REFLEXIONES SOBRE CIERTA HISTORIA DEL PERONISMO (Parte I)

Buenos Aires-Argentina-EL EMILIO

Hoy presentamos la Primera Parte de un trabajo que intenta reconstruir una porción de la historia del Peronismo y sus principales actores referidos a dos períodos (1966-1976 y 1983-2010). El mismo fue realizado a manera de crónica no sin la lógica carga de subjetividad y emotividad que brota de las mismas vísceras del autor por su condición de militante y por el hecho de haber sido parte y protagonista de la historia de aquel momento. Todo lo aquí volcado por Pedro del Arrabal es materia de discusión, pero a los fines de generar y realizar una discusión sería, que sirva para enriquecer el peronismo, con buenos fundamentos y argumentos que alimenten el esclarecimiento de un período que, según sean los actores y el lugar que ocupaban en aquel momento, se pueden leer y escuchar versiones muchas veces encontradas; y en más de un caso con “chicana política” arrastrada por viejos vicios como argumento; por lo general interpretaciones un tanto antojadizas de los hechos, acciones y acontecimientos.

Por eso, y antes de abrir cualquier juicio apresurado, se recomienda leer hasta el final el presente trabajo para recién ahí, dar una opinión, juicio de valor, o hacer las críticas que como lector, sea militante o no, crea conveniente.

Por su extensión, el mismo se realizará en varias entregas (cuatro), y en días sucesivos para darle continuidad.

La Redacción

Por Pedro de Arrabal

PARTE I

“Esto es una parte de la verdad Peronista, que es la mía; la de un militante del llano. Nadie en el peronismo tiene la verdad absoluta ni la propiedad intelectual adquirida de lo que es ser Peronista. El Peronismo ante todo es un movimiento de masas, no un partido político; y yo fui y soy militante de ese gran movimiento. Nadie tampoco tiene el derecho de juzgar la calidad de peronista de ningún compañero y/o militante, porque son los hechos y las conductas las que definen a los verdaderos peronistas. Son las conductas de algunos que aquí señalo, las que me llevan a cuestionar su peronismo; como también la poca valentía para no decir su verdad política o ideológica.   A partir de la desaparición física de nuestro conductor y por decisión de él, es el militante del llano quien resultó depositario de la pesada carga de la herencia peronista. Así lo estableció Perón al decir sabiamente que su único heredero era su pueblo. Por sentirme parte de ese pueblo cuento una parte de la historia  de un peronismo  que todavía hoy tiene heridas sin cerrarse y con la sola intensión de aportar datos a la bienvenida discusión política que se reestableció en nuestro país a partir del 2003; de colaborar en el esclarecimiento de la historia reciente, la que va de 1966 hasta la fecha.”

Pedro

VIRTUDES Y DEFECTOS DE LA POLÍTICA SEGÚN QUIÉN Y DESDE DONDE SE LA MIRE

Desde el regreso a la democracia -1983-, para el grueso de la sociedad Argentina, la política tuvo y tiene una virtud, permitir a los ciudadanos ir conociendo quién es quién en la función pública y en el campo de las instituciones democráticas. Para algunos de los actores políticos en cambio es el mayor defecto porque los desnuda. No es algo casual dentro del sistema político elegido. Optamos sanamente por la democracia por ser el mal menor; o el menos dañino si se toman en cuenta las ofertas de sistemas políticos que la historia universal tenía en su estantería. En democracia, la política permite saber quién o quienes se acuerdan de los ciudadanos después de un acto electoral; quienes cumplen con sus promesas preelectorales; conocer traiciones ideológicas (peronistas, radicales, PCtistas), mentiras, falsas promesas. Permite saber quién es quién dentro de los partidos políticos (1); en el campo de las ideas (o conocer si hay vacío de las mismas); en fin… conocer a los políticos a través de sus actos en la vida institucional de un país. “Tatita” Freud (así lo llamo yo) hace el resto en materia de fallidos y traiciones del subconsciente de los que quieren ser los actores principales en esta gran obra teatral que tiene por protagonistas a los argentinos.

Para lo que intento comentar, pongo en escena a los actores políticos en esa obra teatral a la que hago referencia, donde los ciudadanos estarían haciendo el papel de actores de reparto… (o que esperan el reparto). Pero focalizaré la cuestión en los peronistas y/o los que se dicen peronistas; no porque tenga autoridad para abrir juicio sobre grado de peronismo de militantes peronista del movimiento, pero si por tener el derecho de no querer “ingerir sapos políticos” a nivel del partido justicialista, que es por donde se encaraman en la función pública muchos personajes que de peronista no tienen nada y hablan y hacen en nombre del peronismo.

Hago esta salvedad porque por suerte las formas de hacer política han variado en cuanto a lo formal pero no así en lo sustancial; por lo menos en relación al peronismo.

En este sistema democrático que nos toca vivir, hoy son los medios los que instalan candidatos y hacen creer a muchos ciudadanos que son ellos los que están eligiendo.

Los hechos y las metodologías parecen originales y nuevas, cuando en realidad lo único nuevo son las herramientas tecnológicas. Equivocadamente se piensa que la imposición de candidatos, por ejemplo en nuestro país y de manera mediática, apareció con la vuelta a la democracia, en 1983.

¡Nada nuevo bajo el sol!

Sobre la imposición de candidatos, Perón solía tomar como ejemplo la república que le siguió a la Revolución Francesa. Con total sencillez decía: “En aquel entonces y luego de aplacados los estertores de violencia del hecho revolucionario en sí mismo, la burguesía se alió con lo que quedaba de la nobleza, compró sus títulos, y con el advenimiento democrático ponían ellos los candidatos, y los franceses (el pueblo frances) creían que eran ellos los que elegían. Así controlaban la política y el poder”.

En todo caso, lo nuevo en todo esto es la aceleración de los tiempos que ciertos medios periodísticos (la TV por ejemplo) le fueron imprimiendo a la tarea informativa. Este hecho no es producto de la casualidad. A través de ello se logró sumergir al ciudadano común en una vorágine de noticias que por lo general va impidiendo cualquier posibilidad de análisis, transformando al televidente, al radioescucha o al lector de diarios, en un mero consumidor de las mismas. La monopolización de la generación de noticias hizo y está haciendo el resto. Si a lo dicho se le suma la cantidad de información suministrada, para cualquier individuo receptor, lo de ayer parece ser una noticia demasiado vieja. Ante la magnitud de este accionar mediático, una parte de la sociedad reacciona por reflejo condicionado al estar cautivos de esos medios.

La condición Borgiana de “incorregibles” fue quizás la que impidió que esto también afectara a muchos peronistas. Para el caso de muchos otros que se decían peronistas (y en los hecho demostraron que no lo eran), lo que no pudo hacer la sangrienta dictadura militar que asoló al país y a su pueblo entre 1976 y 1983 en su trabajo “conversor”, pudieron los medios en el período Alfonsinista-Menemista. Antonio Cafiero quiso hacer del peronismo un partido socialdemócrata; no era novedosa la decisión, intentaba seguir los pasos de Alfonsín.

Pero si hablamos de dirigente peronistas y de los que jugaron de peronista, el período Menemista fue sin lugar a ninguna duda, el más antiperonista que haya existido en la historia del país; por su intensión de matar al peronismo desde adentro, tratando de transformarlo en lo que no era. “Rescató” al peronismo de su tendencia socialdemócrata cafierista para atarlo al social cristianismo derechoso europeo con el verso de la globalización política. Logró sembrar la confusión dentro de cierta clase dirigentes, la mayoría de ellos oportunistas que se decían peronistas. Sembró la semilla neoliberal en estos personajes, que mucho riego no necesitaban, y allí florecieron lo que hoy son los dirigentes del peronismo Federal. El indulto, la aceptación de su gestión (no de su persona porque a la oligarquía les producía asco su aspecto, de allí el intento por cambiar su imagen exterior, porque la interior ya venía neoliberal de fabrica) por parte de la Sociedad Rural, de Neustadt, de Grondona y del stablishmen empresarial de todas las medidas políticas y económicas implementadas por este individuo, son hechos que de por si hablan por si solo y lo hacen el perfecto antiperonista. ¿Más claro? ¡Échele agua!

Pero gracias a Dios (quien facilitó los hechos), a la intuición y a la predica de ciertos viejos militantes, más la tremenda lucidez que hoy por hoy acompaña a nuestros jóvenes, el peronismo sigue vivo y está volviendo a recuperar su esencia y a ser lo que su creador y conductor quiso que fuera. Por eso resulta emocionante ver en los jóvenes esa decisión de no dejar morir nunca el ideario peronista; y que como producto de la propia evolución humana intentan, sin claudicar, dar la batalla en el campo de las ideas.

Cuando veo en los jóvenes esa avidez por incursionar en el campo del conocimiento de nuestras raíces latinoamericanas, cuando veo el fervor con que cantan la Marcha Peronista, cuando escucho las discusiones políticas en las que se suelen enfrascar, solo atino decirle a mi compañera, esposa y amiga: “Nunca todo estuvo perdido; los pibes tomaron nuestras banderas.”

Ahora bien, repasaré un poco los acontecimientos y acciones más importantes de la septuagenaria historia del peronismo; la que me enseñaron viejos militante de la primera hora y la que me tocó vivir como militante peronista.

Por eso voy a separa estas reflexiones en dos periodos: 1966-1976 y 1983-2010

EL PERONISMO “66-76”

Desde mi opción e incorporación militante dentro de la ideología política peronista (tenía yo 16 años y en el secundario había armado una agrupación que le puse ENUT-Estudiantes Normalistas Unidos Triunfaremos; desde niño simpatice con el peronismo) siempre había notado y padecido los vaivenes de la clase dirigente partidaria en su afán por imitar a Perón (que, desde ya, era y es inimitable en su accionar). Por lo general me desorientaban. Los que me reorientaban eran los militantes de base, los del barrio. Los dirigentes tomaban las palabras del “viejo”, hacían particulares lecturas de ellas, e intentaban aplicarlas en sus propias prácticas políticas.

Salvo honrosas excepciones, el resto ¡un desastre!

Esto ya ocurría con Perón en vida.

El intento Vandorista de la segunda mitad de los años “60” (elecciones mendocina de 1966 donde el líder metalúrgico Timoteo Vandor apoyó a al candidato Serú Garcia y Perón – a través de su enviada, Isabel- dio su apoyo a Corvalán Nanclares) fue un claro ejemplo. No ganó el peronismo (que se presentaba con otro nombre por estar proscripto) en aquellas elecciones, pero el candidato de Perón estuvo por encima –lejos- de Serú Garcia en caudal de votos. Fue un intento por parte de Vandor de crear un “peronismo sin Perón”. Y allí quedó demostrado quien conducía el Movimiento Nacional Justicialista, en quien confiaba el pueblo peronista y a quien le daba “bola” ese pueblo. El hecho fue contundente, y las interpretaciones y lecturas posteriores solo sirvieron para alimentar las intensiones divisionistas del movimiento peronista que nunca dejó de implementar el poder económico y agroganadero.

Por otro lado, los reiterados cambios de delegados a los que se vio obligado realizar nuestro conductor estando en el exilio, son las muestras más acabadas de esto que estoy diciendo. Las equivocadas –o malintecionadamente inducidas por intelectuales antiperonistas que operaban para el stablishmen- lecturas políticas que de esos cambios de “delegados” hacían los diferentes dirigentes que operaban por derecha y por izquierda dentro del Movimiento Nacional Justicialista generaron los ríos revueltos en los que se movía cuasi pez en el agua ese stablishmen. Lógicamente lo hacían para mantener el status quo que estuvo vigente hasta el regreso definitivo -20 de junio de 1973- del Gral Perón.

Sin embargo para el pueblo peronista, Perón era el conductor y el grueso del pueblo solo confiaba en él. Siempre fue así. Por eso, muchos nunca entendieron, y aún hoy siguen sin entender al pueblo peronista.

Notas:

(1)En cuestiones de partidos políticos hay opiniones divergentes y por ende interesantes. Muammar Al Gaddafi por ejemplo, líder de la Revolución Libia y Presidente de ese país, expresó en alguna oportunidad en uno de sus escritos, en otras palabras: “Los países dependientes tienen que luchar por su liberación y para eso se requiere de un pueblo unido. No se pueden dar el lujo de tener partidos políticos para sostener el sistema democrático tal cual lo indican los países occidentales capitalistas sojuzgadores. Ese es el engaño con el que se mantiene la condición de dependencia. De ahí la importancia de los movimientos populares. A cualquier país dependiente, la existencia de partidos políticos le impide lograr la meta primera que es romper con su situación de dependencia. Esto implica tener una sociedad partida, entretenida en disputas políticas internas, lo que le hace perder el objetivo de minima y de máxima, liberarse.”

(Continuará mañana)