FRENTE A LA CUMBRE CLIMÁTICA EN COPENHAGUE

Por Jorge Eduardo Rulli

A diez años exactamente de las protestas de Seattle, que desbarataron en aquel momento y en esa ciudad norteamericana, la cumbre de los ministros de la OMC: la Organización Mundial de Comercio, nos proponemos viajar ahora a Copenhague, en Dinamarca, para asistir al encuentro de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y participar de las manifestaciones junto a los muchos grupos antiglobales, campesinos y ecologistas que allí se darán cita. Estos últimos diez años son también para nosotros en la Argentina como GRR, años de dura resistencia, de permanentes denuncias del modelo de Agronegocios, de la sojización y de sus terribles efectos sobre los ecosistemas y las poblaciones. Un año después de Seattle, en el 2000, estuvimos como GRR en Montreal, durante las negociaciones para el Protocolo de Cartagena sobre OGM, y pudimos participar de las impresionantes manifestaciones antiglobales habidas en esa ciudad de Canadá. Las luchas contra la globalización fueron a lo largo de estos años un marco y una fuente de comprensión para nosotros, comprensión de los nuevos fenómenos de la dependencia neocolonial que provocaban las corporaciones, de su interés por apropiarse de nuestros recursos y bienes comunes, a la vez que de su intención de someternos al rol de producir commodities para los mercados globales. Nuestra organización en red y como grupos de afinidad es el resultado de aquellas experiencias, experiencias a las que sumamos las diversas tradiciones políticas de quienes se acercaron al grupo, cosa que logramos mediante el diálogo fraterno y el respeto mutuo, también, poniendo distancia de los aparatos políticos partidarios cualesquiera que fuesen.
Hoy, en estos finales del año 2009, nos enfrentamos a la Cumbre de las Naciones Unidas en Copenhague, cuando los cambios climáticos y la multiplicación de catástrofes ecológicas en el Planeta, se suman a la tremenda crisis económica financiera que estremece las bolsas y los mercados, mientras el petróleo en el mundo ha dejado definitivamente atrás su curva máxima de producción y el horizonte se torna cada vez más inquietante. Es impensable hallar otro combustible que nos regale la cantidad de energías que nos proporcionó el petróleo. La humanidad y en especial el sistema capitalista, ha desperdiciado en poco más de un siglo, la potencia acumulada durante millones de años de evolución de la vida en la tierra, y las consecuencias de ese mal uso se hacen evidentes en la contaminación de la atmósfera y en el creciente e imparable efecto invernadero que derrite los casquetes y amenaza gravemente la vida de la especie. No obstante ello, la incapacidad de nuestras dirigencias a comprender los nuevos desafíos y la voracidad por continuar haciendo negocios sobre la tragedia misma del planeta y pese a ella, resulta alucinante. Aparentemente, la delegación argentina a la Cumbre se propone principalmente, buscar financiaciones económicas de los países ricos bajo la justificación de necesitar esos recursos para adaptarse tecnológicamente a los cambios climáticos que se suceden. Los mismos que son absolutamente incapaces siquiera de tratar los residuos urbanos o de limpiar el Riachuelo, pretenden ahora enriquecerse a costa de los fondos e intercambios que promete la cumbre de Cambio Climático. Por lo demás, el discurso de la delegación, no difiere del de las Corporaciones: proponen, más OGM con siembra directa para solucionar el hambre del mundo, mayor eficiencia y tecnologías de punta en la agricultura, ahora industrializada, y ningún obstáculo a la política internacional de libres mercados que controla la OMC. La ignorancia y el compromiso con las empresas resultan francamente obscenos.
Esta etapa del Capitalismo globalizado exhibe el intento corporativo de adaptarse a las diversas y simultáneas crisis planetarias, con discursos y prácticas que conviertan los desafíos en oportunidades. Etapa de intensos maquillajes verdes, de falsos discursos ambientales, mercados certificados, RSE responsabilidad social empresarial, cooptación de las ONG a las políticas del Banco Mundial, estimulación de los sistemas de financiación con mecanismos de desarrollo limpio, y por sobre todo, la promesa del mercado de bonos de carbono. Esos mercados compensarán, supuestamente, las emisiones contaminantes del hemisferio norte con inversiones gigantescas en el hemisferio sur para la captación de masas similares de carbono de la atmósfera. Los desastres ecológicos producidos, devienen en oportunidades para nuevos negocios y para generar dependencias que someterán nuestros países a esas políticas globales. Los contaminadores podrán continuar estimulando el efecto invernadero en la medida que inviertan en proyectos que capten ese carbón de la atmósfera, y se está pensando principalmente en los monocultivos forestales y ahora en diversas prácticas propias de la agricultura industrial con siembra directa y semillas inoculadas para añadirles la capacidad de incorporar nitrógeno del aire. Mientras el mundo asiste espantado a los nuevos escenarios de desastres que provocan los cambios climáticos, para nuestras dirigencias, la etapa viene cargada de promesas y de beneficios personales en el manejo del poder que usufructúan. Inversiones de los nuevos mercados de bonos de carbono, subsidios y pagos por los bosques nativos y bienes comunes que no se sacrifiquen, y posiblemente, obtención de contribuciones adicionales por continuar con las mismas políticas actuales de contaminación y de saqueo.
Frente a este panorama en que las amenazas se agudizan, los pueblos se esfuerzan por reorganizar sus redes de resistencia, por generar pensamientos y discursos que develen las artimañas y estrategias de las Corporaciones, a la vez que por generar propuestas, propuestas que les permitan sobrevivir en un Planeta en crisis. El creciente consumismo, la manipulación que ejercitan los medios de comunicación sobre las conciencias y la sobresaturación de informaciones banales, las políticas de identidad que nos fragmentan, la ingesta de comida chatarra, la creciente concentración en megalópolis, el respeto por la gran escala, la agricultura industrial, la alimentación de animales en encierro con balanceados, las cadenas agroalimentarias que se apropian de nuestra alimentación y de nuestras vidas, van quedando expuestas como los eslabones de una cadena que nos condena a la infelicidad y probablemente a la desaparición masiva. Nuevos debates se suscitan, debates acerca de cómo contraponer a esas maniobras, planes y prácticas para resistir. Surgen entonces, los desarrollos locales con participación y toma de control por parte de las comunidades, la generación de modelos productivos amigables con la Naturaleza, surge también, el Descrecimiento, como propuesta que descentralice el poder y permita discutir la antigua idea del progreso, a la vez que de considerar nuevamente, como fines deseables por la Comunidad, la felicidad y el bienestar humano. Enrolados en estos compromisos vamos a Dinamarca como GRR para participar en la Cumbre del Clima, con la esperanza de hacer nuevos amigos y conseguir nuevos aliados para las luchas comunes que nos esperan. Mientras seamos capaces de creer que otro mundo es posible, seremos capaces también, de continuar la antigua lucha de los pueblos por la Soberanía Alimentaria y por la Justicia Social.

 

 

LA CUMBRE SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS RIESGOS DEL CHAUVINISMO ANTIECOLOGISTAS

el-nino-emilio-6Por Victor L. Martinez(*)

Los que de una forma u otra estuvimos -y seguimos estando- vinculados a las cuestiones ambientales, conocemos -y hasta cierto punto; por lo basto- los intrincados y complejos factores e intereses que se entrecruzan para dificultar su abordaje. Y cada día que pasa aparecen nuevos y más complejos intereses que, entremezclados con urgencias políticas, exacerban aun más -por la multiplicidad de los mismos- los problemas de cómo encararlos. Esto es una verdad de perogrullo para todos aquellos que desde hace largo tiempo militamos con devoción en el campo de la ecología, entendida ésta, y entre otros aspectos, como “economía de la tierra” y sus tres pilares:
a.-Cuánto tenés (con que recursos contas).
b.-Cuánto y cómo gasta.
c.- Qué haces con los sobrantes -residuos-.
Por otro lado, también venimos trabajando arduamente para que se incorpore:
1°) El cuidado de la especie humana como lo más prioritario en materia ambiental, y…
2°) La eliminación de la pobreza (no la eliminación de los pobres como pretenden algunos) como uno de los más importantes objetivos -y quizá el de mayor relevancia- para un mejor cuidado de nuestro hábitat.
Los que sostenemos esto último presuponemos, orientados por el sentido común, que en cualquier comunidad, las necesidades básicas insatisfechas que puedan padecer sus integrantes, siempre atentarán contra cualquier tarea preventiva que se intente llevar adelante en materia ambiental. Las necesidades vitales de la especie humana deberían ser impostergables; pero por ahora son eludibles. Los pedidos de buenas conductas ambientales a los sectores más postergados tendrían que ser posteriores ya que le siguen en orden de prioridades. Que la pobreza y marginación de un altísimo porcentaje de la humanidad con sus lógicas consecuencias ambientales sean producto de la aplicación de un modelo económico, solo los necios, además de los beneficiados, pueden negarlo.

Nuestro trabajo también nos permitió descubrir que las cuestiones ecológicas, en los últimos 30 años, se transformaron en los nuevos “nichos empresariales y comerciales”, nichos vacíos, a ocupar; nuevas opciones dentro de una economía de mercado donde el capitalismo salvaje no deja de llevar agua para su molino.
Las cuestiones “ecológicas”, hoy por hoy, resultan un jugoso negocio.(1)

Muchos oportunistas y no pocos improvisados no dejaron pasar la ocasión; y así los vemos pululando por los más variados ámbitos donde resuenen los términos ecología y/o medio ambiente buscando posicionarse tratando conseguir alguna “tajada”. Con pueriles “guitarreos” sobre diferentes temas ambientales, muchos de ellos intentan transformarse en jueces de conductas políticas y sociales desparramando sentencias por doquier. Armados en muchos de los casos y ocasiones con infundados discurso donde mezclan realidad y ficción como si se tratara de una película de cine-catástrofe, salen a la palestra dispuesto a enfrentar a todos aquellos que supuestamente atentan contra el medio ambiente y la “madre naturaleza”.

Así planteada la realidad, hemos encontrado los más variado especimenes; “raros” como lo somos todos aquellos que nos dedicamos a estos menesteres.
Están los que desde un pseudo-tecnicismos, se pinta la cara con los colores del apolíticismo, tildan el trabajo ajeno en cuestiones ambientales de “ideológico”, lógicamente tratando de satanizarlo como un mal “izquierdoso” (como si lo “derechoso” no fuera un “mal”, y peor aún, como si las opción por la derecha no fuera ideológica); y sin argumentos “sustentables” (que se sostengan en el campo de la lógica y el sentido común, porque la mayoría de ellos son infundados), buscan “bajar línea ecológica” como si fueran los poseedores de una “verdad” universal.
En ocasiones suelen toparse con otros que transitan en la misma dirección pero en la vereda opuesta, y en sentido contrario. Estos últimos son personajes que con exacerbado chauvinismo y argumentos “paralógicos” tratan de persuadir a los ciudadanos sobre el “valor” de sus verdades nacionales acudiendo a los “sentimientos” por carecer también de fundamentos “razonables”, que rocen aunque más no sea, la lógica comprensiva. Exaltando el desarrollo científico local buscan ensalzar un supuesto y posible desarrollo tecnológico que nos catapultaría hacia el éxito total, con lo que lograríamos equipararnos con las naciones más poderosas del planeta. Pero por curiosas razones se alejan de sus campos visuales las posibles consecuencias negativas de la aplicación de ciertas tecnologías ya que sus energías están concentradas en elevar hasta el paroxismo los supuestos beneficios del desarrollo, por ejemplo, nuclear. Estos “especímenes” nacionalista lejos están de la verdadera patria porque se olvidan de la salud y la vida de sus habitantes que son el corazón de esa patria en serio, aproximándose más al patrioterismo.

Por eso creo que:
Ciencia y desarrollo científico manejado con criterio responsable, ¡SÍ!. Ciencia por y para el desarrollo de la ciencia misma sin medir las consecuencias sociales y humanas en la aplicación de los descubrimientos y/o resultado que de ella surjan, ¡NO!.

LA CIENCIA NUNCA FUE NEUTRAL. CIERTO KNOW HOW NO ES COMPARTIDO POR LOS PAISES CENTRALES. SU PROPIEDAD LES PERMITIO Y PERMITE ESTAR DONDE ESTÁN Y SER LO QUE SON. LA GENERACIÓN DE NUESTRO PROPIO KNOW HOW PERMITIRÍA NUESTRO DESARROLLO COMO NACIÓN; PERO DEBEMOS OPTAR POR UN DESARROLLO RESPONSABLES EN TÉRMINOS HUMANOS Y AMBIENTALES, SIN REPETIR LOS ERRORES COMETIDOS POR LOS PAISES CENTRALES QUE LLEVARON AL PLANETA A LA ACTUAL SITUACIÓN.

Por todo lo anterior trato de rescatar (rescatándome) a los otros, a los que por el simple y solo hecho de ser respetuosos de la condición humana, de la equidad y de la justicia social, nadamos en las agitadas aguas de un océano “AMBIENTAL” de incertidumbres buscando soluciones alternativas para atenuar en parte los problemas que traerá consigo el inevitable cambio climático, donde los más perjudicados por vulnerables serán los que menos tienen. Somos los que estamos cansados de ver “hacer la plancha” a muchos dirigentes políticos en las “calmas aguas” de los mares de certidumbres científicas y/o filo científicas, que miran para otro lado cuando ese mar se traga a millones de hermanos de especie; dirigentes que limitan sus acciones a preservar un ventajoso status quo que solo les es útil a unos pocos.

LAS ONGs “PÍCARAS”

Nadie que tenga dos dedos de frente dentro del ambiente ecologista desconoce las “funciones” que cumplen ciertas ONG internacionales dedicadas al cuidado ambiental. Generalmente operan en países periféricos para frenar el posible desarrollo nacional y/o regional. Tampoco desconocemos que son bancadas por empresas con sedes en los países centrales, responsables del deterioro ambiental planetario. Ni ignoramos que con su accionar están favoreciendo a los que los esponsorean. También sabemos que dichas ONGs jamás cacarean en las puertas de las sedes de las empresas que más joden al medio Ambiente, ubicadas en los principales capitales y centros financieros del mundo. Pero todo eso no nos puede ni debe hacer perder de vista que en materia ambiental todo está por hacerse y que no existe una sola verdad. Que el desarrollo por el desarrollo mismo no tiene ningún sentido, si las consecuencias negativas las van a padecer nuestros hijos y nietos.
Los que tuvimos la “desgraciada” suerte de participar de una cumbre mundial sobre medio ambiente y desarrollo como la que se realizó en “Río 92″ sabemos de que estamos hablando. Sabemos y comprobamos en esa oportunidad la ceguera de los “países centrales” en su afán por seguir defendiendo las ventajas del desmedido desarrollo industrial y tecnológico que enriquecía a unos pocos vendiendo el aquelarre consumista a sus habitantes, trasvasando similares conductas a los habitantes de los países periféricos emergentes. Una cumbre que consumió miles de millones de dólares en su organización para lograr nada; que reunió a 114 presidentes que firmaron “Agenda XXI” como si fuera un catálogo de buenas intenciones -pero todas transgredibles- y nada más, no puede ser tomado como un dato simplemente anecdótico. Los resultados de aquella cumbre fueron todos nulos a ojos vista de cualquier humano que habite este planeta,. Lo corroboró la cumbre realizada en Sudafrica en el 2002, a 10 años de la “Eco 92″.
En Río también pudimos comprobar el accionar de muchas ONGs a nivel mundial. En lo que se dio en llamar “FORO RÍO 92″, la reunión paralela que se desarrollo en el Parque Fluminence de aquella ciudad, estaban todas mezcladas, las que solapadamente defendían intereses empresarios espurios, y las otras, las que desde la total inocencia (algo que lamentablemente muchos perdimos) trabajaron denodadamente para mejorar la calidad de vida de la especie humana.
Ayer comenzó en Copenhague la “Cumbre Mundial sobre Cambio Climático” adonde concurrirán casi un centenar de presidentes (incluido Obama) y representantes gubernamentales de 192 países. ¿Qué se puede espera de esta reunión en la que hasta el propio Ignacio Lula Da Silva (Presidente de Brasil), nuestro compañero en la construcción del Mercosur, reconoce que la propuesta de la “Biblia Climatica” elaborada por él y su par francés Nicolás Sarkozy, no será ni siquiera tenida en cuenta.?

UN POCO DE HISTORIA SOBRE ONGS AMBIENTALISTAS (Incluidas algunas Argentinas )

Los que conocemos los pasos de algunas ONGs, Greenpeace por ejemplo, sabemos de los conflictos internos en cuanto a las funciones demandadas por la central y los planteos sobre las “necesidades locales” de no pocos de sus miembros, situaciones que ha llevado a muchos ambientalistas a desertar de sus filas. Greenpeace es un “caso especial”.
Otro caso es el de Fundación Vida Silvestre. Una “Orga” que resulta paradigmática, pero por lo absurda y contradictoria, algo que arrastra desde su gestación. Una ONG conformada por “Señoras Gordas” de Martínez y San Isidro, y en algún momento presidida por Francisco Erice (Ex de María Julia Alsogaray cuando esta era Secretaria de Medio Ambiente en la era menemista), “Vida Silvestre” siempre basó su accionar en propuesta híbridas, más próximas a las que realizan los “pajarálogos”(así denominábamos a los “conservacionistas”) y en contra de cualquier desarrollo. Lógicamente “Vida Silvestre esta en consonancia con la WWF. De allí el nombramiento de la “Señora María Julia” en un cargo tan estratégico (además de lo que significó en cuanto al aprovechamiento grupal por parte de los “equipos menemista” de los 1100 millones de U$S que el BM prestó para el saneamiento del riachuelo, y cuyo destino final jamás fue investigado).
Fundación “Vida Silvestre”, con absurdos proyectos, nunca se privó de usufructuar cuantiosos subsidios estatales y/o de gobiernos y empresas internacionales.
A tal extremo había consonancia (no solo en lo discursivo sino en las políticas implementadas desde la Secretaría), entre María Julia, Vida Silvestre y la WWF, que la “Señora” dio su discurso en “Río Centro” (sede de las deliberaciones de la “Eco 92″) en el idioma de su madre patria, en ingles; único caso en el evento, y desde ya toda una “paquetería”.
Su acción patriótica en aquella reunión ambientalista fue retirar a nuestro país del grupo de los “77″ países en vías de desarrollo, quienes eran los que enfrentaban a los países centrales en cuestiones claves como el tema de quién debía hacerse cargo de los costos económicos del deterioro ambiental planetario. El grupo de los “77″ también presionaba por otro lado para poner freno a las emisiones de dióxido de carbono por parte de los países más desarrollados, algo que EE.UU. y su presidente George Bush se negaban a firmar. María Julia, en aquella ocasión, puso a la argentina del lado de la inflexible postura Norteamérica y de los países centrales, asumiendo el rol mitománico del entonces presidente primermundista Menem quien sostenía que debíamos estar a la par de nuestros pares del primer mundo.

Para los que estábamos -y seguimos estando- en contra de propuestas ecológicas que se asientan en el “crecimiento cero por el bien del medio ambiente”, el accionar de este tipo organizaciones es claro y sabemos como responderles. No somos tan tarados. Tenemos elementos para pensar en un desarrollo nacional aprovechando la capacidad de recuperación de muchos de nuestros ecosistemas. Pero reclamamos que se actúe sobre ellos responsable y adecuadamente. Además confiamos en la capacidad y el criterio de muchos de nuestros científicos, técnicos e investigadores para lograr un desarrollo tecnológico nacional, sin joder a nadie.

OPINAR RESPONSABLEMENTE

Pero de allí a realizar, por ejemplo, una apología de las “supuestas ventajas” del desarrollo nuclear, como herramienta para la generación de energía eléctrica, y tomando como ejemplo a los países centrales, me parece no solo arriesgado sino un tanto disparatado, descabellado.
Cuando se trata de energía nuclear hay que ser muy cuidadoso de lo que se dice cuando se habla y/o escribe. Y digo esto porque leí por ahí un artículo elaborado desde un exacerbado nacionalismo; como si “La Misión Nacional” fuera el desarrollo nuclear únicamente, y que la energía eléctrica obtenida por esa vía resolvería nuestros problemas en la materia. En ese escrito aparecen siendo denostadas organizaciones no gubernamentales como las mencionadas Greenpeace, Fundación Vida Silvestre y la internacional WWF (World Wild Found o “Mundo Salvaje Encontrado”, de origen norteamericano), y no sin fundamentos. Pero del contenido del mismo sentí que brotaba un excesivo chauvinismo .

MALOS EJEMPLOS

El despilfarro energético que realiza EE.UU. (Las Vegas -la ciudad de la “joda”- gasta por día la misma cantidad de energía eléctrica que lo que gastan 5 naciones Centroamericanas en un año) hace necesario que la gran nación del norte recurra a la Energía Nuclear para satisfacer otras demandas y necesidades. Pero EE.UU, y muchos de los países europeos que recurren a esta energía -generadora de plutonio como residuo-, cargan barcos con sus desechos radioactivos y los mandan a dar vuelta por los océanos del mundo rogando a Dios que no ocurra un accidente catastrófico; simplemente porque no saben que hacer con ellos (o algunos sí, en materia armamentista).
Tampoco se puede dejar afuera la disposición final de los residuos generados por el uso de la energía nuclear con otros fines pacíficos, incluido el medicinal (2)

El desarrollo nuclear orientado a la obtención de energía eléctrica no puede transformarse en la panacea para un supuesto desarrollo nacional. No se puede obviar irresponsablemente las posibles consecuencias negativas de su uso y abuso.
El de Three Mile Island (Pensilvania-EE.UU.) fue un accidente nuclear. Se produjo el 28 de marzo de 1979. Ese día el reactor TMI-2 sufrió una fusión parcial del núcleo del reactor. Las consecuencias económicas y de relaciones públicas fueron más que importantes, y el proceso de limpieza largo y costoso. Además, el accidente redujo notablemente la confianza de la población en las centrales nucleares, y fue para muchos un presagio de los peores temores asociados a esta tecnología. Que los clones de Homero Simpson norteamericanos hagan la vista gorda -como lo hace su par televisivo- a las consecuencias negativas del uso irresponsable de esa tecnología por una cuestión de comodidad y de amor al consumo, es un problema de los norteamericanos; aunque siempre terminan jodiéndonos a todos los que habitamos el planeta; directa o indirectamente.
El accidente de Chernóbil acontecido en la ciudad del mismo nombre, en Ucrania, el 26 de abril de 1986, fue el accidente nuclear más grave de la historia de la humanidad, siendo el único que ha alcanzado la categoría de nivel 7 (el más alto) en la escala INES (Niveles de Gravedad de accidentes). Aquel día, durante una prueba en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico, un aumento súbito de potencia en el reactor 4 de la Central, produjo el sobrecalentamiento del núcleo del reactor, lo que terminó provocando la explosión del hidrógeno acumulado en su interior.
La cantidad de material radiactivo liberado, que se estimó fue unas 500 veces mayor que la liberada por la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945, causó directamente la muerte de 31 personas, forzó al gobierno de la entonces Unión Soviética a la evacuación de unas 135.000 personas y provocó una alarma internacional al detectarse radiactividad en diversos países de Europa septentrional y central.
Además de las consecuencias económicas, los efectos a largo plazo del accidente sobre la salud pública han recibido la atención de varios estudios. Aunque sus conclusiones son objeto de controversia, sí coinciden en que miles de personas afectadas por la contaminación han sufrido o sufrirán en algún momento de su vida efectos en su salud.
La comunidad internacional financió los costes del cierre definitivo de la central, completado en diciembre del 2000. Desde el 2004 se lleva a cabo la construcción de un nuevo sarcófago para el reactor.(3)

Pero veamos. Siempre es importante rescatar trabajos anteriores para revalorizar antecedentes que pueden resultar valiosos. En un reportaje que le realicé en el año 1996 para la revista RVA (Revista Verde Argentina), y a sus 78 años, el Dr. en Química y Lic. En Ciencias Físico-Matemáticas Federico Westerkamp, me manifestó “…Se cometió un tremendo error al haber recurrido a la Energía Nuclear (EN) para obtener Energía Electrica (EE). Y no me refiero únicamente a la Argentina sino a todos los países que así lo hicieron. Se partió de una idea equivocada. Se pensó que el costo del kilovatio/hora (Kw/h) sería nulo. Y no fue así. Resultó siendo caro. Y muy caro en términos ambientales.” Y más adelante sostuvo “…hay países como Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda que no cuentan con muchas alternativas para obtener E.E.; y si ir más lejos, Francia obtiene el 70 % de su EE de la EN, no es menos ciertos que dichos proyectos están asociados a otros de neto corte armamentistas. Y si no mire Ud. Los recientes ensayos nucleares Franceses en el Atolón de Muroroa.”. Ante mi pregunta de cómo se calculaba el impacto ambiental de una usina de ese tipo, Westerkamp me respondió  “No existen parámetros que permitan evaluar el impacto. Los accidentes de Pensilvania(EE.UU.) y Chernobyl rompen cualquier molde preestablecido. Pero si se habla de un cierto tipo de impacto como pueden ser los gases producto de la Fisión, que son radiactivos, tales son los casos del Cesio(Cs), el Xenón(Xe), el Kriptón(kr), etc, y que son lanzados al aire en forma controlada, despacito, y a escondidas. También podemos hablar de la manipulación y disposición final de esos residuos, de por sí altamente contaminantes. Ahora bien, una usina nuclear tiene una vida útil de 25 a 30 años. Y acá está la parte tragicómica de la historia. Una vez inútil hay que cerrarla con la mayor seguridad posible, y para eso se requiere construir un Gran Mausuleo”
Al respecto, creo que si bien todo esto es materia de discusión, en algunos aspectos huelgan las palabras y las explicaciones cuando se trata de vidas humanas; si se intenta hablar seriamente del tema.

El mal uso y la falta de prevención en el manejo de ciertos logros científicos, donde no se tiene ninguna certeza sobre las consecuencias a futuro de su uso, especialmente en relación a la incidencia negativa que pudieran tener sobre vidas humanas y el medio ambiente, es una de las materias pendientes que tiene la ciencia en general y a nivel nacional en particular. La transgenia es uno de los ejemplos más próximos y caros a todos los Argentinos. Y estamos hablando de un logro científico que mejoraron la calidad y cantidad de producción. Me estoy refiriendo concretamente al incremento de las ganancias que la soja les dio, y les sigue dando los sojeros. En ese caso ¿a quién le importa la inutilización de millones de hectáreas producto del monocultivo?

Hay que ser muy cuidadoso de lo que se dice. Caso contrario puede pasar que ese chauvinismo patriotero puesto en marcha por los grandes terratenientes para justificar públicamente el bien que le hacían a la Patria y a su economía con la producción y exportación de la soja, sea válido.

(*) Director de EL EMILIO

Notas:
(1)Verde que te quiero verde. “…Según las proyecciones del Banco Mundial, las industrias ecologistas moverán fortunas mayores que la industria química, de aquí a poco, al filo del siglo, y ya están dando de ganar montañas de dinero. La salvación del medio ambiente está siendo el más brillante negocio de las mismas empresas que lo aniquilan.
En un libro reciente, The corporate planet, Joshua Karliner, brinda tres ejemplos ilustrativos, y de alto valor pedagógico: El grupo General Electric tiene cuatro de las empresas que más envenenan el aire del planeta, pero es también el mayor fabricante norteamericano de equipos para el control de la contaminación del aire; la empresa química DuPont, una de las mayores generadora de residuos industriales peligrosos en el mundo entero, ha desarrollado un lucrativo sector de servicios especializados en la incineración y el entierro de residuos industriales peligrosos; y otro gigante multinacional, Westinghouse, que se ha ganado el pan vendiendo armas nucleares, vende también millonarios equipos para limpiar su propia basura radiactiva.”
Eduardo Galeano- “Patas Arriba, la escuela del mundo al revés” – diciembre de 1998

(2)La Piedra Azul. “Ciudad de Goiania, Brasil, septiembre de 1987: dos juntapapeles encuentran un tubo de metal tirado en un terreno baldío. Lo rompen a martillazos, descubren una piedra de luz azul. La piedra mágica transpira luz, azulea el aire y da fulgor a todo lo que toca.
Los juntapapeles parten esa piedra de luz. Regalan los pedazos a sus vecinos. Quien se frota la piel, brilla en la noche. Todo el barrio es una lámpara. El pobrerío, súbitamente rico de luz, está de fiesta.
Al día siguiente, los juntapapeles vomitan. Han comido mango con coco: ¿Será por eso? Pero todo el barrio vomita y todos se hinchan, y arden. La luz azul quema y devora, y mata; y se disemina llevada por el viento, la lluvia, las moscas y los pájaros.
Fue una de las mayores catástrofes nucleares de la historia. Muchos murieronm y muchos más quedaron por siempre jodidos. En aquel barrio de los suburbios de Goiania nadie sabia que significaba la palabra radiactividad, y nadie había oído jamás hablar del cesio 137. Chernobyl resuena cada día en las orejas del mundo. De Goiania nunca más se supo. En 1992, Cuba recibió a los niños enfermos de Goiania y les dio tratamiento médico gratuito. Tampoco este hecho tuvo la menor repercusión, a pesar de que las fábricas universales de opinión pública siempre están, como se sabe, muy preocupadas por Cuba.
Un Mes después de la tragedía, el jefe de la policía federal en Goiás, declaró: -La situación es absurda. No existe ningún responsables por el control de la radiactividad que se usa con fines medicinales.”
Eduardo Galeano- “Patas Arriba, la escuela del mundo al revés” – diciembre de 1998

(3) Datos extraídos de informes publicados en Internet elaborados por organismos internacionales, sobre los dos accidentes.

¿CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO CON SOLUCIONES DE MERCADO?

Por Elmar Altvater

El cambio climático nos amenaza a todos, aun si en distinta medida. Tenemos que lograr muy pronto, mucho antes de lo que proponen los actuales acuerdos sobre el clima, una reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Y tenemos que lograrlo en unas proporciones que, según todos los pronósticos de consumo de las energías fósiles, parecen casi imposibles. Se precisaría un 50% menos de emisiones de CO2 de aquí al 2050, si queremos mantener la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera por debajo de la frontera crítica de los 550 ppm (partes por millón). ¿Cómo conseguirlo?

Sólo hay cuatro vías.
La primera pasa por un aumento de la eficiencia energética: consumir menos energía fósil por unidad de producto social. En la política energética y climática esa vía se conoce como la “vía real”, pues es la que menos resistencia esperable genera. Porque, tal parece, de un incremento de eficiencia en el uso de energía sólo pueden salir todos ganando.

La segunda vía nos conduce al Sur global. Allí se hallan, primero, elementos de mitigación capaces de capturar CO2, por ejemplo, frondosas selvas. Pero se invertiría en proyectos de muy otro tipo porque, segundo, la protección del clima saldría allí más barata. Los proyectos desarrollados en Asia o en Sudamérica, en contraste con Europa, minimizarían los costes de evitación de las emisiones de CO2. Eso sería, a fin de cuentas, bueno para la protección del clima, porque con el mismo gasto se darían allí mayores reducciones de CO2. Eso piensan los partidarios de esta segunda vía.

La tercera vía procede a separar el CO2 emitido en la combustión, a apresarlo y a almacenarlo en cavidades de la corteza terrestre (Carbon Capturing and Storage, CCS).

Sólo la cuarta vía nos saca del régimen de energías fósiles para llevarnos a un mundo de energías renovables y de estructuras capaces de reducir duraderamente el consumo energético. Las reservas fósiles subsistentes se quedarían en el subsuelo donde ahora están.

Qué vía termine emprendiéndose, es cuestión que concierne al ámbito de las decisiones políticas. Éstas pueden apuntar a sistemas de estímulo y motivación, a preceptos y prohibiciones, pero también a la ilustración y la educación política. En el acuerdo de Kyoto ha dominado sobre todo el sistema de estímulos de mercado.

El mercado, ¿tu auxilio, tu amigo? Es paradójico que la política climática internacional pretenda desde hace cerca de una década limitar las emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero alzaprimando el instrumento del mercado. Pues no existe nada semejante a un mercado de CO2. El CO2 no tiene ningún valor de uso capaz de satisfacer necesidades; al contrario, es dañino. Tampoco puede transformarse en una mercancía comerciable. El CO2 no tiene un valor que pudiera expresarse como precio de mercado. Al contrario: se trata de un disvalor del que todo el mundo querría librarse lo antes posible, si fuera tan fácil hacerlo. Se diría, así pues, que lo natural es represar las emisiones de CO2 jurídicamente, con preceptos y prohibiciones legales, con valores máximos y expedientes técnicos, pero no con mecanismos de un mercado que, por lo pronto, no existe.

Pero los instrumentos de mercado aplicados a la protección del clima resultan muy elegantes. Cuadran bien con la imagen del mundo característica de un orden liberal global, conforme al cual el mercado tiene primacía sobre el plan, la economía, sobre la política, y el sector privado, sobre los bienes públicos y el Estado. A su charme han sucumbido también muchos activistas medioambientales, críticos de la globalización y dirigentes de partidos verdes y de izquierda, así como la mayoría de los economistas del medio ambiente. Se dejan, todos, fascinar por la astucia promisoria una idea, y es a saber: que las señales de los precios y los estímulos del beneficio han de disponerse de modo tal, que la persecución de los intereses individuales lleve a un resultado óptimo para todos, óptimo, sí, para la totalidad de los seis mil millones de ciudadanos de la Tierra. En este caso, a una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero hasta el porcentaje que resulte climático-políticamente necesario; sin prescripciones ni prohibiciones, sin burocracia estatal, con plena libertad de mercado.
El mercado, amigo del clima: cuadra bien con la imagen del mundo dimanante del orden liberal

Más, puesto que no existe mercado alguno para derechos de polución, tiene que crearse. Hay que convertir en mercancía de comercio algo que no es propiamente comerciable. En el mundo mental neoliberal esto es una categorización artificialmente política que, sin embargo, da a las cosas su verdadera naturaleza, a saber: convertirse en objeto de comercio entre privados. “Hacer” un mercado mediante la “manipulación del contexto”, es desde luego una cosa cargada de supuestos. Es verdad que la atmósfera en la que se depositan los gases de efecto invernadero no está privatizada, y que el CO2 no es en un valor patrimonial privado. Pero lo que se hace es construir políticamente a través del Estado derechos de contaminación de la atmósfera (“allowances”). Esos derechos se conceden entonces a emitentes de CO2, de acuerdo con un plan nacional de asignación: casi gratuitamente, como hasta ahora en la UE, o a cambio de un precio fijado por subasta, como posiblemente ocurra en la UE partir de 2012, si los intereses defendidos por los lobbies no lo impiden. También la escasez de las mercancías cobra un sesgo de artificialidad con los derechos de contaminación: queda políticamente fijada mediante límites máximos de emisiones (“cap”). La charme del “capitalismo verde” deriva de eso y sólo de eso: cada vez está más politizado.

Quienes generan CO2 disponen, pues, de un derecho económico individual a la contaminación de la atmósfera. Poseen una mercancía políticamente certificada con la que pueden comerciar como si se tratara de tocino, de barriles de petróleo, de adornos de navidad o de opciones sobre acciones. Ese modo de resolver problemas arraiga muy profundamente en el sistema social capitalista y en la imagen de la dominación de la naturaleza. Pero los mercados de certificados no funcionan como mercados semanales de aldea, a los que uno no sólo va a comprar y vender ,sino a pasar también un rato agradable de plática y charleta. Tienen alcance global, son generados por legación, están sujetos a la dura competencia global entre los distintos emplazamientos productivos y se ven arrastrados a las maquinaciones e intrigas propias de los mercados financieros y metidos de lleno en las crisis de éstos. Los movimientos de precios en un mercado artificialmente creado como el de los certificados de emisión son erráticos y extremadamente volátiles. El valor de mercado de los certificados no tiene nada que ver con los costes en trabajo y capital, y puesto que no hay costes tangibles, la formación de precios en el mercado de certificados acontece fuera del espacio y del tiempo. En un mercado sin historia, los precios de los certificados oscilan como caña al viento. De aquí que nadie se sorprenda de su volatilidad.

El patrono de los proyectos de solución en términos de mercado es la escuela neoliberal de los derechos de propiedad, que se propone constituir nuevos mercados por la vía de ensanchar el ámbito de los derechos privados a disponer de las cosas. No es el menos importante de sus designios provocar el retroceso del sector público. La naturaleza -en este caso, la atmósfera- es entendida como medio receptor de materiales de desecho y de emisiones. Y como tal, en la economía fundada en los combustibles sólidos, resulta físicamente necesaria. Pueden, entonces, mediante un acto político, crearse derechos de contaminación comercializables para distribuirlos entre un grupo de actores, o gratuitamente o previo pago. Se tiene entonces un “derecho”, titularizado en certificados comercializables, a una determinada cantidad de emisiones. En esto puede haber grandes diferencias tanto en la configuración como en el modo de funcionamiento y en los tipos de efectos.

La artificial categorización del comercio de emisiones es, desde luego, fascinante. Pero la certeza de poder lograr la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero con instrumentos basados en el mercado está sembrada de dudas. Porque las experiencias empíricas con el comercio de emisiones (sobre todo, con el sistema europeo del cap-and-trade-system) son decepcionantes. Los instrumentos basados en el mercado tendrían (por la primera de las cuatro antedichas vías) que reducir las emisiones mediante un incremento de la eficiencia en el uso de la energía, y procurar, por la segunda vía -con la contribución del Clean Development Mechanism (CDM) y de la Joint Implementation-, primero, que la protección del clima resulte más barata, y segundo, que se usen los fijadores de carbono para detraer CO2 de la atmósfera. Los proyectos CDM desarrollados hasta ahora son de todo punto insuficientes en ambos puntos.

Si el mecanismo de mercado no resulta confiable, tanto la regulación del medio ambiente como la normativa jurídica son, en cambio, un medio bien probado. Además, por la cuarta vía, hay que hacer de la reestructuración socioecológica orientada a una sociedad solar -menos proclive a servirse de instrumentos de mercado en la medida en que utiliza energías renovables- el objetivo político-ambiental más importante.
El mensaje de esta compilación de artículos es que las cuatro vías son transitables. Pero que es sobre todo la cuarta la que mejor se condice con el objetivo de despedirse del sistema energético fósil y proteger realmente el clima.
Prólogo del libro ¿Comercio de emisiones contra cambio climático? de Elmar Altvater y Achim Brunnengräber.
Fuente: Revista Sin Permiso.

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 Observatorio Petrolero Sur – OPS
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PLANIFICACIÓN INTEGRAL EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Grupo de Gestión de Políticas de Estado en Ciencia y Tecnología

Introducción

Difundimos un documento escrito por el Arq Horacio Berretta en el que, según su autor, se expresan algunas reflexiones en relación a la conveniencia de una acción más comprometida de CyT con necesidades prioritarias de la nación, dentro del marco aún inexistente de planificación integral del desarrollo económico, social y ambiental. Inicialmente el texto fue enviado por el Arq. Berretta al Ministro de CyT Lino Barañao, a la Presidenta del CONICET Marta Rovira y al investigador y ex Presidente del CONICET Andrés Carrasco, pero fue elaborado para difusión general.

Horacio Berretta es Investigador Superior del CONICET, Doctor Honoris Causa de la UCC, Fundador del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE-CONICET), Presidente Honorario de AVE (Asociación de Vivienda Económica) y un referente en nuestro país y Latinoamérica en investigación, desarrollo y aplicación de tecnologías y materiales en el campo de la vivienda social.

A continuación, el documento del Arq. Berretta:

Ciencia y Técnica como servicio en un marco de Planificación Integral

(Negritas del autor)

Introducción:
A propósito de los trascendidos de la investigación del Dr Carrasco (UBA-CONICET) sobre el uso del glifosato y su acción nociva para la vida, surgen dudas acerca de su utilización para contribuir al bienestar general de la población y el medio ambiente, dado que se comprometen fuertes intereses económicos y del poder político

No obstante y debido a la creciente primacía, manifiesta o solapada, del negocio sobre lo humano y el medio ambiente, es imperioso con visión racional y abarcativa, emprender un comprometido camino de utopía posible, dejando de ser funcionales al capitalismo destructor vigente.

En esta óptica, sería relevante incluir el sistema de CyT en un necesario marco de planificación generalizada del desarrollo, acompañando un itinerario de liberación y cambios que se esbozan hoy en toda América Latina.

A partir del desorden
No hay dudas que resulta cada día más incomprensible, en países como Argentina, colmada de grandes extensiones de tierras fértiles, e ilimitadas riquezas naturales, que tengamos un tercio de su mayor riqueza (su pueblo, bien dispuesto a la creatividad y el trabajo), relegado por la dirigencia de turno bajo la línea de pobreza y miseria .

Después del genocidio militar, la venta y devastación de las grandes empresas nacionales, y el abandono creciente de nuestra infraestructura realizada por Menem, completamos la destrucción talando bosques, realizando monocultivo de soja con el uso de sustancias perjudiciales, y destrozamos los glaciares que bajan de los Andes, y envenenamos para siempre los ríos y aguas subterráneas a causa de la explotación minera a cielo abierto, para beneficio de grandes empresas extranjeras. Poco más puede hacerse ya, para destruir nuestra heredad desde las bases.

Comprobamos así la continuada y no siempre visible funcionalidad con el capitalismo mundial vigente, sumergido hoy en una enorme crisis, a fuerza de poner la carreta (oro y poder), por delante del motor (dirigencia comprometida y pueblo).

¿No habrá llegado el momento de pasar por encima de pequeños intereses de grupo y sector, para discutir, negociar y aunar, sin chantaje y ofensas, encarando, abierta y solidariamente el futuro?. ¿No habrá también llegado el momento de afrontar orgánica y democráticamente una acción más racional y mancomunada del Estado y el sector privado, respondiendo a necesidades esenciales de toda la población, y al respeto de la naturaleza de la que somos parte?

Desde una planificación democrática indicativa
De acuerdo a lo antedicho, me estoy refiriendo a plantear un creativo proceso de planificación nacional y local, para asentar progresivamente el camino del desarrollo integral: económico, social y ambiental, como un todo armónico y medio eficaz para salir de la improvisación y el desorden, que tanto daño nos causan.

Parecería necesario, pues como decía Louis Lebret : “planificar es orientar en libertad responsable, el paso compartido de una situación menos humana a una generalizada y más humana, con el menor tiempo y costo posibles”.

La presión cada vez más organizada del pueblo y un lento aunque creciente cambio de mentalidad en amplios sectores políticos y técnicos, hacen presuponer que cada intervención y programa sectorial de gobierno, para ser respuesta eficaz a necesidades fundamentales masivas, debe enmarcarse en una acción coherente, generalizada y flexiblemente delineada en sus pasos fundamentales para un desarrollo justo de la totalidad . Digo planificación integral y no sumatoria de propuestas y planes inconexos.

Esto es encarar sesudamente un proceso de planificación democrática e indicativa, acordada con los distintos actores sociales, distante de la planificación imperativa de los regímenes totalitarios y también de la planificación solapada de fuertes sectores minoritarios en pugna que, para su exclusivo beneficio interactúan marginando las necesidades mayoritarias.

La concreción pues, de la planificación integral: económica, social y ambiental en democracia resulta una tarea que debe resumir las aspiraciones y necesidades del país y el hombre concreto, y no imposición despótica u oportunista de la dirigencia de turno de mira cortoplacista, proclive a encolumnar su “clientela cautiva”, insistiendo en la improvisación, encubierta con palabras rimbombantes que esconden desorden e intereses ocultos .

El plan acordado es el fundamento del cambio, y la planificación integral es la herramienta del desarrollo de un pueblo informado, motivado y entusiasta por aprovechar los diversos canales de participación y de apropiación del quehacer común.

Como vemos es enorme la distancia que media entre la formulación generalizada de operatorias, planes y decretos aislados y aún contradictorios, a la idea innovadora que engloba y armoniza coherentemente cada parte con el todo.

Ciencia y Técnica para el desarrollo integral
Por otro lado tenemos la tentación del desarrollo científico-tecnológico como fuerza autónoma y prestigiosa disociada de ser un recurso al servicio de la nación y las necesidades fundamentales del pueblo.
Por esto, parece necesario reubicar el sistema de C y T en un enmarque totalizador y orgánico de servicio, para colaborar efectivamente “en el desarrollo de todo el hombre y todos los hombres” como lo afirma Francois Perroux .

Para ello se deberá relacionar la libertad del investigador con la búsqueda de soluciones adecuadas a los grandes problemas existentes, definiendo prioridades esenciales, hoy insoslayables…

Con la intención de visualizar hechos concretos, me permito ejemplificar entre otros posibles, algunos temas de investigación y desarrollo a encarar o profundizar en esta óptica:

- Desarrollar tecnologías apropiadas, en el campo de la explotación minera, y el cultivo racional de productos del agro, carentes de efectos tóxicos y destrucción del eco-sistema;

- Desarrollar estudios y metodologías regionales para regulación de la tala y reforestación, en relación con el cambio climático y de vida de los pueblos y comunidades rurales;

- Ampliar estudios y propuestas para defensa y regulación de las cuencas hídricas;

- Desarrollar diversos tipos de agro-industria, aumentando el valor agregado a la vasta producción rural;

- Ampliar el desarrollo de medicamentos y vacunas para enfrentar diferentes epidemias, y terminar con el “mal de Chagas”;

- Ampliar el desarrollo de nuevas formas de energía renovable dentro de la protección del medio ambiente;

- Retomar el desarrollo industrial del transporte aéreo y marítimo;

- Ampliar el desarrollo de infraestructura y tecnologías y metodologías aptas para procesos socio-habitacionales; etc., etc.

CONCLUSIÓN
El panorama futuro de nuestro sistema de CyT de reconocida excelencia en la generación de conocimiento, nos presenta también serias vacancias, lejanía de contenido social, y escasa aplicación de su potencial según impostergables prioridades de la nación y el pueblo.

Por tanto va llegando el momento de encarar de una vez por todas como país, en un proceso de planificación integral, el desenvolvimiento del sistema de CyT estrechamente unido a una faltante política de Estado, de desarrollo realista y participativo, en lo económico, social y del medio ambiente.
¿Será esto posible ?.

Firma: Arq. Horacio Berretta, Córdoba, 5 de junio de 2009.

Cordialmente, Grupo de Gestión (www.saic.org.ar , difusión, política científica, propuesta de políticas en CyT).
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