Gorilas y gorilismo: génesis, historia y actualidad de un concepto persistente (II).
18 ago 2012 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Política Nacional
“A veces los he visto fríos e insensibles.
Declaro con toda la fuerza de mi fanatismo que
siempre me repugnaron. Les he sentido frío de sapos o de culebras”.
Eva Duarte (de Perón).¿a quienes se referiría?
Crítica de la (i)racionalidad gorila
Por Raúl Isman
En el presente texto continúa las líneas desplegadas en la primera parte que puede consultarse en: http://www.revistaelemilio.com.ar/2012/07/gorilas-y-gorilismo-genesis-historia-y-actualidad-de-un-concepto-persistente-i/
El punto de partida del análisis esta sintetizado en el epígrafe de José Pablo Feinman trascripto en el comienzo de la primera parte ya citada. No existe mejor realización- al menos en lo inmediato- para los intereses del pueblo argentino que la (aún inacabada) posibilidad de crear un estado con fuerte capacidad de intervención social para profundizar el rumbo productivo-industrial de la economía, limitar el imperio de las fuerzas correspondientes al poder económico, proseguir la redistribución del ingreso y moderar los efectos más graves de la desigualdad social. En la medida que se vaya concretando tal proyecto, seguramente la correlación de fuerzas entre las clases permitiría avanzar más a favor de las fuerzas populares. Semejante formación estatal es la única herramienta en condiciones de ponerle límites a los oligopolios que se enseñorean con los recursos productivos y naturales del país y lucran con las necesidades populares. Y de negociar con mínimas condiciones de dignidad frente a los grandes poderes globalizados. Una encuesta- realizada por una consultora neoliberal y glosada por el matutino Página 12 del 5 de agosto de 2012- finca precisamente en el rumbo industrialista y “dirigista” las causas de la centralidad política del proyecto nacional, popular y democrático, en general, y de la figura presidencial, particularmente. Nada casualmente la reacción neoliberal procedió a demoler la capacidad de gestión económica estatal; desde el golpe genocida en 1976, por no hablar del latrocinio menemista en los ’90. La comprensión de las coordenadas enunciadas es vital, ya que a la luz de lo dicho, la oposición de Fernando Solanas resulta- pese a su parafernalia linguística muy falsamente nacional y popular- claramente gorila; ya que se alía de continuo con fuerzas sociales y políticas claramente primates. Y por cierto y sin agotar los ejemplos, la coalición cínica de Carrió, o la mayoría de la Unión Cívica Radical (U.C.R.), o el neoliberalismo P.R.O.(cesista) MACRISTA de tan antipopulares que resultan se desplazan entre las lianas.
Pero siempre se agregan contenidos nuevos, que no modifican lo esencial de la caracterización que hemos realizado. Por ejemplo, a comienzos del primer mandato de Kristina nuestros republicudos de pacotilla no dijeron ni media palabra acerca de la insólita y medieval negativa vaticana a conceder el placet de rigor al nuevo embajador argentino en la ¿santa? sede por el “horroroso” pecado de ser divorciado. Es consabido que al estado papal y a la iglesia les incomoda mucho más un laico divorciado que un sacerdote violador de niños. La preeminencia del estado secular y la ley civil frente al feudal y retrogrado ordenamiento jurídico y político religioso es un pilar en toda verdadera tradición liberal y republicana. Pero para nuestros truchos defensores de las instituciones la única libertad que merece la pena es la de precios y el derecho de los ciudadanos argentinos a vivir en un estado laico (sin imposiciones inquisitoriales) queda para las calendas griegas (¿o romanas?).
En realidad, con el discurso opositor se verifica una nueva vuelta de tuerca a la zoopolítica; en razón de tratarse de estrambóticos rebuznos contra el “autoritarismo“ gubernamental y un supuesto proyecto de partido único. No se conoce ningún intento tendiente a aprobar una ley que proscribiera a los demás partidos políticos. Tampoco decreto. ¿De qué partido único hablan? Todas las fuerzas políticas mencionadas tienen sus locales legales, están muy lejos de actuar en la clandestinidad, acceden profusamente a los medios de comunicación ligados a influjos clarinescos donde los representantes del oficialismo parecen estar proscriptos, se reúnen públicamente en cuanto sitio desearen, no sufren persecución policial alguna.. Curioso proyecto autoritario de partido único es el gobernante. Es que para sacar patente de democrático. ¿El Frente para la Victoria debería regalarle votos, espacios políticos, militantes y recursos a la raquítica oposición? No pueden pretender que el gobierno nacional imponga por la fuerza que las liliputienses formaciones políticas opositoras se nutran de seguidores. En rigor, la letanía del partido único no pasa de ser un hipócrita lamento de la oposición tendiente a no realizar la correspondiente autocrítica por causa de su miseria político-intelectual con consecuencias electorales. Por otra parte, se puede argüir muchas cuestiones acerca del peronismo, pero no que se trate de una pléyade de buenudos como para obsequiarle a los opositores la figuración que no pueden construir por si mismos….
En tren de seguir refriéndonos a los rebuznos u aullidos gorilas, comencemos por el análisis de los hipócritas lamentos de viuda apesadumbrada prorrumpidos por los restos mortales de la fuerza creada a fines del siglo XIX por Leandro N. Alem e Hipólito Irigoyen. Llamados a prudente silencio luego del severo traspié electoral sufrido en el 2011; pronto volvieron a ocupar sus lugares en el teatro de títeres de Héctor Magnetto, donde prosiguen con su prédica pre -comicial compitiendo Ricardo Alfonsín contra Ernesto Sanz, el soja diputado Oscar Aguad o Gerardo Morales por el premio al gorila del mes. Sería necesario el espacio de una enciclopedia para recopilar las églogas al gorilismo compuestas por tan poco inspirados vates. Pero sin dudas que harían sonrojar al fusilador Pedro Eugenio Aramburú o al correligionario Ernesto Sanmartino, aquél que llamase aluvión zoológico a los obreros que gestaron el 17 de octubre de 1945. En los tiempo que corren el objetivo de máxima de la U.C.R pasa por evitar que pueda ser reformada la Constitución Nacional de modo de obstruir la posibilidad que Kristina pudiere ser reelecta. Es natural, hay cuarenta puntos porcentuales entre la presidente y cualquier candidato radical y la tendencia es que la diferencia se agrande más que disminuya.
La doctora Carrió y sus secuaces (seguidores) parecen esmerarse en concursar por un cetro de campeones mundiales de gorilismo. En rigor, encontró su nicho electoral en la opinión cerradamente antiperonista y machaca para construir desde allí. Es sabido que un paradigma del discurso gorila fue el occiso y fusilador almirante Isaac Francisco Rojas. El mencionado era autor o difusor de una idea que podría parecer cándidamente ingenua; si no fuera en realidad groseramente siniestra: la creencia que el pueblo argentino había sido engañado por el “demagógico” Perón y que la llamada revolución libertadora vendría a emancipar a nuestro pueblo de tamaña tiranía. Los trabajadores- no obstante- no desearon jamás la supuesta liberación y el peronismo continúa siendo su opción preferencial; pese a que en caso que los sujetos subalternos avizorasen otras opciones, podrían contemplarlas, analizarlas, y hasta hacerlas (temporariamente) suyas. Como puede ver cualquier lector, no otra es la raíz de la idea carrioista que el pueblo no es libre, ya que se halla esclavizado por los planes sociales implícitos en las prácticas del clientelismo. Un elitismo sin fundamentos reales (¿de donde sacó su supuesta superioridad intelectual Carrió, si es apenas expresión del pensamiento más vulgar?) unido al supino desprecio por los verdaderos sentimientos de los sectores populares le vedan comprender que la gestión de los Kirchner- si bien puede haber utilizado los mecanismos clientelares- basa su popularidad en el hecho que arbitró todos los mecanismos para lograr una mejoría sostenida del nivel de vida popular bajo la forma de crecientes derechos para las mayorías. Además, el uso de la dadiva fue en constante decrecimiento durante la etapa 2003-2011. Y por todas las razones señaladas, los antaño llamados descamisados o cabecitas negras le otorgaron en las legislativas del 2005 y las presidenciales del 2007 y el 2011 un respaldo casi unánime. Una curiosa variante del conocido gorilismo carrioiano lo constituye su reivindicación (retórica) de la figura de Evita. ¿Acaso no es dable imaginar que cada vez que nombra a la segunda esposa del general debe hacer los cuernos o cruzar los dedos, bajo la mesa? Pero además, lo fundamental es destacar que se trata de una Eva muerta de contenido sustancial, por fuera de su relación con el proyecto y la figura de Perón, una especie de señora gorda equivocada. No hay dudas que se trata de una mentira y una hipocresía más; algo así como la actitud de los nazis que- para ocultar vergonzantemente su condición de tales- afirman tener un amigo judío.
La autogenerada fama de Carrió (consistente en exhibir capacidad académica) sucumbe frente a un mínimo análisis de sus discursos. No sólo muestra ignorancia insalvable en las ciencias sociales, también su discurso parece oscilar entre los efluvios alcohólicos o los delirios psicóticos. Recordemos que hace algunos años denunciaba a Kirchner por nazismo. Transcurrido semejante tiempo de su denuncia; en caso de ser cierta, debería haber marchado al exilio so pena de que la ”soldadesca kirchneriana“ le hiciese perder la vida luego de horribles tormentos. Pero no. Sale del país para retozar cual grácil hipopótamo en Punta del Este y sus regresos no se dan precisamente en la clandestinidad, como ocurría con quienes realmente resistían a la auténtica barbarie nazi o fascista. Sería bueno que Carrió cotejase sus ideas en tal sentido con historiadores realmente conocedores de la temática de marras, como el británico Ian Kershaw, por citar sólo un ejemplo. Por nuestra parte, hemos analizado críticamente con cierto detalle el fenómeno recién comentado del epíteto de nazi lanzado oportunamente contra Kirchner en un texto al que remitimos al lector interesado:
http://www.rebanadasderealidad.com.ar/isman-06-01.htm
Muestra así Carrió su dependencia conceptual y cultural de la oligarquía vacuna, al modo que ya hablaba Arturo Jauretche desde hace más de medio siglo. Nada casualmente declaró que la única oligarquía que conoce es la dirigencia política que- en su opinión- vació el país. En este caso, ocultar la propia existencia de una clase social- que ha sido gestora, entusiasta protagonista y apoyo decisivo para los peores golpes de estado en nuestra historia- es nada más que un modo vil de hacer su apología. Además, su persistencia en pedir una reducción del crecimiento económico y el consumo (bajar la demanda) la coloca invariablemente en el campo cultural de los neoliberales, partidarios de “enfriar“ la economía como modo de reducir la inflación. ¿De qué modo disminuiría la pobreza si la economía decrece? No lo dice la paquidérmica republicana, pero seguramente debe pensar en apoteosis morales, rezos grupales y homilías del cardenal Bergoglio. Conclusión: si postula para resolver la inflación las mismas recetas térmico-climatológicas (enfriar la economía) que los economistas neoliberales, su proyecto es tan enemigo del pueblo como el de los citados intelectuales orgánicos al servicio del imperialismo.
Por otra parte, la intención de Carrió de disolver la figura e importancia política de la actual presidente muestra una nada casual sintonía y afinidad con las fuerzas más reaccionarias y golpistas de la historia política argentina. Para peor, presentando como muestra de objetividad, lo que no es más que la pretensión de la peor derecha de instalar la percepción de un supuesto vacío de poder. Así lo afirmó frente a un complacido Joaquín Morales Solá, subrayando la condición de objetivo de su análisis y culpando a los Kirchner de lo que no es más que una pretensión subjetiva de las fuerzas reaccionarias. Por fortuna, la imagen positiva presidencial crece y en un mundo aquejado por las turbulencias económicas externas, en la Argentina parecemos estar aislados relativamente de la crisis. Lo cual es atribuible en gran medida al modelo productivo implementado luego de la devaluación del 2002y al coraje e iniciativa políticas de la conductora y presidente. Por otra parte, nunca está de más recordar que cuando existían situaciones de debilidad del ejecutivo (vacíos de poder), las tribulaciones económicas populares se agravaban. De modo que la pretensión de instalar dicha situación no es más que una de las tantas medidas de la construcción política urdida por la derecha para bloquear, paralizar y derrotar al proyecto democrático, nacional y popular claramente hegemónico en el pueblo. Y el hecho que Carrió lo amplifique no es casualidad permanente, es complicidad con la peor derecha, sin más.
En los días que corren se dedicó del modo más avieso que pueda imaginarse a fundamentar con su aire de maestra ciruela una de las peores operaciones de Clarín. Para cerrar el tema de la mezcla de gorila con hipopótama véase http://www.redaccionpopular.com/articulo/el-regreso-del-agente-naranja
La infrascripta pretendía colocarse en el sitio de única opositora. El electorado en el 2011 la abofeteó, la defecó y la orinó de modo gráfico y copioso. Pero como los partidarios, seguidores, militantes y referentes del proyecto nacional no somos ni autoritarios ni adoradores del partido único, no le negamos su derecho a oponerse al amplio movimiento de reconstitución de la nacionalidad y de los derechos del pueblo que recibió más del el 54 % de los votos hace menos de un año. Ni tampoco a una eventual autoreivindicación de su merecida condición de “Gran Gorila”. Lo que no es justo es que pretendiere ningunear a otras variantes opositoras, como la de Macri o Binner, que pueden construir iniciativas políticas a favor de sus respectivos proyectos, que gobiernan distritos importantes y/o carecen de la capacidad diatrogénica de la ex dirigente del A.R.I. En lo que sin dudas se parecen a la obesa gorila es un su incapacidad para formular ninguna acción seria para favorecer al pueblo.
Antes de analizar las bases sociales y culturales del gorilismo actual nos referiremos a algunas declaraciones de una puntera estratégica (muy pronto) ex de la coalición cínica: Patricia Bullrich Luro Pueyrredón. Ex militante de la llamada tendencia revolucionaria del peronismo, cuando el justicialismo mudó casi en bloque sus posturas hacia los programas, pautas y valores de la derecha neoliberal, asumió sin cortapisas la defensa incondicional del poder económico, desde diversas posturas político-ideológicas. Fue Menemista, Cavallista, De La Ruista, (por) ahora es Carrioista y ya comenzó una larga marcha hacia el Pro. Lo común de tales posiciones es su odio feroz a la verdadera democracia y al propio pueblo; al que desea ver sometido por entero a los poderes globalizados. Pero los memoriosos no pueden olvidar como en 1995 (segundo período de Menem) defendía a capa y espada la ley universitaria con que el neoliberalismo quería consagrar la exclusión de vastos sectores de la educación superior. Si, fue durante el segundo período del riojano; del cual se alejó- según patito B- cuando descubrió la corrupción. Si necesito un sexenio para percibir corruptelas durante la vigencia del califato anillaquense no puede decirse que tenga un olfato particularmente agudo y veloz. En realidad fue cómplice del latrocinio contra el patrimonio nacional y lo sigue siendo de sus mandantes, responsables y ejecutores. Todas sus declaraciones están tomadas de un reportaje que concedió al matutino Página 12 del 16 de febrero del 2007.
“Kirchner instrumenta un PJ como herramienta de consolidación del poder”. Curiosa crítica, pero nada inocente. Si se escarnece lo propio y natural del juego político (la búsqueda del poder); será difícil la construcción de un estado que pudiere defender el nivel de vida popular de los poderes globalizados o de las turbulencias financieras internacionales. Pero las verdaderas intenciones no se limitan a paralizar la actividad política. Persiguen el extraño objetivo de hacernos creer que una minoría del electorado es más democrático que 54 de unidades porcentuales. En su opinión: “La Argentina va hacia dos espacios muy claros: uno de la democracia participativa y el cambio contra otro de lo conservador y de la corporación.” Ausente o fugada cualquier fundamento acerca de porqué la coalición cínica es democracia participativa, salvo que se considere paradigma de la referida democracia participativa al dedo demiúrgico de Carrió, “fuente de toda razón y justicia” democrática. Jamás hubo elección interna ninguna en la citada fuerza política y la participación democrática se redujo a decir genufléxamente si Lilita, frente a las arbitrariedades e imposiciones de la fundadora. Quienes no aceptasen los ukases carrióisticos, veían sus distritos intervenidos o debían salir de la coalición. Por otra parte, faltan también razones acerca de porqué una fuerza construida con un economista de la banca globalizada (Alfonso Prat Gay), una hija de empresario neoliberal (María Eugenia Estensoro), diversos jóvenes petulantes (Adrián Pérez) o una derechista contumaz (la propia Bullrich) es más avanzada que un espacio en el que participan las madres de Plaza de Mayo o hijos de desaparecido nacidos en cautiverio o parte de las organizaciones sociales que resistieron la barbarie neoliberal. Sólo desentona en la monocromía ferozmente derechista de la coalición un dirigente de los desocupados de La Matanza, cuyo triste papel es disimular tanto reaccionarismo circundante (y agobiante). Por cierto que la ausencia de fundamentos se debe a que Patricia no desea polemizar y menos con sólidos argumentos. Ella está sólo para difundir el discurso dominante. Así, se manifiesta contra “la corporación”. ¿Una multinacional? No, faltaba más. Se refiere al sindicalismo. Y en rigor no se trata sólo de la crítica al moyanismo (en Hugo Moyano personificaba sus denuestos, ahora silenciados por causa del pase del camionero hacia la oposición) o variantes similares. El objetivo es demoler toda posibilidad de resistencia colectiva por parte de los trabajadores contra las imposiciones del capital. Nada casualmente, los trabajadores que padecen el nivel de vida más deplorable son los no registrados (llamados en la Argentina “en negro”). Es decir, los que carecen de organismos colectivos que los representen desde el punto de vista económico y social. Surge claramente que los sindicatos son un- relativamente eficaz- modo para que los asalariados defendieren sus reivindicaciones, más allá de que efectivamente existen prácticas sumamente criticables en las organizaciones gremiales. Pero lo cierto es que la crítica de Bullrich- al intentar ilegitimar toda actividad sindical- busca tirar el agua sucia junto con el bebe y, de tal modo, conecta claramente con las necesidades de los empresarios, no ciertamente con las de los trabajadores. Tanto la dirigente mencionada como los empresarios beneficiados por la oleada neoliberal que soportó nuestro país en los ’90 no demostraban similar antisindicalismo cuando la mayoría de la C.G.T. era cómplice del genocidio neoliberal.
En rigor a la verdad, las verdaderas divisiones que atraviesan nuestra sociedad no es sólo el formal enfrentamiento peronismo-antiperonismo, si no quienes desean crear una sociedad lo más integrada socialmente posible y quienes desean mantener o profundizar la marginalidad. Para superarla es preciso fortalecer la capacidad de intervención estatal. Nada de esto anima a Bullrich, para quién el enfrentamiento es “corrupción versus transparencia.”. Ya hemos argumentado fehacientemente acerca del verdadero contenido e intenciones del discurso anticorrupción, por lo cual cerraremos nuestra breve recorrida por las posiciones de la coalición cínica- una fuerza al servicio de la difusión de las elaboraciones del poder económico- con su visión del problema inflacionario. La derecha agita constantemente la cuestión referida a los incrementos de precios de modo de invisibiilizar otras cuestiones (como la pobreza) y de confundir asimismo la comprensión del propio fenómeno inflacionario. Dice Bullrich que:
“Nos basamos en el 26 por ciento de inflación real del año pasado. Y vamos a empezar a tener un índice propio, para decirle a la población cuál es la inflación real”. Lo que omite es, en principio, cual es el origen de la temida inflación; que no es otro que la oligopolización de la oferta de bienes, particularmente los de primera necesidad. Por otra parte el poder económico busca mediante el sencillo mecanismo de aumentar el valor de los productos mantener e incrementar su preponderancia en la puja distributiva. Además, no es lo mismo que exista inflación con recuperación de ingresos populares (lo cual es el caso del modelo actual) que sin él. O estabilidad de precios con decrecimiento económico y empobrecimiento popular, como en tiempos de la convertibilidad (1991-2002). ¿Casualmente?, un proyecto antinacional y antipopular que Bullrich aprobó y defendió a capa y espada bajo diversas adhesiones políticas a lo largo de su cambiante carrera. Mirando brevemente la historia argentina es preciso concluir que la etapa de mayor nivel de vida para el pueblo fueron los dos primeros períodos presididos por el general Perón; etapas inflacionarias, por cierto. Y que en la época de Menem la inflación fue utilizada para legitimar un muy doloroso purgante administrado bajo la forma de plan económico, cuyos resultados han sido analizados vastamente. Por ejemplo en nuestro libro http://www.redaccionpopular.com/articulo/la-insoportable-levedad-de-los-…
Conclusión, si bien los sectores populares deben tratar de mantener el poder adquisitivo de sus ingresos, la mirada central debe dirigirse a que los problemas decisivos son la desigualdad social, la pobreza, la impunidad de los crímenes del terrorismo de estado, las dificultades para la recreación de un sustantivo concepto de ciudadanía (cuyo eje decisivo pasa por la inclusión social), entre otras cuestiones del mismo tipo. Y agitar numeritos inflacionarios sólo sirve para ocultar los verdaderos problemas, como los que citamos ut supra. De modo que lo central no es llorar contra la inflación, si no intentar recomponer de modo progresivo y constante los ingresos populares buscando eliminar la marginalidad que aún se enseñorea en los barrios más pobres. Por otra parte, una cuestión central es que el gobierno nacional no es el enemigo causante de la inflación (más allá de porcentuales); si no los grandes grupos económicos. Por el contrario, la oposición en pleno denuncia a la política económica actual como pro-inflacionaria, haciendo de hecho la apología de los monopolios que usan los incrementos de precios para no ceder porciones de las rentas nacionales a los trabajadores (y para esmerilar y de ser posible desestabilizar al gobierno). Tales coordenadas deben guiar la percepción política popular y así lograr la más profunda recomposición del espacio nacional. La tarea central parte de colocar como prioridad decisiva que es preciso vencer a la derecha, más que a la inflación; cuestión que se nos oculta en la percepción si permitimos que la derecha diseñe e imponga la totalidad de la agenda pública.
Para finalizar el análisis desplegado, es necesario garabatear algunas impresiones acerca de la conducta de los sectores medios, que en gran medida dieron vida a la centralidad de los dos dirigentes (una ya profundamente devaluada) con mayor predicamento de las derechas vernáculas: Carrió y Macri. No se trata de succionar los calcetines a veleidosos pequeño burgueses si no de guiarse por algo que resulta absolutamente claro desde hace muchos años para diversos referentes, pensadores y teóricos de la izquierda nacional: que las bases sociales del frente que articule y represente los intereses populares se hallan constituida por la necesaria alianza entre los sectores populares o clases bajas y los destacamentos de los estratos medios. Acerca de dicha temática existe una copiosa elaboración bibliográfica, por ejemplo, véase Alberto Franzoia “Sobre el concepto pequeña burguesía y nuestra alianza plebeya” en
http://www.elortiba.org/notapas839.html
Cuando el frente mencionado fue más fuerte, el espacio nacional logró triunfos ostensibles. En situaciones de máximo enfrentamiento entre los sectores populares y las clases medias, la reacción se fortaleció o se impuso. Por otra parte, son conocidos los estudios clásicos (sean dichos autores pensadores tan dispares como Carlos Marx o Arturo Jaureteche) acerca del comportamiento temeroso, vacilante y pendular de las capas medias. Nos guiaremos muy libremente por una interpretación basada en conceptos formulados por tales autores.
En rigor a la verdad, el problema principal para sumar fuerzas de clase media al frente nacional es que muchos de tales estratos sólo conciben una salida individual e individualista para sus problemas. Además, se posicionan casi siempre desde una mirada admirativa y no crítica frente al poder real; tal vez por la expectativa latente en ellos de alcanzar posiciones dominantes. Por el contrario, la creación del frente nacional y popular o la también llamada alianza plebeya implica una clara opción por las soluciones asociativas, antes que por las salidas de corte individual. Por otra parte, predomina en dichas franjas pequeño burguesas un vicio que parece congénito; pero en realidad es inducido por la machacona repetición del discurso dominante. Se trata de congelar la mirada hacia abajo en la escala social, cuando se trata de buscar responsables a las crisis. No hay modo que se reconozca (por parte de los estamentos que analizamos) la existencia de un poder económico ubicado estratificádamente por arriba en la escala social como verdadero causante de los peores problemas de la nación. Aún hoy- cuando millones de compatriotas desgarran sus vidas en agobiantes jornadas laborales- estos cínicos de clase media sentencian con lenguaje hipócritamente sabiondo que el problema del país… “es que los negros no quieren trabajar“. La versión posmoderna de ese viejo discurso es la falsa e hipócrita culpabilización de los sectores pobres (particularmente los piqueteros) ideada por los medios de la derecha y asumida como propia por diversas franjas pequeño burguesas No es casual que prenda en tales segmentos la verborragia moralota, ya que si ubicamos todos los problemas en la corrupción (de los otros), funciona perfectamente como coartada para legitimar la evasión y elusión impositiva, la contratación de personal de modo ilegalmente no-registrado (en negro) entre otras tropelías, en las cuales la responsabilidad pequeño-burguesa no es por cierto menor.
Por otra parte, no puede dejar de causar gracia la supervivencia de ciertos gorilismos paleolíticos; por medio, por ejemplo, de afirmaciones muy comunes en dichos sectores del tipo de “Perón era un tirano fascista”, enunciada sin mayor fundamento y en total falta de respeto por la verdad histórica. Análogo resulta la acusación de “autoritarios“ recibida por los Kirchner. En ambos casos parecen totalmente ausentes los fundamentos mínimos de rigor y muestran la preocupante vigencia de algo decisivo: los responsables de la creación del discurso gorila- la derecha, expresión orgánica del poder económico- elabora contenidos y los difunde desde su medios, mientras que segmentos de clase media no hacen más que aceptar y difundir acríticamente; muy a menudo contra su propia conveniencia e intereses.
A modo de definiciones finales, extraeremos algunas conclusiones del análisis desplegado:
1) El discurso gorila es introducido en la sociedad por el bloque dominante a los efectos de gestar consenso para sus posiciones y mantener su predominio.
2)No se trata de una ideología sólidamente constituida en lo conceptual; sino más bien de un muy rústico collage de enunciados de una patética falta de solidez filosófica.
3) Es favorecida su vigencia por ciertas características de las clases medias; como la búsqueda de soluciones individuales, la mirada sesgada de los problemas de la sociedad y el hiper moralismo.
4) La tarea decisiva de los sectores nacionales, populares, progresistas y revolucionarios reside en aportar a la construcción de la alianza que sustente el incipiente proceso en curso. Para ello, es preciso aislar lo más posible a los personeros del gorilismo de ayer, de hoy y de mañana y ampliar al máximo las fuerzas de clase media consustanciadas con el proyecto nacional.
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Evita: Capitana de la Batalla Cultural (2da parte)
18 ago 2012 Notas semanales
Posadas, Misiones, Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Cuestiones históricas
(Continuación)
La Historia: Madre de todas las batallas
Por Maximiliano Pedranzini*
Para EL EMILIO
Polémica historiográfica es sin duda, pero aún más una polémica de matiz política que se reedita en este presente. Es por eso que no hay que huirle a las polémicas, por el contrario, hay que tomar postura frente a este tipo de acontecimientos.
No debemos hacer a un lado la discusión en torno a los personajes que trascendieron el devenir histórico del país. El concepto de polémica no sólo caracteriza a la figura de Eva Perón, sino también a la de Julio Roca, dependiendo la posición ideológica desde donde miremos el pasado y el sentido que les imprimamos a los protagonistas de nuestra historia.
En esto tenemos que ser justos. Si Evita despertaba un conjunto de sentimientos encontrados durante su existencia en la vida pública del país, ¿qué despertaba Roca en el pueblo argentino? ¿O solo debemos atenernos a lo que nos relata la historia oficial?
Recién en estos tiempos donde el revisionismo histórico toma un papel preponderante en la escena nacional y la opinión pública, se escuchan esos gritos que fueron silenciados. No sólo el de sus detractores políticos e historiográficos, sino de los herederos de su política genocida: Los Pueblos Originarios. Quienes sufrieron a sangre y fuego el arrebato de sus tierras en la Patagonia. La empresa de la conquista generó un suculento beneficio de 10 millones de hectáreas concentradas en latifundios que serían repartidos entre 300 familias patricias. Esto pondría felices a todo el elenco oligárquico, ya sean roquistas o mitristas.
Lo que nos muestra que la clase dominante no tiene grandes contradicciones y es consecuente consigo misma a la hora de instaurar un proyecto de dominación, dirija quien dirija.
Ahora bien, cuando la figura de Evita tocó el suelo de la escena pública, la oligarquía pegó el grito en cielo, un grito cargado de un odio visceral que irritaba a la clase dominante y sobre todo a las mujeres de la aristocracia, que no toleraban que una mujer adulterina proveniente de una familia humilde haya llegado tan lejos, algo que ninguna otra mujer fue capaz de alcanzar hasta ese momento.
Evita en el discurso de despedida en la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1951, uno de los más emotivos decía: “Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria. Yo sé que Dios está con nosotros, porque está con los humildes y desprecia la soberbia de la oligarquía. Por eso, la victoria será nuestra. Tendremos que alcanzarla tarde o temprano, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Mis descamisados: yo quisiera decirles muchas cosas, pero los médicos me han prohibido hablar. Yo les dejo mi corazón y les digo que estoy segura, como es mi deseo, que pronto estaré en la lucha, con más fuerza y con más amor, para luchar por este pueblo, al que tanto amo, como lo amo a Perón” (Eva Perón, Discurso en el Día de la Lealtad peronista, 17 de octubre de 1951).
Estas palabras resumen de alguna manera lo que Evita buscaba para el pueblo, y eso la situaba en las antípodas de la oligarquía. Oligarquía que había tolerado en 1912 la reforma que posibilitó que muchos sectores que jamás pudieron votar lo hicieran, rompiendo con el fraude patriótico que dominaba la política de ese tiempo. Pero el ascenso de una mujer a la esfera pública, eso era inaceptable.
Por eso intentaremos plantear esto en el marco de la actual coyuntura que pone a Eva Perón como nueva imagen de un billete nacional por primera vez en nuestra historia, algo impensado hace unos años atrás, que quita ha uno de los principales personajes de la oligarquía que dominó el orden nacional.
Roca, quien en los tiempos del neoliberalismo ha adornado con su rostro el billete de más valor, lo que pone de manifiesto el poder de una clase que ha dominado nuestro país y su historia, y en qué contexto histórico se lo enarbola como el máximo prócer que debe ocupar el billete más importante de uso corriente de un país.
Signo más que elocuente del proyecto que estaba imperando en nuestra patria. El de la hegemonía norteamericana producto del corolario de la guerra Fría que ponía a la Argentina de rodillas y a un pueblo sometido, derrotado por décadas de represión, censura, fusilamientos, torturas y un genocidio que salió del riñón del Estado, un Estado terrorista que arrasó con toda una generación, clave para torcer el rumbo del devenir histórico y construir un mejor porvenir.
Ergo, se generaron las condiciones objetivas para que esto sea posible; el resto del plan quedaba en manos de un sector que se readecuó y manejó los hilos del aparato político que le serviría para cumplir con su objetivo: desmantelar el Estado y entregar a manos de capitales multinacionales el patrimonio nacional. Y la figura de Roca simboliza esta etapa. No fue casualidad su colocación por parte del gobierno de Menem: Constructor del Estado y artífice de la organización nacional. No hay dudas de que Menem simbólicamente quería emular al realizador de la “Campaña del desierto”. Pero desde el lugar del genocidio, aplicando las políticas neoliberales que devastarían a los sectores trabajadores, sumiendo al país en la brecha de desigualdad más grande que haya vivido la historia argentina.
Sin embargo, se logró algo inédito: cambiar la nefasta imagen de Julio Argentino Roca del billete de 100 pesos y poner nada más y nada menos que una mujer, un hito histórico por donde se lo mire. Esto sin dudas supera cualquier expectativa y más en los sectores reaccionarios que se habrán ofuscados por semejante noticia.
Este es un paso importante en este intento de desmonumentar a Roca. Y es aquí donde para muchos empieza el debate. La discordia entre quien debe ser quitado primero, si Roca o Mitre. Este último, no cabe la menor duda que ha sido uno de los genocidas más despiadados que ha tenido nuestra historia, y que éste fue escrita con la sangre de los indígenas y los gauchos que fue asesinando durante sus campañas por su pluma indubitable, diseñando la historia oficial que hasta hoy predomina en los contenidos curriculares de las escuelas, pero como bien sabemos, está mostrando sus fisuras y es fuertemente cuestionada.
Es aquí donde no tenemos que dejar que las disputas internas entre los que toman partido por Mitre o Roca oscurezcan el debate. Ni tampoco caer en el absurdo planteo para definir quién de los dos es el campeón de los asesinos, donde el ganador es el que haya matado mayor cantidad de indios y gauchos, como si nuestra historia fuese un torneo de tiro al blanco. ¿Hasta qué punto es relevante conocer esta información? Indefectiblemente de los argumentos históricos que surjan en pos de uno y otro, tengamos bien en claro que ambos -a pesar de las diferencias notorias- pertenecen a una misma clase, que como en todas las clases sociales habitan disputas por quien tiene el liderazgo y el poder de una nación, pero en definitiva los intereses siguen siendo los mismos, que no son precisamente los intereses populares. Aunque el pueblo sea carne de cañón por parte de algunas de estas figuras que, con arraigos pseudopopulistas, han demostrado no tener escrúpulos al hora de enviarlo al matadero en sus disputas de poder. En definitiva, ¿quién se iba a acordar de todos esos lumpenes muertos? Terminarán tirados boca arriba para después saber que su sacrificio sólo serviría para que uno de ellos se perpetuara en el poder hasta su apacible muerte entrada la primera década del siglo XX.
¿Acaso Mitre y Roca representan intereses contrapuestos, proyectos de nación distintos? ¿Podemos decir a grandes rasgos que Roca era verdaderamente el antagonista de Mitre? ¿O el antagonismo real era con el proyecto federal comandado por Rosas, los caudillos del interior como Quiroga, El Chacho Peñaloza y Felipe Varela, y el Paraguay de Solano López? ¿O los intereses se entrecruzaban debido a que cada uno representaba a sus respectivas coordenadas geográficas (uno en el Buenos Aires centralista y el otro en el interior provinciano)?
Creemos que no. Ambos le rendían culto a un mismo Dios: El capital británico. Y la ofrenda era la misma: La vaca y el trigo. Más que un severo antagonismo estamos en presencia de una disputa de poder intraoligárquico. Efectivamente, con Mitre se inicia el proceso político y económico semicolonial a partir de la Batalla de Caseros en 1852 y finalmente con la de Batalla de Pavón en 1861, donde se definió los destinos del país, encontrando su auge en la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, que se desarrolla entre 1864 y 1870. Pero sus sucesores -Sarmiento y Avellaneda- irían edificando ese Estado oligárquico que abriría el terreno para su consolidación en 1880 bajo el ala roquista.
Del mismo modo, tampoco creemos que sea más sencillo derrumbar la estatua de uno u otro, como decíamos anteriormente, es la acumulación de coyunturas la que nos posibilita realizar acciones y éstas son emergentes de una determinada situación en particular como es el caso del billete u otra expresión simbólica de envergadura.
Pero en esta falsa dicotomía entre Mitre y Roca, es evidente que la impronta ideológico-cultural que dejó Mitre se siga reproduciendo, corporizado en el diario La Nación que fundase en 1870, siendo como expresa su lema “una tribuna de doctrina”, claro está la de la derecha conservadora.
En efecto, La Nación es el Mitre del presente, continuando con esa misma lógica discursiva los herederos del apellido Mitre, consecuentes con la ideología y los intereses de su estirpe clasista. Bien, mientras que la historia oficial escolarizada y el diario La Nación son el Mitre de estos días, los monumentos y las calles personifican el Roca del pasado abriéndose paso en el presente, y esto no es una contienda menor.
Pero para el agrado de muchos luchadores de esta causa, se logró finalmente sacar a Roca de ese billete, proceso que será gradual a medida que pase el tiempo, a pesar de que no se haya cumplido con ese deseo. Para aquellos cuestionadores de esto, sin asomarse a las estrategias coyunturales que operan la realidad del presente: ¿no hubiera sido algo similar si se sacaba del billete de 2 pesos la imagen de Mitre? Hubiéramos caído en la misma discusión que nos lleva al único callejón sin salida de la historiografía: el reduccionismo.
Como pasara con el billete de un peso, quien tenía gravado como imagen a otro prócer de la oligarquía, Carlos Pellegrini, y que a fines de la década de los ´90 con la circulación de la moneda de este mismo valor dispuesto por el BCRA, el viejo billete de un peso sería reemplazado gradualmente por la moneda, lo que en ese entonces no generó un escándalo, claro, era el billete de 1 peso, no el de 100, total que borraran a Pellegrini no iba ha incomodar a la élite dominante, prócer menor aseverarían.
Sin que muchos lo sospechen, por este mismo camino marcha el billete de 2 pesos, quien tiene al excelentísimo Padre de la historia oficial y fundador de uno de los diarios más leídos por las clases media y alta del país que, además de formar opinión política, colabora a favor de los golpes en contra de la democracia. Desde el 12 de diciembre de 2011 comenzaron a circular estas monedas en conmemoración con el Bicentenario de la Revolución de Mayo, y que pretende sustituir -como sucediera con el añorado billete de 1- al avejentado billete de 2 pesos con la simpática carita de Mitre.
Quizás, esto ponga contento a más de uno que viene criticando la salida de Roca y la permanencia de Mitre en los billetes. Pero a no desesperarse. Tarde o temprano todos se terminarán yendo, o por la puerta grande como lo hizo Roca en el acto de presentación del nuevo billete o por la puerta de servicio, la más pequeña y silenciosa. Esa pasa desapercibida y muchas veces no nos damos cuenta.
Como vemos, el pasado toma forma inhóspita en el presente que toma la forma de un diario, y nosotros somos testigos muchas veces ciegos que no percibimos esta espectral presencia, invisible a los sentidos. El espíritu oligárquico de Mitre sigue vigente en sus páginas y continua formando la opinión de un basto sector de nuestra sociedad.
De este modo, Raúl Scalabrini Ortiz analiza de manera brillante el rol trascendental que juegan los diarios como instrumento de opresión, y dice: “La prensa argentina es actualmente el arma más eficaz de la dominación británica. Es un arma traidora como el estilete, que hiere sin dejar huella. Un libro permanece, está en su anaquel para que lo confrontemos y ratifiquemos o denunciemos sus afirmaciones. El diario pasa. Tienen una vida efímera. Pronto se transforma en mantel o en envoltorio, pero en el espíritu desprevenido del lector va dejando un sedimento cotidiano en que se asientan, forzosamente las opiniones. Las creencias que el diario difunde son irrebatibles, porque el testimonio desparece” (R. Scalabrini Ortiz, Política Británica en el Río de la Plata, 4ª ed., Buenos Aires, Plus Ultra, 1965).
¿Qué valor toma en este tiempo sacar a Roca del billete? El más importante y estratégico en términos simbólicos, pero principalmente históricos; una ruptura con lo que creíamos intocable, inamovible, que tenía bien acostumbrada a nuestra conciencia a esa imagen impoluta que inmortalizaba al prócer y mantenía vivo su mito.
Pero a los mitos cuando se los historiza dejan de ser mito y pasan ha convertirse en hechos cuestionables. Esto le pasó a Roca y al resto de los próceres de la oligarquía. Bien hemos visto como se presentan las coyunturas políticas, y en éstas la oportunidad de lograr pequeños triunfos en la batalla cultural.
Pero no seamos tan ingenuos en decir caprichosamente “quitemos a todos o no quitemos a ninguno”. Las reivindicaciones, sean cuales sean, no se pueden conquistar todas juntas envueltas en paquete listo para ser abierto. No se consigue de la noche a la mañana, sino de a poco, esperando el momento oportuno que marcan los tiempos políticos. O entrar en discusiones vanas para ver quien es más o menos asesino.
Los argumentos científicos que resumen los acontecimientos de nuestro pasado existen y son más que clarificadores a la hora de poner en perspectiva quién fue quién y cómo actuaba. Pero la notable coincidencia es que todos pertenecen a la misma clase social. Las tensiones que existan (lo algunos llaman falsamente “antagonismos”) son disputas de poder internos al territorio de la misma clase.
La oligarquía terrateniente era una hidra de mil cabezas, cada una de ellas con los rostros de Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca y sus respectivos sucesores. Un monstruo que con distintas cabezas iría resurgiendo en varios momentos de nuestra historia. Cambiar a un oligarca por otro. Esto refuerza la idea de que los tiempos políticos no son iguales a los tiempos históricos, y esto es algo que hay que entender, a pesar de nuestro deseos o anhelos de que las cosas cambien, lo que no significa que anulemos el debate.
Por el contrario, es la posibilidad que se presenta de ahondar esta cuestión y luchar para que se logre desmonumentar a todos los personajes de la oligarquía liberal-conservadora, partiendo del enfoque estrictamente historiográfico y ulteriormente analizar las condiciones políticas que dinamizan el presente y alcanzar esta meta.
(*) Ensayista. Integrante del Centro Cultural E. S. Discépolo y del Movimiento Universitario Evita de Misiones
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