacional, Popular y Latinoamericana, le damos bola a nuestro sentimiento Peronista que por lo general -y no casualmente- coincide con el sentimiento de gran parte del pueblo Argentino que mal que les pese sigue siendo peronista.
Sin entrar a analizar el nivel de “antiperonismos” de los integrantes de las mesas examinadoras (porque son muchas y conformadas por lo más “selecto” de la ultra-izquierda, izquierda, derecha y ultraderecha, todos operadores que con sus acciones terminan siendo útiles y serviles a de los interese oligárquicos), y menos aún la “calidad moral” y el “des-compromiso social” de estos señores, asignaturas que traen “previas” por haber sido reprobados en los diferentes exámenes a lo largo de más de medio siglo, en la U.N:T.y.P.A. (Universidad Nacional de los Trabajadores y el Pueblo Argentino) en asignaturas como “Experiencia de gestión” y aprobados solamente en la asignatura: “De qué se trata una gestión desastrosa” (Alfonsín que llamó a una intelectual como la Sarlo; UCR-Frepaso lleno de izquierdosos intelectuales, hoy vueltos en “Kirchnerista de la primera hora Caso Filmus, por dar dos ejemplos). Poco queda por “rascar en terreno arenoso tratando de encontrar metal precioso”.
Los sentimientos son eso, sentimientos, inexplicables; algunos muy bellos por mostrar las facetas mas hermosas de la condición humana. Otros no tanto por lo contrario, pero ambos necesarios porque permiten aprender; porque gracias a ese aprendizaje algunos logramos superar los diversos estadios de nuestra evolución como especie; otros no aprenden y se estancan. En mi caso y entre los sentimientos bellos que siempre me acompañan está ese, EL SENTIRME PERONISTA, algo que a mí me resulta incomparable. Simplemente porque ese sentimiento me da libertad para decidir atarme -o no- al destino de mi pueblo, que en mi caso es lo que da sentido a mi existencia.
Por eso los dejo en la grata compañía del Compañero Alejandro Dolina que con su simple y notable erudición puede explicar mejor que este humilde peronista ¿qué es un sentimiento?; y el por qué del sentimiento Peronista.

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