Artigas o la esfinge criolla

C.A.B.A.,Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Historia Latinoamericana

 

Por Alberto Methol Ferré*

 

Artigas vuelve, a esta altura dramática del proceso nacional latinoamericano, a constituir una candente línea divisoria. Se me hace que una gran batalla –por todas las dimensiones de la conciencia del país y en tiempos tan próximos que son casi presente–, se dirimirá nuevamente en torno suyo. Y no por azar, sino porque ello está inscripto en la fatalidad, en el sentido del movimiento y ser de nuestras cosas.

 

En cada gran viraje de nuestra historia, cuando urge reasumir lo que hemos sido y queremos ser, el Uruguay se topa irremediablemente con Artigas y está constreñido a formularle su respuesta, a dilucidar su acertijo. Un acertijo latente, grave, desde los treinta silenciosos años de exilio en la selva paraguaya. Pues Artigas es el guardián de nuestro secreto nacional, la llave peligrosa de un destino incumplido.

 

Mayo contra Artigas

Se trata de trazar la significación esencial de Artigas, y ello nos lleva a su contexto histórico concreto.

Veamos primero la circunstancia que envuelve al proceso latinoamericano y rioplatense. Entonces era Europa el centro mundial del comercio, y aparecían los primeros síntomas de la revolución burguesa industrial, como formidable emergencia sobre todo un planeta fundamentalmente agropecuario. Estaba en tren de decisión la lucha secular entre los “tres grandes” europeos, España, Francia e Inglaterra. España se deslizaba hacia un segundo orden, desangrada sucesivamente por sus dos rivales, que la jaqueaban, y se escindía íntimamente entre “anglófilos” y “afrancesados”, síntoma de la pérdida de su rectoría política. De su progresiva dependencia alternativa respecto a sus dos adversarios.

España había realizado un gigantesco esfuerzo colonizador que paradójicamente había debilitado a su burguesía y revitalizado su estructura feudal, cada vez más parasitaria de la Corona. Esto le hizo perder terreno, separada además por una cicatriz oceánica de su reino americano. La incertidumbre del océano, expuesta a la piratería holando-franco-inglesa, le obligó al pesado procedimiento de los “convoyes” con ruta a un solo puerto. Recién con los Borbones se realiza el postrer intento de fortificar a la burguesía peninsular y se abre una “libertad inter-imperial” que acelera las exigencias de desarrollo conjunto. Pero ya el ritmo de la historia le rebasaba. La parábola que corre entre las dos derrotas de la “Armada Invencible” y Trafalgar estaba por cumplirse. Los mares ya no le pertenecían, eran “libres” vehículos del “libre comercio”, o sea, ingleses.

Los fuertes son librecambistas, los débiles proteccionistas. No hay desarrollo autóctono sin protección. Y el célebre monopolio español era la barrera proteccionista que procuraba amparar su propio desarrollo, en un mundo económico que le superaba. La herida congénita a la protección es el contrabando. Siempre ha sido así. Pero finalmente dos hechos determinan la quiebra final del sistema: Trafalgar y luego la ocupación francesa de Napoleón. Y esto no sólo hace “caducar” a la autoridad monárquica sino, lo que es más profundo, a la propia estructura económica metropolitana en su relación con la zona americana. Un vacío tremendo que reclama suplencia. Y simultáneamente el “bloqueo continental” decretado por Francia, hace que para Inglaterra, en pleno ascenso productivo, la emancipación de América del Sur, se convirtiera en “el objeto más grande a que debía atender y casi el único medio de salvarse” (Lord Grenville). América del Sur e Inglaterra, recíprocamente vacantes de mercado, se encontraban definitiva e inevitablemente.

Tal la circunstancia álgida de Mayo. Bajo el imperio de tales acontecimientos toda la estructura de América del Sur entra en súbita crisis. Un sistema decapitado que buscaba readaptarse a la nueva coyuntura, y esta era inglesa. Tal cambio sería un proceso trágico y turbulento, pues generaba nuevos poderes y arrasaba otros. La mal intitulada “siesta colonial” se trasmutó en pesadilla, guerra civil, luego independencia y finalmente disgregación balcanizadota. Los fracasos nacionales de Bolívar, San Martín y Artigas son su símbolo, y los beneficiarios nativos una pluralidad de oligarquías comerciales vinculadas a la City. Pero limitémonos a la situación rioplatense.

La Junta de Mayo de 1810 fue un golpe de estado porteño contra la autoridad Virreinal que, de jure y de facto, había caducado con la estructura económico-institucional que la sustentaba desde España. Sin ese contrapeso, Buenos Aires podía intentar reducir a su dependencia todo el resto del Virreinato, al Interior y al Litoral. De tal modo, se apresuró por sí y ante sí para asumir una soberanía que radicaba en todas las Juntas del país. Pero todavía no era tan fuerte, y necesitaba legitimarse por el consentimiento general. La “provisoriedad” de la Junta era síntoma de una legitimidad renga. Así, el golpe municipal de Mayo fue en sí mismo “unitario” y punto de arranque de todos los conflictos en el Río de la Plata, incluso en la separación del Paraguay, Uruguay y Bolivia.

La disgregación de la autoridad y el poder monárquico español toma, como primera faz, el conflicto de “juntistas” y “regentistas”. Es todavía guerra civil hispanoamericana. En ese momento hace su entrada al escenario José Artigas.

Artigas opta por el “juntismo”, pero a una hora precisa. Buenos Aires estaba controlada –efímeramente– por la Junta Grande y no por Moreno. ¿Qué significa? Vale la pena detenerse aquí, pues desde ya apuntan las grandes líneas de la historia rioplatense. Dejamos de lado el análisis del “regentismo” que pronto se diluye en el “juntismo” (caso Paraguay), desbordado por la vertiginosa transmutación de la guerra civil en proceso de Independencia. Y la guerra de Independencia se convierte simultáneamente en guerra civil rioplatense, es decir, para ajustar el léxico, se transforma de asunto hispanoamericano en latinoamericano. Por ello, justamente, será en la contradictoria dialéctica del “juntismo” que está germinalmente contenida toda la historia posterior.

El “numen” de Mayo fue Moreno, vocero de la oligarquía comercial porteña instrumento de Inglaterra, la que culmina así un proceso iniciado en nuestra playas desde la Colonia del Sacramento. Los mercaderes del “librecambio” querían extender su dominio definitivo por todo el país y el “terror” morenista era su expeditivo camino. Se trataba de liquidar rápidamente los obstáculos provinciales. Ya en la discusión de 1809 los motejados “monopolistas” habían advertido al comercio liberal: “las artes, la industria, y aún la agricultura llegarían al último grado de desprecio y abandono; muchas de nuestra provincias se arruinarían necesariamente, resultando acaso aquí la desunción y la rivalidad entre ellas” (Agüero). Pero Moreno estaba urgido por apresurar y forzar las cosas en beneficio exclusivo de la oligarquía comercial porteña. Sin embargo, las resistencias que levanta provocan a corto plazo su caída. Y surge así la Junta Grande como transacción nacional entre Buenos Aires y el Interior. Se da cabida a la representación provincial usurpada. En adelante la historia rioplatense será en gran medida una lucha tenaz, móvil, entrecruzada, entre dos grandes tendencias que se disputarán el control de Buenos Aires. Una, la de Moreno, francamente unitaria, proseguida después por Rivadavia y Mitre. Otra, porteña pero más nacional, más atenta a los intereses del Interior, con Saavedra, luego Dorrego y Rosas. Y recién ahora estamos en condiciones de aprehender y señalar en su plenitud el significado propio de Artigas, el “tercer hombre”, el auténtico tercero en discordia que terminará excluido.

El primer conflicto de Artigas con Buenos Aires estalla a poco de la Batalla de las Piedras, al establecerse las bases del armisticio entre la Junta y el Montevideo sitiado, por presión de Lord Strangford y las fuerzas portuguesas. Es el primer abandono de los orientales a su suerte hecho por Buenos Aires. Se levanta así el éxodo total, la “Redota” del pueblo en armas que sigue a su proclamado Jefe, rompiéndose el pacto no expreso con Buenos Aires. Y desde el Ayuí Artigas irá asumiendo su rol protagónico de intérprete de la voluntad provincial.

Es en el Ayuí que nace prácticamente el federalismo, y frente al centralismo porteño se señala que “la soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada como objeto único de nuestra revolución”. De ahí que ya para la concurrencia a la Asamblea del año XIII se fije clara posición: la provincia sólo “queda sujeta a la Constitución que emane y resulte del soberano Congreso Gral. de la Nación” y se formula la exigencia de Independencia de España y la Corona. Pero las Instrucciones van todavía más a fondo, determinando “Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del Gobierno de la Provincias Unidas”, a lo que se agrega la habilitación de los puertos de Colonia y Maldonado y la liquidación de las tasas o derechos sobre productos de una provincia exportados a la otra y de los diversos gravámenes sobre la navegación de cabotaje. Era una manera de mellar el monopolio portuario bonaerense. Por supuesto, tal línea política sería rechazada por Buenos Aires, que ni acepta a los diputados orientales. Y las diferencias se ahondan hasta desatar una franca guerra civil, que culmina con la derrota porteña y la liberación absoluta de la Banda Oriental por Artigas en 1815.

El año 1815 es el ápice del poder artiguista. El momento de la Liga de los Pueblos Libres bajo la protección de Artigas, y que comprende a las provincias Orientales, Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba. A su frente, Buenos Aires que sólo controlaba a medias al Cuyo, Tucumán, Salta y la Rioja, reúne el Congreso monárquico de Tucumán y elije a Pueyrredón Director Supremo de las Provincias Unidas de la Unión del Sur. El país estaba así dividido, pero la balanza del poder se inclinaba hacia la Federación.

Se suceden entonces los acontecimientos trágicos y decisivos de 1816. En ellos la política británica juega un rol primordial. La oligarquía comercial bonaerense estaba jaqueada y había que desconyuntar al federalismo provincial que era proteccionista (como lo atestigua el reglamento aduanero general de setiembre de 1815 dictado por Artigas). Río de Janeiro era entonces el baluarte portugués de la política inglesa; y así se produce la invasión portuguesa planeada por el general Beresford, el mismo actor de las invasiones inglesas al Río de la Plata en 1806. Se debía consolidar a Buenos Aires segregando rápidamente al Uruguay. Con esta separación, las Provincias Unidas estaban inexorablemente condenadas al puerto único de Buenos Aires. El país sería un embudo con una sola salida y el federalismo impotente ante el monopolio bonaerense, sin el respiradero de Montevideo. De tal modo, se juegan todas las piezas contra Artigas, quien debe luchar en un doble frente: portugueses y porteños.

El desenlace de la lucha se consuma en 1820. Es el año crucial de esta historia. Los portugueses dominan ya casi toda la Banda Oriental y las Misiones, abasteciéndose en Buenos Aires, e infligen a Artigas la última derrota de Tacuarembó. Casi simultáneamente, los tenientes de Artigas quiebran en Cepeda a los porteños y “la chusma ató los redomones en las verjas de la Pirámide y subió al Cabildo de Mayo”. Se celebra entonces el Pacto del Pilar, donde el entrerriano Ramírez traiciona a Artigas, pues nada se dice de recuperar la Banda Oriental y la guerra con Portugal. Luego el propio Ramírez armado por los mismos porteños vence a Artigas exhausto, quien se interna en Paraguay.

Artigas no fue al Paraguay en exilio, sino para reiniciar la lucha. Pero Paraguay, aislado del mundo por Buenos Aires, se había recluido en sí mismo por completo a través de la Dictadura del Dr. Francia. Este mantuvo una empecinada y suicida neutralidad –que terminara con el arrasamiento de la Triple Alianza–, a pesar de los anteriores e insistentes llamados de Artigas. Y es en 1820 cuando se impone definitivamente la “Pax Francia” con el fusilamiento de los federales paraguayos y su jefe Fulgencio Yegros, amigo de Artigas. Los dados están echados. Artigas quedará prisionero y desterrado treinta años. Había dicho a sus últimos hombres que regresaría. Y muchos como su fiel Andrés Latorre, esperaron inútilmente por años su retorno.

Ya en las postrimerías de su largo retiro, el viejo patriarca reafirmaba al general cordobés Paz que “los Pueyrredones y sus acólitos querían hacer de Buenos Aires una nueva Roma imperial mandando sus procónsules a gobernar a las Provincias militarmente”. Así fue, y Mayo, con el correr del tiempo, con Mitre y Sarmiento y el martirio de los caudillos provincianos, pudo consolidar definitivamente su obra en la Guerra de la Triple Alianza. La balcanización total estuvo cumplida. Su gran adversario de dimensión nacional, Artigas, había sido destruido desde sus raíces con el apoyo anglo-portugués. Lo que siguió no fue más que la lógica de la gran frustración artiguista. Quizás por ello se cuenta que el Protector, desde el fondo de su soledad, pronunció aquellas angustiosas y terribles palabras: “Yo ya no tengo patria”.

 

Artigas y nosotros

La destrucción ideológica de Artigas fue sistemática. Desde los albores de su leyenda negra, con el panfleto de Cavia “El protector nominal de los Pueblos Libres”, se acumuló una inmensa literatura empeñada en sepultarle. Buenos Aires victoriosa acuñaba a través de Mitre la perfecta detracción de Artigas: “El Atila del caudillaje”.

El proceso balcanizador fue ocultado, el imperialismo disimuló su faz, Buenos Aires guardó el secreto de su poder –la apropiación de la renta nacional a través del puerto y la Aduana– y todo quedó resumido y desfigurado en otro gran y falso combate: “Civilización y Barbarie”. Esta disyuntiva, que era el escamoteo de los vencedores, fue denunciada –aunque sus voces apagadas casi hasta hoy– por los más preclaros pensadores políticos rioplatenses del siglo pasado, José Hernández –autor del Martín Fierro– y el último Alberdi. Dejemos a éste la palabra: “El caudillaje que apareció en América con la democracia, no puede ser denigrado por los que se dicen partidarios de la democracia, sin el más torpe contrasentido. A esto responden que hay dos democracias en América, la democracia bárbara, es decir, popular, y la democracia inteligente, es decir, anti-popular; o sea, las mayorías por las minorías, la democracia es democracia, por la democracia que es oligarquía”. Y reprocha a Sarmiento no haber advertido que hay dos geografías: las de los poderes económicos y la de la naturaleza. Así, “tomó lo que era geografía política, por geografía natural” y “el libro Facundo, convertido en código y catecismo de este caudillaje urbano, es dos veces peligroso, como rehabilitación de las teorías explicativas de los viejos caudillos y como ocultación y disimulación de la causa verdadera y real del caudillaje argentino ¿Cómo encontrar el remedio de un mal cuya causa se ignora y no se quiere señalar?”.

Si es perfectamente comprensible la tergiversación porteña del sentido de Artigas y su agónica sucesión, entre nosotros –Juan José de Herrera– extinguida en la gloria sangrienta de Paysandú, cantada por todos los payadores, y que en el Interior diera sus últimas proclamas con el “bandolero” catamarqueño Felipe Varela diciendo: “¡Soldados federales! Nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay y la Unión con las demás Repúblicas Americanas”, es necesario precisar mejor las razones del anti-artiguismo del Patriciado montevideano.

Las relaciones entre Artigas y el Patriciado, siempre fueron difíciles. Pero su raíz más profunda, su cisma incurable, será el Reglamento de Tierras de 1815. Pues Artigas no sólo fue el gran caudillo nacional sino también social. Nadie mejor que Artigas merece la definición de Jauretche: “el caudillo fue el sindicato del gaucho”. Su reforma agraria le malquistará para siempre con el Patriciado, será lo que no tuvo perdón. Y bajo el dominio lusitano nuestros patricios, por boca de Santiago Vázquez, recordarán, con alivio y estremecimiento, la reciente desaparición de Artigas, al que acusan de“bandido y degollador”, usurpador de propiedades y “empeño de destruir las fortunas”.

El problema de la tierra, verdaderamente crucial, y sin el cual no es posible entender la historia uruguaya, ha sido soslayado. La endémica situación caótica de poseedores y propietarios está en fondo de casi todas nuestras revoluciones hasta fines del siglo XIX. No hay duda que la reforma agraria artiguista tuvo enormes proyecciones, y puedo apuntar que aún en 1884 a P. Bustamante le sorprendía la osadía de quienes reclamaban derechos invocando “donaciones” de Artigas. Y de muestra final, baste indicar que todavía hoy el Banco Hipotecario del Uruguay no considera válidas las salidas fiscales originadas en mercedes de tierras del gobierno de Artigas, y sí acepta, por ejemplo, las provenientes del ocupante portugués Barón de la Laguna.

La resurrección de Artigas en la conciencia oriental fue larga y escabrosa. Las vigencias de nuestro patriciado le eran contrarias –los mitos unitarios estaban reforzados por la tradición de la Defensa de Montevideo- y habían calado hasta su adversarios. Esta realidad se refleja en los manuales de historia finiseculares, como el de Berra, mitrista cabal. Fue especialmente a partir de 1880, cuando quedó estabilizada la balcanización general latinoamericana, que se comenzó a sentir la necesidad de consolidar una conciencia uruguaya común superando el cisma interior de blancos y colorados. Y fue tomando vuelo así el regreso de Artigas. Un regreso singular y distinto. Ahora sería el gran mito unificador del país.

¡Los temores inamistosos y certeros de un Juan Carlos Gómez o un Melián Lafinur de ver transfigurado a Artigas en un edulcorado Washington o Jefferson se han cumplido! Un Uruguay separado del resto de América Latina, quitando además a Artigas su dimensión social, debía endiosar a un Artigas abstracto, inofensivo, jurista, poseedor de las Tablas de la Ley. Reducido a un antecedente mítico de nuestra estructura jurídica. Nuestro Solón, o Moisés, o Licurgo. ¡Es la última victoria de Mayo!

Pero ¿qué es lo que nos importa y nos llama hoy de Artigas? Quizás por primera vez nos convoca su verdad total. Y ello es muy lógico. El signo de nuestros tiempos ha cambiado, junto con todas las condiciones históricas. Es el fin de los Imperios coloniales, y despiertan los procesos nacionales de los llamados eufemísticamente “países subdesarrollados”. Es la quiebra de la dependencia y la alienación. También aquí en América Latina estamos en el nuevo esencial viraje, en las primicias finales de la balcanización. Soplan ya vientos nacionales. La masa continental se mueve en profundidad, aunque la superficie esté apenas picada. Una inmensa frustración ha sido nuestra historia. La frustración comenzó en el siglo pasado, cuando una gran nación hispanoamericana en vías de formación (España e Indias) quedó desconyuntada por el embate de Francia e Inglaterra. Así, el último esfuerzo de la burguesía democrática española plasmado en la Constitución de Cádiz del año XII, que reconocía la Nación como reunión integral e igualitaria de “ambos hemisferios”, fue un canto del cisne, ahogado además por la reacción absolutista de Fernando. La separación de España y América del Sur fue ya irrevocable. A su vez, es el tiempo en que Bolívar, San Martín, Artigas, intentan salvar la emergencia de una nueva gran nación unida latinoamericana. Este propósito también quedó trunco, por la confluencia de una incontrastable serie de de factores externos e internos. Desde entonces Latinoamérica queda envuelta en el sopor balcanizador, incapaz de comprenderse como totalidad, dividida en una veintena, impotente y aislacionista de Estados Parroquiales, para usar la expresión de Toynbee. Estados Parroquiales y no Nacionales, pues la nación quedó inconclusa y deshecha. Cada oligarquía comercial se fijó el control de su comarca. Hubo tantos países como ciudades importantes. Esto se ha prolongado hasta nuestros días. Y esto es lo que hoy está en crisis.

Si el primer beneficiario del desmembramiento fue Inglaterra, el sucesor actual radica en el Norte de América. Los Estados Unidos son el nuevo gran usufructuario; pero las exigencias del desarrollo industrial autónomo, el crecimiento demográfico, la rapidez de las comunicaciones comienzan a provocar el estallido de las encapsuladas “historias parroquiales” y el horizonte vuelve a tomar ante las conciencias despiertas la figura global de Latinoamérica.

Una gran misión nacional latinoamericana golpea nuestras puertas. Las antiguas historia de campanario, raquíticas, se hinchan, desbordan su contenido. Pues todos los países latinoamericanos tienen “cola de paja” y la nuestra –como no la viera un autor– tiene el nombre de Artigas, se define como la cuestión nacional. No se podrá en adelante encabezar un homenaje como lo hiciera Gustavo Gallinal en el centenario: “Pierde valor la discusión de sí fue el fundador o precursor de la nacionalidad oriental. El título no interesa”. Y tanto no ha interesado, que el mismo monumento que vemos, en la Plaza Independencia dice lacónicamente: “Artigas”. ¿Por qué ninguna otra explicación? Quienes lo decretaron no se pusieron de acuerdo y optaron por no poner ninguna leyenda ¡Grave mutismo! ¿Tan difícil es el enigma?

El viraje de nuestra historia, la que estamos aquí y ahora viviendo, es el retorno fatal, aunque muchos no lo sepan, al proceso latinoamericano. Aparecen las señales, los augurios del ocaso de la fragmentación. Y por eso el secreto de Artigas está a la vista, imponiendo ser reasumido a la altura de estos tiempos, bajo las nuevas formas históricas. Años atrás un poeta lo barruntaba: en su canto secular le reitera a Artigas: “No vuelvas. Volverás siempre”, y la contestación es:“Mírame. Si alumbro, es para enseñar que de la inmortalidad se vuelve siempre”.

 

* Filósofo, teólogo, precursor de la teología latinoamericana, ensayista e historiador. Falleció el domingo 15 de noviembre de 2009 en la ciudad de Montevideo, Uruguay.

Publicado en Disenso

Prácticas sociales en universidades

La Plata, Buenos Aires,Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Universidad

“Las universidades argentinas cumplirán su misión con un sentido eminentemente humanista y de solidaridad social, a cuyo efecto tendrán los siguientes objetivos: (…) La integral formación humana de sus docentes y estudiantes, con preferencia a toda especialización técnica e inculcándoles la noción de responsabilidad social y la conciencia de que han de servir al pueblo”. Ley Orgánica de Universidades 14.297 de 1954

Por Aritz Recalde

 

El Ministerio de Educación de la Nación sancionó la resolución 692/12 cuya finalidad es “sugerir” a las instituciones de educación superior, que en las “instancias de evaluación docente para el desarrollo de la carrera docente universitaria, otorguen una valoración especifica y positiva a los postulantes que, además del dictado de clases, desarrollen tareas de investigación, extensión, vinculación y transferencia de conocimiento; guía o acompañamiento en las acciones de voluntariado que realicen los estudiantes”.

La resolución está institucionalizando el reconocimiento de las iniciativas del Programa Nacional de Voluntariado, creado en el año 2006 . Además y en el largo plazo, la norma es una expresión del avance en el país de la concepción nacional y popular de la universidad. En este proyecto de educación superior y tal cual estableció la ley universitaria del año 1954, se promueve para las instituciones y sus miembros la “noción de responsabilidad social y la conciencia de que han de servir al pueblo. El modelo del nacionalismo popular universitario fue hegemónico y se impulsó en todas las instituciones durante los años 1973 y 1974.

A continuación, vamos a mencionar algunos aspectos a tener en cuenta de las prácticas sociales en las universidades, desde la perspectiva del nacionalismo popular.

 

I- Algunos aspectos de las prácticas sociales en universidades

“El papel del profesional en la sociedad cambia por completo cuando la lealtad a su carrera individual y a su empresa es remplazada por lealtad al país y solidaridad social”. Oscar Varsavsky

 

 La práctica social forma parte del proceso de aprendizaje

 

“Y consecuentemente con uno de los pilares básicos de nuestra doctrina –la ciencia y la cultura deben ser del pueblo-, los compañeros de la Subsecretaria de investigaciones a través del Plan CEPIA (Centros Piloto de Investigación Aplicada), se han vinculado con las áreas marginales (barrios y villas) para poner a disposición de las necesidades detectadas en la zona, el bagaje técnico con que la universidad cuenta (…) El contacto con las verdaderas necesidades populares crea profesionales solidarios y un marco de referencia apto para la elaboración de nuevas categorías de análisis insertas en la política de liberación nacional, inexistente en la universidad demoliberal dependiente (…) Los CEPIA intentan recuperar y hacer que los problemas detectados se inserten como contenido de los programas de estudio e investigación que la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires desarrolla. De esta forma la universidad gesta su apertura a las clases populares, reorientado los recursos humanos y materiales hacia programas de investigación interdisciplinarios, y con real interés social, coincidiendo en la práctica con el proyecto de Reconstrucción y Liberación Nacional . Centros Piloto de Investigación Aplicada, UNPBA, 1973.

En el contexto de la práctica social, se produce un momento central del proceso de aprendizaje. En este marco, las categorías universales y abstractas, son contrastadas contra la realidad económica, social, política y cultural histórica y geográficamente situada.

La problemática social permite al estudiante ampliar los esquemas de análisis y demuestra que la realidad es interdisciplinaria e histórica y nunca puede ser abordada con aprioris conceptuales fuera de su tiempo y de su espacio geográfico.

La noción de regiones universitarias que estableció la constitución argentina de 1949, introdujo la importancia de situar el conocimiento en su ámbito geográfico. En su defecto, los egresados corren el riesgo de ser meros repetidores de teorías abstractas carentes de aplicabilidad concreta. Asimismo y cuestión frecuente, se corre el peligro de intentar imponer las teorías a las “realidades”.

El conocimiento es una actividad colectiva que se resignifica en la relación con la sociedad que se intenta interpretar en cada lugar y en cada espacio. En este contexto, la práctica social es un recurso sumamente importante para situar el conocimiento universal en su ámbito concreto.

 

La práctica social permite la transferencia del conocimiento

 

“Son funciones de las universidades de las cuales no podrán apartarse (…) 4ª Estimar el estudio y desarrollo de la ciencia aplicada y las creaciones técnicas, adaptándolas a las necesidades regionales (…) 13a. Reunir antecedentes y proponer soluciones para los diversos problemas económico sociales de la Nación”. Ley de Régimen Universitario 13.031 de 1947

La práctica social posibilita la apropiación del conocimiento por parte del sujeto colectivo en el cual se ejercita la intervención. En este marco, el conocimiento puede ser recuperado socialmente favoreciendo la solución de los desafíos de las comunidades interpeladas.

El conocimiento en manos del individuo carece de utilidad y de viabilidad histórica. Las organizaciones libres del pueblo son las poseedoras de la potencialidad política para hacer de la ciencia o de la producción cultural, un hecho de trasformación. No se produce un desarrollo intelectual, cultural y científico pleno, sin antes articularlo con un pueblo que lo lleve adelante.

Asimismo, la práctica social permite al estudiante vincularse con los desafíos del pueblo y a partir de acá, definir nuevas agendas para la producción de conocimiento.

 

La práctica social permite al estudiante apropiarse de la producción de saber extrauniversitario

 

“Frente a esta cultura colonial, late en el pueblo oscuro la cultura nacional. Toda cultura nacional es colectiva. Esta cultura colectiva, casi por entero, es inmune a la difusión en masa de la “cultura” del colonialismo. Por eso mismo, la conciencia histórica está en el pueblo y no en las clases altas. Y si esta conciencia histórica es interpretada y alumbrada por una minoría de escritores nacionales, es porque no todos los intelectuales son lacayos. La lucha cultural es, pues, rescate y revitalización de las tradiciones colectivas, costumbres, creencias, folklore –un pueblo sin folklore no es tal sino un conglomerado sin historia-, que vienen del pasado y se anudan al presente como herencia y al porvenir como revolución nacional”. Juan José Hernández Arregui

Las universidades son ámbitos de producción de conocimiento que coexisten con el conjunto de instituciones, empresas, organizaciones y prácticas de producción y de distribución de saberes.

La práctica social le permite al universitario identificar, recuperar y mejorar el caudal de saberes para la resolución de los problemas que existen en la comunidad. La práctica social a partir de acá, es una instancia de aprendizaje del conocimiento acumulado en una comunidad.

 

 La práctica es una acción de devolución social

 

“El Estado creará becas para la enseñanza gratuita, cuya distribución entre las diversas universidades de la Nación, se hará por el Poder Ejecutivo. Para proceder a dicha distribución, se tendrán en cuenta las características y necesidades regionales, sociales, económicas y culturales, referidas a cada universidad, procurando que con la concesión de becas se cumplan, de la manera más acabada posible y con un sentido social, los fines asignados a la universidad. Habrá dos clases de becas: las de estudio y las de estímulo”. Ley de Régimen Universitario 13.031 de 1947

La estadística muestra que solamente alrededor del 3,2% de los argentinos van a la universidad pública.

En este contexto, surge la posibilidad de entender la práctica social como una “devolución” de la institución, a aquellas comunidades que financian el sistema con sus impuestos y que posiblemente, no concurran nunca a la universidad.

 

 La práctica social y la formación política de los universitarios

 

“Las universidades establecerán cursos obligatorios y comunes destinados a los estudiantes de todas las facultades para su formación política, con el propósito de que cada alumno conozca la esencia de lo argentino, la realidad espiritual, económica, social y política de su país, la evolución y la misión histórica de la República Argentina, y para que adquiera conciencia de la responsabilidad que debe asumir en la empresa de lograr y afianzar los fines reconocidos y fijados en esta Constitución”. Constitución Argentina del año 1949

La universidad monopoliza el ejercicio de un conjunto de saberes que organizan, institucionalizan y distribuyen el poder social. El saber es poder en tanto permite transformar la realidad y regular diversos ámbitos de la vida social.

La universidad otorga títulos que habilitan para el ejercicio del poder y es por eso que buena parte de la dirigencia política del país, estudió en la universidad. En este marco, la institución tiene la obligación de contribuir a educación de sus miembros para la interpelación y la resolución de los problemas nacionales. En su defecto, se pueden formar egresados para acentuar a dependencia del país y su pueblo. A partir de acá, la práctica social puede ser entendida como un instrumento de concientización del estudiante. Difícilmente egresen de la institución dirigentes con vocación nacional y popular, si los universitarios no conocen la profundidad y la realidad de su país.

 

II- Desafíos de las prácticas sociales en universidades

“En ese sentido, queremos que sea realmente la universidad del pueblo. (…) una universidad tiene que ser el centro irradiante de la cultura nacional. O de la revolución cultural en los únicos términos concebibles, es decir una revolución cultural argentina que surja de las luchas de nuestro pueblo y de la labor de nuestros intelectuales por asimilar la cultura nacional y hacerla nuestra”. Rodolfo Puiggros, 1973

Tradicionalmente, se entendió la práctica social como una mera “devolución” de los estudiantes o docentes a los grupos vulnerables dentro de su país. En torno de dicha concepción, se crearon áreas de extensión en gran parte de las universidades nacionales.

Pese a la importancia de la práctica social en tanto “devolución”, consideramos que debe contemplarse la cuestión en sus diversas derivaciones. Ello surge y como adelantamos, de que las intervenciones sociales forman parte del proceso de aprendizaje, permiten la transferencia del conocimiento, son un medio para apropiarse de la producción de saber extrauniversitario y son espacios para la formación política de los miembros de las instituciones. Partiendo de estos postulados, a continuación vamos a poner en debate las cuatros funciones de la universidad y su relación con las prácticas sociales.

 

 ¿Carreras universales o regionalización del conocimiento?

 

“Una ley dividirá el territorio nacional en regiones universitarias, dentro de cada una de las cuales ejercerá sus funciones la respectiva universidad. Cada una de las universidades, además de organizar los conocimientos universales cuya enseñanza le incumbe, tenderá a profundizar el estudio de la literatura, historia y folklore de su zona de influencia cultural, así como a promover las artes técnicas y las ciencias aplicadas con vistas a la explotación de las riquezas y al incremento de las actividades económicas regionales”. Constitución Argentina del año 1949

Históricamente, se han importado carreras, agendas y disciplinas de Europa y de los Estados Unidos. En el siglo XIX, se copiaron los modelos universitarios de Europa en nombre del progreso y de la civilización. A partir del golpe de Estado de 1955, la universidad argentina plagió las instituciones norteamericanas en nombre de la modernización y del cientificismo. El resultante fue que las carreras se orientaron para estar al servicio de las oligarquías internas y de las grandes corporaciones trasnacionales. La educación en este modelo universitario, es un instrumento para profundizar la desigualdad social y para servir a los grandes poderes externos.

Frente al modelo liberal y cientificista de universidad, el nacionalismo popular propuso la regionalización del saber y la promoción de actividades socialmente relevantes para el país y el pueblo.

En este cuadro, surgió la posibilidad de generar carreras y asignaturas orientadas a resolver las situaciones socialmente relevantes en cada región. De esta manera, la problemática social de las comunidades ingresó como un recorrido programático de las carreras.

 

¿Investigar problemas o debatir meramente “estados de la cuestión”?

 

“En consonancia con los esfuerzos de la intervención por ubicar a la Universidad en la senda nacional y popular, se consideró necesario ir transformando los contenidos y métodos de la enseñanza en base a las siguientes ideas centrales: 1) la enseñanza se centrará más en problemas nacionales concretos que en disciplinas o materias; 2) los estudiantes se incorporarán a grupos de trabajo e investigación de esos problemas y recibirán cursos de apoyo de las disciplinas usuales; 3) el aprendizaje comenzará siendo concreto, vinculando a la realidad nacional, y avanzando en abstracción y rigor en años sucesivos”. Ernesto Villanueva, 1974 .

En tanto el sistema universitario argentino continúe con su tendencia a la importación enciclopédica de agendas externas, las posibilidades de investigar problemas socialmente relevantes son remotas. En su lugar, el alumno se dedicará años de su vida a discutir con textos y con autores sin contrastar con el mundo, en el mentado “estado de la cuestión” de las Tesis o los trabajos finales de investigación. En general además, dicha recuperación de investigadores sobre el tema a tratar, son recogidas de autores que tratan los temas “desde” o “en” el extranjero.

Por el contrario y tal cual menciona Villanueva en el epígrafe, el nacionalismo popular entiende que se deben formar agendas de investigación incluyendo la resolución de “problemas” y no solamente el análisis de autores y de textos. En este contexto, surge la necesidad de articular estrechamente las prácticas sociales de los alumnos y los docentes, con los proyectos de investigación de las universidades .

Asimismo y en torno de este diálogo permanente con la comunidad, se generan los puentes para que las investigaciones regresen a las comunidades. Las prácticas sociales podrían derivar en publicaciones posibles de ser reapropiadas por las organizaciones libres del pueblo.

 

Reconocimiento curricular

 

Tal cual mencionamos, las prácticas sociales son instancias del proceso de aprendizaje. A partir de acá, el gran desafío de los proyectos sociales y de voluntariado actuales, es que dichas intervenciones deriven en reconocimientos de instancias y créditos académicos. La resolución 692/12 es una buena iniciativa que va en este sentido.

 

La planificación colectiva de las prácticas sociales

 

“En los estatutos de las universidades deberán preverse normas sobre (…) la vinculación de la universidad con las provincias, los municipios, la Confederación General del Trabajo, fuerzas organizadas de la producción, de la industria y del comercio y organizaciones profesionales y científicas, para la consideración de asuntos específicos”. Ley orgánica de las Universidades Nacionales 20.654 de 1974

Tal cual mencionamos, si se parte del hecho de que la comunidad extrauniversitaria produce saberes y permite identificar demandas de enseñanza e investigación socialmente relevantes, la extensión podría ser planificada de manera social y colectica, conjuntamente a los representantes de las organizaciones libres del pueblo.

En este cuadro caben algunas preguntas, ¿cómo se planifican las prácticas sociales en la actualidad?, ¿desde la universidad?, ¿conjuntamente con otras áreas del Estado?, ¿desde las organizaciones libres del pueblo?. En este cuadro y más allá de las variantes actuales, consideramos que la planificación de las prácticas sociales debería contar con la intervención de actores externos a las universidades .

 

¿Son iguales las prácticas sociales en todas las universidades?

 

Es importante destacar que las prácticas sociales van a variar en función del momento histórico, de la universidad y de la región en las que se implementen.

Por ejemplo, en las universidades de la RUNCOB existe un componente profundamente popular en las matrículas de estudiantes. En este cuadro, la retención del alumno ocupa un lugar central y desplaza la concepción tradicional de la extensión que iba a “buscar” a la sociedad “fuera” de sus muros.

 

Prácticas sociales y venta de servicios

 

Finalmente, a la hora de proponer prácticas sociales debe tenerse en cuenta los alcances del concepto, delimitando qué acciones podrían inscribirse en dicha categoría.

En este marco, surge la pregunta de cuál es la diferencia entre las prácticas sociales y la venta de servicios. Al menos, podrían atenderse dos cuestiones. Por un lado, el hecho de que la práctica social debería incluir la vinculación de la universidad con los grupos sociales vulnerables. El segundo elemento, es que la práctica social y a diferencia de la transferencia, no implica una remuneración por parte de los actores intervinientes.

Fuente:  Sociologia del Tercer Mundo

Crónica de una fractura anunciada en la CGT

C.A.B.A.,Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, Política Nacional

En la sede de la Unión Obrera Metalúrgica, Smata, Uocra, Comercio, Luz y Fuerza, Sanidad y alimentación, entre otros, postularon al líder de la UOM y anunciaron un confederal para el 23 de agosto y un congreso para el 3 de octubre. Se divide la central sindical.

Por Julián Bruschtein

Como una historia de la que ya se conoce el final mucho antes de que suceda, la CGT quedó formalmente partida. El sector gremial que apoya la candidatura del metalúrgico Antonio Caló convocó ayer a una reunión de consejo directivo en la que definieron el cronograma electoral de la central obrera: el 23 de agosto se realizará el Comité Central Confederal y el 3 de octubre el congreso extraordinario para elegir autoridades en el microestadio del club Obras Sanitarias, chocando con el que ratificó el líder camionero Hugo Moyano que se realizará mañana en el microestadio de Ferro. El metalúrgico Antonio Caló fue electo candidato oficial para liderar la central obrera.

“Va a haber dos CGT. Veremos con el tiempo la legitimidad de cada una”, aseguró ayer el metalúrgico Caló apenas finalizado el encuentro en el que el sector que lo apoya determinó las fechas para normalizar la cúpula de la CGT. El debilitamiento interno de la figura de Moyano empujó a los gremios que no acordaban con su liderazgo a enfrentar las decisiones del líder cegetista. “Moyano va a seguir haciendo lo que quiere y por eso se queda afuera de la central. Que quede claro que es por decisión suya y no porque nosotros lo pongamos afuera de la CGT”, confió a Página/12 un dirigente sindical que participó de la reunión. Tras el encuentro difundieron un documento en el que llamaban “a superar los falsos personalismos divisionistas, los agravios, las descalificaciones disuasivas, el debate mediático y las ambiciones individuales”, en un claro mensaje dedicado al camionero, aunque sin nombrarlo.

Durante ocho años la CGT fue encabezada por el moyanismo y sus aliados. A partir de un acuerdo con el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner en el 2003, el camionero finalizó su proceso de reintegración a las filas de la central obrera que había abandonado en la década de los ’90. En un inicio la CGT funcionó con un triunvirato que no duró más que un año, hasta que el fortalecimiento de su figura le allanó el camino hacia la secretaría general. El férreo apoyo que había mostrado Moyano hacia el kirchnerismo comenzó a desplomarse cuando sus pretensiones políticas lo llevaron a presionar públicamente a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para que el vicepresidente fuera de la CGT, entre otros cargos públicos. Su estrategia para lograr cargos en las elecciones de octubre del año pasado lo empujó fuera del escenario y terminó de acelerar el proceso de alejamiento de las políticas de la Casa Rosada. La pérdida de la relación con el kirchnerismo profundizó su debilitamiento interno, viejos aliados como el taxista Omar Viviani o el portuario Omar Suárez le soltaron la mano, y se generó el reagrupamiento mayoritario en su contra. Después del débil paro y de la movilización a Plaza de Mayo con el sindicato de Camioneros a la cabeza, los antimoyanistas llamaron al congreso del 3 de octubre luego de impugnar la convocatoria de Moyano.

“Esta CGT que se está armando no es anti nada, es una CGT al servicio de los trabajadores”, señaló Caló al finalizar el encuentro en la sede de su sindicato. La cita a la sesión de consejo directivo la efectivizó el secretario adjunto de la CGT, Juan Belén, también adjunto de Caló en la UOM. Allí asistieron “13 de los 25 integrantes del secretariado”, informó el dirigente de Sanidad Héctor Daer, que ofició de vocero de la reunión y puntualizaba sobre el quórum logrado para poder iniciar el cónclave y sostener la convocatoria del cronograma electoral, diferenciándose de la reunión del consejo directivo del 24 de abril desde la que convocó Moyano, que fue impugnada ante el Ministerio de Trabajo por “falta de quórum”. Daer explicó que “se va a convocar a la totalidad de las organizaciones sindicales a dejar de lado mezquindades y egoísmos para que todos podamos transcurrir un proceso electoral que nos contenga a todos”. El sector liderado por Caló contabiliza treinta y cinco cargos, diez vocalías y veinticinco secretarios generales, cuyos cargos son personales por lo tanto no son delegables.

En el encuentro habían analizado “el dictamen del Ministerio de Trabajo”, que anuló las decisiones tomadas en la reunión de consejo directivo del 24 de abril, que puso en funcionamiento la elección convocada por Moyano. Después de más de tres horas de deliberaciones dieron a conocer una declaración consensuada en la que destacaron que “los trabajadores no tienen abanderados ni mucho menos dueños”, a la vez que se proponen “una conducción independiente de los poderes del Estado, de los gobiernos y de los intereses foráneos, pero integrada y constructora de los puentes necesarios para alcanzar acuerdos indispensables y los objetivos fundamentales”.

A pesar de las declaraciones del sector moyanista en contra de la reunión y la convocatoria (ver aparte), Daer sentenció que “CGT habrá una sola, que es la que tenga legitimidad y legalidad y que exprese a la mayoría del movimiento obrero, y será la que sea electa el día 3 de octubre”. Por primera vez los líderes cegetistas ungieron a Caló como candidato oficial para la secretaría general. “Los compañeros que estuvieron presentes decidieron por unanimidad que el secretario general de la nueva CGT sea Antonio Caló”, aseguró el propio metalúrgico entusiasmado por la confirmación oficial de su candidatura después de meses de mantenerse en el freezer por los enfrentamientos con el sector moyanista. “Estamos en condiciones de funcionar como un secretariado de la CGT. Esto ya está, no se puede impugnar más”, sostuvo Caló desestimando que Moyano pudiera presentar ante el ministerio una impugnación.

Así la CGT confirma su camino hacia la ruptura –dejando de lado la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo que continuará fuera de la CGT– con el primer mojón que será mañana cuando Moyano concrete su congreso en el microestadio de Ferro y sea reelecto por los gremios que lo apoyan. Luego habrá que ver la estrategia que se dan los moyanistas para limar el proceso iniciado ayer en la UOM por los gremios mayoritarios –Comercio, UOM, Smata, Uocra, entre otros– hasta el 3 de octubre. A partir de allí, la pelea se trasladará a los tribunales, donde la Justicia tendrá que determinar quién será el portador de la personería gremial.

 

Fuente: Pagina 12