Algunas reflexiones en torno al conflicto entre Cristina y Moyano
8 jul 2012 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Política Nacional
“En ese marco de las “primaveras democráticas de la clase media” es, sin embargo, en donde debería buscarse, a nuestro entender, ese paradigma aún mayor que engloba al del libro de Verbitsky (Ezeiza): son los valores de un sector de clase media –el más influyente, el que campea en universidades y medios de comunicación estatales o privados- los que se imponen a la sociedad y dictan lo que es políticamente correcto y lo que debe ser condenado”
Pablo José Hernández
Cristina con Oscar Lescano, un símbolo del sindicalismo menemista
Por Juan Pedro Denaday
Aunque no afrontemos los pronósticos catastróficos que los agoreros de la city practican desde hace tiempo como deporte nacional, es reconocido por todos que la situación de contracción económica internacional no puede más que repercutir en todas las latitudes, incluida la nuestra. La situación económica de Argentina revela los puntos fuertes y las limitaciones de las transformaciones producidas por las tres gestiones desde el 2003. Nuestro país ha ganado en soberanía a través de un conjunto de medidas macro-económicas ampliamente conocidas -las últimas fueron la recuperación de YPF y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central- que nos permiten afrontan la crisis internacional de una forma muy diferente a si se aplicaran las medidas de la ortodoxia neoliberal, una verdadera irracionalidad que sólo puede estar en la cabeza de economistas formateados por la formación neoclásica. No obstante, Argentina se encuentra en buena medida expuesta no precisamente por lo que dicen los liberales, sino porque todavía mantiene una economía altamente extranjerizada que provoca constante fuga de capitales por giro de divisas, conserva desreguladas y sin carga impositiva buena parte de sus actividades, tiene una estructura oligopolizada en las ramas claves de la economía que le otorga un enorme poder al capital como formador de precios, la renegociación ha aliviado pero no eliminado el peso financiero del pago riguroso de la deuda externa, y aunque ha ampliado considerablemente su mercado interno a través del estímulo de la demanda agregada, en términos estructurales la industrialización es parcial y seguimos en condiciones de fuerte dependencia con respecto a nuestra estructura agraria y su capacidad de colocación en el mercado mundial. Una alteración significativa en los términos de intercambio repercutiría en forma crítica sobre nuestra economía. No se trata de promulgar una autarquía aislacionista que sería ridícula en el mundo actual –otrora ni los llamados “socialismo reales” pretendieron tal cosa, sino que fueron unilateralmente aislados por la acción de las potencias imperialistas- pero si de avanzar en el desarrollo de una economía endógena y auto-sustentada, con actividad privada en función social estratégicamente planificada por el Estado. Eso no puede hacerse de la mano de “burgueses nacionales” con escasa vocación de tales, sino apoyados en el pueblo y los trabajadores organizados.
En este contexto, el kirchnerismo ha construido su identidad política y una tropa propia en base a una dicotomía inconmovible forjada al calor del conflicto del 2008. Como ya lo hemos planteado en otro texto (me remito al blog de un amigo con el que hoy no estamos muy de acuerdo: http://masticandonoticias.blogspot.com.ar/2012/02/entre-la-profundizacion-y-la-sintonia.html) el mundo kirchnerista ha quedado preso en buena medida de aquella situación, lo que lo ubica muchas veces en una posición conservadora y muy intolerante en relación a los reclamos sociales y los cuestionamientos políticos. Hay cierta demonización política de los adversarios, incluyendo a quienes aún cuando puedan ser regresivos en su ataque al gobierno tienen todo el derecho a expresarse. Si a esto le sumamos un formato televisivo de los programas cerradamente oficialistas donde se tergiversa y se estigmatiza a todo el que se oponga continua o circunstancialmente al gobierno, la cuestión ya es incluso delicada. Al mismo tiempo, hay una forma de auto-afirmación mediante la circularidad tautológica: como el grupo Clarín quiere que se termine este proyecto de gobierno especialmente por el problema de la Ley de Medios cuyo acatamiento tiene como plazo diciembre de este año y por tanto van a sumarse a todo lo que potencialmente pueda debilitarlo, siempre podrán remacharle a quien los cuestiona el latiguillo “te apoya TN”. ¿Dónde va a hablar Moyano, en 678? Difícilmente lo invitarían, pero en todo caso no es muy efectivo hablarle a lo que Artemio López denomina como “audiencias redundantes”.
Esta forma de construcción política viene adquiriendo rasgos cada vez más preocupantemente sectarios. La política no flota en el vacío social ni es plenamente contingente como pretende un Laclau (no es casual que en esa forma de teorizar no se distinga la protesta de un obrero sindicalizado de la de un cacerolero del Barrio Norte), pero todos sabemos que en buena medida es un “arte”. El arte de la conducción política, decía el general Perón. Un buen ejemplo de un líder con capacidades extraordinarias en esas lides, pero que tampoco pudo sustraerse a fuerzas ingobernables que lo excedían, en ocasiones como el aprendiz de brujo. Es ya evidente, que desde la partida de Néstor Kirchner han ocurrido varios cambios en la forma de conducir el proceso político. Se ha visto fortalecido un núcleo duro en torno a la Presidenta Cristina y agrupaciones juveniles y territoriales, cuya bisagra puede considerarse el momento de cierre de listas en el 2011. En un movimiento de larga data como el peronismo esta forma de proceder no puede más que generar rispideces y dejar un tendal de heridos. Muchos de ellos, acomodaticios, convivirán con su disgusto más o menos pronunciado hasta que la dinámica política presente algunas alteraciones. Otros ya están presentando batalla, de forma abierta o solapada.
Pero esta lógica excede a la interna del peronismo: hay una forma dicotómica de plantear los debates que roza el fundamentalismo. Quien cuestiona algo, es prácticamente empujado a la oposición. Un montón de ciudadanos, más o menos politizados, coincidimos con aspectos de este gobierno y disentimos en otros. Los planteos dicotómicos son excluyentes. No es casualidad que el kirchnerismo haya fomentado el desarrollo de un “nuevo revisionismo histórico”. El revisionismo histórico (que no es uno, sino varios) ha sido una corriente historiográfica significativa en nuestra historia nacional, cuya reactualización plantea debates interesantes aunque pelea en buena medida con fantasmas imaginarios. En nuestra opinión, el revisionismo histórico tuvo la virtud de plantear un eje de inteligibilidad en torno al problema de la dependencia, así como la honestidad intelectual de explicitar sus fines políticos, mientras otros –algunos, no todos- hacen contrabando ideológico liberal bajo un ropaje “academicista”. En el medio, hay muchos grises de distinta índole. No obstante, como lo ha planteado -entre otros- Federico Neiburg en Los intelectuales y la invención del peronismo, su idea de una lucha cíclica entre “dos argentinas”, donde inalterablemente de un lado están “los buenos” y del otro “los malos”, es un tanto reduccionista. No es tan simple. Pero, además, lo que nos interesa resaltar aquí, es que el kirchnerismo quiere en buena medida vender la piel antes de cazar el oso. Su modelo plantea algunas rupturas pero varias continuidades sustanciales con la estructura económico-social liberal y dependiente definitivamente cristalizada por el mitrismo. Esta actitud se encuentra en buena medida asociada a una construcción que exalta en demasía los aspectos simbólicos e ideológicos por sobre las transformaciones fácticas. En contraste, como es sabido, Perón hizo toda su profunda transformación social sin cuestionar la llamada “historia oficial” y su panteón de héroes, que mantuvieron sus nombres al nacionalizar los ferrocarriles (Mitre, Sarmiento, Urquiza). Su tardía adhesión a la versión “revisionista” de la historia ocurrió en el exilio y estuvo fuertemente asociada a un cálculo de orden político.
Los discursos convocando a la “unidad nacional” de Cristina no se condicen con la actitud de su núcleo político y ni siquiera con muchas de sus propias actitudes o discursos, como el que dirigió contra Moyano previamente a la movilización a Plaza de Mayo. No estamos hablando de un grado de conflicto que es insoslayable y además necesario en un proceso de transformación y en la vida democrática misma, sino de los conflictos artificiales e innecesarios. Un discurso cargado de exabruptos e injusticias, aunque no se lo adviertan los adulones y alcahuetes, que siempre han existido, pero ahora sobreabundan en el periodismo y la militancia oficialista. Cuando Perón volvió al país luego de 18 años de exilio había aprendido en buena medida la lección de los equívocos de su segundo gobierno: sin renegar de su anti-liberalismo económico, que fue incluso más marcado que los precedentes (Ver Ricardo Sidicaro, Los tres peronismos), advirtió que se necesitaba de una apertura y una democracia vigorosa en el plano político. Como sabemos esta perspectiva estaba además en buena medida orientada a aislar a la incontrolable violencia política en curso. Las referencias unilaterales de la Presidenta justamente a un proceso tan complejo como el de los 70, donde hubo extremismos y violencias diversas, que en su conjunto facilitaron el golpe de Estado, como lo señaló el líder de la Juventud Sindical, es fundamentalmente de una “enorme irresponsabilidad”. Es curioso en todo caso que le preocupe un pasado incomprobable de Moyano, cuando su asiduo acompañante a los viajes internacionales, Gerardo Martínez de la UOCRA, está seriamente acusado de colaborar con el Batallón 601.
Esta inclemencia en el ataque del oficialismo al actual Secretario General de la CGT va a dar como resultado un debilitamiento del sindicalismo y especialmente va a abortar un debate político con el único sector que podía proponérselo al oficialismo dentro de la tradición “nacional”. No es difícil operar contra su figura, dado que el rechazo que genera no es novedad para nadie en un país con un fuerte componente de clase media, social y sobre todo cultural. Allí tal vez se encuentre uno de los límites difícilmente franqueables para su proyección como un “Lula argentino”. Moyano no es una “carmelita descalza”, como ninguno de los actores socio-políticos relevantes de la argentina actual, sea de los mundos sindical, empresarial, periodístico y político. Pero parece que ser “negro y pelo duro” lo hace más peligroso y cuestionable, especialmente más expuesto a las estigmatizaciones y los prejuicios. Lo que si puede ostentar Moyano es un grado de coherencia del que carecen otros sectores del peronismo, sindicales y políticos. El líder camionero está rodeado de un equipo de hombres y sindicatos (Piumato de Judiciales, Schmit de Dragado y Balizamiento, Plaini de Canillitas, el SUTPA y la Juventud Sindical conducida por Facundo Moyano) que han mantenido en alto viejas banderas del sindicalismo peronista bregando por la profundización del modelo en un sentido nacional y popular, cuya tradición se remonta a los programas de La Falda, Huerta Grande y los 26 puntos de Saúl Ubaldini. La diferencia es abismal entre su proceder, un hombre que resistió con su gente en la calle desde principios de los noventa las políticas neoliberales, y Oscar Lescano, con quien se fotografió la Presidenta, que tuvo un record de despedidos y fue cómplice y participe de las privatizaciones y la flexibilización laboral. Deteriorar al moyanismo, para favorecer a estos sectores en un contexto de crisis, no es síntoma de buenos augurios. Acorralado, Moyano también puede estar compelido a cometer errores políticos que pueden ubicarlo en un campo que no es el suyo. Debe cuidarse porque es a lo que apuestan sus detractores “progresistas”.
No es la primera vez que sectores del progresismo político atacan al sindicalismo peronista desde teorías que apelan a una suerte de “teoría de las corporaciones”, donde por un lado todas serían iguales independientemente de su contenido social, y por otro se tiene la ilusión de que puedan dejar de existir, cuando son una realidad insoslayable del mundo contemporáneo. A principios de los ochenta la Ley Mucci del alfonsinismo apostaba a debilitar al sindicalismo peronista, como siempre, bajo la bandera de la “democratización”. Un modelo de fragmentación sindical al estilo chileno no puede más que debilitar al sindicalismo por más “democrático” que aparezca formalmente (al respecto me remito a http://www.elortiba.org/notapas1297.html). No es la primera vez tampoco que desde el poder político se ataca al sindicalismo apelando a un verticalismo peronista mal entendido. Claudio Díaz, en su Historia de lucha de los trabajadores y la CGT nos retrotrae a los argumentos esgrimidos cuando Menem puso al sindicalista Jorge Triaca, “dialoguista con la dictadura y tenue con el radicalismo”, al frente del Ministerio de Trabajo: “Esa designación se entendió mucho más cuando, apenas asumido, el propio presidente le declaró la guerra a los gremios en estos términos: “…el sindicalismo no tiene que entrometerse en temas políticos y debe acabar con su permanente actitud de confrontación” (Clarín y La Nación, 29 de julio de 1989). Es decir: del remanido espiche de la democratización sindical instalado por los medios durante el alfonsinismo, se pasaba a la exigencia de contar con gremios lavados y livianos que guardaran los bombos y dejaran de reclamar lo que les correspondía, porque la política les iría “dando respuesta” a medida que pasara el tiempo. Había que congelar la protesta y esa “nociva” costumbre transmitida por Perón de discutir los programas económicos, aunque casi siempre estuvieran hechos, justamente, para disciplinar a los trabajadores”.
En verdad, la concepción del peronismo es bien distinta a un mero “estatismo”, sea entreguista o progresista. La filosofía política del justicialismo no sólo cuestionó la separación moderna entre economía y política, sino también la separación de ésta con respecto a la sociedad, la política entendida como un quehacer de élites que expropian mediante la representación el poder-hacer político de las distintas áreas de la vida social, concentrando el poder en el vértice estatal y despolitizando a la sociedad. Porque la política no es sólo un discurso, es pensamiento y es una práctica que debe ser libre, por eso es menester distinguir entre politización y cultura política. Perón consideraba que este proceso tuvo su origen con la revolución francesa al escindir al Estado de la sociedad, y que se expresaba contemporáneamente tanto en el capitalismo liberal que aislaba al individuo y lo insectificaba en su individualismo egoísta, como en los regímenes totalitarios colectivistas donde el Estado aplastaba al individuo y las organizaciones populares. Por eso el líder justicialista consideraba que filosóficamente el peronismo gravitaba en torno a un “colectivismo individualista” y que el pilar del desarrollo de una Comunidad Organizada lo constituye la organización del pueblo, bajo la fórmula “gobierno centralizado, Estado descentralizado y pueblo libre”. Así, en su última obra, El Modelo Argentino para el Proyecto Nacional de 1974 recomendaba: “Para tener éxito en esta empresa, lo esencial reside en trabajar con los pueblos, y no simplemente con los gobiernos; porque los pueblos están encaminados a una tarea permanente, y los gobiernos muchas veces a una administración circunstancial de la coyuntura histórica”.
Fuente: Realidad y Pensamiento.
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Tags: BATALLON 601, CGT, COMUNIDAD ORGANIZADA, CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER, GERARDO MARTINEZ, JUAN PEDRO DENADAY, KIRCHNERISMO, LACLAU, MOYANO, PERÓN, Peronismo, PROGRESISMO, REALCION CGT GOBIERNO, SECRETARIO GENERAL DE LA CGT, SINDICALISMO COMBATIVO













10 julio 2012 a las 8:44 pm
Es un típico analisis y critica de origen marxista argentino (zurdo en lenguaje popular) que mezcla cualquier cosa y confunde cualquier cosa. Por empezar de peronismo no entiende nada porque sobran argumentaciones para saber que este es el gobierno mas peronista, desde el 55 a la fecha. Desconoce el origen,la trayectoria y la forma de ejercer la politica por parte de los Kirchner, que es lo que la gente aprueba mediante el voto en democracia. Le falta calidad en el analisis y despejarse la cabeza con Moyano y con los revisionistas.Todo revuelto, no agrega ni quita nada a la realidad. No se preocupe que vamos por buen camino y tenemos Cristina para rato, rere elección mediante.
12 julio 2012 a las 10:41 am
creo que el documento tiene vaivenes subjetivos y intencionados en alguna medida, pero tambien creo que se posiciona en una realidad que el kirchnerismo se niega a ver, como si negar esa realidad se convirtiera en inesistente, no obstante creoque cometemos los mismos errores al que nos empuja con sutil manupulacion el poder hegemonico, transfigurar la verdad historica y convertir la realidad efectiva en virtual, Creo, que podemos resumir en que el sistema esta agotado definitivamente aunque le esten inyectando oxigeno permanentemente, la mayoria del pueblo sabe que el costo de un cambio no es ni sera bajo, en sacrificio y vidas y escapa a eso, se evade en cada propuesta de este sistema caduco, aunque sin dudas tambien intuye que el final es cada vez mas cercano, y cuanto mas alaguemos esta agonia, mas dramatico y brutal sera el final.
12 julio 2012 a las 11:28 am
Alfredo, ¿leíste a Marx? ¿Aunque sea una página? ¿Un artículo de wikipedia?
Y a Perón, ¿lo leíste? Porque el análisis es peronista, confronta con marcos escritos por el propio Perón, con bibliografía sobre el peronismo, su relación con las corrienteshistoriográficas. También con el kirchnerismo, al menos en cuantosu marco teórico lo da Laclau.
Pero lo jodido no es que seas ignorante (eso se arregla leyendo: probá, es lindo) sino que, para vos, marxista y zurdo funcionen como descalificaciones.Pero eso confirma el contenido del artículo: el giro reaccionario y autoritario de la política de gobierno se encarna en tu discurso. Y también quieda claro, que si después de doce años no pueden generar cuadros que encarnen la continuidad del “modelo” es porque la mentada renovación fue refrito. En aceite rancio,como tus ideas.
12 julio 2012 a las 12:37 pm
JPD, yo te vi aplaudiendo muy entusiasmado en 678 y ahora decís: “Si a esto le sumamos un formato televisivo de los programas cerradamente oficialistas donde se tergiversa y se estigmatiza a todo el que se oponga continua o circunstancialmente al gobierno, la cuestión ya es incluso delicada”.
Una cuota de caradurez importante eh…
12 julio 2012 a las 2:49 pm
Defender la existencia de algo asi como un peronismo esencial desde posturas liberales al criticar una sociedad partida en dos siendo que es justamente lo ocurrido en el peronismo, ya es bastante flojo. La dicotonomia es producto de un fuerte proceso de cambio social que genera poco lugar para los tibios. Moyano tratando de dictadura al gobierno tambien muy flojo. Marchar con liberales consagrados como Altamira y Venegas peor todavia.
Por otro lado no entiendo la contraposicion que señala este autor al comparar peronismo y kirchnerismo, entre contrastar aspectos simbolicos (batalla cultural) con las grandes transformaciones que ha hecho el gobierno y que aun faltan y se van a hacer al paso que permita la lucha contra los poderes. Como si el primer peronismo no hubiera afectado lo cultural, de hecho la marca gorila de clase media es su producto cultural.
Al mismo tiempo el articulo defiende la teoria de los dos demonios, cuando ya en el 76 las organizaciones armadas estaban desmanteladas, dice: “Las referencias unilaterales de la Presidenta justamente a un proceso tan complejo como el de los 70, donde hubo extremismos y violencias diversas, que en su conjunto facilitaron el golpe de Estado, como lo señaló el líder de la Juventud Sindical, es fundamentalmente de una “enorme irresponsabilidad”. Se puede criticar el accionr de los grupos ultras pero ir a un relativismo multilateral desemboca en los dos demonios.
Coincido en que lezcano o gerardo martinez son unos sindicalistas empresarios nefastos y privatistas pero al igual que momo venegas pereyra o barrionuevo que han apoyado a moyano. La division entre los sindicatos no es tan lineal entonces.
Creo que hay muchas cuestiones que criticar y profundizar pero seguro que con otro gobierno los trabajadores van a estar peor y los grupos economicos y la derecha a cristina la quieren voltear no seamos ingenuos.
Saludos
12 julio 2012 a las 5:30 pm
¡¡Madre santa!! ¡¡que montón de zánganos deshonestos sanateros!!,…, al columnista y a los foristas los pasó por encima el siglo veintiuno; deja de mentir muchacho loco, porque la mentira que haces para elaborar teoría fraudulenta matará toda tu vitalidada, la de tus descendientes, tus amigos y tu mundo.
14 julio 2012 a las 4:38 pm
Estimado Alfredo: por su comentario, (que lo publicaremos porque no censuramos a nadie), y algún otro que aparece en esta nota realizado por un “iluminado vanguardista del siglo XXI”, para ser peronista como sostiene en él, bastante intolerante en términos ideológicos. Para el caso de que el articulista lo fuera, ¿Hay algo malo en ser “marxista argentino” y emitir una opinión sobre una situación política real?. El historiador Noberto Galasso lo es(marxista) y por coherencia ideológica con el pensamiento nacional, hoy es el que más apoya al gobierno nacional. Desde esta redacción podríamos decir que su pobrisima “contra-argumentación peronistica” (mezcla cualquier cosa y confunden cualquier cosa ¿?) tampoco “ilumina” mucho el debate. Salta a la vista que también está muy mal informado (o se informa por los programas obsecuentes pro oficialistas) que en cuestiones de “zurdaje”, es en este gobierno y en funciones claves donde aparecieron “acompañando” como “kirchneristas de la primera hora” “muchachos e intelectuales” provenientes del peor y más cipayo zurgaje que haya existido en este país, el P.C. Argentino. Los que apoyamos a Cristina por ser peronista nos tenemos que tragar ese sapo y hasta nos alegramos de que hayan cambiado de bando (“45″ junto a Sprulli Braden en la Unión Democrática. “55″ junto a la Libertadora ayudándola a cazar peronistas. 1976 junto a J.R. Videla porque era un “predidente democrático”) y no estén junto a Magnetto o Lilita Carrio.
Por lo que se lee en su comentario y se desprende de él, tampoco usted entiende mucho sobre peronismo. El Gral. marcó claramente que la COLUMNA VERTEBRAL del movimiento que el fundó (y al cual adhiere la mayoría del pueblo argentino) fue y será la clase trabajadora. Creo que en el artículo lo que aparece claramente es una visión de la realidad de un Peronista preocupado por ese Slogan que levanta la compañera presidenta (UNIÓN DE TODOS LOS ARGENTINOS), pero que aparentemente es “excluyente de los que no opinan igual sobre algunas cuestiones gubernamentales”. Equivocadas o no, son las opiniones las que en estas ocasiones y partir de un debate bien fundamentado y no descalificador pueden aportar al triunfo del nuestro ideario. El descerebrado “Si Cristinismo”, es tan o más nocivo que los paupérrimos argumentos que suele utilizar la más rancia y cipaya oligarquía vernácula para atacar a nuestro gobierno. No se si le queda en claro que tanto el Compañero Néstor Kirchner como la compañera Cristina son INDUDABLEMENTE peronistas…, Pero no son ni Perón ni Evita compañero. Si bien los tiempos cambiaron pero el ideario peronista sigue siendo el mismo. La política es eso. Su argamasa requiere de muchos componentes; incluso algunos toques de “bostas” (Eso lo decía el Gral), porque si uno hace política únicamente con los “buenos”, que en general son muy poquitos, CON MUY POQUITOS -EN POLÍTICA. NO SE HACE NADA. Por otro lado el propio general sostenía que “SOLO LA ORGANIZACIÓN VENCE AL TIEMPO”.Se nota que está muy preocupado por la re, re, re, reeleción permanente de la compañera Cristina, en vez de estar preocupado por la formación de cuadros peronistas que den continuidad a un PROYECTO POLÍTICO NACIONAL Y REGIONAL, y no solo a un “modelo económico” que como tal y si no se toman los recaudos necesarios puede empezar a hacer agua por todos lados (algunos indicios lamentablemente se están empezando a ver).
De todos modos gracias por participar en este foro.
Pedro
de la Redacción
EL EMILIO