Educación, un debate que sigue pendiente.

C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Educación

Nota EDITORIAL

Por Victor Leopoldo Martinez (*)

INTRODUCCIÓN

Simples y sencillos señalamientos junto a sarcásticas comparaciones aparecen en un texto que en forma de carta escribió Claudio Chaves y circuló por Internet. De esa forma llegó hasta nuestra mesa de trabajo y su texto me invitó a reflexionar sobre lo allí volcado.

Atrajeron mi atención no solo el titulo “SILEONE Y SUS OCURRENTES IDEAS SOBRE EDUCACIÓN sino algunas apreciaciones sobre la política educativa de la Gestión del actual ministro de la Nación que desde ya, en algunos aspectos, comparto pero no por las razones que se desprenden de las comparaciones realizadas por Chaves.

Necesaria salvedad. Con toda honestidad, yo en particular, no conocía al Sr. Chaves como seguramente él tampoco a mí. Por esta razón les pedí a los chicos de la redacción que le enviaran un mail pidiéndole más datos sobre su persona. Lo hice por mi responsabilidad en relación a nuestra labor periodística y al solo efecto de ayudar al lector a identificar al escribiente conociendo así desde qué lugar político-profesional –o de simple ciudadano común- piensa y escribe. Una cosa son los libros y otra muy distinta es hacer periodismo criteriosa y responsablemente. Al mismo tiempo puse a disposición del Sr. Chaves mis datos que desde ya figuran en “perfil” de nuestra página Web. Lo cierto es que me encuentro con un colega (él también es docente) con basta trayectoria según la síntesis de curriculum que nos envió y que podrán conocerlo al pie de su escrito que aparece más adelante.

Su texto invita a reflexionar e incorpora pocos pero ricos elementos para un necesario y serio debate, una discusión profunda sobre qué es educación y qué se entiende por ella, algo que los argentinos nos debemos desde hace largo tiempo y continuamos sin hacernos cargo de la deuda.

LA CUESTIÓN

Chaves toma un escrito de Sileone (o simplemente extrajo algunos conceptos de este –si es que se le pueden llamar conceptos-), le aplica sentido común al criterio analítico que utiliza, algo que a Sileone le falta, y le surgen conclusiones que las explicita en algunos casos a través de acertadas comparaciones.

A diferencia de Chaves creo que lo de Sileone no es casual y sí se trataría de una “línea pedorrógica” en materia educativa. ¡Como la línea “Mayo-Caseros” en la historia! A esta línea pedorrógica yo la llamaría “Filmus-Tedesco-Sileone”.

Pero leamos a Chaves:

SILEONE Y SUS OCURRENTES IDEAS SOBRE EDUCACIÓN

Por Claudio Chaves(*)

Página 12, en su edición del martes 14 de agosto del corriente, cedió un espacio al Ministro de Educación de la Nación para que este se explayara en temas que son de su incumbencia: la educación.

En un breve texto, el pedagogo manifestó su desacuerdo con todos aquellos pensadores o periodistas, que desde distintos ámbitos políticos o ideológicos cuestionan el sistema escolar argentino, por su bajísima tasa de egreso.

No es allí donde hay que mirar, afirma Sileone, sino fundamentalmente lo que hay que valorar es la tasa de escolarización secundaria y en este punto nuestro país encabeza la lista en América Latina. Se ha hecho un enorme esfuerzo en esta escolarización, de manera que el Ministro remata:

“No valoramos la excelencia a costa del elitismo, y tampoco un sistema educativo preocupado exclusivamente por el rendimiento académico, con independencia del número de estudiantes que asisten.”

Dicho en términos criollos lo importante es que entren a la escuela, ahora que aprendan y se lleven el título es un aspecto secundario por no decir menor. Y si la exigencia académica empuja a la deserción, las consecuencias las pagarán los conocimientos.

Para el progresismo la nivelación es siempre para abajo, dado que premiar la excelencia y el rendimiento es valorar a los mejores. Y el progresismo tiene una vocación maliciosa por los peores… claro para que sigan siéndolo. Así es como lo leen los docentes afines al modelo progresista y los que no lo son, por cierto una mayoría silenciosa, callan frente a la atmósfera que reina en las escuelas, porque es el mandato que baja de las autoridades nacionales.

Si en los 60’, se hablaba de la pedagogía del oprimido, una mirada piadosa y si se quiere ingenua para integrar a los postergados a los saberes y a la sociedad, en estos tiempos se trata de la pedagogía de los peores para consolidar la marginalidad.

Por caso, si Sileone fuera Ministro de Salud le importarían la tasa de nacimientos y no la mortandad infantil.

Si fuera Secretario de Transporte le interesarían los que suben | y no los que llegan…Así vamos.

(*)Profesor de Historia. Licenciado en Gestión Educativa. Director del CENS N 5 (secundario de adultos GCBA). Autor de diversos libros entre otros: “El Perón Liberal”. “Un liberalismo criollo de Perón a Menem”. “El Retroprogresismo”. “La Gestión Escolar en tiempos de Libertad”. “Los Orígenes de la Patria y sus Mujeres 1806-1816”. Autor junto a Rubén Stella de las obras de teatro: “Cartas de amor a la Patria” y “Hombres de Casaca Negra”

 

MIS OPINIONES AL RESPECTO  HECHAS CON TODO RESPETO

1) Por empezar, discrepo con Chaves en cuanto a calificar a Sileone como pedagogo. Como Filmus y Tedesco, Sileone es un simple técnico. Ser pedagogo es cosa seria y los mencionados distan mucho de la seriedad.

2) Los señalamientos que realiza Chaves sobre las críticas que recibe esta gestión ministerial (sería una falta de respeto para la educación llamarla “gestión educativa”) realizadas por “pensadores y periodistas” a raíz de la evidente y muy actual baja tasa de egresos que el sistema tienen en relación a los que ingresan, en realidad no hace a la cuestión educativa en si mismo. Memos aún los argumentos que utiliza Sileone para defender lo indefendible, la importancia de la escolarización, también por la escolarización misma. Se trata de un viejo paradigma asociado a una equivocada concepción de lo que es educación. En mi último trabajo bibliográfico de reciente aparición (“GUARDA-POLVOS, aorta pedagógica de la dependencia”) señalo claramente el defecto, muy presente en estos técnicos desde hace ya largos 30 o 40 años, confundir escolarización con educación y alfabetización con conocimientos; algo grave se lo mire por donde se lo mire. A este señalamiento también se lo puede encontrar en un fragmento de una película que hicimos en el 2005 sobre el teatro en la escuela junto a Eduardo “Tato” Pavlovsky (ver: http://youtu.be/tbMULWBMPLE ).

3) Chaves, al sostener: “No es allí donde hay que mirar, afirma Sileone, sino fundamentalmente lo que hay que valorar es la tasa de escolarización secundaria y en este punto nuestro país encabeza la lista en América Latina. Se ha hecho un enorme esfuerzo en esta escolarización…” no hace otra cosa que corroborar lo que sostengo en el primer punto, son técnicos. Para ellos a la educación se la puede dibujar en cuadros estadísticos donde los educandos son números –o puntos de líneas de dichos cuadros-, y con ese, en este caso pedorro, recurso demuestran que su “tarea es eficiente” y que el sistema es “eficaz”.

Cuando Chaves reproduce lo que para él es el remate de Sileone en ese escrito de Pág/12 que tomó de referencia: “No valoramos la excelencia a costa del elitismo, y tampoco un sistema educativo preocupado exclusivamente por el rendimiento académico, con independencia del número de estudiantes que asisten.” ¡Es eso! la confirmación de la inoperancia de un técnico abocado a la tarea educativa, algo que desconoce. Sileone, como sus antecesores, recurre al discurso político que los “progres” acompañantes e “iluminadores” de sendas de la actual gestión de gobierno –en el área educativa- a nivel nacional, adoptaron por snobismo sin saber tampoco de qué se trata. Me refiero a “la inclusión”. Poco les importa de qué forma y a qué costo (por desgaste) hasta para los mismos que se quieren incluir, se la haga.

4) En el correcto señalamiento que hace Chaves –mezclado con cierta ironía- al sostener: “Dicho en términos criollos lo importante es que entren a la escuela, ahora que aprendan y se lleven el título es un aspecto secundario por no decir menor. Y si la exigencia académica empuja a la deserción, las consecuencias las pagarán los conocimientos.”, está la clave de la cuestión. La educación es una cuestión de contenidos. Y expreso esto a partir de considerar conocimientos= contenidos.  Coincido con Chaves que el actual sistema se limita a entregar certificados de escolarización (vale esto para el primario, secundario e incluso el universitario). Pero siento la obligación de aclarar, según mi modestísimo entender, que el academicismo y la erudición por si solo no son garantía de nada; más allá de que MUCHOS entiendan, acepten y reconozcan al conocimiento como un bien capital que un individuo (repito, individuo) puede usar en transacciones financieras y/o comerciales dentro del sistema capitalista. Una sociedad que desea trabajar otros valores asociados a la solidaridad, la fraternidad y la igualdad entre los hombre hará más hincapié en el conocimiento como valor social. Más aún, no creo que la exigencia académica sea de por sí expulsiva y facilitadora de más deserción. Existen otras cuestiones anteriores sumamente necesarias para que se de un hecho educativo sin frustraciones posteriores. En mi caso y por ciertos trabajos de campo de realicé puedo concluir provisoriamente que dichas cuestiones están asociadas al “por qué” y el “para qué” se educa. Y las respuestas a estas cuestiones no se las encuentran en el academicismo sino en la política; simplemente porque la educación es un hecho político.

5) Quizá la diferencia conceptual que tengo con Chaves a partir de su texto esté asociada a lo anterior y se encuentre en esa parte de su texto en la que él sostiene: “Para el progresismo la nivelación es siempre para abajo, dado que premiar la excelencia y el rendimiento es valorar a los mejores.”

Me gustaría saber:

a) “Para el progresismo…” dice Chaves. ¿Quién o quienes serían “los otros”?, algo que queda implícito en la afirmación.

b) Qué entiende Chaves por premiación, excelencia y rendimiento. ¿Qué significa valorar a los mejores? ¿Mejor que qué, o que quienes? ¿Con qué parámetros de evaluaciaón se realizan estas clasificaciones?

6) A continuación Chaves afirma: “….el progresismo tiene una vocación maliciosa por los peores… claro para que sigan siéndolo.” Insisto con las preguntas:

a) ¿Peores en relación a qué o a quienes? ¿Por qué son peores? ¿Solos se hicieron peores, vinieron fallados de fábrica? Perdón por utilizar la misma ironía.

b) Al no incluir la palabra “cierto” adosada a “progresismo”, a mi entender don Chaves se entrampa en un juego de palabras peligroso para él mismo ya que lo desubica en términos políticos-ideológicos en materia educativa. Si usted Chaves se siente fuera del “progresismo” (ajustándonos a las actuales y diversas acepciones que se le suele dar al término) ¿Adónde estaría usted ubicado?

Seguramente convendrá conmigo que en nuestros país la ignorancia (algo que no solo se elimina a fuerza de escolástica, aunque esto conlleve implícitamente otro modo escolástico, para-sistémico pero escolástico al fin) suele ser útil y funcional no solo a la “derecha” (como lava conciencia) sino también a ciertas izquierdas y “ultra” (como pretexto y a falta de un fin más realista y humano para sus vidas; por lo menos en nuestro país.)

7) Con respeto a su recordatorio en términos un tanto peyorativos sobre el valiosísimo aporte que realizó Paulo Freire: “Si en los 60’, se hablaba de la pedagogía del oprimido, una mirada piadosa y si se quiere ingenua para integrar a los postergados a los saberes y a la sociedad,…” se me ocurre sugerirle que relea los trabajos de ese GRAN PEDAGOGO. Expresado en los términos que lo hizo y desde mi lectura, no logró otra cosa que presentarse como un producto del occidentalismos cristiano (“mirada piadosa… ingenua para integrar a los postergados a los saberes y a la sociedad,…”) ¿Usted realmente piensa que Freire y los que lo seguimos en realidad intentamos integrar “a los postergados” a los saberes y a la sociedad? ¿Integrarlos a esos saberes y a esa sociedad que los había expulsado? ¿No será que Freire buscaba otra sociedad? Relea don Chaves, relea.

Por último coincido plenamente con sus comparaciones finales para el caso de que Sileone fuera Ministro de Salud o Secretario de transporte.

Sería más que interesante, productivo para el tema educativo que otras opiniones se acerquen a este incipiente intercambio de pareceres.

(*) Periodista, Comunicador Social y Docente jubilado. Director de EL EMILIO. Autor de diversos trabajos literarios: “Crónica de Los Locos Bajitos”, “GUARDA-POLVOS, aorta pedagógica de la dependencia”; responsable de la colección de 12 tomos “Cuadernos EL EMILIO”, y director de diversos documentales relacionados con educación.

 

Evita: Capitana de la Batalla Cultural (3ra. y última parte)

Posadas, Misisones, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Cuestiones históricas

(Continuación)

Eva Perón: “Jefa Cultural de la Nación”

Por Maximiliano Pedranzini*

Para EL EMILIO

Asimismo, el proceso que desemboca en el billete fue sido pensado en principio como conmemoración por su muerte en 1952, siendo fortuito que los viejos bocetos -que iba a tener el valor de 5 pesos- hayan sido encontrados por este gobierno después de que un empleado de la Casa de la Moneda los escondiera tras el advenimiento del golpe de Estado de 1955, que tenía por objetivo destruir todos los íconos que representaban al peronismo, como lo estipulaba el decreto-ley Nº 4161, sancionado por la dictadura el 5 de marzo de 1956 que prohibía la existencia de elementos relativos al gobierno peronista, y los diseños del billete correrían la misma suerte, como bien glosa el infame decreto.

Por otra parte, bien sabemos que la historia no se repite, pero en ese espiral turbulento encontramos puntos de similitud como es en este caso. Algunos dirán que obedece a una profecía del destino, pero consideramos que este proceso actual no es más que el correlato de ese pasado interrumpido por una barbarie que fue minado el terreno que ocupaba con absoluta legitimidad el pueblo, y no escatimó en bombardearlo, fusilarlo, torturarlo, censurar su proclama de lucha, se proscribir un libre albedrio “predecible” de elegir lo que consideraba lo mejor para la vida de los trabajadores: el peronismo. Al punto extremo de hacer desaparecer su morada física, de borrar su memoria, de extinguir su espíritu revolucionario. Una barbarie que bifurcó el camino que el pueblo había elegido un 17 de octubre de 1945.

Así se manifestó la batalla cultural, en estas condiciones de impunidad que dominaron el escenario nacional durante todo el siglo con un desenlace aún más cruento y fatídico para nuestro país: El terrorismo de Estado y el neoliberalismo.

Mientras que el imperialismo británico inventó a Mitre y a Roca, el pueblo inventaría a Evita y a Perón, parafraseando a Mordisquito, personaje pesimista y antipopular que había creado Enrique Santos Discépolo al que lo llamaba “el contrera”. Mitre y Roca son esos mordisquitos del que nos habla Discepolín. Y es allí donde habita la cultura más genuina: En el seno del pueblo.

Por eso se convirtió en referencia indubitable la cultura del trabajo, que produce, crea, piensa con las herramientas que le ofrece la Patria y no con aquellas que se nos impone desde las metrópolis imperialistas, como las manufacturas y las ideas. Importábamos el pensamiento occidental y esos es un claro síntoma de colonización.

Toda la cultura anterior al peronismo estaba sostenida por los mitos de una historia falsa proveniente de una oligarquía que era la interlocutora del imperialismo británico. Sobre esto escribe Raúl Scalabrini Ortiz: “El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsa las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran” (R. Scalabrini Ortiz, ob. cit.,).

Evita interpela simbólicamente a la cultura dominante en una doble batalla. En primer lugar, reemplaza a uno de los máximos representantes de la oligarquía y hacedor material del exterminio indígena en la Patagonia durante el gobierno de Avellaneda en 1876, autor intelectual del genocidio. Circunstancia que ubica nuevamente a la Argentina en el sendero de la cultura nacional y popular en este nuevo contexto, siendo este el puntapié que da comienzo a un profundo cambio de conciencia frente a esas viejas matrices culturales que todavía persisten en la sociedad. En segundo lugar, la presencia de una mujer -principalmente la de Eva Perón- en el billete de mayor valor significa un quiebre, tanto en la tradición económica, como en la concepción cultural que marca un hecho inédito desde el punto de vista de género.

A su vez, este homenaje en nombre de la figura de Evita no guarda casualidades, y menos que una mujer desde el Estado -como CFK- sea la que le otorgue este reconocimiento, no sólo a Eva Perón, sino a todas las mujeres argentinas. Lo que configura un dique a la cultura cipaya de las minorías por una contracultura nacional y popular que se va haciendo carne en cada hecho de esta naturaleza. Cuestión que podríamos definirlo como algo predestinado, que plasma en el billete una señal de esta nueva de época que consagra a la mujer en la lucha por la igualdad de derechos que la tenía a Evita como la impulsora del voto femenino hace seis decenios atrás.

Empero, los sectores que hoy reivindican esta cultura oligárquica son una minoría y no representan a todo el conjunto social. No es meramente un asunto de estadística, sino que la cultura ante todo debe nacer del “subsuelo de la patria” -como decía Scalabrini Ortiz- y no del capricho de unos pocos que creen ser los dueños de la cultura y de la historia.

Esos mismos que dicen con absoluta libertad que la cultura nunca puede devenir de las entrañas del pueblo y que es propiedad privada de algunos que se adjudican el derecho universal de hacerla y poseerla. Evita demostraría que esto no es así, siendo la cultura una propiedad inalienable de los pueblos, sobre todo de aquellos que fueron marginados y excluidos de la historia, a los que se ha intentado enterrar en el olvido y condenar a la ausencia.

Pero el pueblo es inquieto y exige ser reconocido, se rebela impulsado por la fuerza de un reconocimiento que se forja en la dignidad, la igualdad y la justicia social. Ese reconocimiento supo ver y sentir Evita. No por una empatía improvisada desde el poder, sino porque ella provenía de ese mismo lugar y sintió en carne propia la humillación de ser pobre y de haber nacido mujer, con el agravante de ser hija extramatrimonial, pecados mortales que condenaban moral y socialmente a cualquier mujer que tuvieran esas condiciones. Lo que concede una legitimidad real que tiene como basamentos su origen popular y una práctica social inigualable que transformó, desde su aparición, los destinos de los sectores desposeídos de nuestra Patria. Y esto tendría vuelta atrás.

Aunque hayan secuestrado su cuerpo, vejándolo con la perversión propia que caracteriza a los verdugos de las causas injustas y lo trasladen a quien sabe donde para esconderla de su pueblo, su calidez y tenacidad mantienen viva las esperanzas de los que ella llamaba amorosamente sus “descamisados”. En esta confluencia entre las reivindicaciones de un pueblo postergado y la extraordinaria vocación pragmática para concretarlas donde brota la verdadera cultura de una nación.

Podríamos decir con absoluta justicia histórica que Evita sacó a Roca de su “guarida asquerosa”: “Y saben que la oligarquía, que los mediocres, que los vendepatrias todavía no están derrotados. Desde sus guaridas asquerosas atentan contra el pueblo y contra la nacionalidad” (Eva Perón, Discurso de Renunciamiento, 22 de agosto de 1951). Y la peor guarida donde se pueden ocultar pasando desapercibidos es en la cultura, camuflados en las páginas de la historia que ellos mismos escribieron.

Como hemos visto, uno de ellos ya está de salida en este laberinto simbólico de nuestra historia. La otra, retorna para cumplir con el mandato que se propuso hasta que la muerte se la llevó muy temprano, una noche del 26 de julio de 1952, y “lo hermoso nos cuesta la vida” canta Silvio Rodríguez. La alegría y la felicidad que provocó el calor inmenso de Evita en esos eternos seis años de militancia incansable se habían apagado, y si bien su cuerpo se extinguió en la penumbra, su espíritu permanece vivo, encendiendo cada día el corazón de los más necesitados. Como dice Leopoldo Marechal: “Un sabor eterno se nos ha prometido, y el alma lo recuerda”. Es ahí donde tiene su lugar legítimo en la historia argentina, en el alma del pueblo humilde y trabajador.

(*) Ensayista. Integrante del Centro Cultural E. S. Discépolo y del Movimiento Universitario Evita de Misiones.