LA LUCHA POR EL BANCO CENTRAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

Gentileza de Aldo Battisaco

Autores: Walter Formento y Gabriel Merino

 “Denme el control del suministro de dinero de una nación, y no me interesa quien haga sus leyes”

M.A. Rothschild

Más allá de las formas y ribetes que adquiere el hecho del pedido de renuncia del presidente del Banco Central, Martín Redrado, y su resistencia a dejar el cargo, y las discusiones formales e institucionales acerca de la conformación del Fondo del Bicentenario, lo que está en juego es el control del Banco Central de la República Argentina por parte de los distintos proyectos estratégicos en pugna que configuran el drama de nuestro presente y de nuestra historia.

La creación de un Banco Central independiente y autónomo de las políticas de gobierno, controlado por los pulpos financieros transnacionales a través de sus cuadros (léase Martín Redrado) formados en sus universidades (Harvard, etc.) y en sus organismos financieros (Director Gerente de Security Pacific Bank; Salomon Brothers), es una de las formas institucionales claves que adquiere el control global del dinero y del sistema financiero global para apropiarse de la riqueza producida por los pueblos. Un Banco Central por país y un Banco Central Global que es el Banco de Descuentos Internacionales de Basilea . A esto le sigue un conjunto de instituciones globales de control, coerción, reglamentación e instrumentación de las políticas neoliberales cuyas máximas expresiones son el FMI y el Banco Mundial.

Dos instrumentos legales cristalizaron en Argentina el cambio de correlación de fuerzas a favor del poder financiero transnacional, con preponderancia de las redes angloamericanas, y sellaron el triunfo de dicha estrategia: la Ley de entidades Financieras sancionada en la dictadura neoliberal del 76′ y la Carta Orgánica del Banco Central creada en los 90′ bajo el menemismo, con la conducción arquitectónica de Domingo Cavallo, mediante la cual se planteó como objetivo del Banco Central solamente el sostenimiento del valor de la moneda quitando a la entidad el compromiso con el empleo, el desarrollo nacional y el crecimiento económico. Con estos dos instrumentos legales se formalizó el control del sistema financiero argentino por parte del bloque de poder financiero-primario exportador, con la consecuente destrucción de las fuerzas productivas nacionales y el pasaje de de la pobreza del 5% del total de la población (1974) a casi el 60% (2002) y de la desocupación de un 3% (1974) al 28% (2002) llegando al 50% si se le agrega la subocupación.

La creación del Fondo del Bicentenario por parte del ejecutivo nacional para usar parte de las reservas acumuladas fue lo que medió para que estallara el enfrentamiento por el control del Banco Central. La aparente contradicción de que dicho fondo se utilice para pagar deuda o para garantizar la misma con el fin de obtener tasas más bajas y, por otro lado, que los mismos tenedores de la deuda (las redes financieras y sus instrumentos: fondos de inversión, bancos, aseguradoras, etc.) así como sus representantes y el conjunto de fuerzas del proyecto estratégico colonial financiero-primario-exportador (de derecha, centro, centro-izquierda, izquierda, más arriba o más abajo, concientes o funcionales, pertenecientes a una u otra fracción, pero todas parte del régimen y consecuentes con sus 200 años de historia) otorga un manto de oscuridad a la situación.

La pregunta es, ¿Por qué esta aparente ‘tibia’ medida provoca tal reacción de escala internacional?

Parte de la explicación podemos encontrarla mucho antes desde los propios órganos del globalismo financiero con el pago de la deuda al FMI, que deja manifiestamente ridiculizada la incapacidad intrínseca de algunos sectores pretendidamente populares para comprender la realidad sobre la cual intervienen y, por lo tanto, interviniendo mal, en contra de los intereses del pueblo. El periódico The New York Times es muy claro con respecto a este hecho: “…el pago de 9.800 millones de dólares es un hecho simbólico importante y una señal más de que el presidente Néstor Kirchner parece estar concentrando más poder en sus manos e inclinando el gobierno hacia la izquierda. Desde una victoria electoral en octubre, Kirchner avanzó para establecer una alianza con el líder populista de Venezuela, Hugo Chávez, y para extender el control estatal en la economía, el poder judicial y los medios de comunicación … se asoma la amenaza antiinflacionaria y Kirchner respondió de una manera estatista, intentando imponer controles de precios a ciertos productos esenciales… Chávez ya compró más de 1.000 millones de dólares en bonos y podría comprar otros 2.000 millones más. Eso, más las fuertes exportaciones, le dieron a Kirchner el margen que necesita para cancelar las obligaciones con el FMI y postergar futuras negociaciones sobres cuestiones como política monetaria y tarifas de servicios públicos.” (citado por el diario Clarín, 4 de enero de 2006).

Como claramente lo observa el propio periódico de Nueva York, el pago de la deuda al FMI, que fue coordinado regionalmente con Brasil y Venezuela, significó un “giro a la izquierda”, un cambio drástico en la política regional para avanzar en el control de la economía por parte del estado en detrimento del “mercado” (léase del capital concentrado conducido por los grandes jugadores mundiales). Es decir, un avance de la autonomía relativa nacional-regional para desarrollar un proyecto propio de industrialización y valor agregado o, por lo menos, para cercenar el poder del bloque neoliberal. Obviamente, existía y existe otro escenario posible que es el no pago de la deuda externa por ser una herramienta de saqueo de los pueblos impuesta a partir de la dictadura con la estatización de la deuda privada y la imposición de deuda a las empresas públicas para luego ser privatizadas a precio vil. Siempre existe en términos abstractos un escenario más progresivo, un escenario puro e ideal. Sin embargo, existe una correlación de fuerzas concreta, existen otros que tienen otros objetivos y fuerza para llevarlos adelante y bloquear las estrategias que afectan sus intereses; y, por otro lado, aunque fuera posible llevar adelante la medida máxima del no pago del 100% de la deuda no por ello hay que dejar de observar el significado concreto de un hecho a la luz del enfrentamiento del conjunto de los intereses en pugna. Parafraseando: ‘un paso adelante del movimiento vale más que mil gramos de teorías y proclamas’.

Será un ex director del FMI para el hemisferio occidental, el argentino Claudio Loser (formado en la Universidad de Chicago y el argentino que más alto llegó en el Fondo Monetario Internacional), quien desde la vereda de enfrente ponga claridad sobre el asunto del Banco Central y el Fondo del Bicentenario: “‘Mi interpretación y de otros es que el gobierno quería tener más recursos para gastar internamente ya que el presupuesto tenía las partidas’ previstas para la cancelación de vencimientos de deuda de 2010″ (El Cronista Comercial, 16 de enero de 2010).

Tal cual lo señala y reprueba Claudio Loser, la medida del gobierno significa, en primer lugar, mayor inversión pública con lo cual se fortalece el mercado interno y se motoriza la economía en un escenario de crisis internacional que constituye una oportunidad para los países dependientes o semi-coloniales para desarrollar sus propios objetivos nacionales. Ante la posibilidad de pagar deuda con reservas o garantizarla para bajar la tasa de interés que se debe pagar por el préstamo, quedan liberados recursos del presupuesto para destinarlos al mercado interno a través de la inversión pública, que los neoliberales denominan “gasto público” como forma simbólica en su lucha para deslegitimar y propiciar la destrucción de lo público-estatal-nacional- regional.
Por ello el diario Londinense Financial Times, principal órgano financiero global angloamericano, advierte sobre la cuestión: “El sumario despido del presidente del Banco Central de la Argentina , Martín Redrado, por parte de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, es una señal más de que dicho potencialmente próspero país está siendo conducido en círculos por el filoso timón del populismo peronista.” (Financial Times, 10 de enero de 2010). Dicha editorial observa como populista el destinar fondos para el mercado interno y la inversión pública, en vez de guardar dichas reservas para proteger el sistema financiero hecho a su imagen y semejanza, que en algún momento derramará prosperidad más allá de los bolsillos de un puñado de empresas. Es decir, las reservas tienen que estar, por ejemplo, para fugar capital con total tranquilidad como hicieron los últimos dos años con cifras exorbitantes y no para invertir internamente ya que ello es populista y afecta la prosperidad del país -o mejor dicho su prosperidad.

En segundo lugar, la creación del fondo significa saltear el ahogo financiero externo, establecido tácitamente a través de las tasas usurarias del 15%, establecidas a partir del “riesgo país” (que para los países semi-coloniales o dependientes mide el grado de acercamiento o alejamiento con respecto a los grandes intereses financieros en general y con respecto al JP Morgan en particular), que actúa como forma de apriete para que la Argentina se discipline a las reglas impuestas por los pulpos financieros mundiales, esto es, según el decálogo establecido: achicamiento de la inversión pública (salud, educación, trabajo, infraestructura, etc.= “gasto” público), suba de las tarifas de los servicios públicos, no intervención del estado en la economía (control de precios, retenciones a las exportaciones, estatizaciones, inversiones, etc.) salvo para defender los intereses del capital concentrado, imposición de las reglas de juego pretendidas por los inversores extranjeros que se denomina “seguridad jurídica”, etc.

En tercer lugar, significa mermar la autarquía e independencia del Banco Central respecto de los intereses nacionales y, por lo tanto, mermar su heteronomía y dependencia con respecto al capital financiero, especialmente a las redes angloamericanas transnacionales, de las cuales Martín Redrado (presidente del Banco Central, proveniente del Cavallismo, graduado en Harvard y ligado a Alberto Fernández) es su fiel representante. Este punto es central ya que hace al problema estratégico, al fondo de la cuestión. Por ello, la primer acción de Redrado, junto con los distintos actores del bloque agro-mediático-financiero, fue obstaculizar la conformación del Fondo del Bicentenario. Y, ante el pedido de renuncia por parte del gobierno, atrincherarse en su cargo mediante las formas institucionales como fiel guardián de la “independencia” del Banco Central o, desde el otro lado del mostrador, de la dependencia del Banco Central con respecto al bloque de poder establecido a partir de la dictadura del 76′ y consolidado en los 90′ después de terminar de destruir al pueblo mediante la Guerra de Malvinas y el Golpe Hiperinflacionario del 88′- 89′ .

Con la conducción de Redrado en el Banco Central se garantizó la fuga del país de 37.178 millones de dólares entre 2008 y 2009, seis veces lo que significaría el fondo del bicentenario. Evidentemente, en ese momento no le interesó demasiado cuidar el dinero de los argentinos sino que por el contrario, en plena crisis internacional, avaló en la práctica, esgrimiendo su autonomía e independencia del gobierno, una impresionante fuga de capitales que representan aproximadamente un 10% del PBI. Es decir, como garante del poder financiero, formado en las redes que tienen al Citigroup como vértice (la fracción de capital más golpeada con la crisis financiera ya que al Lehman Brothers se lo tiraron sobre sus espaldas) garantizó que dispongan libremente de la riqueza argentina en un contexto en dónde más había que protegerla. El decidió, fiel a sus intereses, proteger al poder financiero en detrimento de los intereses nacionales. Poco creíble su actual defensa acérrima de los “ahorros de los argentinos” y demás arengas en defensa de los intereses nacionales.

Redrado, sabiendo que su salida del Banco Central es cuestión de tiempo ya que la comisión que se conforma en el congreso para evaluar su destitución es sólo consultiva, logra producir elementos para orquestar una “crisis institucional” mediante la amplificación mediática y la puesta en funcionamiento de los resortes de poder de la restauración conservadora, además de que se posiciona como posible candidato a Ministro de Economía de cara al 2011 (o antes) si logran su cometido de derribar al gobierno; posibilidad “diagnosticada” por el semanario financiero británico The Economist (diciembre de 2009), propiedad de Rothschild-Financial Times (aquí Cronista Comercial, propiedad práctica aunque no teórica de De Narváez).

En realidad, la llamada “crisis institucional” no es más que otro momento superior de la crisis orgánica de la Argentina producto de la lucha por la hegemonía entre proyectos estratégicos. La institucionalidad, cristalización de una correlación de fuerzas, institucionalización de los intereses dominantes en el estado, es lo que está en crisis desde la propia crisis de la convertibilidad que era el manto jurídico a partir del cual se consolidó el bloque de poder neoliberal en los 90′ . Cada medida transformadora, cada reforma que implique un cambio de orden, una nueva correlación de fuerzas, un cambio que no puede ser absorbido por el sistema neoliberal, pone en crisis la institucionalidad emanada del mismo. El enfrentamiento entre poderes del estado y la lucha con la utilización de instrumentos institucionales no refleja otra cosa que el enfrentamiento entre proyectos en el estado de correlaciones de fuerzas en nuestro territorio nacional-latinoamericano que se expresa incluso como contradicciones al interior del propio gobierno, producto de que la crisis orgánica de la Argentina , en el marco de la crisis global, barrió con los partidos políticos que organizaban a la sociedad y que pasaron a organizar -una vez destruidos y cooptados- el régimen de dominio de saqueo del pueblo y la desorganización del pueblo. Pero la escala de la crisis orgánica, que aquí se desarrolla en todo su esplendor y en plena superficie, es parte de la crisis orgánica de Nuestra América que se debate entre lo nuevo -el proyecto nacional, popular y latinoamericano- y la restauración de los viejo -el proyecto financiero primario exportador (neoliberalismo en términos generales)- , y es parte de la crisis internacional que no es otra cosa que la lucha por el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial. Incluso Chile, país exaltado como modelo por las distintas fracciones neoliberales, entró en crisis con su modelo de progresismo financiero global-neoliberal, señalando que no existe posibilidad del híbrido neoliberalismo socialdemócrata (aquí ya estalló con la caída de De la Rúa , quien fue su estandarte), de un rostro progresista manteniendo la estructura excluyente, la fragmentación social, la desigualdad y el conjunto de los derechos humanos-sociales básicos privatizados.

Las llamadas “traiciones”, “golpes institucionales”, “movidas destituyentes” al interior del palacio protagonizadas por supuestos representantes del propio “gobierno”, que cambian su postura de la noche a la mañana, en realidad no expresan otra cosa que los tornillos que se aflojan a medida que se sumerge el submarino. Es decir, a medida que se profundiza el proceso de transformación, a medida de que en la resultante del gobierno -el poder ejecutivo- se producen cambios y reformas que rebasan los niveles de tolerancia de las estructuras de poder del régimen de dominio tradicional de la Argentina y sobrepasan los límites impuestos por los distintos intereses del bloque político-mediático financiero-primario-exportador porque producen transformaciones que instituyen los intereses del bloque nacional-popular de desarrollo industrial autónomo sostenido por el Estado, la producción y el Trabajo; a medida que se dan esos pasos, aunque fueran pequeños pasos, aunque a veces desde el campo del pueblo parezcan medidas tibias, los representantes de los intereses neoliberales, de sus distintas fracciones y expresiones políticas, de aquellas más débiles que incluso hasta ayer acompañaban -en función de sus intereses- el proceso histórico (cómo los grupos económicos locales), necesariamente se pasan “del otro lado”. En realidad no se pasan a ningún lado, siempre estuvieron allí, simplemente el tren siguió andando y ya no podían ir hacia la siguiente estación, se lo impide su lugar en el drama de la historia, en la estructura político-social, sus intereses concretos-materiales y su formación cultural.

Tanto Redrado-Citigroup-Clarin-Cavallo en la pelea por la política del Banco Central, como Cobos-AlbertoFernández-Clarín-Cargill-Citigroup con la 125 en 2008, o el Duhaldismo y el Vaticano en la discusión de la profundización del bloque suramericano-popular, la pelea contra el ALCA, la redistribución del ingreso con el restablecimiento de las paritarias y la presencia pública-estatal en la economía en 2005, ante ciertas medidas que afectan profundamente sus intereses estratégicos deben pasarse plenamente a la oposición política, utilizando incluso sus cuadros al interior del sistema institucional y que forman parte del “gobierno”.

La recuperación del Banco para los intereses nacionales

La respuesta institucional del gobierno al interior del Banco Central quitando la suma del poder a su presidente y volviendo el control del banco al directorio, es una medida central que trasciende incluso la coyuntura de la pelea con Redrado. Al haber delegado los poderes, el presidente del Banco Central poseía el control absoluto de la entidad. Si bien debía disciplinarse a la correlación de fuerzas y a las negociaciones con el gobierno, el margen de maniobra del presidente del Banco Central seguía siendo muy grande como para preservar la institucionalidad neoliberal y garantizar el control del sistema financiero argentina por parte de los Monopolios Financieros Transnacionales, Multinacionales y Regionales. Al haber 7 de los 10 directores del banco comprometidos o, por lo menos, cercanos a la idea y a los intereses que pretenden recuperar el Banco Central como herramienta de desarrollo nacional se da un paso concreto en el cambio de direccionamiento de la entidad.

Si esta ecuación se mantiene, con la política del Banco Central decidida por el directorio, incluso el otorgamiento de la presidencia a otro de los principales cuadros locales de los intereses financieros transnacionales, como lo es Mario Blejer, no mermaría el paso adelante que se ha dado.

Sin embargo, es solamente mediante la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, la sanción de una nueva ley de entidades financieras y la conformación del Banco del Sur junto con el establecimiento de la moneda común del Sur -el Sucre- y el desarrollo de un Fondo Soberano del Sur, que se puede retomar el control del Sistema Financiero nacional-latinoamericano, para que el sistema financiero deje de ser la herramienta central de despojo de los Argentinos y Latinoamericanos, desde el cual se subordinan-controlan el conjunto de actividades productivas para apropiarse de la riqueza producida por los pueblos.

No es casualidad que el gobierno de Venezuela, el 11 de enero de 2010, tomara la medida de utilizar las reservas para crear un fondo de desarrollo, en línea con la estrategia de la Argentina. Venezuela posee 35 mil millones de dólares de reservas y se consideran 28 mil millones el nivel a partir del cual se considera de libre disponibilidad (En argentina hay 47mil millones y 30mil millones sería el limite de libre disponibilidad) por lo cual va a destinar los 7mil millones de diferencia para la creación de dicho fondo. Es decir, se trata de una misma estrategia suramericana en línea para la creación del Banco del Sur, la moneda del Sur y Fondo del Sur para lo cual es imprescindible recuperar el control soberano del Banco Central y de las reservas.

Es importante entender, para no caer en proposiciones abstractas y voluntaristas, que la única posibilidad de tener la suficiente masa crítica de poder para recuperar el sistema financiero y el control soberano de la moneda, así como también para cesar el pago de la deuda e iniciar su revisión, es mediante la integración Suramericana y la conformación del Banco del Sur junto, la moneda del Sur y el Fondo del Sur.

La importancia del Fondo del Sur, en la triada de instrumentos, es central ya que constituye el instrumento económico estratégico desde el cual desarrollar las fuerzas productivas endógenas, en una escala regional y con conocimiento estratégico propio. Sumando además, su capacidad flexible de desplazamiento rápido para desarticular diferentes modos subterráneos de ataques financieros destituyentes. Bajo las formas actuales de producción, junto con la banca como instrumento formal del desarrollo de las finanzas se desarrollan, por debajo de la superficie y como unidad económica central, los fondos de inversión, los cuales constituyen un sofisticado instrumento de inteligencia-inversión que maneja una enorme masa de dinero invertida en acciones, bonos, etc., y a partir del cual se controlan los directorios de bancos y corporaciones tecnológicas, automovilísticas, energéticas, mediáticas, comunicacionales, agrícolas, educativas (y de todo tipo). Es decir, se desarrolla la red financiera transnacional, en donde los bancos constituyen parte de la gerencia estratégica y los fondo de inversión son el dispositivo central de una red hiper-diversificada, con un máximo de anonimato y “clandestinidad”, donde se concentra la capacidad estratégica de operar globalmente controlando (y disputando el control) de las principales corporaciones multinacionales, que a su vez controlan hacia abajo a su red de proveedoras y tercerizadas.

Por ello en el escenario actual el conjunto de países-actores-territorios subordinados desarrollan estatalmente los fondos soberanos de inversión para contar con una herramienta económica (nutrida por lo general de las rentas producidas por la exportación de materias primas) que le de la fuerza necesaria, con la escala suficiente y la concentración de medios adecuada, para tener una relativa independencia en el escenario global. Este es el caso de China, Rusia e Irán (e incluso Francia) aunque no hay que confundir con otros fondos de países más bien cercanos a los poderes financieros globales, como en el caso de los Emiratos Árabes Unidos. Estos fondos soberanos constituyen una herramienta de poder con el cual avanzar en términos públicos-estatales sobre el control de la economía, enfrentándose al control capilar que las redes financieras mantienen sobre el conjunto de la producción, controlando los nodos centrales del proceso de generación de riqueza. Obviamente, la escala de los fondos soberanos, incluso de China, no llegan a compararse con la inmensidad de la escala de los fondos financieros transnacionales angloamericanos (y otros de menor escala como los japonenses y franco-germanos). Un fondo como el State Street Corp, fundado en Boston en 1832 y ligado al Citigroup (mayor accionista de dicho banco antes de la debacle financiera), tiene bajo custodia 17,9 billones de dólares (superando el PBI anual de los EEUU) y posee bajo administración 1,7 billones de dólares (aproximadamente 5 veces el PBI anual de argentina), dinero con el cual posee porcentajes de cientos de empresas multinacionales, a través de los cuales es parte de su directorio.

Desarrollar una escala regional y pensarnos en términos de nación latinoamericana-iberoamericana es la única forma de:
- tener la fuerza para imposibilitar las movidas hiperinflacionarias y las corridas financieras que repetidamente los dueños internacionales del dinero lanzan a aquellos que pretenden huir de sus garras;
- tener la escala suficiente para repatriar las Reservas (que son nuestras pero están afuera financiando, por ejemplo, la capitalización del sistema financiero global para rescatarlo después del desfalco);
- romper con la dependencia del Central al Banco de Descuentos de Basilea y que pase a depender de Banco Propio;
- establecer un Fondo de Inversión del Sur para el Desarrollo;
- controlar soberanamente la moneda (que como equivalente general es ante todo una correlación de fuerzas, por lo cual se entiende que EEUU tenga una emisión monetaria del 340% del PBI, sin ningún respaldo en Reserva y nosotros tengamos una emisión del 16% de nuestro PBI), para que la moneda sirva como instrumento de desarrollo y no como instrumento de estrangulamiento económico y despojo mediante la subemisión monetaria (ver Si el Banco Central fuera nuestro todos los argentinos seríamos ricos, Walter A. Moore, 2-11-09);
- modificar la carta orgánica del Central para que no sólo proteja el valor de la moneda sino que también tenga como objetivos el crecimiento, el pleno empleo, el desarrollo y la distribución de la riqueza.

En Resumen, con el desarrollo y la expansión de las redes financieras transnacionales, al comando del bloque de poder angloamericano, el orden institucional que comenzó a configurarse es el del Estado Global, siendo la crisis actual parte de esa transición. El imperio global del dinero, o la forma imperialista más avanzada del capitalismo financiero transnacional, buscó institucionalizar como núcleo central de su dominio, el control del dinero y el control del sistema financiero mundial. En tanto la forma de capital dominante es el capital financiero, específicamente en su forma transnacional en la escala actual, dicho control permite configurar el mundo a su imagen y semejanza, desarrollar su poder transnacional, subordinar a los pueblos del orbe, como así también a bloques de poder y formas de capital más débiles.

Como ya lo dijo con claridad el famoso banquero M.A. Rothschild “Denme el control del suministro de dinero de una nación, y no me interesa quien haga sus leyes”. Eso es lo que está en juego en la Argentina y Latinoamericana, y no si el decreto del ejecutivo es correcto o no, si se dieron los pasos necesarios o no y si se respetó la forma de destitución del presidente del Banco Central. Sobre esta superficie acontece una batalla de escala global, para la cual es necesario comprender profundamente que la nación será latinoamericana o la nación nunca será.

CIEPE, enero de 2010

“CONSTRUYEN LA SENSACIÓN DE QUE NUNCA ESTUVIMOS PEOR”

diego-capusotto

Diego Capusotto. Encarna el humor subversivo que enfrenta a la corporación mediática. Sagaz crítico de la realidad, se burla de los popes del rock y de la pompa setentista. Se declara más cerca del oficialismo que de la oposición. El fútbol, la nueva Ley de Medios y la marihuana, en la óptica de un hombre que no se deja ganar por el discurso del miedo.

 

 

Por Diego Rojas

Ahí estaba él, sentadito con su pulóver de lana en medio del salón Libertador del Sheraton Hotel durante la noche de entrega de los premios Martín Fierro. Las estrellas televisivas desfilaban sobre la alfombra roja, en plena exhibición de los atuendos creados por los diseñadores de moda y en brindis festivo y ostensible. Él, ahí: sentado con su pulovercito hippie. Hasta que anunciaron el premio al mejor programa cómico y Diego Capusotto se levantó de la mesa junto a Pedro Saborido, subió al podio, levantó la estatuilla y propuso: “Que disfruten del sueño”. Acababa de recibir un reconocimiento más a su trabajo, el mismo que lo convierte, según las palabras de Horacio González, sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, en el principal crítico cultural de nuestra época. No se había sacado el pulovercito.

Capusotto, el humorista más potente de los últimos tiempos, es un fenómeno de masas incorporado definitivamente al imaginario social argentino. Sus creaciones se difunden no sólo a través de la televisión (donde a partir del lunes presenta en Canal 7 una nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos) o la radio (donde continúa su programa Lucy en el cielo con Capusottos, en la Rock & Pop), sino que se replican en la Web, mediante las filmaciones que se cuelgan en YouTube y que luego se reenvían por e-mail al infinito. Pese a cierto prejuicio que sólo atribuye masividad al humor liviano, sus personajes, que se burlan de los popes del rock y de la pompa setentista, también interpelan a la realidad política con una sagacidad que ya quisieran los más renombrados analistas.

El segmento radial “Hasta cuándo” es la más brutal denuncia del accionar de los medios en la generación de un estado de paranoia, una parodia de la cadena nacional de malas noticias -a la vez que señala cómo una parte de la población se suma entusiasta a esta visión catastrófica de las cosas-. Una estrategia que usa la corporación mediática y que sólo beneficia a la derecha, que suma así adeptos a sus argumentos. La recién presentada Ley de Medios apunta a desmontar esa percepción monolítica de la realidad y quizá permita una apertura de discursos. Eso entusiasma a Capusotto que, dice, está más cerca del oficialismo que de la oposición.

Su prepotencia de trabajo, sumada a un talento desmesurado, redundan en un reconocimiento social que se mide con la vara más exacta: los dichos de sus personajes se transforman en latiguillos usados en el habla cotidiana. Esa es la más maravillosa música a la que un artista popular puede aspirar.

El actor elige un típico café de su barrio para la entrevista con Veintitrés. El bar El Progreso, con sus mesas de madera antigua y con sus parroquianos que forman la postal arquetípica de la porteñidad, es el escenario del encuentro. Al que Capusotto asiste abrigado con un pulovercito similar al que usó la noche de los Martín Fierro.

-¿Vivís hace mucho en Barracas?

-Hace trece años ya. Mis hijas son de Barracas. Yo soy más de zona oeste. Viví en Luro desde los seis años, antes vivía en Castelar, del que tengo un recuerdo muy vago: las calles de tierra, mi casa. En Luro viví de chico, de adolescente y de adulto.

-¿El barrio marca tus elecciones estéticas o ideológicas?

-No. Hay gente de mi generación con una conexión fuerte con el barrio. Para mí, no es una elección a la hora de actuar. En el barrio hay gente garca, que hace negocios, que quiere salvarse y cuya vida gira en torno a la acumulación material. Circulan cosas interesantes y cosas de mierda. Existe una especie de religión que se basa en moverse como pez en el agua en lugares de mierda mientras los demás se ahogan. El barrio es un lugar donde te conectás con gente que tiene su vida y su mundo y, si no te construís a vos mismo, cagaste. Porque el barrio también es un pelotudo que te aconseja cómo cagar a los demás. No es un lugar habitado por seres nobles y duendes que te dicen que vivas como quieras y andes con la ligereza poética de un ave y te conviertas cada tanto en un puma porque estás rodeado de hijos de puta. Te lo pueden decir dos o tres, los que finalmente elegís como amigos.

-Sos un fenómeno que excede lo televisivo, ¿cómo convivís con esa figura?

-Dejo que se apropien de esto que ven. Nunca me consideré un fenómeno: sólo hago las cosas que me salen. Pedro Saborido me manda unas cosas que escribió a las tres de la mañana, las leo, me cago de risa y, finalmente, las ponemos en acción. Eso del fenómeno es una frase que me viene, no es algo que yo exhale. Mucha gente comparte lo que hacemos y son aliados de una idea que no pasa sólo por reírse.

-La masividad e influencia de tu propuesta, ¿implican una responsabilidad?

-La responsabilidad es ser fiel a lo que estoy accionando, nada más que eso. Podés hacer reír a alguien y, siempre que te hacen reír, sos feliz. Esa es una responsabilidad. La otra es que tenemos un modelo de conducta que puede ser observado con cierto respeto. Estar en un medio masivo te puede colocar en una carrera de superación. Sin embargo, este momento es nuestra superación. No quiero llegar a ningún lugar en la televisión, es más, quiero mantener este lugar de autogestión, donde no hay disputa de poderes y donde no se necesita que las ideas sean transformadas para tener más rating. No cambio este lugar y menos con 48 años.

-¿Te ofrecieron ir a otro canal?

-Desde ya. Para la óptica de la televisión, este es un programa vendible, que puede estar en un canal y un horario de mayor difusión. Pero no me interesa, no es nuestra ambición. Este año queremos hacer ocho programas, nuestra cantidad ideal. Estar en un lugar donde nos lo permiten es un privilegio.

-Tus programas excedieron el marco de la televisión. Peter Capusotto explota en YouTube, lo mismo el programa de radio.

-Sí. No sólo eso, Internet te permite llegar a otros países. El otro día me hicieron una nota de un medio de Chile, porque miran el programa por Internet. Su alcance tiene muchos caminos. Nunca tuvimos una preocupación por el rating, porque sabemos que el ciclo tiene mucha circulación y aceptación. No tenemos nada más que hacer, salvo seguir celebrando los encuentros para que este programa siga funcionando.

-Tu humor sorprende por su precisión en los tiempos políticos. Pasó con Bombita y con “Hasta cuándo”. Se podría aventurar que Capusotto y Barcelona son los medios que mejor expresan la realidad política.

-El humor siempre tiene una conexión con los signos de la realidad. Muchos tienen que ver con los comunicadores que hacen la puesta en escena de un mundo real. Metrallean mucho, pero no profundizan los fenómenos. Mirá, lo reafirmé hoy cuando miraba el canal de videos Quiero música en mi idioma. El videograph pasaba noticias policiales, un asesinato en Barracas. Si eso no es reflejo de una ficción construida para que todo el tiempo tengamos la idea de la muerte y la inseguridad en nuestra piel, bueno, a las pruebas me remito.

-¿Cómo actúa el humor frente a eso?

-La tomamos y la destrozamos mediante la parodia. La burla es infranqueable: las cosas de las que te burlás no te pueden contaminar porque hay una lectura previa a destrozarlas, un sustento ideológico. Es como decir: “A mí no me contaminás, no me la vendés”. Otras cosas rozan otros mundos, totalmente desopilantes, que no tienen conexión con los signos de la realidad. En algunos personajes, la realidad se hace más presente, como en ese monstruo, Micky Vainilla, disfrazado de cantante pop y que es, en realidad, un virus que se mete en ciertos lugares para empezar desde allí su plan de exterminio.

-Decís que la parodia puede destruir una concepción ideológica. Bombita es irónico, pero no intenta destrozar a los setentistas.

-Es una mirada sobre algo que tuvo su densidad, su construcción política. Un Palito Ortega montonero está compuesto por dos imágenes antagónicas que nos causaban gracia. Nunca pensamos en la derrota del discurso setentista, vulgarizado en las letras de Palito. Todo lo contrario. Rescatamos esa construcción que terminó en una gran derrota general, el imaginario que representó el retorno de Perón y en lo que devino. Había una gran masa crítica, gente muy valorable y gente de mierda. Y ganaron los malos. Por eso algunos que fueron militantes ven en Bombita una reivindicación personal, porque es un tipo que militó, aunque nosotros no lo hicimos.

-Ese momento político también te marcó.

-Nos rozó porque tuvimos hermanos mayores que militaban. Esa época nos atravesó, aunque en el ’73 yo tenía doce años y Pedro era más chico. Era el momento en que se pensaba que la película podía terminar bien. Perón excedía la simbología del líder político, representaba el regreso de algo vinculado a los sectores populares, a la idea de poder tener una identidad. Se venía de una dictadura, del Mayo Francés, había algo que estaba pugnando por tener presencia.

-¿Siempre te sentiste peronista?

-Sí, el peronismo es casi una expresión emotiva. Te hacés peronista por lo que está enfrente, que tiene una raíz antiperonista. No son nihilistas: a un nihilista yo lo respeto. Pero a lo que está enfrente, nunca lo he respetado. Eso te va empujando. Porque el peronismo es el peronismo y es la idea del peronismo. Es algo que tal vez no fue posible, pero que sobrevoló como posibilidad. En el otro lado, nada, la restauración conservadora, esa cosa espantosa.

-El gobierno rescató símbolos de los ‘70.

-Sí. Y, en un punto y salvando las distancias, se vuelve a repetir la historia. El movimiento peronista excede el kirchnerismo. Uno se pone en sectores antagónicos a la oposición. No hace falta ser muy perspicaz para saber quiénes realizan la construcción contraria al Gobierno para tomar el poder. Son los que permiten que el vicepresidente de la Nación trabaje para la oposición. Y eso que está todo bien con que Cobos sea vicepresidente y tenga posiciones, algo que desde ya nadie de la oposición podría soportar. También es cierto que en toda construcción hay errores, pero en este caso puntual hay ciertos errores que se podrían haber evitado. En lo comunicacional, por ejemplo. Pero, por otro lado, los errores del Gobierno no llevan a que se construya una oposición. Estuvo agazapada desde el primer día esperando el momento de atacar. La sensación, y lo digo con cierto pesimismo y dolor, es que serán los nuevos enemigos de la sociedad. No sólo han tenido injerencia, sino que han sido parte del poder en la Argentina.

-Hay humoristas que difunden las imágenes que plantea la oposición: una Cristina exasperante, preocupada sólo por la ropa, un gobierno casi dictatorial. Se ve en el humor gráfico de Nik en La Nación o en Perfil.

-Que cada uno haga lo que quiera. Nik está en La Nación, qué va a escribir Nik. Estas construcciones generan eco entre la gente y, por otro lado, caen en lo pueril, como cuando dicen que terminaremos como Cuba o Venezuela. Marcan a ese tipo que balbucea cuando habla sobre la inseguridad y le decís: “Imaginate, en Estados Unidos voltearon dos torres y no sé si fueron ellos mismos y mataron a tres mil personas, ¿de qué seguridad me hablás?”. O: “¿Qué seguridad, si mi generación se crió con la dictadura, con Malvinas, con la hiperinflación, con el menemato, con la Alianza, los 35 muertos en la calle y el corralito?”. Nunca hubo seguridad jurídica en nuestro país. Construyen con el lenguaje la sensación de que nunca estuvimos peor que hoy. Es la exasperación de lo más berreta. Es Biolcati hablando de un piquete de blancos con Grondona.

-En la Rural apeló a la Patria 50 veces.

-Un discurso que podría haber sido realizado dos meses antes del ’76. No porque vaya a suceder, sino porque hay una sociedad que empezó a creer que ese discurso es posible. En 2005 a la gente le chupaba un huevo escuchar que Kirchner era soberbio con el periodismo. Entonces se sacralizan signos: el campo es lo bueno y el Gobierno es lo malo. Y para mí los malos son los que más putean contra el Gobierno.

-¿Y Pino Solanas?

-Pino no sé. Lo vi también bastante exacerbado contra el Gobierno y me pareció un poco funcional a ese discurso. El sector donde están Pino o Sabbatella es crítico del kirchnerismo, pero no está montado en la gran jineteada nacional. A Pino lo vi en charlas amenas con Grondona que me provocaron un poco de rechazo. Es un momento emocional. Soy más afín a lugares que están vinculados al oficialismo que a los que no.

-¿Qué pensás de la izquierda?

-Y… si te hacés trosko para sacarte la foto con Biolcati, no te hagás trosko. Vilma Ripoll puso la excusa de que no podían dejarle la calle a la derecha, pero eso devino en la foto con ese tipo. Y no sólo ella, también estuvieron los maoístas, que siempre fueron traidores, desde que apoyaron a López Rega en el gobierno de Isabelita.

-Hubo una izquierda que no apoyó al campo.

-Sí. Son los que acumulan desde la universidad y después no quieren disputar el poder real. Si no querés el poder, hacete nihilista.

-¿Qué pensás acerca de la ruptura del acuerdo entre TyC y la AFA?

-Está muy bien que el fútbol pueda ser visto por todos. Después la oposición plantea otras discusiones: “Ah, ponen plata para el fútbol y no para el hambre”. Y lógico. La plata tiene que ser para la gente que lo necesita. Pero los que declaman eso nunca hicieron políticas abarcativas, no jodamos. Ya la presencia en el fútbol está limitada si sos visitante o si no sos socio. Es accesible sólo si podés pagar. Eso que era compartido desde el más humilde hasta el dueño de una fábrica hoy está reservado al dueño de la fábrica. Si no pagás para mirar fútbol, mejor. Pero claro, detrás están los intereses de ese submundo. Como idea proyectiva me parece maravillosa aunque no sé en qué terminará. En definitiva, que mirar fútbol sea gratis, no está mal en absoluto.

-La medida desató una dura ofensiva contra el Gobierno por parte del Grupo Clarín.

-Desde ya. Esto comenzó hace dos años y no va a parar. Hacen parecer que la confrontación viene de un solo lado y que, del otro, está Biolcati con su vaquita mansa, Biolcati hablando de San Martín y Belgrano. ¡Lo hubiesen sacado a patadas en el culo a San Martín de la Rural!

-Se está presentando la Ley de Medios en el Congreso, ¿qué opinás?

-Es necesaria. Tal vez hubiera sido mejor que se presentara en un momento de menos confrontación. Los sectores de poder plantean un discurso único siempre. Por eso Clarín, que forma parte de ese poder y es un monopolio, se siente atacado. El presidente de TyC dijo que la mejor democracia es que haya que pagar para ver fútbol, eso es capitalismo puro.

-¿Creés que hay un fusilamiento mediático, como denunció Cristina?

-Hay decisiones que perjudican a ciertos intereses. En una confrontación, las partes siempre apuntan a señalarse como víctimas y la población queda rehén en la disputa sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si la Presidenta dice eso es porque está en un conflicto de poder que la roza. Es claro que hay una política de desgaste, verbalizada por la oposición, para que el poder pase de bando. En ese marco, me preocupa mucho más lo que dice Biolcati.

-¿Hay un cambio en el Gobierno desde la derrota electoral?

-Recuperó la iniciativa. Pero lo principal es que la oposición no asume la construcción de un poder proyectivo. Sólo dice que todo está mal. El Gobierno muestra más solidez y potencia mediante acciones concretas como la Ley de Medios o el fútbol. La oposición retrocede pero, ojo, se agazapa para atacar después. La política es conflicto, no es consenso. ¿La democracia el reino del consenso y el debate? ¡Vamos! Se trata de una lucha para ver cuánto cedemos y cuándo volveremos a atacar.

-¿Qué pensás sobre la despenalización del consumo de marihuana?

-Las decisiones que toma un adulto, entre ellas fumar marihuana, son absolutamente personales. Fumar no tiene ninguna vinculación con el delito ni con su demonización. Los sectores que se oponen tienen una visión de la vida macabra, una moralidad sobrecargada y casi estafadora. Plantean que se usan drogas para delinquir, pero ¿qué hacen los custodios de la moral para evitar el delito? Condenan pero no arreglan las dificultades

-Ciertos adolescentes toman al personaje de Micky Vainilla sin la distancia de la ironía y siguen sus dichos al pie de la letra.

-Ah, sí. Pero para eso están los padres que verán el programa con los chicos y les explicarán que Micky es una ironía, algo monstruoso y no reivindicativo del racismo. No me puedo hacer cargo de lo que puedan pensar respecto de un personaje. También Charles Manson mató a doscientas personas porque decía que Lennon le ordenaba matar. Lo que tiene el humor es que, a veces, deja al desnudo la propia miseria y es algo que no nos gusta ver.

-¿Qué ves con tus hijas en la tele?

-Ellas ven cosas ligadas a su mundo infantil. La mayor, que tiene 10 años, empieza a estar más conectada conmigo y a interesarse más en mi propio mundo. Debe estar en una etapa de enamoramiento del papá. La de seis años es totalmente dorada, construye sus castillos de princesa en los rincones de la casa. Tiene un mundo interior muy fuerte, pero todavía no llegó a la etapa en la que escucha muchas voces para formar su voz propia, la que elija y que yo acompañaré hasta el final. Ahora escuchamos música juntos, por ejemplo.

-¿Cómo vive tu familia tu exposición?

-Las nenas lo empiezan a sentir, pero estoy en casa bastante, tengo una presencia interesante en esta etapa. Mi vieja vive, mis dos hermanos murieron, tengo una familia no muy numerosa. Mi vieja está muy contenta, y más con el reconocimiento actual. A los 16 años, yo quería jugar al fútbol y mi viejo me respaldaba, pero también tenía que estudiar porque la posibilidad de jugar dos años y que te lleven a Europa era impensable. Más grande, empecé a estudiar teatro y a frecuentar los lugares que elegí.

-Sos jurado en el Festival de Cine de Diversidad Sexual.

-Lo hago para hacerle la gamba a mi amigo Fabio Zurita, que lo organiza. Tengo interés, claro, en los encuentros sexuales que, en algunos casos, pueden ser muy celebratorios, y en otros, una forma más de la mentira. El sexo está entre las diez cosas más felices de la vida. De todos modos, quiero desmitificar que los hombres la chupan mejor que las mujeres. O al menos, yo prefiero que me la chupe Cameron Díaz a Elton John. La técnica masculina en el sexo oral no es algo que me preocupe. Lo he probado y es pura mitología. Y desde ya no se puede comparar a Cameron Díaz con Elton John y ni siquiera con George Michael.

Veintitrés

ENTERDER POR EL ABSURDO

ME CONVENCIERON

 

Después de analizar las razones por las cuales este proyecto ha llegado a

su fin, debo confesarles que me convencieron:

 

NO VOY A VOTAR A KIRCHNER NI A SUS CANDIDATOS.

 

Por supuesto que ya mismo le voy a decir NO a todo lo que hicieron Nestor y Cristina y quiero que me acompañes con tu firma al pie de la proclama:

 

RAZONES

1. NO a la nacionalización de las AFJP:

Quiero que ya mismo se las devuelvan a los bancos extranjeros y que la caja la manejen ellos.

 

2. NO a la recuperación de los salarios de los Jubilados:

Quiero que deroguen ya mismo el aumento dos veces al año que votó el

Congreso y que volvamos al valor histórico de $130 no actualizables.

 

3. NO a la jubilación universal:

Que los que no hicieron aportes, no se jubilen, como era antes, y que

devuelvan la plata todos esos que se jubilaron injustamente. Son apenas 1.800.000 viejos.

 

4. NO a las retenciones a la soja:

Que el 100% de las ganancias extraordinarias se las queden las 2.000

familias y empresas multinacionales que exportan soja, y que no se la

reparta entre el resto de los argentinos.

 

5. NO a la recuperación de los pequeños agricultores:

Que el Banco Nación les ejecute los campos o se los vendan a los grandes grupos agrícolas o a los inversores extranjeros.

 

6. NO a la vuelta al crédito:

Quiero volver al 2003, nada de compra de autos cero kilómetro, ni cocinas, ni calefones, ni computadoras pagadas en inútiles cuotas. No quiero que laburen los trabajadores de esas empresas, que los despidan si no venden.

 

7. NO a la generación de empleo:

Los 4 millones de argentinos que consiguieron trabajo, ¡que los devuelvan!

 

8. NO al dólar alto:

Que favorece a los exportadores solamente. Quiero volver al uno a uno,

aunque haya muchos desocupados, vamos a volver a viajar por el mundo.

 

9. NO a la Unión Latinoamericana:

Quiero volver a las relaciones carnales con EEUU, nada de relacionarse con países atrasados de América. Bloqueo a Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Paraguay, Nicaragua y recontra bloqueo e inundación a Cuba y todos los cubanitos.

 

10. NO a la nacionalización de Aerolíneas:

Quiero que vuelvan a manos de la madre patria, ellos son los mejores desguazadores. ¿Por qué la madre patria? Porque cuando tuvieron hambre le enviamos trigo y cuando estuvimos mal nos ayudaron con empresas como Repsol y Telefónica. Aunque perdamos algunas rutas aéreas a manos de otros países y vendamos los aviones, todavía podemos viajar con LAN Chile.

 

11. NO a las 700 escuelas:

¿Quién se cree Kirchner? ¿Sarmiento? ¡Demolición ya!

 

12. NO a la limpieza de la Corte Suprema:

Quiero volver a la corte Menemista. Quiero volver a la justicia anterior.

¡Antes no había justicia obsecuente del Poder Ejecutivo!

 

13. NO a la política de Derechos Humanos:

No hay que juzgar a los represores, no hace falta. Que devuelvan la ESMA a los fines anteriores, y por favor… repriman los reclamos populares ¡Hace más de 6 años que no muere nadie en una manifestación!

 

14. NO a la estatización del Correo:

Que se lo devuelvan a Macri, y ya que estamos que le perdonen la deuda de más de 700 millones que debía de canon.

 

15. NO a los planes sociales:

Los que tienen hambre que salgan a pedir a las calles y que coman de la

basura o en ollas populares en las plazas, y si saquean… ¡MANO DURA!

 

16. NO a la recuperación de la Fábrica de Aviones de Córdoba:

¿Para qué? Si podemos comprar aviones brasileños, no necesitamos

fabricarlos acá.

 

17. NO a la derogación de la Ley de Radiodifusión de la Dictadura:

Quiero que los medios sigan en pocas manos privadas y quiero seguir pagando para ver el fútbol. ¡Aguanten Clarín, Hadad y Tinelli!

 

18. NO al aumento del presupuesto educativo:

Vamos a volver al 1,2% del PBI de 2003, y rechazo el aumento al 6% actual que es excesivo.

 

19. No a la recuperación del CONICET:

Si tenemos tantos científicos por el mundo ¿para que los queremos acá? ¡Que se vayan!

 

20. NO a este gobierno:

Quiero que vuelva a gobernar cualquiera. Los de la Alianza (Lilita,

Stolbizer) o los de Menem (Macri, Solá, De Narváez), me da lo mismo.

 

Si vos firmás, yo firmo.

 

¿Me ayudás?

 

 

Aunque te digo la verdad, no creo poder hacerlo ni aunque firmes ante

escribano público.

  

Que tengas un gran día!

 MABEL SAMPAOLO