El Periodismo, los Partidos Políticos y los Poderes Públicos encubriendo la Corrupción de la Ciencia Argentina.

Envio del autor para publicación sin censura (La Redacción)

 

Por Eduardo R. Saguier

Mil millones de dólares prestados por el BID a la Argentina para ser distribuidos entre científicos y funcionarios y no para la infraestructura científica (1997-2007).

En la prolongada contienda por descifrar la telaraña del miedo en la ciencia argentina fue preciso abundar con detalle en la realidad de los ámbitos periodísticos, políticos y judiciales que la han ignorado o tolerado.
Entendemos que la tarea de esclarecimiento es imprescindible para poder comprender el porqué de la irresponsable complicidad de la clase política, periodística y judicial con la cuestión del miedo. Esta tácita complicidad puede atribuirse a múltiples causas entre las cuales cabe conjeturar la existencia de:

a) ignorancia de la existencia de una asociación ilícita en los organismos científicos del estado;

b) desinterés crónico por una política de investigación que exhiba en la vidriera de las prioridades públicas la producción de conocimiento crítico; y

c) oportunismos temáticos y personales que esquivan temas de estado.

En efecto, un periodismo político, una acción político-partidaria y unos poderes públicos (judiciales y legislativos) que ignoran la existencia de un miedo generalizado y justificado en las filas del CONICET (seis mil Investigadores de carrera), un verdadero campo de concentración científico (CCC), cautivo de un Directorio fraudulento, corrupto y despótico, íntimamente conectado con los Directorios de la CONEAU y de la Agencia Nacional para la Promoción Científico-Tecnológica (ANPCYT), que subsisten bajo una gran campana de silencio en que consiste el sistema de educación superior, habrían venido esterilizando a la sociedad civil y a la comunidad científica. Este creciente vaciamiento de la sociedad civil y de la comunidad científica se habría agravado al extremo de estar incubando el conocido huevo de la serpiente (en Alemania dicho huevo se habría iniciado en 1933 con la expulsión de profesores en la Universidad de Friburgo durante el rectorado de Martín Heidegger).

En el sentido institucional, el CONICET debe ser el único organismo científico del mundo donde no existe intermediación alguna entre su máxima autoridad que es el Directorio y los árbitros o pares evaluadores que tienen la responsabilidad de dictaminar sobre los Informes Periódicos de sus Investigadores, situación heredada del inconstitucional Decreto Reglamentario 1661/96. Pero a diferencia de las Universidades Nacionales, donde existen al menos diversos órganos de intermediación entre los Consejos Superiores y el alumnado, tales como los Consejos Directivos por Facultad y las Juntas Departamentales por Departamento, en el CONICET las Comisiones Asesoras por área de conocimiento son integradas por el dedo dictatorial de su Directorio, sin participación alguna de los Investigadores de las Comisiones correspondientes.

Por otro lado, la complicidad tácita de la clase política y periodística se habría extendido a la vigencia de patologías enfermizas y de oportunismos temáticos. Entre dichas patologías descubrimos que nuestros Investigadores se ven constante y compulsivamente inducidos a llenar complejos formularios online para objetivos diversos que se pueden resumir en un hipotético rubro de sobresueldos (incentivos, subsidios, ascensos, asesorías, viáticos, etc.). Asimismo, observamos la reiterada manipulación de estadísticas creativas (destinadas por la Agencia para informar al BID) y de la manipulación de nomenklaturas varias, con sus respectivos parentescos, donde no existe participación alguna de los docentes-investigadores (comisiones asesoras y juntas de calificaciones). En el seno de dichos organismos de ciencia es de estilo reglamentario que los ascensos se produzcan por antigüedad y a solicitud de parte y no por mérito científico alguno. Pero también es frecuente encontrar en las unidades académicas universitarias de todo el país relaciones nepóticas de cónyuges, cuñados, concuñados y suegros con yernos y nueras incluidos, financiados todos ellos por la Agencia. En Exactas de la UBA, para dar un claro ejemplo, el Consejero docente Juan Pablo Paz y su ex mujer Silvina Ponce Dawson se beneficiaron con sendos subsidios de la Agencia que suman entre sí más de un millón de pesos.

La existencia de oportunismos temáticos, que esquivan temas de estado –como el de la formación de una elite crítica– se puede comprobar en: a) la prelación permanente que se otorga a temas mediáticos y de ocasión tales como las retenciones agrícolas, los medios de comunicación y las reservas del Banco Central; y b) la reducción de la discusión sólo a temas de dinero, presupuesto y patentes por encima del de las inexcusables y postergadas condiciones institucionales del debate científico (órganos de participación).

Unos periodistas y unos políticos legisladores que practican un desinterés crónico por una política de investigación (que exhiba en la agenda pública la crisis moral de la producción científica) se puede comprobar en los temas de debate elegidos y en la identidad de los convocados por los medios de prensa, generalmente siempre los mismos, como los soldados de la ópera Aída. Que se sepa jamás un programa televisivo o radial o un periodista político (Aliverti, Bonelli, Caparrós, Castro, Eliaschev, Grondona, Jacobson, Lanata, Leuco, Lotuff, Majul, Mariño, Morales Solá, Pastor, Ruiz Guiñazú, Santillán, Santoro, Sietecase, Tenembaum, van der Kooy, Zlotogwiazda) o un Diputado o Senador Nacional integrante de las Comisiones de Ciencia y Técnica del Parlamento (Cabanchik, Gribaudo, Bullrich, Iglesias, Prat Gay, etc.) o dirigentes de partidos opositores (Sáenz, Carrió, Pinedo, Solá, Solanas, etc.) han visitado las oficinas del CONICET o de la Agencia de Promoción Científico-Tecnológica (ANPCYT) o entrevistado a voces críticas, para conocer lo que allí ocurre.

En muchos casos se cierne la sospecha que la parálisis indagadora de los políticos y legisladores opositores obedece a intereses personales o de facción que induce a muchos a vender su silencio por un plato de lentejas. En el caso de la Coalición Cívica (CC), por dar una muestra, la existencia de parentescos sospechosos despierta la suspicacia. El Investigador biólogo Gonzalo Prat Gay (Fundación Leloir), ha sido beneficiario de cinco (5) subsidios consecutivos de la Agencia que suman más de un millón de pesos, y su parentesco carnal con el ex Presidente del Banco Central y actual Diputado de la CC miembro de la Comisión de Ciencia y Técnica, de igual apellido, apuntalan la sospecha inicial. También se desconoce que parentesco existe entre la Directora del Instituto Hannah Arendt (CC) Lic. Diana Maffia y la funcionaria del INADI Marta Mercedes Maffia, beneficiaria de los subsidios de la Agencia e integrante actual de la Comisión de Historia del CONICET. Y en los casos de centros privados de investigación, como la Fundación Leloir o el recientemente creado Club Político Argentino (CPA) registran entre sus miembros a directivos que fueron beneficiarios reincidentes de la Agencia (e.g.: Osvaldo L. Podhajcer, Armando Parodi, Marcelo Cavarozzi y Luis Alberto Romero).

Y en los aparatos administrativo y judicial, los organismos fiscalizadores, que son auxiliares de la Justicia, tales como la Defensoría del Pueblo durante la gestión de Eduardo Mondino, la Fiscalía General de Investigaciones durante la gestión de Manuel Garrido y la Oficina Anti-Corrupción durante la gestión de Abel Fleitas Ortiz de Rosas, eludieron substanciar las denuncias formuladas en enero de 2006. Y tres años después, cuando las mismas denuncias han recaído en el Juzgado Federal del Juez Subrogante Marcelo Martínez de Georgi, la substanciación de una hipotética asociación ilícita se sigue demorando eludiendo el Juez llamar a indagatoria a los Ministros Filmus y Barañao; a los miembros del Directorio del CONICET (Girbal, Rapela y Siñeriz) y de la CONEAU (Villanueva); a los ex Secretarios de Ciencia y Técnica de las Universidades Nacionales (Campi, Fidelio, Ermácora, Aquilano, Bottasso, Agamennoni, Turyn, Sordelli, Boveris); y a los integrantes del CECTE (Kornblihtt, Parodi, Vainstok y González Cappa).

Finalmente, la estrategia política de subestimar y ocultar la problemática cultural y científica, y la estrategia judicial de demorar las actuaciones hasta producirse un cambio de gobierno, revelarían el estado de decadencia de la dirigencia política y judicial argentina.

Eduardo R. Saguier, Ph.D.
Museo Roca-CONICET
e-mail: [email protected]
http://www.er-saguier.org

EL MODELO AGROPECUARIO ACTUAL Y LA BIOTECNOLOGÍA (2da parte)

(Buenos Aires-Argentina- EL EMILIO)

El papel de la comunidad científica

Recién en marzo de 2009, a partir de las declaraciones en un diario del Dr. Andrés Carrasco (deslegitimadas inmediatamente por el ministro Barañao), tomó estado público el aspecto relacionado con el impacto del herbicida glifosato (sólo uno de los cientos de agroquímicos utilizados en la actividad agropecuaria) respecto al ambiente y en especial a la salud humana. Nos llama la atención la inacción de la mayoría de la comunidad científica frente a las denuncias permanentes a lo largo de los últimos 13 años de habitantes de regiones afectadas por la aplicación de agroquímicos. En lugar de responder a las necesidades de la población, que sostiene con sus impuestos la formación de los científicos y gran parte de su labor de investigación, la comunidad científica en su mayoría continuó a lo largo de este período con su trabajo cotidiano como si esas denuncias no existieran. Esta situación toma particular interés cuando los reclamos ante las distintas instituciones gubernamentales son rechazados por éstas con la excusa de que no hay “estudios serios” que demuestren los efectos negativos de los agroquímicos.

En lo que sí trabajó la comunidad científica es en el desarrollo de políticas e investigación en biotecnología y de materias que imparten conceptos fundamentales para el desarrollo de los bionegocios y el éxito empresarial. Algunos ejemplos:

•-La CONABIA, creada en 1991, es el organismo responsable de dar el marco regulatorio y desarrollar la primer normativa para la introducción experimental y liberación al ambiente de Organismos Genéticamente Modificados (OGMs). Está constituida por representantes de los sectores público y privado involucrados en la biotecnología agropecuaria. Algunos de los científicos que forman o formaron parte de la CONABIA tienen o han tenido alguna vinculación con empresas del sector, mostrando un claro conflicto de interés a la hora de analizar el impacto de la nueva tecnología.(vi).

•-Se está por inaugurar el Instituto de Agrobiotecnología Rosario, en el predio del Centro Científico Tecnológico Conicet – Rosario, donde la empresa Bioceres e Investigadores del CONICET desarrollarán una tecnología nacional al servicio del modelo agroexportador y los agronegocios.

•-En la Facultad de Agronomía de la UBA existen posgrados en agronegocios y alimentos, además de trabajos conjuntos con Bayer para estudiar la cadena de la soja con el objetivo de “encontrar oportunidades en el sector” y promover “alternativas superadoras a partir de ventajas competitivas sustentables” (vii).

•-En la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la UBA hay profesores que trabajan con las empresas del agronegocio y se encargan con empeño de promover y defender dicho modelo en sus clases y por mails a toda la facultad. En esta misma casa de estudios, se está intentando hace años crear una carrera en biotecnología.

El ascenso que ha tenido la rama de la biotecnología, o mejor dicho los bionegocios, responde al modelo que se ha venido impulsando desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva o desde la actual gestión de la FCEyN y que coincide con los lineamientos de la Ley de Educación Superior (LES) menemista y su continuación kirchnerista: una facultad, una Universidad y un sistema científico al servicio del mercado o de la empresa(viii). Así, del agronegocio por ejemplo, se remarca su importancia para nuestro país -con argumentos insostenibles como que resuelve problemas de hambre o derrama bienestar- y se apunta a promoverlo como un beneficio para la sociedad, sin tener en cuenta (y sin querer mostrar) sus trágicas consecuencias ya descritas.

Insistimos, es difícil pensar a la ciencia como una actividad neutral considerando estos antecedentes. De hecho, creemos que actualmente el sistema científico aporta a profundizar el modelo vigente, con todo lo que ello implica.

En muchas carreras de la FCEyN, el modelo que ha prevalecido es el de la ciencia básica con una importante presión por “publicar o perecer”. En la superficie, ciencia básica y ciencia aplicada, publicar o patentar, el paper o la empresa, pueden parecer modelos opuestos. Pero en realidad creemos que no lo son. Son sólo dos extremos de un mismo proceso productivo. En ambos casos, hoy en día, se trabaja bajo una lógica de producción capitalista, con trabajo precario, en muchos casos generando la necesidad (mercado de consumo) de una competencia por prestigio o por dinero. En ambos casos, se logra enajenar al científico (no a todos por suerte) para estar siempre corriendo atrás de una zanahoria (que hoy por hoy ya es transgénica seguramente) y no poder hacer otra cosa que dedicarse a sí mismo y a la propia auto-perpetuación del sistema que no logra cuestionar.

Rara vez, entonces, encontramos una práctica científica verdaderamente crítica que haga un aporte a las necesidades sociales. Claro, esto sólo puede ir de la mano del pasaje de un modelo para la exclusión, la explotación, la opresión a otro con valores de igualdad, justicia y libertad. Sin embargo, hoy por hoy el modelo es el primero, y quienes financian en buena parte la ciencia actual son los mismos que lo imponen. Con estas ideas en mente, si bien cuesta creerlo, nos parece que es más fácil entender otros hechos, como que la actual gestión de la FCEyN-UBA y el consejo superior de la UBA acepten con entusiasmo los fondos manchados de muerte del negocio de la megaminería.

Algunas reflexiones más

La biotecnología es una herramienta muy poderosa que tiene muchos campos de aplicación además de la producción de cultivos GM con características de interés agronómico. Por ejemplo, la terapia génica en humanos para curar cierto tipo de enfermedades, la biorremediación de ambientes contaminados utilizando microorganismos o vegetales GM, el desarrollo de vacunas en plantas de acelga o lechuga entre muchas otras, la producción de medicamentos en bacterias, hongos, animales y plantas transgénicas, etc.

Si bien no negamos lo anterior, creemos que el argumento que se desprende de esto debe darse vuelta. Desde nuestro punto de vista, trae serios inconvenientes primero desarrollar ciencia y tecnología y luego ver qué problemas se pueden resolver con su uso y potencial aplicación. Debería ser al revés, primero definir los problemas sociales legítimos a resolver y luego planificar qué líneas de investigación desarrollar con el objetivo de ayudar a resolverlos.

Los cultivos GM y la biotecnología en general son producto del sistema capitalista actual. Suponiendo que se prohibiera la utilización de glifosato y soja transgénica, no creemos que se acabaría la problemática. Los problemas que traen los cultivos transgénicos son similares a los que pueden traer los monocultivos sin ser transgénicos y los mismos que observamos en el caso de la megaminería. En todos estos casos se utiliza a la innovación científico-tecnológica para la explotación de recursos naturales sin otro objetivo que la maximización de ganancias. Creemos que es un problema, entonces, estructural, no aislado y que, como comunidad científica, nos toca especialmente de cerca.

Preguntas que nos surgen

¿Por qué un reclamo es legítimo cuando lo realiza un científico, y no lo es cuando lo hacen distintas organizaciones sociales o individuos afectados. ¿Por qué se crea un comité para estudiar los riesgos del glifosato recién ahora que aparece la denuncia mediática de un científico, y no se pensó en ello cuando aumentaban las denuncias por malformaciones, cáncer, abortos espontáneos, etc. en los últimos 13 años? ¿Vale más la palabra de un científico que la de cientos de personas?
¿Qué sociedad queremos? Considerando nuestra especificidad, ¿qué ciencia queremos? ¿Cómo se deben definir las líneas de investigación a desarrollar? ¿Cómo puede aportar la ciencia al cambio hacia una sociedad más justa, igualitaria y libre?

(vi).- Esta curiosa coincidencia también se da en otros países donde se aplica el modelo: en EEUU, a fines de los años 90, se constató que los científicos evaluadores de mayor rango en la Agencia de Protección Ambiental (EPA) recibían al menos parte de su sueldo de la industria agroquímica.

(vii).- http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1110500
(viii).- En su versión del 26 de agosto de 2009 el cable semanal, órgano de propaganda de la gestión de la FCEyN-UBA (propaganda pagada por los impuestos de la gente) dice: “Por segundo año Incubacén, la incubadora de empresas de base tecnológica dependiente de la FCEyN, ofrece a los alumnos, docentes y/o graduados de cualquier carrera que se dicta en la Facultad, la posibilidad de realizar un curso intensivo que promueve el desarrollo de los rasgos y conductas asociadas al éxito empresarial. Se trata del “Taller de desarrollo de comportamiento emprendedor”, llevado a cabo por la Fundación Empretec, que presenta una metodología interactiva y vivencial.”

Colectivo desde el pie
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www.colectivodesdeelpie.blogspot.com

¿ES LA CIENCIA NEUTRAL?

¿Cuál es la responsabilidad de los científicos respecto de su labor?
Invitamos a la reflexión y el debate.

Luego de las jornadas de reflexión sobre ciencia y (bio)tecnología

La ciencia tiene un fuerte impacto sobre el mundo en el que vivimos.
Los proyectos científicos tienen habitualmente una aplicabilidad proyectable, o sea, podemos intentar estimar qué consecuencias, desde los planos ético, político, social o económico, traerá un desarrollo o investigación científico-tecnológica en el contexto actual.
¿Intentamos como científicos prever qué consecuencias tendrá nuestro trabajo?

El desarrollo de la actividad científica requiere de un fuerte financiamiento, ¿podemos creer que ese dinero se destina sin considerar para qué servirá la investigación en la que se está invirtiendo?
¿Cómo se elige qué líneas de investigación se financian y cuáles no? ¿Quién lo decide? ¿Con qué fines? ¿De dónde sale el dinero?
¿Se puede pensar en la neutralidad de la ciencia si aceptamos que está dirigida a partir de qué proyectos se financian y cuáles no? ¿A quiénes benefician los productos de la ciencia en la actualidad?

Por otra parte, observamos un doble discurso en la comunidad científica:
Cuando su trabajo se utiliza para bien, la ciencia es buena y el científico, como publicitaba la Fundación Leloir, es un “héroe verdadero”.
Cuando su trabajo se utiliza para mal, el científico no tiene nada que ver, la ciencia no es ni buena ni mala, es neutral, la culpa es de quien utilizó los productos de la ciencia para mal.

¿Qué impacto neto tiene la ciencia actual sobre la sociedad?

Creemos que pensar a la ciencia como una actividad neutral, sin valor ético, desentendiéndonos de los intereses y capitales que dirigen qué, cómo y para qué se financia, es lavarnos las manos, es deslindarnos de la responsabilidad por las consecuencias de nuestro trabajo.

Quienes asistimos al taller de las jornadas, donde se debatieron este y otros temas, tuvimos muchos problemas para encontrar argumentos que sostengan la neutralidad de la ciencia y la tecnología.
¿Por qué parece entonces que esta es la posición hegemónica?
¿Cómo se sostiene esta posición?

Continuaremos publicando las conclusiones y dudas que surgieron en las jornadas que organizamos. Por ahora, queremos abrir el debate. Cualquier ayuda para responder estas cuestiones es bienvenida:

[email protected]

http://colectivodesdeelpie.blogspot.com