Colaborando con David Rockefeller y los “Indignados”

C.A.B.A., Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Internacionales

 

A raíz de los supuestos dichos de David Rockefeller publicado por EL EMILIO en diciembre pasado en la nota titulada “La Gran Guerra del siglo XXI” extraída del diario EL PESO, se me ocurrió colaborar con el mencionado señor tirándole datos que aparentemente se le pasaron por alto al confeccionar esa hipótesis de trabajo que intenta preveer un futuro escenario planetario.

 

NOTA EDITORIAL

Por Pedro del Arrabal

Ya de regreso de mis merecidas vacaciones, y luego de leer algunas de las notas publicadas por nuestra revista –y el compañero Facundo quien generosamente  se quedó trabajando-, me detengo en una de ellas titulada “La Gran Guerra del Siglo XXI” (http://www.revistaelemilio.com.ar/2011/12/la-gran-guerra-del-siglo-xxi/) y me apresto a colaborar con una tesis lanzada por Rockefeller y que aparece en dicho texto.

Presentando el “personaje”

Antes que nada creo necesario presentar a este personaje norteamericano muy mencionado como “cuco” por la literatura política internacional, especialmente aquella surgida de la pluma de tercermundistas, pero en realidad poco conocido por el vulgo en general. Tampoco es intención de esta nota hacer un relato biográfico de su persona.

 

Nacido en 1915 en EE.UU., cuenta hoy con 96 años y es un célebre banquero (en términos criollos un usurero financista pero no a nivel norteamericano solamente sino jodido a nivel mundial; chupó sangre a la humanidad entera), es nieto de John D. Rockefeller aquel que fuera fundador de la Standard Oil. Con el agravante que este no solo es banquero sino también “milico” lo cual hace que su mente sea más jodida aún.

Además de las más diversas maldades que vino cometiendo en el mundo entero a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, es amante de las excentricidades. ¿Le suena el Rockefeller Center de Nueva York? Es uno de los tantos superfluos productos de sus extravagantes decisiones. Vendría a ser como “To spend money in pelotudeces” (“Gastar guita en…”) ¡Siii..ese lugar adonde querían ir a recibir el “2000” nuestro recordado Bernardo Neustad (q.e.p.d.) y la “Su” Gimenez; aquel evento que todos los canales locales (Argentinos) de televisión se conectaron en cadena para mostrarlo como un acontecimiento único; una celebración ajena asimilada como propia, como nuestra. Cosas de la colonización cultural. Como la navidad que no es tal si no aparece un viejo llamado “Papá Noel”, empilchado ridiculamente de invierno para cumplir con el ritual, padeciendo los 30 a 40 grados de nuestros veranos. Ese imaginario personaje virtual que cada año es súper feliz porque renueva “jugosos” contrato (U$S) de sociedad con los fabricantes de productos –muchos de ellos superfluos- de las grandes corporaciones norteamericanas para recorrer los cielos con su trineo tirado por Renos, pobres y explotadas “creaturitas ‘e Dios” dijera Inodoro Pereira, a quienes las hace cabalgar por el aire (doble laburo para los pobres bichos y “Papá” cagándose en las asociaciones protectoras de animales), para llevar regalos a los devotos del consumismo sin los cuales no son felices. Cultura del país de los Rockefeller que tampoco se cuestiona tener una ciudad en medio de un desierto –Las Vegas- que consume por día la misma cantidad de energía que consumen cinco naciones centroamericanas en un año, simplemente para que los privilegiados se diviertan.

 

¡Qué lejos quedó nuestro Niñito Jesús; aquel que visitaba hogares humildes los 25 de diciembre a la madrugada y nos dejaba aunque más no sea una pelota hecha con viejas medias sobre nuestras pobres zapatillas rotas, o alpargatitas, con una nota al lado de nuestra cartita pidiendo perdón por el regalo tan mísero en lo material pero que para nuestra alma de niño resultaba tan bellamente humano en lo esencial! ¡Con esa pelota de trapo podíamos jugar, que joder! ¿¡Que había más importante que eso?!

 

Yendo al purulento grano

Hecha la presentación, vamos de lleno a la tesis-conclusión a la que llegó este Sr. y que aparece en ese artículo; que no resulta ni de un loco ni descabellada viniendo de la mente que viene:

“David Rockefeller sostiene la tesis de que, un mundo con 7.000 millones de habitantes no es sustentable, sobrarían según él, 3.000 millones.”

En principio nadie que esté en sus cabales podría negar que tal afirmación, vista con determinados lentes, tiene una alta cuota de realismo. Pero para que la tesis del teorema de Rockefeller cierre, a la hipótesis con la cual él y sus alcahuetes colaboradores cientificistas trabajaron le faltaron (o escondieron) tres datos claves:

a)El alto nivel de vida alcanzado en el último siglo y medio –con dos guerras mundiales motorizadas por la codicia incluidas- por las sociedades de los países centrales cuyos habitantes superaron con crece la satisfacción de sus “necesidades básicas”, pasando a ser básico lo superfluo.

b) El consumismo y el derroche del que vinieron haciendo gala esos países frente al resto del mundo sumido en la miseria, el hambre y la explotación de seres humanos y recursos naturales que ellos mismos, a través de sus gobiernos infligían para poder mantener esa “alta calidad de vida”.

c)El tercero lo dejo para el final porque es un dato que surge de la concepción “universalista” –diametralmente opuesta a la vieja-nueva “globalización” donde el centro maneja a la periferia e impone las reglas de juego- planteada por el Gral. Perón allá lejos y hace tiempo pero que hoy tiene más vigencia que nunca.

 

Volviendo a los dos primeros datos, me refiero a esa codicia euro centrista y norteamericana que no solo devasto los recursos naturales a nivel planetario, sino que también se desarrolló tecnológicamente sin ponerse limites. Codicia que es hoy la más grande y mayor responsable del calentamiento global en razón de la alta contaminación atmosférica existente por la cantidad de emanaciones de gases tóxicos que su desarrollo trajo consigo y que se niegan a dejar de emitir; codicia que los llevó a una constante apropiación y destrucción de las fuentes de agua para utilizarla en sus actividades industriales contaminantes diseminadas por todo el mundo, entre ellas la minería. Codicia que los llevó a contaminar mares y océanos, a usar a los países africanos de depósito de sus residuos, muchos de ellos altamente tóxicos; codicia que los hace ser los poseedores de los mayores arsenales nucleares y de contar con los mejores manipuladores biogenetistas con fines no pacíficos pero vendidos a la sociedad como aportes de la ciencia para el mejoramiento de la calidad de vida humana, etc, etc.

Señalado esto último como la sumatoria de los  datos faltantes en la hipótesis de trabajo, algo obviado para que la tesis de Rockefeller cierre, ya que en términos generales son las claves para que la vida en el planeta sea hoy in sustentable, es innegable, y no deja margen para ninguna duda, que fue esa codicia, la codicia de los países centrales la que permitió a dichas sociedades vivir muy bien en el lapso de tiempo señalado. Poco les importó a esas sociedades cuál fue el costo que pagaron las otras sociedades, las de la periferia global que fueron las que padecieron una vida humillante para que ellos gozaran de un buen pasar.

 

Propuesta de solución I

Por eso y a modo de colaboración, desde mi lugar de habitante de un país emergente y periférico, al Sr. Rockefeller le tiro la primera “punta para una posible solución” al desmadre del crecimiento demográfico planetario. Para eso tomo como referencia el cálculo suyo que haría sustentable la vida en este planeta. Bastará con barajar algunos números:

Si según él son tres mil millones los que sobrarían en este planeta, el tema pasaría por saber quiénes son los que están de más.

 

Visto y leído esto desde la periferia y teniendo en cuenta lo antes descripto, uno podría comenzar señalando que: con 270 millones de EE.UUdenses + 600 millones de europeos ya tendríamos 870 millones que de ser eliminados, “fría y cientificistamente” bien podría el señor Rockefeller ir achicando esa cifra de sobrantes reduciéndola de 3000 a 2130 millones.

¿Y por qué tenemos que ser nosotros y los europeos los que debamos desaparecer? se preguntará usted don Rockefeller.

La respuesta surge naturalmente y no contranatura como nace en su tesis ¿y por qué tendrían que ser los otros, los del resto del mundolos los que deban desaparecer? le contestaría yo repreguntado.

Si usted y yo realmente pensáramos seriamente en el planeta nos preguntaríamos: ¿Quiénes son los responsables de joderlo para que este a punto de reventar en términos ambientales? Usted mejor que yo sabe que no se trata solamente de capacidad de carga del planeta en relación a las bocas que debe alimentar, sino de todas las variables energéticas de las  que el humano hace uso. La conclusión llega de manera ineludible, habría que eliminar a los más jodidos que son ustedes ya que como especie resulta difícil imaginar que un suicidio en masa este dentro del imaginario colectivo del resto de la humanidad como una posible solución. Insisto, si pensáramos seriamente y nos atenemos a los hechos que en política internacional su gobierno viene generando en la últimas 4 décadas, queda más que claro que con las guerras que inventa y fomenta en la periferia global para apropiarse de recursos energéticos estratégicos, para alimentar económicamente a sus industrias armamentistas conservando fuentes de trabajo para los norteamericanos y las muertes inocentes que estas producen ya no alcanzan. ¿Se animará usted y esa logía que usted integra detrás del poder, a través de sus títeres gobernantes incursionar una vez más en la criminalidad produciendo sutiles acciones donde se puedan usar armas bacteriológicas para exterminar a esa parte de la humanidad sobrante?. Se me ocurre pensar que dentro de su frío imaginario esta no es una solución descartable, y al día de hoy tampoco una ficción. ¡Pero ojo! El campo de las ciencias es fantástico, pero también artero cuando no se obra responsablemente. Los ensayos de laboratorio en muchas ocasiones son apenas controlables; las experimentaciones en campo son impredecibles (aunque se intente vender lo contrario) como imprevisibles en sus consecuencias hasta para los propios generadores. Y esto vale para cualquier ciencia, incluida las económicas. Engendros como el FMI y BM, pensados para esquilmar a los países periféricos terminan hoy volviéndose contra los propios pueblos de los países centrales.

¡Codicia, Avaricia!!!

Se que todo esto a usted poco le interesa ya que se encuentre con un pie dentro del “jonca” y el otro sobre una cáscara de banana. Pero me resulta interesante pensar que cuando se vaya de este mundo lo haga con la duda de si fue un tipo inteligente –en la más amplia acepción del término- o realmente un pobre tipo con “apariencia de rico”.

 

Historiando razones

Pero detengámonos por un instante en lo que nos ofrece la historia como hechos palpables. Desde hace más de cinco siglos las sociedades europeas –partidas en clases, o no- vinieron disfrutando del saqueo y la expoliación que sus gobiernos llevaron adelante en todo el resto del planeta para apropiarse de sus bienes y riquezas. Con Gran Bretaña, Francia y Alemania a la cabeza y el resto de las sociedades europeas colgados de sus falda, la mayoría de los ciudadanos europeos gozaron de su autoimpuesta condición de “centro del mundo”, y con beneplácito consintieron la explotación en la que sus perversos gobiernos sumían a pueblos enteros y aprobaban la explotación descontrolada que hacían de los recursos naturales y metalíferos en la periferia global. La culta Europa, la cuna de la “civilización” y el conocimiento ¿hacía gala de una supina ignorancia, o los conocimientos eran consentidamente superados por el tercer pecado capital, la avaricia?

Después de dos siglos y medio de desarrollo industrial, el planeta está por colapsar; y la responsabilidad no es casualmente de los países periféricos ni del desmesurado crecimiento demográfico de sus poblaciones que con eso ven agravar aún más sus propias subsistencias.

Hace ya casi 150 años que el hijo putativo de “la rubia Albión” –EE.UU.- vino creciendo como potencia económica y militar gracias a un accionar supranacional siguiendo el ejemplo de su madre patria y con la mirada puesta de manera criteriosa y más inteligentemente en el futuro ya que lo hacía con criterio de prospectiva. Así llegaron sus finanzas a dominar el mercado internacional e imponer su moneda como patrón de cambio. Aunque, y a fuerza de ser sincero, no podemos decir que se trate de un hijo desalmado; siempre se acuerda de las enseñanzas de la madre de todas las economías y nunca olvida su regla principal: “hay que preservar la especulación financiera, santa madre de las economías parasitas, pero efectiva por los siglos de los siglos, “AMEN”.

Hecha esta simple y sencilla salvedad analítica, vayamos a nuestro punto c) que dejamos para el final.

 

Propuesta de solución II

El tercer dato que podría incorporar don Rockefeller a su hipótesis de trabajo para obtener una tesis más humana y menos codiciosa, sería el siguiente:

c) Si las sociedades de los países centrales renunciaran en parte a su ostentoso nivel de vida, y pensaran más planetariamente en términos humanos, con buena educación (no más educación que hoy por hoy es más de lo mismo), un mejor y más concienzudo aprovechamiento de nuestros recursos naturales, con un racional uso de los recursos energéticos por parte de toda la humanidad, nuestro bendito planeta tendría pan y agua para saciar el hambre y la sed de todos los humanos. Esta sería una posible solución sin necesidad de asesinar a nadie como hacen hasta ahora, abierta o solapadamente los centros financieros y los gobiernos de los países centrales. La tesis Rockefellerniana se caería a pedazos y la humanidad respiraría aliviada.

La etapa de la universalización pensada por el Gral. Perón contemplaba –y contempla, ¿por qué no?- la integración de los pueblos del orbe para vivir en armonía dentro de un mundo socialmente justo. Propuesta muy alejada de esta obligada globalización económico-financiera que hoy padecemos, impuesta por los nefastos organismos multilaterales

 

Pero… ¿es esto posible?

Relativamente.

Pregunta…¿por qué?

Respuesta… Por una cuestión cultural muy internalizada en las sociedades de los países centrales.

 

Veamos. Somos solidarios con el fenómeno de los “indignados” que apareció en Europa y EE.UU. producto de la crisis financiera que desató el rompimiento de esa burbuja en la que ellos mismos vivían. Pero si nos despojáramos de toda hipocresía, podríamos pensar fríamente que esos “indignados” no están buscando otra cosa que no sea recuperar su anterior nivel de vida, ese nivel que dijimos más arriba en esta nota, daña el planeta. La indignación de los “indignados” aparece cuando descubren que perdieron en un juego que ellos mismos aceptaron jugar con las reglas que el propio sistema que los contiene y que ellos defienden les impuso. Un juego que cuando se desarrollaba en la periferia del planeta, ellos lo miraban sorprendidos y con lástima por las consecuencias que padecían los perdedores. ¿Estarán dispuesto estos “indignados” a resignar ese nivel de vida que intentan recuperar en un gestó verdaderamente revolucionario y en pos del bienestar del resto de la humanidad y desde una conciencia planetaria que no quede solo en lo discursivo?

“Este mundo es uno y para todos; todos juntos vamos a vivir” dice una canción del conjunto chileno Los Jaivas. Lo dicen poetas de la periferia. ¿Valoraran esta poesía llena de vida los “indignados” del centro?

Esta vez el ensayo de laboratorio de los organismo financieros internacionales fue llevado al campo europeo y norteamericano y tuvo las consecuencia imprevisibles antes mencionadas. Surgen estos “indignados”. Pero la indignación ¿emerge porque desgraciadamente ahora les tocó a ellos pagar las consecuencias? Esa indignación ¿no debería estar direccionada hacia los que especulan financieramente, a quienes poco les importa el costo de deba pagar cualquier porción de la humanidad? Pero no solo a nivel europeo y/o norteamericano. ¿No sería más valioso –y por qué no más revolucionario- que los “indignados del centro” se sumen a las luchas populares que se desarrollan en la periferia, y que todos juntos busquemos cambiar este oprobioso sistema financiero? ¿No sería más útil para el planeta que todos juntos tratáramos de imaginar un mundo más justo, menos egoísta, más solidario, poniendo manos en la obra de construirlo y así poder concretarlo?

“Dirán que soy un soñador, pero no soy el único.” Decía un loco lindo nacido y criado en el centro del planeta, de nombre John Lennon. Soy de su misma generación y todavía lo sigo acompañando en su sueño.

 

Fotos:

Rockefeller: eumelvi.blogspot.com

Indignados: AP PHOTO- Emilio Morenatti