Evita: Capitana de la Batalla Cultural (3ra. y última parte)
19 ago 2012 Notas semanales
Posadas, Misisones, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Cuestiones históricas
(Continuación)
Eva Perón: “Jefa Cultural de la Nación”
Por Maximiliano Pedranzini*
Para EL EMILIO
Asimismo, el proceso que desemboca en el billete fue sido pensado en principio como conmemoración por su muerte en 1952, siendo fortuito que los viejos bocetos -que iba a tener el valor de 5 pesos- hayan sido encontrados por este gobierno después de que un empleado de la Casa de la Moneda los escondiera tras el advenimiento del golpe de Estado de 1955, que tenía por objetivo destruir todos los íconos que representaban al peronismo, como lo estipulaba el decreto-ley Nº 4161, sancionado por la dictadura el 5 de marzo de 1956 que prohibía la existencia de elementos relativos al gobierno peronista, y los diseños del billete correrían la misma suerte, como bien glosa el infame decreto.
Por otra parte, bien sabemos que la historia no se repite, pero en ese espiral turbulento encontramos puntos de similitud como es en este caso. Algunos dirán que obedece a una profecía del destino, pero consideramos que este proceso actual no es más que el correlato de ese pasado interrumpido por una barbarie que fue minado el terreno que ocupaba con absoluta legitimidad el pueblo, y no escatimó en bombardearlo, fusilarlo, torturarlo, censurar su proclama de lucha, se proscribir un libre albedrio “predecible” de elegir lo que consideraba lo mejor para la vida de los trabajadores: el peronismo. Al punto extremo de hacer desaparecer su morada física, de borrar su memoria, de extinguir su espíritu revolucionario. Una barbarie que bifurcó el camino que el pueblo había elegido un 17 de octubre de 1945.
Así se manifestó la batalla cultural, en estas condiciones de impunidad que dominaron el escenario nacional durante todo el siglo con un desenlace aún más cruento y fatídico para nuestro país: El terrorismo de Estado y el neoliberalismo.
Mientras que el imperialismo británico inventó a Mitre y a Roca, el pueblo inventaría a Evita y a Perón, parafraseando a Mordisquito, personaje pesimista y antipopular que había creado Enrique Santos Discépolo al que lo llamaba “el contrera”. Mitre y Roca son esos mordisquitos del que nos habla Discepolín. Y es allí donde habita la cultura más genuina: En el seno del pueblo.
Por eso se convirtió en referencia indubitable la cultura del trabajo, que produce, crea, piensa con las herramientas que le ofrece la Patria y no con aquellas que se nos impone desde las metrópolis imperialistas, como las manufacturas y las ideas. Importábamos el pensamiento occidental y esos es un claro síntoma de colonización.
Toda la cultura anterior al peronismo estaba sostenida por los mitos de una historia falsa proveniente de una oligarquía que era la interlocutora del imperialismo británico. Sobre esto escribe Raúl Scalabrini Ortiz: “El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsa las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran” (R. Scalabrini Ortiz, ob. cit.,).
Evita interpela simbólicamente a la cultura dominante en una doble batalla. En primer lugar, reemplaza a uno de los máximos representantes de la oligarquía y hacedor material del exterminio indígena en la Patagonia durante el gobierno de Avellaneda en 1876, autor intelectual del genocidio. Circunstancia que ubica nuevamente a la Argentina en el sendero de la cultura nacional y popular en este nuevo contexto, siendo este el puntapié que da comienzo a un profundo cambio de conciencia frente a esas viejas matrices culturales que todavía persisten en la sociedad. En segundo lugar, la presencia de una mujer -principalmente la de Eva Perón- en el billete de mayor valor significa un quiebre, tanto en la tradición económica, como en la concepción cultural que marca un hecho inédito desde el punto de vista de género.
A su vez, este homenaje en nombre de la figura de Evita no guarda casualidades, y menos que una mujer desde el Estado -como CFK- sea la que le otorgue este reconocimiento, no sólo a Eva Perón, sino a todas las mujeres argentinas. Lo que configura un dique a la cultura cipaya de las minorías por una contracultura nacional y popular que se va haciendo carne en cada hecho de esta naturaleza. Cuestión que podríamos definirlo como algo predestinado, que plasma en el billete una señal de esta nueva de época que consagra a la mujer en la lucha por la igualdad de derechos que la tenía a Evita como la impulsora del voto femenino hace seis decenios atrás.
Empero, los sectores que hoy reivindican esta cultura oligárquica son una minoría y no representan a todo el conjunto social. No es meramente un asunto de estadística, sino que la cultura ante todo debe nacer del “subsuelo de la patria” -como decía Scalabrini Ortiz- y no del capricho de unos pocos que creen ser los dueños de la cultura y de la historia.
Esos mismos que dicen con absoluta libertad que la cultura nunca puede devenir de las entrañas del pueblo y que es propiedad privada de algunos que se adjudican el derecho universal de hacerla y poseerla. Evita demostraría que esto no es así, siendo la cultura una propiedad inalienable de los pueblos, sobre todo de aquellos que fueron marginados y excluidos de la historia, a los que se ha intentado enterrar en el olvido y condenar a la ausencia.
Pero el pueblo es inquieto y exige ser reconocido, se rebela impulsado por la fuerza de un reconocimiento que se forja en la dignidad, la igualdad y la justicia social. Ese reconocimiento supo ver y sentir Evita. No por una empatía improvisada desde el poder, sino porque ella provenía de ese mismo lugar y sintió en carne propia la humillación de ser pobre y de haber nacido mujer, con el agravante de ser hija extramatrimonial, pecados mortales que condenaban moral y socialmente a cualquier mujer que tuvieran esas condiciones. Lo que concede una legitimidad real que tiene como basamentos su origen popular y una práctica social inigualable que transformó, desde su aparición, los destinos de los sectores desposeídos de nuestra Patria. Y esto tendría vuelta atrás.
Aunque hayan secuestrado su cuerpo, vejándolo con la perversión propia que caracteriza a los verdugos de las causas injustas y lo trasladen a quien sabe donde para esconderla de su pueblo, su calidez y tenacidad mantienen viva las esperanzas de los que ella llamaba amorosamente sus “descamisados”. En esta confluencia entre las reivindicaciones de un pueblo postergado y la extraordinaria vocación pragmática para concretarlas donde brota la verdadera cultura de una nación.
Podríamos decir con absoluta justicia histórica que Evita sacó a Roca de su “guarida asquerosa”: “Y saben que la oligarquía, que los mediocres, que los vendepatrias todavía no están derrotados. Desde sus guaridas asquerosas atentan contra el pueblo y contra la nacionalidad” (Eva Perón, Discurso de Renunciamiento, 22 de agosto de 1951). Y la peor guarida donde se pueden ocultar pasando desapercibidos es en la cultura, camuflados en las páginas de la historia que ellos mismos escribieron.
Como hemos visto, uno de ellos ya está de salida en este laberinto simbólico de nuestra historia. La otra, retorna para cumplir con el mandato que se propuso hasta que la muerte se la llevó muy temprano, una noche del 26 de julio de 1952, y “lo hermoso nos cuesta la vida” canta Silvio Rodríguez. La alegría y la felicidad que provocó el calor inmenso de Evita en esos eternos seis años de militancia incansable se habían apagado, y si bien su cuerpo se extinguió en la penumbra, su espíritu permanece vivo, encendiendo cada día el corazón de los más necesitados. Como dice Leopoldo Marechal: “Un sabor eterno se nos ha prometido, y el alma lo recuerda”. Es ahí donde tiene su lugar legítimo en la historia argentina, en el alma del pueblo humilde y trabajador.
(*) Ensayista. Integrante del Centro Cultural E. S. Discépolo y del Movimiento Universitario Evita de Misiones.
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