“25 de Mayo de 1810: ¿Golpe pro-británico o revolución democrática?”
25 may 2011 Educacion, HISTORIA, Notas semanales
Buenos Aires, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, En el día de la Patria.
Fuente: Cuadernos para la Emancipación – 2002
Por Norberto Galasso
En estos días en que se celebra un nuevo aniversario del 25 de Mayo de 1810 puede ser útil reflexionar aquel acontecimiento, su naturaleza histórica, sus protagonistas.
La versión tradicional difundida por la Historia Oficial (es decir, la fundada por Mitre y divulgada por los historiadores liberal-conservadores) responde a una interpretación elitista, anti-latinoamericana y especialmente pro-imperialista, que resulta muy nociva para nuestras luchas de liberación. Sus rasgos principales son los siguientes: l) Se trataría de una revolución separatista, profundamente antihispánica y pro-británica; 2) Habría sido impulsada por “la gente decente” de Buenos Aires, es decir, los ricos señorones, dueños de esclavos, reunidos en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, siendo escasa o nula la presencia popular; 3) Su objetivo fundamental residiría en abrirse al comercio con los ingleses, trabado por el monopolio español; 4) Su programa estaría dado por “La Representación de los Hacendados”, documento redactado por Mariano Moreno y presentado al Virrey, a favor del comercio libre, en 1809; 5) Sería -aunque no demasiado- un movimiento “argentino” pues French y Berutti habrían repartido cintas celestes y blancas en los días previos al 25; 6) Las ideas de esta revolución habrían sido difundidas por los soldados ingleses que, derrotados después de las invasiones de 1806 y 1807 y teniendo a la ciudad por cárcel, concurrían a las reuniones de la clase alta porteña, donde persuadían acerca de las bondades de la libertad y la democracia; 7) El movimiento tendría dos protectores: uno, Lord Strangford, el cónsul inglés en Río de Janeiro, que apoyaba y brindaba sugerencias a los revolucionarios del Plata, y años más tarde, George Canning, el primer ministro inglés, quien procedió a reconocer nuestra independencia. Esta versión se completa sosteniendo que a partir de ese día de mayo, dejamos atrás un oscuro período de superstición, indolencia y autoritarismo, para recibir una avalancha de ideas y mercaderías inglesas que nos modernizaron, sacándonos de la modorra colonial y conectándonos con el mundo del progreso, aunque nuestras masas bárbaras siempre se manifestaron renuentes a ingresar a esa “civilización”.
Como se comprende, “este” 25 de mayo responde a la visión de la burguesía comercial del puerto de Buenos Aires. Se trataría de un mero golpe oligárquico y antinacional y por tanto, carecería de sentido convocar a alumnos y maestros en las escuelas para conmemorarlo sino, más bien, habría que repudiarlo. Por el contrario, se festeja su efemérides –aunque enmascarando los propósitos de dominación con frases edulcoradas- pues, tal como se lo presenta, sirve para legitimar las políticas de apertura económica, los proyectos elitistas, la simpatía por los anglosajones, así como la mirada desde Buenos Aires puesta en Europa o Estados Unidos dando la espalda al resto de América Latina.
El lector pensará, seguramente, que esta versión debe haber sido superada ampliamente por las nuevas investigaciones históricas y que habrá quedado reducida a alguna revistita infantil para nenes medio tontuelos. Efectivamente, debería ser así, pero resulta que –con algunos agregados interdisciplinarios que remozan la vieja versión- aún hoy prevalece en los diversos niveles de la enseñanza.
Ello no impide que algunos niños inteligentes y algunos universitarios con vocación histórica formulen algunas dudas: ¿Por qué, si la revolución era independentista, no declaró la independencia sino que la proclamó recién 6 años después, en condiciones mundiales mucho más desfavorables que las de 1810? ¿Cómo es posible que los miembros de la Primera Junta de Mayo jurasen por Fernando VII? ¿Si el movimiento nacía “por odio a España”, como señala Mitre en las primeras páginas de su biografía de San Martín, por qué dos españoles (Matheu y Larrea) integraban la Primera Junta? ¿Como es esto de que ningún testigo vió las cintas celestes y blancas de que habla Mitre, sino, en cambio, cintas blancas, los primeros días, en señal de paz y cintas rojas, el 25, amenazando sangre? ¿Cuál es la razón por la cual la bandera española continuó flameando en el Fuerte y otras instituciones oficiales hasta 1814? ¿Qué explicación hay que darle al regreso de San Martín –un “gallego” que estuvo en España desde los 6 hasta los 33 años y dio 30 batallas como militar español– para venir al Río de la Plata a sumarse a una revolución antiespañola? ¿Eran enemigos de España los hombres de Mayo, a pesar de que casi todos ellos tenían padres españoles e incluso desempeñaban cargos en la burocracia estatal? Los historiadores discípulos de Mitre han intentado, de una u otra manera, responder a algunos de estos interrogantes, con argumentos que si resultaban más o menos aceptables en 1880, hoy deben ser calificados de pueriles. Por ejemplo: San Martín volvió en 1812 porque “recibió un llamado de las fuerzas telúricas” o tuvo nostalgias de los pajaritos y los árboles de su Yapeyú natal, donde solo vivió cuatro años. Otra es más conocida y logró hacer camino: la jura por Fernando VII era solo “una máscara” para evitar que España se diera cuenta del propósito de los revolucionarios y los reprimiera. Hoy, las ciencias sociales, han avanzado lo suficiente como para explicar que ningún grupo revolucionario llegado al poder puede jurar por la contrarrevolución, pues si así contenta al enemigo, en cambio, enfrenta a su base social, que se ocupará bien pronto de derrocarlo por traidor. O a la inversa, si su base social sabe que se trata de una picardía, es un secreto a voces que también conocen los enemigos y carece de sentido instrumentarlo.
Abandonemos, pues, esta versión por insuficiente y esperemos que los maestros e historiadores se decidan a polemizar sobre el tema, para encontrar la verdad y para que los alumnos no se aburran con fábulas inconsistentes.
La revolución desde otra óptica
Juan Bautista Alberdi sostuvo, en sus “Pequeños y grandes hombres del Plata”, una posición distinta a la que hemos reseñado. Pero, como se sabe, Alberdi, en sus años altos, tuvo el coraje de enfrentar a la oligarquía mitrista -especialmente definiéndose a favor del Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza- de manera tal que sus ideas han sido condenadas por la cátedra y la Academia. Veamos, sin embargo, su planteo: La Revolución de Mayo “es un detalle de la Revolución de América, como ésta es un detalle de la revolución de España, como ésta lo es de la Revolución Francesa y europea” (“Pequeños y grandes hombres del Plata”, edit. Fernández Blanco, Bs As, 1962, página 64). Es decir, se trataría, en todos los casos, -no de revoluciones separatistas, independentistas – sino de revoluciones democráticas, por la libertad y los derechos del hombre, la división de poderes, etc., dirigidas contra el absolutismo, la monarquía, la Inquisición, la esclavitud, los tributos serviles, etc.
En principio, pues, en el Río de la Plata, se trataría de un movimiento que integraría el proceso de cambio que recorre toda Hispanoamérica por entonces, bajo la influencia tanto de la revolución española de l808 como de la Francesa de 1789. De manera tal que, desde el vamos, los ingleses no jugarían el rol protagónico que les adjudica Mitre y que a este historiador-político-militar le sirve –en 1862, como presidente- para legitimar sus concesiones ferroviarias, bancarias, etc. al capital inglés, al cual juzga “la fuerza que impulsa el progreso en la Argentina” (Bartolomé Mitre. Discurso 7/3/1861. Archivo Mitre)
Pero, además, si se trata de una revolución democrática no puede ser elitista, no la promueven los ricos –que gozan plenamente su “democracia absolutista” al tiempo que le niegan la libertad a los demás- sino aquellos que tienen derechos por conquistar. Entonces, tampoco su objetivo es el comercio libre (que por otra parte, ya había sido implantado por el virrey Cisneros en l809), ni la representación de los hacendados puede ser su programa, sino que debió existir otro proyecto, otro conjunto de ideas capaces de unificar a quienes ansiaban el cambio.
Alberdi, aislado por la oligarquía, no logró discípulos, pero, sin embargo, quienes bucearon en los acontecimientos producidos en el resto de América y en España en la primera década del siglo XIX , advirtieron que el planteo alberdiano resultaba muy interesante y permitía disipar dudas y equívocos que presentaba la versión mitrista.
Así, en 1916, José León Suárez publica “Carácter de la revolución americana. Un nuevo punto de vista más verdadero y justo sobre la independencia hispanoamericana”, donde retoma aquella interpretación sosteniendo que entre 1808 y 1811, en España y en América, los revolucionarios democráticos, émulos de los franceses del 89, se levantaron contra el absolutismo que los oprimía allá y aquí. El ensayo recogió importantes coincidencias, especialmente por parte de latinoamericanistas y antiimperialistas a quienes repugnaba el nacimiento de la Patria parida y acunada por los británicos, aunque también es cierto que la vieron con simpatía algunos hispanistas de derecha quienes querían reforzar la filiación hispánica de nuestros países, pero se les atravesaba en la garganta la reivindicación democrática.
Entre quienes bregaban ya contra el imperialismo y a favor de la unión latinoamericana, se encontraba Manuel Ugarte quien escribió inmediatamente a José L. Suárez: “El punto de vista en que usted se coloca es el único razonable y verdaderamente filosófico en estos tiempos… En una conferencia que di, en 1910, en el Ayuntamiento de Barcelona, tuve ocasión de concretar esa manera de ver… Aquello fue un gesto regional, como el que pudiera hacer aquí una provincia. Su admirable trabajo confirma la tesis, que no es suya, ni mía, sino de toda la generación emancipada de los odios y reintegrada por el sentimiento y el estudio de la realidad a su filiación y su destino” (M. Ugarte, comentario en “Carácter de la revolución americana”, de J. L. Suárez. Edit. librería”La Facultad”, Bs As, 1917, página 94). Ugarte había sostenido en su conferencia de 1910: “Ninguna fuerza puede ir contra sí misma, ningún hombre logra insurreccionarse completamente contra su mentalidad y sus atavismos, ningún grupo consigue renunciar de pronto a su personalidad para improvisarse otra nueva. Españoles fueron los habitantes de los primeros virreinatos y españoles siguieron siendo los que se lanzaron a la revuelta. Si al calor de la lucha surgieron nuevos proyectos, si las quejas se transformaron en intimaciones, si el movimiento cobró un empuje definitivo y radical fue a causa de la inflexibilidad de la Metrópoli. Pero en ningún caso se puede decir que América se emancipó de España. Se emancipó del estancamiento y de las ideas retrógradas que impedían el libre desarrollo de su vitalidad.. ¿Cómo iban a atacar a España los mismos que en beneficio de España la habían defendido, algunos años antes, las colonias, contra la invasión inglesa?…Si el movimiento de protesta contra los virreyes cobró tan colosal empuje fue porque la mayoría de los americanos ansiaba obtener las libertades económicas, políticas, religiosas y sociales que un gobierno profundamente conservador negaba a todos, no sólo a las colonias, sino a la misma España… No nos levantamos contra España, sino a favor de ella y contra el grupo retardatario que en uno y en otro hemisferio nos impedía vivir” (M.Ugarte, “Mi campaña hispanoamericana”, Edit Cervantes, España, 1922, pág 23). Otro socialista, Enrique Del Valle Iberlucea, en 1912, sustentaba una interpretación semejante. (E. Del Valle Iberlucea, “Las cortes de Cadiz”, Edit. M. García, Bs As, 1912) Más tarde, en otros países latinoamericanos aparecieron historiadores que avalaron esta interpretación, como así también investigadores españoles (Eduardo García del Real, Augusto Barcia Trelles, entre otros). Uno de los argumentos más fuertes reside en que en la mayor parte de las revoluciones de Hispanoamérica aparecían españoles liberales jugando destacado papel a favor de la revolución (Larrea, Matheu, Arenales, Alvarez Jonte, Blas Parera, Chilavert, entre otros), así como americanos de origen pero fuertemente influidos por largos años de estadía en España (San Martín, Carrera, Alvear, Zapiola, Iriarte, Blanco Encalada). Asimismo, son comunes los casos de nativos americanos que juegan roles importantes en el bando absolutista (Goyeneche, Olañeta, Pío Tristán, Michelena). Asimismo, en la casi totalidad de las revoluciones, las juntas triunfantes juraban por Fernando VII y recién años después -cuando Fernando VII, que era promesa de democracia, gira a la derecha y reprime brutalmente a los revolucionarios a partirde l8l4- estalla con fuerza el reclamo de independencia, pues resulta condición fundamental para no caer bajo el absolutismo restaurado.
Puede afirmarse que mientras, en España, la revolución -inicialmente nacional en tanto pugna por rechazar al invasor napoleónico – se transforma en democrática a partir del estallido popular y la formación de Juntas (1808), en América, las revoluciones -inicialmente democráticas (ocurridas entre 1809 y 1811), bajo la influencia de la española y la francesa- se convierten en nacionales o independentistas (a partir de 1814) cuando fracasa el proceso español, se anula la Constitución progresista de Cádiz y se reinstala el absolutismo.
Los hechos
Un relato abreviado de los acontecimientos desarrollados en España y en América quizás facilite la comprensión de esta tesis y permita iluminar de manera distinta los acontecimientos de Mayo.
La invasión del ejército napoleónico sobre territorio español, así como la abdicación que el Gran Corso le impone a Carlos IV y a su hijo Fernando VII, detenidos en Bayona, provoca la insurrección del pueblo español el 2 de mayo de 1808. Se trata de una revolución nacional, contra el invasor, defendiendo la soberanía de España, pero inmediatamente asume al mismo tiempo otro carácter: el pueblo se organiza en Juntas y reclama, entonces, no sólo expulsar a los franceses, sino sus derechos democráticos impugnando las viejas instituciones absolutistas. Las juntas diversas unifican su representación en la Junta Central de Sevilla. Así, 1808 es el 89 español. Estas juntas, en su propósito de ser coherentemente democráticas, declaran -el 22 de enero de 1809- que “las tierras americanas no son colonias sino provincias”, iguales a las de España, por lo cual, al convocarse a las cortes constituyentes, se les reconoce representación. Y más aún: la Junta de Cádiz, el 28/2/1810, informa a los americanos de los cambios producidos y les señala que la Junta que ellos han constituido debe ser modelo que deben tomar en América, es decir, los incita a formar Juntas. Esta información no es demasiado conocida, pero sí puede recordarse que el levantamiento del 1º de enero de 1809, en Buenos Aires, aunque de contenido españolista contra la preponderancia francesa, proclama: “Juntas como en España”.
Esto significa que la revolución que recorre el territorio español, se extiende a América, explicándose por esta razón la sincronía de los levantamientos insurreccionales (La Paz l809, Caracas, Buenos Aires, Chile y Nueva Granada en 1810, Méjico, Paraguay y la Banda oriental, en l811). A la luz de esta interpretación resulta coherente, tanto la metodología juntista, como también la jura por Fernando, a quien tanto en España como en América se juzga una posibilidad democrática, deslindándolo del resto de la familia real corrompida.
El levantamiento de las nuevas banderas democráticas se torna urgente en América cuando en España el proceso se derechiza con la disolución de la Junta central de Sevilla y la instalación del Consejo de Regencia, al mismo tiempo que Napoleón domina ya casi todo el país ibérico. Ambas noticias llegan a América en los primeros meses de l8l0 y apresuran los estallidos revolucionarios.
Ahora bien, ¿qué clases sociales se enfrentan en Buenos Aires en ese mes de mayo de l8l0? Por un lado, se encuentran los defensores del absolutismo, sector integrado por los comerciantes monopolistas (registreros, ligados a casas matrices de España, beneficiados por el monopolio), es decir, “los godos”. Sus apellidos interesan porque luego reaparecen integrando la oligarquía argentina: Martínez de Hoz, Pinedo, Alzaga, Santa Coloma, Sáenz Valiente, Ocampo, Lezica, Beláustegui, Arana, Oromí, Ezcurra… En general, son dueños de esclavos, rentistas y ostentan escudos nobiliarios en las puertas de sus casas. Junto a ellos, el Virrey , los oidores (integrantes de la Audiencia) y la burocracia estatal, es decir, el funcionariado privilegiado vinculado al poder, que cuenta, además, con el apoyo de la cúpula eclesiástica y de alguna fuerza armada.
En la vereda opositora se ha gestado un frente antiabsolutista constituido por comerciantes nuevos, la pequeña burguesía y sectores populares.
La burguesía comercial en formación se halla integrada preponderantemente por comerciantes ingleses a los cuales el virrey ha otorgado permisos precarios de radicación y que muy pronto, si no se producen cambios en el poder, deberían levantar sus tiendas e irse a comerciar a otra parte ( El 18 de diciembre de l809 se les otorgó autorización por 4 meses, el 18 de abril de l8l0 se les dio prórroga por 30 días y ya en los días de mayo, nadie se preocupa de ellos, hasta que producida la revolución, consiguen radicación definitiva). Entre otros, pueden citarse algunos apellidos ingleses que luego reaparecen en diversos momentos de nuestra historia: Robertson, Parish, Billinghurst, Miller, Craig, O’Gorman, Amstrong, Lynch, Gowland, Wilde, Brittain, Mackinnon, Dillon, Twaites. Gibson. Ramsay… Integran también ese grupo algunos comerciantes nativos que vienen del contrabando y ligan su suerte ya tempranamente al capital inglés. Entre otros: Aguirre, Riglos, Sarratea, Escalada y García. Este sector concurre a la revolución para terminar con el absolutismo y establecer una amplia libertad comercial que permita una estrecha conexión con el comercio mundial. (Del 25 de Mayo visto desde esta óptica nos hablan Mitre y la Historia Oficial). En cambio, los demás integrantes del frente democrático desean concluir con el viejo régimen pero con un proyecto distinto: que el pueblo gobierne a través de sus representantes, asegurando los derechos del hombre y del ciudadano, la libertad de imprenta y el libre pensamiento, integrando el movimiento al estallido que conmueve por entonces al resto de la América Española e incluso, también al de España si allí prevalecen las fuerzas modernizadoras. En esa pequeña burguesía se destacan varios abogados, como Moreno, Castelli, Belgrano y Paso, con el apoyo de unos seiscientos activistas que pertenecen a los sectores sociales de menores ingresos, conocidos como “Los Chisperos”, “La Legión Infernal”, o “los manolos”, en las crónicas españolas. Allí, liderando, se encuentran French, cartero de la ciudad y Berutti, empleado de la Tesorería del Gobierno. Allí, se destacan también Agustín Donado, gráfico, que se desempeña en la imprenta oficial, Buenaventura de Arzac que “no es nada”, según lo trata despectivamente un informe, Francisco “Pancho” Planes, abogado de exaltada posición revolucionaria, Felipe Cardoso, Vicente Dupuy, Francisco Mariano de Orma y otros, ignorados por la Historia Oficial y a quienes, en los informes del virrey y de la Audiencia, así como en los testimonios y recuerdos de época, se los designa como “la chusma” que vertía “especies subversivas”. También apoyan algunos sacerdotes populares como Alberti, Grela y Aparicio, este último recorriendo los cuarteles y arengando a la tropa, con dos trabucos al cinto.
En los sucesos que se desarrollan en la semana de Mayo, los militantes encabezados por French y Berutti juegan un rol decisivo pues son ellos los que exigen y logran el Cabildo Abierto del 22 de mayo e incluso participan del mismo utilizando invitaciones falsas que ha “fabricado” Donado en la imprenta de Expósitos, como también son ellos quienes forman piquetes en las esquinas del Cabildo impidiendo el ingreso de algunos señorones reaccionarios. Son ellos también los que se movilizan contra la Junta tramposa del día 24 (dos absolutistas, dos revolucionarios y el Virrey como quinto miembro para desempatar), especialmente después que se contactan con Mariano Moreno, ese hombre que tenía la mente clara y sabía lo que había que hacer, por lo cual French lo apoda “el sabiecito del Sur”. Llegado el día 25 y cuando el “sordo” Cisneros y el síndico Leiva apelan a toda clase de dilaciones e incluso intentan que la fuerza armada reprima al pueblo en la Plaza, French, Berutti, Planes y otros ingresan a la planta alta del Cabildo y exigen por la fuerza –cuchillos y trabucos en mano- la designación de una Primera Junta, cuyos integrantes ellos mismos presentan, y firman, en primer término: “Por mí y ante de los seiscientos, Antonio Luis Beruti, por mí y a nombre de seiscientos Domingo French, siguiéndole entre otras, las firmas de Manuel Alberti, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Tomás Guido” (Historia de la Nación Argentina. Academia Nacional de la Historia, Edit. El Ateneo, Bs As, 1969, tomo V, pág. 47)
No existe duda de que el sector popular, como cabeza del frente democrático, impone a la Primera Junta para reemplazar al virrey. Sus integrantes juran, entonces, en nombre del Rey Fernando VII porque éste resulta aún una posibilidad democrática tanto para los españoles liberales como para los americanos de la misma filiación ideológica. Por esta razón, la base social de la revolución acepta no sólo esa jura sino que continúe flameando la bandera española en el Fuerte y que dos españoles integren el nuevo gobierno (Larrea y Matéu ) Subsisten también la Real Audiencia (cuyos integrantes, junto con el virrey, son detenidos y desterrados el 22 de junio, por su confabulación contrarrevolucionaria) y el Cabildo (a cuyos integrantes se los confina recién en octubre de 1810, por probárseles reuniones conspirativas). También son desterrados, meses después, varios ricachones, no por españoles, sino por enemigos de esa revolución que dirige ese Moreno para quien –según manifiesta horrorizado “el godo” Pinedo- “ya todos somos iguales, máxima que vertida así en la generalidad ha causado tantos males …y aún faltan padecimientos por este maldito desorden” (Manuel Arroyo y Pinedo, en “La primera polémica sobre la revolución deMayo”, de Raúl Molina, folleto, pág 73).
Como se sabe, la primera decisión de la Junta es convocar a todos los pueblos a sumarse e inmediatamente organizar dos expediciones -una al Paraguay, la otra, al Alto Perú- así como vincularse a Artigas en la Banda Oriental, para insertarse plenamente en la revolución que está estallando en las distintas ciudades latinoamericanas.
Poco después, Moreno redacta el Plan de Operaciones que constituye el verdadero programa de la Revolución, documento que Bartolomé Mitre “pierde”, distraídamente, para poder mantener a la “Representación de los Hacendados” –alegato por el comercio libre- como objetivo del movimiento.
Sin embargo, la aparición de nuevas copias del Plan, como asimismo de referencias de Fernando VII y de su hermana, Carlota Joaquina, respecto a ese documento , lo tornan hoy indiscutible. Allí se ratifica el proyecto latinoamericano, se plantea la destrucción del absolutismo en América y asimismo se formula un proyecto insólito para esa época: que el Estado reemplace, a una burguesía nacional inexistente, para promover el desarrollo económico. ¿A través de qué capitales? De los que se obtengan expropiando a los mineros del alto Perú pues como afirma Moreno, con argumentos sumamente actuales, “las fortunas agigantadas en pocos individuos …no sólo son perniciosas sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad, demostrándose como una reunión de aguas estancadas, que no ofrecen otras producciones sino para el terreno que ocupan, pero que si corriendo rápidamente su curso bañasen todas las partes, no habría un solo individuo que no las disfrutase…”
Como se advierte, esta revolución igualitaria y expropiatoria nada tiene que ver con aquella del comercio libre y el abrazo con los ingleses de que nos habla la Historia Oficial. Los comerciantes anglo-criollos –que participan en el movimiento por su interés de mantener su radicación en Buenos Aires- logran, recién en setiembre de 1811, elevar sus hombres al Primer Triunvirato (Rivadavia y García): “son los hombres de peso y de pesos”, según los califica Vicente Fidel López. Pero pierden posiciones el 8 de octubre de 1812 cuando San Martín y Alvear derrocan a ese organismo y surge el segundo Triunvirato integrado por los morenistas que recién han vuelto de su confinamiento.
A través de la década, en sucesivos avances, la burguesía comercial anglo-criolla refuerza sus posiciones y a principios de 1820, recién se hallará plenamente en el poder, siempre representada por Rivadavia y García. Es el período en que se inicia “la contrarrevolución”, le escribe Vicente López y Planes al General San Martín, quien acuerda con ese juicio.(Cartas de enero y mayo de 1830, Archivo San Martín) Su proyecto se despliega en esos años: empréstito Baring Brothers, libre importación, sociedades mixtas del Estado con capitales ingleses, Banco de Descuentos y Banco Nacional en poder de los comerciantes extranjeros, política antilatinoamericana contra San Martín y Bolívar, disgregación de la Banda Oriental y del Alto Perú.
Esta sí es la política contrarrevolucionaria de la burguesía comercial –rivadaviana en esa época, mitrista, en los años 60- que la Historia Escolar celebra como triunfo de “la civilización contra la barbarie”. Pero, por supuesto, no es el programa de Mariano Moreno y los revolucionarios de Mayo.
Buenos Aires, mayo 2002
Fuente: Cuadernos para la Emancipación – 2002
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LA CRÍTICA ESTÁ DE “MODA”
28 feb 2010 Arte y Cultura, Comunicación, Educacion, HISTORIA, Notas semanales
Buenos Aires-EL EMILIO- 28 de febrero de 2010
NOTA EDITORIAL
“Nada da mejor idea de la novelería superficial y del espíritu rebañero del hombre que el imperio de la moda. Ella a llegado para nosotros lo que Palas Atenea, Apolo y las Tres Gracias para los griegos. El que cada generación se ría sinceramente de la ridiculez de las modas pasadas, demuestra que todas son más o menos feas: todas son disfraces.”
Luis L. Franco
(Pequeño diccionario de la desobediencia)
Por Pedro de Arrabal
Resulta muy difícil terminar un articulo cuándo lo que tenes en la retina y en tu mente son las crudas imágenes de la tragedia que sacudió al hermano pueblo chileno.
Solo puedo desde esta humilde publicación hacerles llegar nuestro afecto y solidaridad
INTRODUCCIÓN
Nada resulta más interesante para estudiar a cierto sector de nuestra sociedad que un detalle para nada desdeñable: el apego por las “modas”. Se trata de algo muy practicado por los integrantes del sector social del cual nos ocuparemos en esta oportunidad. Me refiero a la clase media argentina en general, y dentro de ella, a la clase media tilinga en particular, gran consumidora de “modas”. Gracias a ellas -las modas- sus miembros pueden producir el suficiente barullo para hacerse notar y no pasar desapercibidos frente al resto de las clases y/o sectores sociales que conforman nuestra sociedad.
La palabra “Moda” proviene de la imposición, cualquiera sea el mecanismo que se utilice o adopte, de un “modelo”.
Ahora bien, no estoy hablando de las modas relacionadas exclusivamente a la indumentaria, sino también de las otras; aquellas que se transforman en moda, o bien por la fuerte personalidad de un importante referente social, por inducción mediática, o por escuelas de sistematización de contenidos y valores. Se trata de una tarea en la que se trabajan: modelos de vida, de pensamiento, de críticas, de metodología de estudio, de formas de hacer política, de valores supuestamente sociales, ¿y por qué no? hasta de desvalores altamente redituables en términos económicos, etc, etc,. Todo esto ha venido siendo impuesto como “moda” desde hace largo tiempo.
Por lo que se puede apreciar, se trata de algo que le permite a cualquier integrante del sector de marras no sentirse excluidos del rebaño.
Estoy hablando de rebaños humanos con valores e ideas que se muestran continuamente como inestables y fluctuantes en función de las cambiantes situaciones político-sociales; valores cuya dinámica queda sujeta a dichos cambios condicionando a los miembros del rebaños a moverse y expresarse -en la mayoría de los casos-, de manera exótica y en algunos casos hasta contradictoria; algo que transforma a sus integrantes en sujetos masificados que terminan jugando un papel extremadamente ridículo; sin conciencia de esto claro está (o sea, son seres inconcientes y por ello inimputables).
Me refiero a estos rebaños que se rigen por la ley del menor esfuerzo; que dicen pensar sin hacerlo porque los agota (1), que repiten y adoptan formas y estilos de vida de otros, pensamientos de otros, que repiten discursos ajenos como si fueran propios. Por lo general lo hacen por simple inercia. La inconciencia mencionada en el párrafo anterior, les permite lucir orgullosamente su carnet de pertenencia a la trup de “zonzos Jauretchanos”. “Compran” modelos porque creen que representan sus aspiraciones e intereses en cuanto a maneras de pensar y estilos de vida. Operan como minusválidos mentales -como lo dijimos en otra oportunidad- a quienes les cuesta darse cuenta que en realidad se trata de los intereses de los dueños del poder real, de sectores económicos que en la mayoría de las veces usan a ciertos políticos (vía “minutos” de fama televisiva) para que manipulen e instrumenten medidas que faciliten a “dichos zonzos” la posibilidad de compra de sus “productos”.
Para que se entienda lo que quiero decir voy a recurrir a la historia.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
La nuestra es una comunidad que se constituyó en primera instancia con oportunistas colonizadores, muchos de ellos desclasados de la Europa en revolución. La mayoría eran aspirantes a burgueses, quienes llegaron aquí con “non santas” intenciones, y se las ingeniaron para manejar el destino, los bienes y las riquezas de este suelo. Son los que se transformaron luego en el modelo de ese momento Un modelo impuesto desde el poder hacia el resto del vulgo que los acompañó.
Un Modelo que decía ser la “civilización”.
Cuando hablaban de civilización en realidad se referían al progreso tecnológico europeo producto de la aparición de la revolución industrial junto a sus nuevos “valores”. Pero paradójicamente los protagonistas locales de aquellos años (1770-1860) hablaban de “civilización” cuando en realidad muchos de ellos -y por origen- nada tenían que ver con la nueva “civilización” que estaba dando a luz la Europa central. Otro detalle en este caso de vital importancia. Por el contrario, trajeron la concepción medieval de sociedad que rigió a la España colonizadora, y ese pensamiento orientó todos sus actos. Aunque esto no privo a los personajes en cuestión de considerarse a ellos mismos “autoridades” para categorizar al resto de “barbarie”.
Con el paso del tiempo, esa “moda” en materia de pensamiento dejó de ser tal para transformarse en un valor cultural impuesto por aquel sector social. Se tomó el “modelo” ingles en materia económica como referencia, pero no para reproducirlo e instalarlo con la idea de usufructuarlo en función de los intereses locales sino para formar parte de un “negocio” donde la “Gran Bretaña” se llevaba la mejor parte. Ataron sus intereses económicos sectoriales a los intereses imperiales de Inglaterra y de esa manera arrastraron a un destino de dependencia los intereses económico de la nación toda. A partir de aquella decisión, la sujeción económica fue transformada en “sinónimo de progreso”. Me estoy refiriendo a ese modelo agroexportadora que se vendió como un “gran” modelo, un modelo benefactor; algo que se instaló a través de la educación en el resto de la población, y que perduró por más de 100 años.
La historia continuó y con la masacre de los pueblos originarios llevada adelante por la conocida “campaña del desierto”, estas tierras se despoblaron. La política de “gobernar es poblar” de Alberdi (con los de afuera lógicamente porque los de adentro no servían -Sarmiento-) se llevó adelante sobre la base de los flujos migratorios proveniente de esa Europa convulsionada por la revolución industrial que marginaba gente generando los precursores de nuestros actuales “cartoneros” (los desclasados por la revolución neoliberal menemista). Esos flujos estuvieron conformados por seres comunes y corrientes -vulgares los calificarían acá- que habían quedado afuera de los proyectos de desarrollo económico que las grandes potencias europeas habían montado sobre las nuevas tecnologías. En la mayoría de los casos, de esos inmigrantes directamente, y en otros de la mezcla de aquellos con nativas/os (según el decir de nuestro Discepolo contemporaneo, el canta-autor Miguel Cantilo), provenimos el grueso de los habitantes de este maravilloso país, Argentina.
Pero para el momento en que esto se consolidó (1860-1916 y 1922-1943 excluyendo el corto interregno Yrigoyenista del “28 al 30″), las auto-consideradas “clase patricias” argentinas ya habían mudado de modelo de vida, no así de amo económico. Ahora los nuevos espejos eran, en materia cultural la Francia burguesa y elegante pos-asquerosa revolución, y en materia militar la gallardía prusiana. Eran los nuevos ” modelos” y los sectores de poder trataban de socializarlos como “moda”.
El pensamiento libertario surgido en Francia en 1786 era el eje de grandes debates en los diferentes ámbitos donde solían reunirse los integrantes del selecto grupo que constituía la intelectualidad “progresista” argentina de la época. Discusiones teóricas desde ya, y donde jamás estaría presente un proletario argentino porque no se ajustaba al modelo en discusión. Nuestros peones de campo y obreros del incipiente “desarrollo industrial” (en manos inglesas desde ya) eran para ellos “bichos raros”; no se ajustaban al “modelo” europeo de obrero. Estoy hablando de aquella “intelectualidad” que gastaba su tiempo en simples disquisiciones e intercambio de opiniones llevadas a cabo en ámbitos culturosos y lugares exclusivos. Entonces ser socialista teórico no era mala cosa y como lavaba conciencias lo pusieron de “moda”.
Estas amenas charlas sobre el “injusto destino” de los pobres y obreros, a los fines prácticos, no alteraba en nada sus burguesas vidas. Además tenían un beneficio adicional, les daba la chapa de “cultos”, algo que era necesario para acceder a cargos de jerarquía. En los hechos, y por tratarse de intelectuales inocuos, jamás alterarían el status quo del que disfrutaban los sectores de poder; y ellos también desde ya.
¡Pero ojo! Esto no era mal visto por nadie. La educación también lo alimentaba. Los beneficiados lo consideraban un merecido premio otorgado por el poder real a tanto esfuerzo “intelectual” por ellos realizado.(2)
LA IRRUPCIÓN DEL PERONISMO GENERA UNA NUEVA MODA “EL ANTIPERONISMO”
Con la aparición de Perón en la Secretaria de Trabajo y Previsión (1943) y del peronismo como fenómeno revolucionario (1945) los dueños del poder económico, viendo en el peronismo un potencial enemigo para sus intereses, comienzan a trabajar sobre el tilingaje intelectual de la época la “moda” del antiperonismo (moda testaruda si las hay ya que perdura hasta nuestros días). Y así vimos a los intelectuales de izquierda (comunistas y socialista) aliados a la más rancia oligarquía agroganadera y al imperio yanqui en contra del resto del pueblo y los trabajadores argentinos encolumnados detrás de ese fenómeno revolucionario que habían creado Juan Domingo Perón y María Eva Duarte de Perón.
La naciente moda comenzó a operar en la cabeza de los mencionados tilingos intelectuales quienes repetían como loros el discurso montado por “el poder económico afectado”. Entonces hablaban del populismo peronista y de la enfermedad distribucionistas que como una de las 7 plagas que asolaron a Egipto, estaba sembrando Perón. El problema radicaba en que el “Gral. nazi-fascista” lo hacia osando tocar las reservas del país (que hasta ese momento solamente podían ser usufructuadas por la oligarquía agroganadera para sus negocios).
“Cómo los negros no iban a ser peronistas si ese demagogo, cuando llegó al poder, encontró que tenía las arcas del tesoro nacional repletas de reservas y no dudo en vaciarlas repartiendo todo entre esos negros mientras les hablaba de justicia social haciendo lo que hizo (distribuir), demagogia; sin pensar por un instante en la verdadera patria(¿?), en el país (¿?)” repetían a diario sin saber ni entender de qué estaban hablando. Ahora queda claro que se trataba de pobres ignorantes super escolarizados (porque alfabetizados hasta el nivel universitario estaban) a quienes los sectores de poder le habían inventado una idea abstracta de lo que era un país por un lado, y por el otro el concepto de patria como el necesario paternalismo de los sectores oligárquicos agroganaderos sobre el resto de la sociedad. “Había oro hasta en los pasillos(¿?). ¡Como no iba a repartir un poco y el resto robárselo”, repetían.(3)
Y ese fue el discurso que le facilito a ese tilingaje de clase media y a los pseudos intelectuales de “izquierda” obtener una butaquita y sentarse nuevamente junto a la oligarquía triunfante en 1955 y saborear las mieles del poder hasta 1966. ( El Partido Comunista cedió sus militantes para que formaran parte de los comandos civiles de la Libertadora que salieron a cazar peronistas, mientras el comu-socialista Norteamérico Giholdi bajaba línea antiperonista desde las Academias de Moral y de la de Educación) La “moda” impuesta era hablar mal del peronismo y hacer un furioso discurso antiperonista. Eso daba chapa de progre por aquellos años.
CUANDO SE INTENTÓ UN CAMBIO
Entre 1955 y 1966 la mayoría (porque el peronismo proscripto era mayoría en el país) de los argentinos se replegaron y dejaron que dicho tilingaje ignorante disfrutara de la “moda” antiperonista.
Para 1966 muchos profesores universitarios comienza a darse cuenta de los errores cometidos en relación a lo que ellos entendía como “pensamiento académico” (otra moda impuesta perversamente) al descubrir que ese “pensamiento” estaba en contra de lo que era el verdadero pensamiento para estas tierras, del Pensamiento Nacional. Esta titánica tarea la llevaron a delante figuras de gigante talla tales como las de Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Puigros, Arturo Jauretche, José María Rosas, Jorge Abelardo Ramos, Oscar Varsasvki entre tantos otros (perdón por las omisiones de nombres importantes por una cuestión de extensión).
Entonces pudieron comprender la realidad nacional y latinoamérica y se sumaron decididamente a la resistencia peronista abroquelada en los sindicatos y la CGT, y por algunos años (diez, 1966-1976) el verdadero pueblo argentino logró imponer como “moda” el valor de la conciencia nacional entendida esta como necesario bienestar político, económico y social de todos los argentinos.
La tilinga clase media compradora de “modas” aceptó a regañadientes este “modelo populista” impuesto por la realidad social. Jamás reconoció que fue ganada por las luchas populares. Para ellos fue una imposición llevada adelante por la “barbarie subversiva peronista”(4) Para ellos fue un transitorio jolgorio que se le permitió a los “negros y cabecitas” para que estos -y en sus ataques de locura populista- no les quemen sus “rancho” ni se los derriben a cascotazos.
LA DICTADURA RESCATA LA VIEJA MODA
Con la llegada en 1976 de la dictadura militar asesina al gobierno, la oligarquía agroganadera retomó el poder, disfrazó “viejas modas” de nuevas, y comenzó a operar sobre el conjunto de la sociedad atemorizada por el secreto a voces de las constantes desapariciones de peronistas. Una de aquellas “modas” reflotada fue “El Mal es el Estado intervencionista”. Este argumento les permitió operar para la futura privatización de las empresas de servicios que se encontraban en manos del Estado Argentino. Otras dos las impuso el ministro de economía de aquella dictadura, José Alfredo Martinez de Hoz: “Da lo mismo fabricar tanques que chupetines”, y el “Viajé a Miami y me traje 2 de cada cosa” inventada para el tilingaje gracias a la timba financiera de la “Plata dulce” que beneficiaba a la patriótica oligarquía, a costa del crecimiento de la deuda externa nacional de manera exponencial. Por último Domingo Cavallo, en aquella dictadura, invento una burda justificación para el robo y los “curros privados”, siendo él presidente del Banco Central. Lo hizo poniendo de “moda” un título que impuso para que el tilingaje lo comprara y repitiera porque sonaba “difícil” y por ende parecía algo importante: la famosa “Licuación de Pasivos”. Y el tilingaje hablaba de licuación de pasivo como si se tratara de un producto de góndola de supermercado harto conocido por ellos. En realidad se trató de la Estatización de las deudas contraídas por las empresas privadas, deuda que terminó pagando el conjunto del pueblo argentino, mientras nuestros “privados” sacaban los dólares obtenidos en prestamos internacionales (Bancas del FMI y el BM) afuera del país y hacia paraísos fiscales.
Eran momentos donde se podía apreciar con total nitidez el auge de la “moda” especulativa y la timba financiera como soporte de un estilo de vida del sector social en cuestión.
DESDE LA VUELTA A LA DEMOCRACIA
Del gobierno de Alfonsín poco y nada se puede decir ya que el pobre se encontró con una presidencia que no figuraba en sus planes (él no creía que ganaría) e improvisó una gestión hasta donde pudo y lo dejaron. Así termino el pobre.
Con el menemismo se inaugura la “Segunda Década Infame”. El hombre se pone a disposición no solo de la archiconocida oligarquía agroganadera sino también de sus nuevas incorporaciones, la diversificación de actividades en la rama industrial. Tampoco se olvidó de realizar los necesarios acuerdos con los propietarios de los más importantes medios de comunicación para garantizar la gobernabilidad en el transcurso de su gestión. A los primeros les entregó el manejo de la economía nacional poniendo de ministros de economía a gerentes de empresas monopólicas (Bunge & Borg) y luego aceptó la imposición de Cavallo en el ministerio de economía, a cambio de que le subsidien sus actividades “políticas”. Entonces Menem pone de “moda” la frivolidad en la política farandulizandola. Para eso contó con la ayuda de un oportunista como Marcelo Tinelli quien le jugó como él quería mientras el conductor hace negocios con Martín Redrado, en ese momento al frente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
En ese periodo también aparecen y se ponen de “moda” los “técnicos”. Y con ellos no solo reaparecen los Cavallos sino que hacen su aparición los nuevos “técnicos” que pululan desde entonces por el ministerio de economía con sus formulas matemáticas que no son otras que las viejas formulas remodeladas. ¡Sí, las formulas económicas que hundieron el país!
¡Pero no solo en economía encontramos la moda de los “técnicos”! ¡Crecieron como hongos en diversos ámbitos! ¡En el ámbito educativo también hicieron su ingreso triunfal encaramandose en cargos importantes. ¿Ejemplos? Los Filmus sin ir muy lejos. Un personaje que se vendió como un técnico “progre” (proviene de la “Fede PCtista) para ingresar en la carrera política. Y lo hizo como subsecretario de Educación de Carlos Grosso cuando este fue Intendente de la Ciudad de Buenos Aires. ¡Si, aquel Carlos Grosso designado por su tocayo Carlos Menem! Posteriormente fue asesor del ministerio de Educación de la Nación dentro del Consejo Federal de Educación a lo largo de casi todo el gobierno menemista, gestión ministerial donde se elaboró y sancionó la anterior Ley Federal de Educación que él tanto criticó tiempo después cuando fue Ministro de Educación en el Gobierno de Ibarra.
¿Otros ejemplos de técnicos? Tedesco, Sileone, etc, etc.
Usted se preguntará ¿cual es la esencia del “tecnicismo” y el por qué de su importancia en cuanto a herramienta de aplicación? Yo le podría responder sin inmutarme que carece de valor esencial alguno, y que su importancia persiste solo por su condición de “moda”, nada más. Por lo general y cuando hay tanta especialización y especificidad, todo tecnicismo resulta inútil porque pierde la noción del conjunto. En buen criollo “El árbol siempre termina tapando la visión del bosque”.
La actual y vigente “moda del tecnicismo” demanda tres condiciones: a) Estar super especializado cualquiera sea la rama. b) Tener título universitario habilitante y c) Saber argumentar teóricamente (acompañando la demostración con gráficos y cuadros estadísticos) la validez de ciertos conceptos; simplemente por ser verdades científicas y/o verdades “universales” (el universo son los países centrales formadores de dichos “conceptos y verdades”). Poco importa que dichas verdades -sean estas supuestamente científicas y/o universales- atenten contra el sentido común, o estén a varias leguas de distancia de la realidad social donde se las pretende aplicar.
Por último y aprovechando el testarudo antiperonismo que sobrevive en el inconciente del tilingaje en cuestión aún hoy, aparece -de la mano de “Lilita” Carrió- la moda de criticar. El blanco de las críticas es un gobierno nacional que sin ser revolucionario ni nada que se le parezca se animó a tocar de “costadetti” los intereses de los poderosos. Un gobierno que se animó a enjuiciar “zurdamente” a los “patriotas soldados” de imaginarias guerras internas, en realidad simples asesinos de la última dictadura militar que a la hora de demostrar su patriotismo y profesionalidad en materia bélica en una guerra en serio (Malvinas) defecaron en sus pantalones frente a los verdaderos enemigos de la Patria y se limitaron a mandar a nuestros chicos como simples “cristos” a los combates. Por estos importantes actos de justicia, arremeten sin piedad y con bastardos e insostenibles argumentos en sus críticas, contra el actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
El actual y gracioso rejunte político autodenominado “Oposición”, suplanta con críticas la carencia de propuestas políticas en el ámbito nacional. Entonces recurre a la crítica, la mayoría de las veces sin fundamentos; se acusa, sin pruebas; se dice lo que supuestamente para ellos está mal hecho en materia de decisiones políticas, pero nunca dicen que es lo que se debería hacer; sus críticas de hoy se contradicen con las criticas anteriores. Pero por el solo hecho de criticar al gobierno nacional reciben importante centimetraje periodístico de parte de la prensa escrita y minutos de televisión (aunque el costo sea elevadísimo)
Los monopolios multimedios afectados por la nueva Ley de Medios Audiovisuales se encargan de que la “moda” de criticar al gobierno nacional no decaiga ni por un instante en el sector en cuestión.
Mi Tía es una de las integrantes de ese sector. Vive en una provincia que está a más de 1000 Km de esta Capital, habla de la “zurda” de la presidenta, de que sus medidas solo son para robar, que tiene a ese delincuente de Moreno para que la ayude.
En algún momento de este verano que está por concluir yo le pregunté quién la informaba al respecto. -“TN lo dice a cada rato; la Mirta Legrang lo dice” -me respondió. Le pedí que me diera ejemplos de los robos y de las malas medidas de Cristina, recibiendo como respuesta -”Es una Yegua. Todo lo que hace está mal. Beneficia a esos negros vagos de mierda, y nosotros los que trabajamos, qué?. Para eso lo tiene a ese sinverguenza de Moreno”. Le recordé que ella ya era una jubilada y que gozaba del 82 % gracias a Cristina y a que le sacaron el negocio a las AFJP. Le volví a pedir que me diera ejemplos de los “choreos” y las “malas praxis” de Guillermo Moreno, recibiendo como respuesta: - “Es una basura de tipo, con lo que hizo con el indec ya es un delincuente.” ¿Y que hizo con el Indec? Le dije pidiéndole precisiones: -¡Es una porquería de persona!! Y no me hables más de toda esa lacra de gente porque me dan asco.
Mi tía se levanta temprano y escucha una FM del lugar de alta audiencia, una radio que cada media hora se engancha con Bs. As. para emitir “Mitre Informa Primero”. El 70 % de las FM del lugar se conectan con Radio Mitre, uno de los medios del Grupo Clarin.
Mi Tía critica porque esta de “moda” criticar al gobierno nacional.
Mi tía no tiene ni idea de lo que dice y solo se limita a repetir lo que dicen los medios.
Mi Tía -encima- repite cosas que desconoce, o que no entiende.
Mi Tía se parece mucho a Mirta Legrang en el discurso y puede tener salidas a lo “su” Gimenez.
Mi tía es la síntesis del pensamiento opositor (pensamiento vacío).
Mi tía es la típica tilinga de clase media.
Mi Tía Vive a la “Moda”.

(1) Hoy en día los informativos de televisión y ciertos programas periodísticos piensan por ellos
.
(2) En otro artículo mostraré evidencia de este pensamiento, párrafos extractados de diarios de sesiones sobre el tratamiento de la ley Saens Peña referida al sufragio universal, secreto y obligatorio.
(3) Los mismos inconsistentes y remanidos argumentos que se escuchan a diario por los medios del grupo Clarín, grupo América, C5N, y con mayor y ficticia “altura académica” puede leerse en el diario La Nación, cuando se refieren a las medidas tomadas por el el Gobierno de Nestor Kirchner anteriormente y por Cristina Fernández de Kirchner, en cuanto al manejo de las reservas y a la distribución del ingreso.
(4) En un futuro artículo brindaré algunas pruebas referidas al “Proceso de Reorganización Nacional” y a quienes ellos consideraban “enemigos de la Patria”; que no fueron “casualmente” los dirigentes ni militantes del Partido Comunista, sino los marxistas-peronistas según la denominación impuesta por los asesinos de aquella dictadura militar.
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¿EDUCACIÓN PARA CAMBIAR QUÉ?
20 ene 2010 Arte y Cultura, ECONOMÍA, Educacion, Notas semanales, Política Internacional
LECTURA DE VERANO
Nota Publicada en el número 12 de EL EMILIO en su versión impresa.
«No cometan el error de creer que la comunidad
científica es científica»
John Hagelin
Por Victor Leopoldo Martinez
No pocos habitantes de este bendito planeta tienen, en teoría, una aparente convicción de que la educación sirve para cambiar a las personas, y por ende a las sociedades que las contienen. Pero muy pocos se detienen a pensar si lo que se está haciendo en materia educativa es para bien o para mal. Si miramos las innumerables y nefastas consecuencias que padece la humanidad toda por la aplicación de ciertas políticas educativas a nivel planetario, lo que no se tiene hoy en día, es la certeza de que lo que se está realizando sea para bien. El mundo científico navega en un mar de incertidumbres y ninguno de sus integrantes está en condiciones de hablar de “certezas” en tema alguno. Sin embargo, y tozudamente, se sigue insistiendo en obsoletos paradigmas vendidos como entelequia que solo sirven para estereotipar metodologías de enseñanza-aprendizaje, sin otro fin que el de adiestrar y domesticar al individuo a un estilo de vida más relacionado y ajustado a las leyes de la economía y el mercado, buscando generar consumidores, que a la necesidad interna de transformación que todo individuo tiene de manera consciente o inconsciente. Me refiero a esa necesidad de transformarse en persona que todo humano tiene, única vía para ser sujeto de transformación.
Seguramente muchos gritarán hipócritamente -”¡Pero que está diciendo este señor! Nosotros que dejamos jirones de nuestras vidas en la investigación de cuanta pedagogía anda dando vuelta (Yo diría jodiendo) por ahí”. En realidad estos “señores” no me preocupan en demasía; aunque nos deberían preocupar porque manejan resortes de poder. Pero como los que trabajamos en otra dirección estamos convencidos que el verdadero poder está en la gente, no “gastaremos pólvora en chimangos” (con perdón de los chimangos). Estos falsos “eruditos”, en realidad son los mismos que buscan el prestigio elaborando “papers” que dan cuenta de sus tesis doctorales, único modo de ser aceptado por este perverso sistema para su posterior “uso”, y cuya única gratificación es entrar en el gran negocio que significa, hoy por hoy, la educación. Pruebas al canto; los resultados positivos de la acción educativa desarrollada desde hace tiempo y hasta el día de hoy, por lo menos en nuestro país y viendo las particulares maneras de entender la ética y la moral que recibieron en su formación los funcionarios que llegan al manejo de los resortes del poder político e institucional del estado (todos ellos con títulos de grado o postgrado habilitantes, oficiales o “truchos”, da lo mismo), no aparecen por ningún lado. Por el contrario, siembra cada vez más dudas la formación que brinda el sistema educativo en relación con la defensa de los intereses de las mayorías nacionales postergadas, casualmente en términos económicos y de mercado. Entonces, ¿por qué se insiste en esa dirección? ¿Por comodidad, o complicidad encubierta?
¡En fín! El resto seguirá -seguiremos- trabajando en este duro pero bello oficio que es el de aprender enseñando. Deleitándonos con todo aquello que esté relacionado con la vida y con el cómo convivir armónicamente con este maravilloso mundo que nos contiene. Agradecer a esa naturaleza que nos creó; agradecer por todo lo que nos regala con cada amanecer, con cada acción diaria y cada anochecer, en nuestras horas de descanso, al dichoso despertar del día siguiente que nos permite volver a empezar con la hermosa tarea de seguir compartiendo toda la creación, conociéndola, aprendiendo de ella , de los semejantes; conociéndonos y compartiendo todo conocimiento.
Agradecer. Término que se volvió obsoleto; como compartir. ¿Será por lo poco que se los utiliza hoy en día? Dos hermosas palabras que fueron tan intensamente trabajadas en el conocimiento antiguo para que sus respectivos valores fueran perennes.
¿Cuánta sabiduría hay en nuestra tierra y cuánto conocimiento cultivado (cultivo=cultura) por nuestros ancestros que desconocemos? Somos conscientes (del griego cum scientiā “con conocimiento”) que toda sabiduría genera valores. ¿Por qué se taparon (literalmente) y no se dejó que se siguieran cultivando esos valores? También somos concientes que se lo hizo en pro de la “necesaria civilización”. ¿Qué es civilización? ¿No existe un hecho razista y discriminador en todo aquello que esté asociado a las “cunas de las civilizaciones” cualquiera sea la que se auto-titule como tal? ¿Hay una sola cultura válida y superior al resto con derecho a que se le reconozca su propiedad intelectual, y a ser impuesta en todo el planeta? ¿Es la máxima expresión la que se define como cultura occidental y cristiana (o cretina dijera alguien por ahí)? Son los de ella ¿los únicos valores válidos? ¿A expensa de qué y de quiénes prevalecen dichos valores hoy en día? ¿Cuál es el costo, en vidas humanas y en términos ambientales, que la imposición de dichos valores exige y la humanidad toda está pagando?
De algo estamos seguros. No sabemos qué estamos haciendo con nuestro hogar planetario; ni siquiera con nosotros mismos, aunque lo intuimos. En ese sentido, tampoco sabemos para qué estamos educando. Y lo más grave; ¡lo seguimos haciendo!. Nadie para la “pelota”. Si la supuesta “racionalidad civilizada” nos condujo hasta aquí y las pruebas están a la vista, entonces ¿por qué no confiar en esa “¿irracional?” intuición que nos indica cambiar el rumbo?
Cualquier acción educativa -buena o mala- genera cambios; y estos siempre repercutirán finalmente en el país o región donde se accionó. Todo proyecto político genera demandas. Una de ellas es en términos educativos. Todo hecho educativo influencia, directa o indirectamente, sobre las otras sociedades que comparten con ella un determinado espacio físico; por exceso o defecto; en términos competitivos o integradores. Esto es una verdad indiscutida y comprobada a través de innumerables hechos consumados. En nuestro caso, ¿qué proyecto original(por “propio”) en lo nacional lo demanda? ¿Cuál es proyecto regional (en términos sub-continentales) y cuáles las demandas para concretar la tan recitada y mentada integración regional, donde la educación jugaría un papel más que superlativo? Si esto no es tenido en cuenta entonces estaríamos trabajando para alimentar el “Divide y reinarás”. ¡Hermoso futuro como destino nos espera! Pero, ¿hablamos de un destino inmodificable? ¿Se agotó nuestra capacidad creativa a tal punto que debemos dejar en manos de otros el futuro de nuestras vidas como personas, como nación, como subcontinente?
Preguntas y cuestiones que siguen sin ser abordadas, que no “encuentran” respuestas, sea por desidia, conveniencia, inoperancia o lo que sea, de todos los agentes políticos que operan sobre la educación nacional, regional y mundial; personajes que fueron cultivados por este perverso sistema bajo la égida de la actual educación. Insistir con estos «personajes» y con las mismas soluciones ¿no es un acto, más que estúpido, de sado-masoquismo?
Somos concientes que el mecanismo intrínseco del proceso enseñanza-aprendizaje que conlleva todo hecho educativo, no comienza con la incorporación del individuo a un establecimiento educativo a temprana edad, ni mucho menos. Invalidaría el otro concepto teórico, el de “educación permanente”. Esto también, en teoría, es por todos conocido y reconocido. Pero, en la práctica y paradójicamente, nadie asume ni se hace responsable de “cierto” período formativo que necesariamente tiene cualquier persona. Me estoy refiriendo a los primeros valores que todo ser -en su etapa de bebé y niño- comienza a tomar e incorporar de su entorno, desde el instante posterior al momento de nacer. Vínculo y relación con su madre, con su padre, con sus hermanos, con el entorno físico en términos ambientales. Un vinculo que necesita de pruebas, de ensayo-error, de imitación, de incorporación de respuestas a sus múltiples ¿por qué? y su posterior comprobación, etc, etc.
Mal puede llegar un niño a su adolescencia, juventud y adultez con ciertos valores perennes incorporados si no los vio ni los vivió en esa etapa. ¿Cómo podrá valorar el respeto por si mismo y por los demás, por el habitad que lo contiene, por la Pachamama, si desconoce su propio valor como criatura universal; si no mamó en su infancia la belleza de los vínculos armónicos entre él y su medio? ¿Cómo alguien puede actuar responsablemente (Krisnamurti define responsabilidad como “respuesta adecuada”) si nunca tuvo la oportunidad de reflexionar sobre esta cuestión?
Todo esto nos debe hacer meditar, nos obliga a reconsiderar nuestras actuales responsabilidades sobre estos aspectos que relacionan el aprendizaje con el qué, el por qué y el para qué del mismo. Lógicamente si es que en realidad queremos producir algún cambio en un futuro inmediato o mediato; si queremos mejorar nuestra relación con el mundo. Sino la sabia naturaleza dará cuenta de nosotros en su camino evolutivo.
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