JUAN CARLOS GENÉ
31 ene 2012 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Arte y Cultura
Q.E.P.D.
La muerte es parte de la vida. Así solemos decir y nos sentimos inteligentes.
Sin embargo, me pregunto: ¿no será al revés?
Nos sentimos adscriptos a racionales principios, y a empíricas negaciones. Curiosa paradoja ésta para quienes dicen adherir al empirismo (ya que parece que es la falta de comprobación experiencial lo que nos brinda suficiente prueba); y este quasi-sofisma lo empleamos toda vez que negamos a Dios.
También convivimos con cierta cuota de hipocresía toda vez que decimos aceptar la redondez del planeta, la severidad de una Ley de Gravedad y toda vez que sostenemos que la tierra gira en torno al sol. Incluso somos capaces de aseverar que el sol no es la única estrella; o sea que decimos estar contestes de que hay otros universos y otras galaxias cuando en verdad vivimos sintiéndonos, desde nuestra pretenciosa humanidad, en centro de cuanta cosa exista.
Es por todo eso que toda vez que decimos cosas como éstas: “la muerte es parte de la vida”, y desde que no nos las creemos y ni un poquito, lo único que aparece, sin máscaras ni muñecos detrás de los cuales escondernos, es nuestra infinita pequeñez.
Lo único cierto es que somos polizones en una barca que gira sin ton ni son. Que somos micro–criaturas a bordo de un guijarro que nos soporta por una ínfima porción de eso que llamamos tiempo dando vueltas en la inmensidad. O sea que, con nuestra expectativa de menos de un siglo (y con algunas llegadas bastante poco elegantes), en medio de una telaraña gigantesca que cuenta su existencia por miles de millones de ellos, la verdad parece demostrarnos que nuestra vida es parte de una inmensa muerte; y no al revés.
Claro, la cosa es ver que hace uno con ese suspiro que alguien, o algo, amorosamente nos dedicó.
Hoy se murió Juan Carlos Gené, un tipo que aprovechó ese suspiro divino (ese: “attimo”, se diría en italiano. Palabra hermosa, si es que las hay).
Se murió Gené, un tipo que demostró con su hacer, con su compromiso ético y estético, y con los cientos de suelas gastadas en los escenarios, que “política” y “mediocridad” no son sinónimos.
Fernando Musante
DNI. 4.623.625
F.M.
Foto: alternativateatral.com
Compartir esta nota en Facebook
Tags: Actualidad política, CINE TEATRO 25 DE MAYO, Cultura, Cultura y Medios, ESTÉTICA, Juan Carlos Gene, TEATRO
CARTA DE PERON A FIDEL CASTRO (05-03-1974)
30 ene 2012 HISTORIA, Notas semanales, Política Internacional, Política Nacional, Politica
C.A.B.A., Argentina, UNASUR, EL EMILIO, De nuestra redaccion
Hace unos días Fidel Castro reivindico a Perón y muchos se sorprendieron. A continuacion mostraremos un testimonio de cómo con hechos concretos (Argentina rompió el bloqueo a Cuba en el año 1973 con la firma de un convenio de Cooperación Económica entre ambos países) se buscaba la integración latinoamericana respetando la soberanía de cada país que desarrollaba su proceso revolucionaria de acuerdo a sus características particulares.
CARTA A FIDEL CASTRO (05-03-1974)
Por Juan Domingo Peron
Excelentísimo señor Primer Ministro, República de Cuba, Comandante Fidel Castro
Estima amigo:
Justamente hoy se cumplen 28 años del día en que asumí la primera magistratura del país, dando un paso en la evolución con un movimiento revolucionario basado en la Justicia Social. Movimiento que perdura en el tiempo y en el espacio, puesto que nuevamente, pese a mis años, estamos firmes resolviendo el futuro de nuestra Patria, buscando salvarla del desastre en que un desgobierno de dieciocho años la ha sumido.
Al frente de esta misión de amistad, les envió al amigo señor Gelbard, nuestro ministro de Economía, que tiene el encargo de darle un fuerte abrazo de mi parte, junto con mis saludos, y también testimonio del profundo agrado que sentimos por la apertura práctica entre nuestros pueblos. En todas las clases de relaciones humanas, la verdadera fraternidad se demuestra no con palabras sino con hechos fehacientes. Nosotros los justicialistas tenemos un aforismo que dice: “Mejor que decir es hacer; y mejor que prometer, es realizar”.
¡Cuba y Argentina lo están demostrando en la práctica!
Las revoluciones no pueden ser idénticas en todos los países porque tampoco todos los países son iguales, ni todos los pueblos tienen la misma idiosincrasia. Es preciso que cada uno actúe dentro de su soberanía con sus propios métodos.
Pero es indudable que la necesidad de una unidad latinoamericana será la única posibilidad de libertad real para nuestro continente. A esta meta debemos concurrir todos de inmediato, para poder elevar nuestra voz con seguridad y respaldo en el seno de ese Tercer Mundo que garantizará nuestro desarrollo futuro y la libertad en lo económico, político y social.
Tanto usted amigo Fidel, como yo, llevamos muchos años de permanente lucha revolucionaria. Ello otorga una experiencia invalorable que es preciso transmitir a la juventud, para evitarle atrasos que se pagan siempre con dolor y sangre, inútilmente. La pujanza viril de la vida joven, para rendir verdaderos frutos a la Patria, debe ir acompañada de la cuota de sabiduría que otorga la experiencia.
La responsabilidad que pesa sobre nuestros hombres no es ya la de realizar la revolución que cada uno de nuestros ideales concibe como lo mejor para su pueblo, sino enseñar a nuestros descendientes a consolidarla. Para ello, tenemos dos caminos: tiempo o sangre.
Tiempo sobra. La historia nos enseña cómo los excesos vuelven finalmente a su cauce habitual.
Sangre, falta. Puesto que somos un continente descapitalizado, que precisa su puesta en marcha por medio de la unidad fraternal, donde los intereses individuales sean considerados y respetados, cuando los mismos no afecten a la comunidad latinoamericana; y en ese desarrollo necesitaremos aumentar al máximo los habitantes en el continente.
¡En fin! Todo esto quiere decir que la tarea no se termina mientras uno viva. Pero bien vale la pena vivir y morir por un ideal que trasciende a los pueblos.
El señor Gelbard le contará cómo marchan nuestras cosas y confío en que todo marchará bien. Reciba un cordial saludo y mi afecto sincero.
¡Un gran abrazo!
Juan Domingo Perón
Compartir esta nota en Facebook
Tags: ARGENTINA, CARTA DE PERON, CARTA DE PERON A FIDEL CASTRO, CUBA, Fidel Castro, INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA, JUAN DOMINGO PERÓN, PATRIA GRANDE, Peronismo, revolución, TERCER MUNDO, TERCERA POSICION
LABORATORIOS VIVENCIALES
30 ene 2012 Notas semanales
C.A.B.A., Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Sociedad
Del relato personal a la diversidad.
“Una primer aproximación al psicodrama grupal de la multiplicidad de sentidos”.
Vivencial, no se requieren conocimientos previos.
Fechas:
•Sábado 11/2/2012 – de 10.00 a 13.00 horas
•Sábado 03/3/2012 – de 10.00 a 13.00 horas
Se entregan certificados.
Coordina: Lic. M. Carolina Pavlovsky
$ 70.- por encuentro
$ 60.- por mas de dos encuentros.
Inscripción: (011) 4778-0195
La inscripción se realiza solo telefónicamente, dejando nombre, apellido y teléfono.
Hasta 3 Días previo al encuentro!
La genialidad de Chávez
27 ene 2012 Comunicación, Política Internacional, Política Nacional
El presidente Chávez presentó ante el Parlamento de Venezuela su informe sobre la actividad realizada en 2011 y el programa a ejecutar en el año actual. Después de cumplir rigurosamente las formalidades que demanda esa importante actividad, habló en la Asamblea a las autoridades oficiales del Estado, a los parlamentarios de todos los partidos, y a los simpatizantes y adversarios que el país reúne en su acto más solemne.
El líder bolivariano fue amable y respetuoso con todos los presentes como es habitual en él. Si alguno le solicitaba el uso de la palabra para alguna aclaración, le concedía de inmediato esa posibilidad. Cuando una parlamentaria, que lo había saludado amablemente igual que otros adversarios, solicitó hablar, interrumpió su informe y le cedió la palabra, en un gesto de gran altura política. Llamó mi atención la dureza extrema con que el Presidente fue increpado con frases que pusieron a prueba su caballerosidad y sangre fría. Aquello constituía una incuestionable ofensa, aunque no fuese la intención de la parlamentaria. Sólo él fue capaz de responder con serenidad al insultante calificativo de “ladrón” que ella utilizó para juzgar la conducta del Presidente por las leyes y medidas adoptadas.
Después de cerciorarse sobre el término exacto empleado, respondió a la solicitud individual de un debate con una frase elegante y sosegada “Águila no caza moscas”, y sin añadir una palabra, prosiguió serenamente su exposición.
Fue una prueba insuperable de mente ágil y autocontrol. Otra mujer, de incuestionable estirpe humilde, con emotivas y profundas palabras expresó el asombro por lo que había visto e hizo estallar el aplauso de la inmensa mayoría allí presente, que por el estampido de los mismos, parecía proceder de todos los amigos y muchos de los adversarios del Presidente.
Más de nueve horas invirtió Chávez en su discurso de rendición de cuentas sin que disminuyera el interés suscitado por sus palabras y, tal vez debido al incidente, fue escuchado por incalculable número de personas. Para mí, que muchas veces abordé arduos problemas en extensos discursos haciendo siempre el máximo esfuerzo para que las ideas que deseaba trasmitir se comprendieran, no alcanzo a explicarme cómo aquel soldado de modesto origen era capaz de mantener con su mente ágil y su inigualable talento tal despliegue oratorio sin perder su voz ni disminuir su fuerza.
La política para mí es el combate amplio y resuelto de las ideas. La publicidad es tarea de los publicistas, que tal vez conocen las técnicas para hacer que los oyentes, espectadores y lectores hagan lo que se les dice. Si tal ciencia, arte o como le llamen, se empleara para el bien de los seres humanos, merecerían algún respeto; el mismo que merecen quienes enseñan a las personas el hábito de pensar.
En el escenario de Venezuela se libra hoy un gran combate. Los enemigos internos y externos de la revolución prefieren el caos, como afirma Chávez, antes que el desarrollo justo, ordenado y pacífico del país. Acostumbrado a analizar los hechos ocurridos durante más de medio siglo, y de observar cada vez con mayores elementos de juicio la azarosa historia de nuestro tiempo y el comportamiento humano, uno aprende casi a predecir el desarrollo futuro de los acontecimientos.
Promover una Revolución profunda no era tarea fácil en Venezuela, un país de gloriosa historia, pero inmensamente rico en recursos de vital necesidad para las potencias imperialistas que han trazado y aún trazan pautas en el mundo.
Líderes políticos al estilo de Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez, carecían de cualidades personales mínimas para realizar esa tarea. El primero era además, excesivamente vanidoso e hipócrita. Oportunidades tuvo de sobra para conocer la realidad venezolana. En su juventud había sido miembro del Buró Político del Partido Comunista de Costa Rica. Conocía muy bien la historia de América Latina y el papel del imperialismo, los índices de pobreza y el saqueo despiadado de los recursos naturales del continente. No podía ignorar que en un país inmensamente rico como Venezuela, la mayoría del pueblo vivía en extrema pobreza. Los materiales fílmicos están en los archivos y constituyen pruebas irrebatibles de aquellas realidades.
Como tantas veces ha explicado Chávez, Venezuela durante más de medio siglo fue el mayor exportador de petróleo en el mundo; buques de guerra europeos y yankis a principios del siglo XX intervinieron para apoyar un gobierno ilegal y tiránico que entregó el país a los monopolios extranjeros. Es bien conocido que incalculables fondos salieron para engrosar el patrimonio de los monopolios y de la propia oligarquía venezolana.
A mí me basta recordar que cuando visité por primera vez a Venezuela, después del triunfo de la Revolución, para agradecer su simpatía y apoyo a nuestra lucha, el petróleo valía apenas dos dólares el barril.
Cuando viajé después para asistir a la toma de posesión de Chávez, el día que juró sobre la “moribunda Constitución” que sostenía Calderas, el petróleo valía 7 dólares el barril, a pesar de los 40 años transcurridos desde la primera visita y casi 30 desde que el “benemérito” Richard Nixon había declarado que el canje metálico del dólar dejaba de existir y Estados Unidos comenzó a comprar el mundo con papeles. Durante un siglo la nación fue suministradora de combustible barato a la economía del imperio y exportadora neta de capital a los países desarrollados y ricos.
¿Por qué predominaron durante más de un siglo estas repugnantes realidades?
Los oficiales de las Fuerzas Armadas de América Latina tenían sus escuelas privilegiadas en Estados Unidos, donde los campeones olímpicos de las democracias los educaban en cursos especiales destinados a preservar el orden imperialista y burgués. Los golpes de Estado serían bienvenidos siempre que estuvieran destinados a “defender las democracias”, preservar y garantizar tan repugnante orden, en alianza con las oligarquías; si los electores sabían o no leer y escribir, si tenían o no viviendas, empleo, servicios médicos y educación, eso carecía de importancia siempre que el sagrado derecho a la propiedad fuese sostenido. Chávez explica esas realidades magistralmente. Nadie conoce como él lo que ocurría en nuestros países.
Lo que era todavía peor, el carácter sofisticado de las armas, la complejidad en la explotación y el uso del armamento moderno que requiere años de aprendizaje, y la formación de especialistas altamente calificados, el precio casi inaccesible de las mismas para las economías débiles del continente, creaba un mecanismo superior de subordinación y dependencia. El Gobierno de Estados Unidos a través de mecanismos que ni siquiera consultan a los gobiernos, traza pautas y determina políticas para los militares. Las técnicas más sofisticadas de torturas se trasmitían a los llamados cuerpos de seguridad para interrogar a los que se rebelaban contra el inmundo y repugnante sistema de hambre y explotación.
A pesar de eso, no pocos oficiales honestos, hastiados por tantas desvergüenzas, intentaron valientemente erradicar aquella bochornosa traición a la historia de nuestras luchas por la independencia.
En Argentina, Juan Domingo Perón, oficial del Ejército, fue capaz de diseñar una política independiente y de raíz obrera en su país. Un sangriento golpe militar lo derrocó, lo expulsó de su país, y lo mantuvo exiliado desde 1955 hasta 1973. Años más tarde, bajo la égida de los yankis, asaltaron de nuevo el poder, asesinaron, torturaron y desaparecieron a decenas de miles de argentinos, y no fueron siquiera capaces de defender el país en la guerra colonial contra Argentina que Inglaterra llevó a cabo con el apoyo cómplice de Estados Unidos y el esbirro Augusto Pinochet, con su cohorte de oficiales fascistas formados en la Escuela de las Américas.
En Santo Domingo, el Coronel Francisco Caamaño Deñó; en Perú, el General Velazco Alvarado; en Panamá, el General Omar Torrijos; y en otros países capitanes y oficiales que sacrificaron sus vidas anónimamente, fueron las antítesis de las conductas traidoras personificadas en Somoza, Trujillo, Stroessner y las sanguinarias tiranías de Uruguay, El Salvador y otros países de Centro y Sur América. Los militares revolucionarios no expresaban puntos de vista teóricamente elaborados en detalles, y nadie tenía derecho a exigírselos, porque no eran académicos educados en política, sino hombres con sentido del honor que amaban su país.
Sin embargo, hay que ver hasta donde son capaces de llegar por los senderos de la revolución hombres de tendencia honesta, que repudian la injusticia y el crimen.
Venezuela constituye un brillante ejemplo del rol teórico y práctico que los militares revolucionarios pueden desempeñar en la lucha por la independencia de nuestros pueblos, como ya lo hicieron hace dos siglos bajo la genial dirección de Simón Bolívar.
Chávez, un militar venezolano de humilde origen, irrumpe en la vida política de Venezuela inspirado en las ideas del libertador de América. Sobre Bolívar, fuente inagotable de inspiración, Martí escribió: “ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos [...] jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor, en el mundo por la libertad…”
“… de Bolívar -dijo- se puede hablar con una montaña por tribuna [...] o con un manojo de pueblos libres en el puño…”
“… lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía.”
Más de medio siglo después el insigne y laureado poeta Pablo Neruda escribió sobre Bolívar un poema que Chávez repite con frecuencia. En su estrofa final expresa:
“Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
‘Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo’.”
Pero el líder bolivariano no se limita a la elaboración teórica. Sus medidas concretas no se hacen esperar. Los países caribeños de habla inglesa, a los que modernos y lujosos buques cruceros yankis le disputaban el derecho a recibir turistas en sus hoteles, restaurantes y centros de recreación, no pocas veces de propiedad extranjera pero que al menos generaban empleo, agradecerán siempre a Venezuela el combustible suministrado por ese país con facilidades especiales de pago, cuando el barril alcanzó precios que a veces superaban los 100 dólares.
El pequeño Estado de Nicaragua, patria de Sandino, “General de Hombres Libres”, donde la Agencia Central de Inteligencia a través de Luis Posada Carriles, después de ser rescatado de una prisión venezolana, organizó el intercambio de armas por drogas que costó miles de vidas y mutilados a ese heroico pueblo, también ha recibido el apoyo solidario de Venezuela. Son ejemplos sin precedentes en la historia de este hemisferio.
El ruinoso Acuerdo de Libre Comercio que los yankis pretenden imponer a la América Latina, como hizo con México, convertiría los países latinoamericanos y caribeños no solo en la región del mundo donde peor está distribuida la riqueza, que ya lo es, sino también en un gigantesco mercado donde hasta el maíz y otros alimentos que son fuentes históricas de proteína vegetal y animal serían desplazados por los cultivos subsidiados de Estados Unidos, como ya está ocurriendo en territorio mexicano.
Los automóviles de uso y otros bienes desplazan a los de la industria mexicana; tanto las ciudades como los campos pierden su capacidad de empleo, el comercio de drogas y armas crece, jóvenes casi adolescentes con apenas 14 ó 15 años, en número creciente, son convertidos en temibles delincuentes. Jamás se vio que ómnibus u otros vehículos repletos de personas, que incluso pagaron para ser transportados al otro lado de la frontera en busca de empleo, fuesen secuestrados y eliminados masivamente. Las cifras conocidas crecen de año en año. Más de 10 mil personas están perdiendo ya la vida cada año.
No es posible analizar la Revolución Bolivariana sin tomar en cuenta estas realidades.
Las fuerzas armadas, en tales circunstancias sociales, se ven forzadas a interminables y desgastadoras guerras.
Honduras no es un país industrializado, financiero o comercial, ni siquiera gran productor de drogas, sin embargo algunas de sus ciudades rompen el record de muertos por violencia a causa de las drogas. Allí se yergue en cambio el estandarte de una importante base de las fuerzas estratégicas del Comando Sur de Estados Unidos. Lo que allí ocurre y está ocurriendo ya en más de un país latinoamericano es el dantesco cuadro señalado, de los cuales algunos países, han comenzado a salir. Entre ellos, y en primer lugar Venezuela, pero no solo porque posee cuantiosos recursos naturales, sino porque los rescató de la avaricia insaciable de las transnacionales extranjeras y ha desatado considerables fuerzas políticas y sociales capaces de alcanzar grandes logros. La Venezuela de hoy es otra muy distinta a la que conocí hace solo 12 años, y ya entonces me impresionó profundamente, al ver que como ave Fénix resurgía de sus históricas cenizas.
Aludiendo a la misteriosa computadora de Raúl Reyes, en manos de Estados Unidos y la CIA, a partir del ataque organizado y suministrado por ellos en pleno territorio ecuatoriano, que asesinó al sustituto de Marulanda y a varios jóvenes latinoamericanos desarmados, han lanzado la versión de que Chávez apoyaba la “organización narco-terrorista de las FARC”. Los verdaderos terroristas y narcotraficantes en Colombia han sido los paramilitares que le suministraban a los traficantes norteamericanos las drogas, que se venden en el mayor mercado de estupefacientes del mundo: Estados Unidos.
Nunca hablé con Marulanda, pero sí con escritores e intelectuales honrados que llegaron a conocerlo bien. Analicé sus pensamientos e historia. Era sin dudas un hombre valiente y revolucionario, lo cual no vacilo en afirmar. Expliqué que no coincidía con él en su concepción táctica. A mi juicio, dos o tres mil hombres habrían sido más que suficientes para derrotar en el territorio de Colombia a un ejército regular convencional. Su error era concebir un ejército revolucionario armado con casi tantos soldados como el adversario. Eso era sumamente costoso y virtualmente imposible de manejar.
Hoy la tecnología ha cambiado muchos aspectos de la guerra; las formas de lucha también cambian. De hecho el enfrentamiento de las fuerzas convencionales, entre potencias que poseen el arma nuclear, se ha tornado imposible. No hay que poseer los conocimientos de Albert Einstein, Stephen Hawking y miles de otros científicos para comprenderlo. Es un peligro latente y el resultado se conoce o se debiera conocer. Los seres pensantes podrían tardar millones de años en volver a poblar el planeta.
A pesar de todo, sostengo el deber de luchar, que es algo de por sí innato en el hombre, buscar soluciones que le permitan una existencia más razonada y digna.
Desde que conocí a Chávez, ya en la presidencia de Venezuela, desde la etapa final del gobierno de Pastrana, siempre lo vi interesado por la paz en Colombia, y facilitó las reuniones entre el gobierno y los revolucionarios colombianos que tuvieron por sede a Cuba, entiéndase bien, para un acuerdo verdadero de paz y no una rendición.
No recuerdo haber escuchado nunca a Chávez promover en Colombia otra cosa que no fuera la paz, ni tampoco mencionar a Raúl Reyes. Siempre abordábamos otros temas. Él aprecia particularmente a los colombianos; millones de ellos viven en Venezuela y todos se benefician con las medidas sociales adoptadas por la Revolución, y el pueblo de Colombia lo aprecia casi tanto como el de Venezuela.
Deseo expresar mi solidaridad y estima al General Henry Rangel Silva, Jefe del Comando Estratégico Operacional de las Fuerzas Armadas, y recién designado Ministro para la Defensa de la República Bolivariana. Tuve el honor de conocerlo cuando en meses ya distantes visitó a Chávez en Cuba. Pude apreciar en él un hombre inteligente y sano, capaz y a la vez modesto. Escuché su discurso sereno, valiente y claro, que inspiraba confianza.
Dirigió la organización del desfile militar más perfecto que he visto de una fuerza militar latinoamericana, que esperamos sirva de aliento y ejemplo a otros ejércitos hermanos.
Los yankis nada tienen que ver con ese desfile y no serían capaces de hacerlo mejor.
Es sumamente injusto criticar a Chávez por los recursos invertidos en las excelentes armas que allí se exhibieron. Estoy seguro de que jamás se utilizarán para agredir a un país hermano. Las armas, los recursos y los conocimientos deberán marchar por los senderos de la unidad para formar en América, como soñó El Libertador, “…la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riqueza que por su libertad y gloria”.
Todo nos une más que a Europa o a los propios Estados Unidos, excepto la falta de independencia que nos han impuesto durante 200 años.
Fidel Castro Ruz
Enero 25 de 2012
Fuente: Cuba Debate
Compartir esta nota en Facebook
Tags: CHAVEZ, FIDEL CASTRO RUZ, PERÓN, REFLEXIONES DE FIDEL
La memoria que estalla
23 ene 2012 DERECHOS HUMANOS, Política Internacional
DESPUES DE 75 AÑOS SUPO QUE SU PADRE HABIA SIDO UNA VICTIMA DEL FRANQUISMO
“No digas nada. No preguntes nada.” En Villanueva de Valdueza, el pueblo donde hace 76 años nació Constantino Fernández, no hubo grandes batallas, pero las fosas comunes se multiplicaban bajo los campos sembrados y a la sombra de algún árbol en el monte. Cuando él era un niño, los mayores hablaban en voz baja. Apenas si lloraban a los fusilados. La consigna era callar. “Tino” vivió hasta sus 17 años en ese paraje de Ponferrada, provincia de León.
Su padre había muerto cuando él tenía un año y medio. Se llamaba Antonio Fernández y todos lo conocían como “El Cesterín”. Araba la tierra de sol a sol en el pequeño pueblo español y, cuando llegaba la temporada de cosechas, sus cestos hechos con hojas de álamo se multiplicaban entre los pobladores. Murió a los 24 años, dejando a “Tino”, a un bebé de meses y a su mujer, que fallecería a los pocos años.
El tiempo pasó y Tino dejó de hacerse preguntas. Recién a los 75 años, ya de abuelo, supo que su papá Antonio Fernández es una de las miles de víctimas que se cobró el franquismo. Había sido fusilado “a consecuencia de la lucha contra el marxismo”, según dice su acta de defunción. Quien lo descubrió fue Adriana, su hija que hoy conforma la querella que desde Argentina demanda al Estado español por los crímenes contra la humanidad cometidos durante el régimen fascista.
Tino se acomoda en su silla y se aclara la garganta. “¿Me decías…? Ah, sí. Con mi hermano acabábamos de perder a nuestras abuelas, y una tía que ya vivía en Argentina nos trajo para Buenos Aires. Fue en el año ’52. Mi papá había muerto cuando yo tenía un año y medio. Y mamá, cinco años después. Yo me quedé con mi abuela materna, y mi hermano con la familia de mi padre.”
–¿Qué sabía entonces de su papá?
–Nada. Mi abuela Luisa me contaba que cuando lo vinieron a buscar, llegaron, lo tiraron al suelo y, ahí nomás, le empezaron a pegar. Lo apaleaban entre varios, mientras le sostenían las manos desde atrás, hasta que lo mataron. Pero mucho no nos querían decir. Todo era silencio por ese tiempo. Mucho después, cuando ella murió, trabajé de criado arando la tierra en unos campos de un vecino. Y siempre pasaba uno que me decía: “¿Viste aquellos garbanzos, aquel centeno que está tan alto en el medio? Eso está abonado con tu papá, él está ahí abajo”. Era un cuadradito al lado de una carretera donde el pasto crecía muy verde. Yo pasaba con frecuencia por allí y muchas veces me quedaba sentado mirándolo. Pensando si podría ser cierto que él estuviera ahí abajo.
–¿Quiénes se lo habían llevado?
–Mi abuela, que vio todo, no lo dijo nunca. A mí me lo contó mucho después un vecino de San Esteban de Valdueza. “El problema fue que en Pedragales tu padre estaba trabajando cuando unos soldados le dijeron: ‘Antonio, anda a buscar a no sé quién que tenemos que hablar con él’.” Parece ser que mi padre sabía que iban a matar a esta persona y, en vez de mandarla para el pueblo, le advirtió que debía escapar. Luego, dijo que no lo había encontrado. Pero alguien lo delató, y al día siguiente lo fueron a buscar. Lo mataron, sin preguntar nada.
–¿A quién iban a asesinar?
–Recién este año, mi hija, Adriana, consiguió develarlo. Querían a Nicasio Astorgano, el gobernador republicano de San Esteban de Valdueza, donde vivía mi padre. Pero en ese entonces, no lo sabía. Había un pacto de silencio. No digas nada. No preguntes. Nadie iba a responder, ni los mismos del pueblo sabían en quién se podía confiar.
–Usted tenía que sacar sus propias conclusiones…
–No, no lo hacía. Las fosas eran algo común. Recuerdo que mi abuela siempre peleaba como perro y gato con una vecina que teníamos al lado de la casa. Siempre le decía: “Merecido lo tenías. A mi yerno, tu marido lo podría haber salvado y no quiso y ahora tú no sabes dónde está el tuyo”. Su esposo pertenecía a un grupo de falangistas (miembro del partido franquista La Falange) que se dedicaban a robarle a la gente del pueblo, le sacaban las cosechas, los animales. A los de su clase, los mataban los mismos franquistas porque eran una mancha para ellos. Si bien trabajaban para su grupo, no les convenían cuando ya los tenían demasiado tachados. Pero eso lo supimos mucho después.
–¿Iban a parar también a las fosas comunes?
–Sí. Y en El Vierzo hubo muchas, muchísimas. La zona no fue un campo importante de enfrentamiento, pero sí había muchísimos que apoyaban al bando republicano. Entonces, fue una de las zonas donde más fosas comunes hubo. Una vez estaba llevando a pastar a las ovejas y vi cómo un labrador enganchaba con el rastrillo un cadáver. A la gente la mataban, la tiraban en el campo, entre los yuyos, y nadie decía nada. Se los enterraba en silencio.
El terrorismo de acá
Adriana Fernández asiente con la cabeza. Comprende perfectamente lo que es vivir el silencio. El golpe del ’76 la encontró con trece años. “Muchos me decían que la Junta había llegado para estabilizar el país. A mi papá nunca lo escuché hablar de política –“yo siempre pensé que no era sano meterme”, acota Tino–. Me mandaron a un colegio ultracatólico de la zona donde, salvo excepciones, estaban con el régimen; en mi familia nunca hubo un desaparecido; en el barrio, si lo había, yo nunca me había enterado; no tenía compañeros desaparecidos. Vivía en una burbuja. Me iba comiendo lo que iba leyendo en los diarios, que los muertos eran todos subversivos. Creí eso hasta que empecé a escuchar otras voces y caí en que se había vivido un horror que había pasado por alto.”
–¿Qué voces?
–Cuando comencé a ejercer como catequista. Nunca fui de quedarme a dar una charla. Yo salía a los barrios, y a los más pobres del conurbano. Por ejemplo, acá en Tigre, por Villa Garrote o El Palito, que es una villa que ya no existe. Empezaba a escuchar testimonios sobre personas desaparecidas, de personas que habían sido torturadas. Cosas que me hacían plantear “¿qué es lo que me perdí?”. Me empecé a involucrar con las causas de los religiosos que fueron asesinados. Angelelli y Mugica fueron los dos pilares. Ponce de León, las monjas francesas.
–Quiso conocer sus trayectorias
–Quería que se conozca la historia de esta gente. Porque se hablaba de la madre Teresa, de iconos que el Vaticano los tenía bien altos. Pero no de los nuestros, era como que “lo mataron, pero no es un mártir”. En Tigre, tenemos un cura asesinado por dar una misa cuando los obreros del astillero Astarsa fueron masacrados en la dictadura. Hay calles con su nombre, Pancho Soares, pero la cúpula de la Iglesia nunca dejó que se hiciera la denuncia.
–¿Qué le decían sus pares cuando hablaba de estos temas?
–Me decían que no era catequesis lo que yo estaba haciendo. Era obvio que estaba tocando temas que a los curas les molestaban mucho. Creo que me echaron de todas las parroquias de Tigre. Pero callar, no me callaron nunca. Prefería irme. Jamás di vuelta el discurso: decir “bueno, para quedarme, lo hago más livianito”. Además, como yo apoyaba la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario y los juicios de lesa humanidad, me tenían por la oveja negra.
–¿Siempre apoyó estas luchas?
–No. Antes tenía un peso muy fuerte lo que decía la Iglesia. Fue la dictadura: vi una hipocresía explícita y cómo desde un poder, el religioso, se puede someter a una persona, haciéndole creer que si piensa de una manera o la otra va a ir al infierno. El miedo influye de una manera tremenda, sobre todo en los más pobres. Recién cuando entendí eso, se produjo el quiebre y pude replantearme el resto. Ahora formo parte del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y enseño la teología desde otro lugar. Para la Teología de la Liberación, Jesús fue un revolucionario que creó un movimiento y, por ser fiel a esas convicciones, fue asesinado. No vemos las cosas tan celestiales, y eso hace que la fe se te convierta en un motor de lucha. No en una velita para rezar.
Lucha en dos orillas
Sobre su abuelo no sabía mucho. Hasta hace poco más de un año no se le había ocurrido asociar su historia con la de la dictadura franquista. Conocía las anécdotas de su papá sobre su abuelo y las travesuras que hacía en España. “Pero, por muchos años, creí que había sido víctima de un crimen común, de una pelea entre vecinos. En 2009 estaba haciendo un curso sobre el Terrorismo de Estado en el Instituto Espacios para la Memoria, donde estaba la ESMA, y cuando vimos el tema del franquismo me hizo un click. Yo sabía por lo que me contaba papá que mi abuelo, Antonio Fernández, estaba enterrado en medio de un campo, en la montaña. La fecha de su asesinato, 1936, cerraba. ¿Por qué estaba ahí si mi abuela está enterrada en el cementerio? Ni mi papá ni mi tío sabían por qué lo habían matado. Entonces me comuniqué con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), en España, a quienes voy a estar siempre muy agradecida, y les pedí ayuda. Me mandaron el acta de defunción de mi abuelo en la que decía que fue muerto ‘en la lucha contra el marxismo’.”
Tino se despabila del sopor de media tarde. “Yo recordaba exactamente dónde estaba”, cuenta. Ambos sabían que querían exhumarlo. Pero Adriana iría por más: “Justo cuando estábamos allá se hacían aquí los juicios por la ESMA, lo que me dolió mucho, por no poder estar presente. Y mientras desde Argentina dábamos el ejemplo al mundo, en España no hay conciencia, y menos con este gobierno de Mariano Rajoy. Yo quería justicia, por él y por mi padre, que pudo haber continuado su vida en su tierra, que se quedó completamente huérfano tan temprano, por mí misma, que no pude conocer a mi abuelo”.
–¿Sabía que iba a iniciarse la querella por los crímenes del franquismo desde Argentina?
–No. Pero tuve la suerte de conocer al juez federal Carlos Rozanski, que me habló de los juicios de lesa humanidad, que no prescribían, que uno podía apelar al principio de justicia universal. Si bien me estaba hablando de lo que pasó acá en Argentina, me dio pie para el paso que iba a dar. Decía también: “No nos quedemos con el cuerpo, tenemos que buscar justicia”. Porque con el cuerpo, podés llegar a la verdad. Pero la verdad es estática, la Justicia en cambio es dinámica.
–¿Eso cuándo fue?
–En diciembre de 2009. A principios del 2010, la gente del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos me avisó que se iba a iniciar esta querella y salí disparada. Se presentó la causa en base a las denuncias de Darío Rivas por su padre y de Inés García Holgado por su abuelo. La mía por mi abuelo, Antonio Fernández, se integró a principios de 2011. Y por ese tiempo me llamaron de la ARMH y me dijeron que cuándo podíamos viajar para exhumar los restos. Fue muy fuerte. Apareció todo –dice, y muestra la foto del esqueleto completo, hallado en el preciso lugar que señaló Tino, en Villanueva de Valdueza.
“Setenta y cinco años ahí, y no le faltaba ni un diente –apunta Constantino–. Las emociones fueron muy fuertes. Mi hermano tenía dos meses y nueve días, y yo un año y medio cuando él murió. Ninguno tiene un recuerdo de él y tampoco había fotos. Hay que ver cómo sale un hueso y el otro. La cabeza completa. Lo veíamos por primera vez, pero veíamos su esqueleto.”
–Los forenses dijeron que tenía una herida de arma blanca, un tiro detrás de la oreja y otro por las costillas –acota su hija–. Aparentemente lo apuñalaron, lo dejaron que se desangrara y lo remataron de un balazo. Se veía que no fue un fusilamiento así nomás, fue con saña. Lo hicieron para aleccionar a los vecinos.
Constantino agrega que un integrante de la Asociación le dijo: “Tino, se nota que este hombre fue enterrado con todo el cariño del mundo”. Porque al cuerpo le habían cruzado los brazos, le dejaron puestas las alpargatas y tenía como una almohada de tierra para que apoyara la cabeza.
“Lo que me angustia es no poder ponerle un rostro, porque no hay fotos de él. La única imagen que voy a tener es ésa, y eso es duro –comenta Adriana–. Para colmo, justo cuando estábamos allá se hacían los juicios por la ESMA y me dolió mucho no poder estar presente porque se hacía justicia por las Madres de Plaza de Mayo y por las monjas francesas con todo lo que había hecho Astiz. Además me chocó mucho todo ese contraste.
–¿Por qué?
–Porque mientras en la Argentina estábamos dando el ejemplo, en España no hubo un solo funcionario que accediera a mi pedido de asistir a la exhumación o, luego, al entierro. Sentí que no había la más mínima voluntad del Estado por hacer memoria. Y quizá tampoco haya mucha conciencia entre la gente.
Constantino recuerda que “se acercó muchísima gente mayor a ver la exhumación”. “Sí, viejitos que durante todos esos años nunca pudieron declarar, contar su verdad –agrega su hija–. Me dijeron que mi abuelo era una persona con una inteligencia enorme, con una capacidad gigante.”
–¿Sabían por qué lo habían asesinado?
–No sabían si tenía una afiliación política, si era de la UGT (Unión General de Trabajadores) o de la Casa del Pueblo. Pero todos decían que había sido por salvar a Nicasio Astorgano, el gobernador de San Esteban de Valdueza, que después murió en la cárcel. En el pueblo a mi abuelo lo conocían como “Cesterín” porque el suegro era el cestero, el que hacía los cestos con hojas de álamo para recoger las vendimias y se nota que él lo ayudaba. Era muy joven, tenía 24 años cuando murió.
–Lo recordaban a pesar de haber pasado tantos años.
–Es que era un pueblito chico –dice Constantino.
Y su hija agrega: “Decían que era una persona muy querida por todos y que el papá de él, mi bi- sabuelo, murió al poco tiempo, producto de la angustia por el asesinato de su hijo. Y su mamá, dicen que iba al portal de la Iglesia de San Esteban y cantaba ‘Cara al sol’, el himno de la Falange Española, pero con el brazo izquierdo alzado y el puño cerrado –como los socialistas y los comunistas–. Nadie se atrevía a tocarla, era una mujer brava”.
–¡Ja! La abuela Josefa –recuerda Tino.
–A mí siempre me preguntaron de dónde me venía el zurdaje –remata Adriana–. Bueno, me venía de ahí, de mi familia.
Informe: Rocío Magnani
Imagen: Luciana Granovsky
Fuente: Pagina 12
Compartir esta nota en Facebook
Tags: ana lorenzo, constantino fernandez, España, FASCISMO, franquismo, pagina 12, rocio magnani
LECTURAS DE VERANO. HOY: SUBCOMANDANTE MARCOS
23 ene 2012 Cultura, Notas semanales
C.A.B.A, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, De nuestra redaccion
Hoy ofrecemos para deleite de nuestros lectores un fragmento del capitulo III del libro “Muertos Incomodos”, novela policial escrita a 4 manos por el subcomandante Marcos (escribio los capitulos impares), mando militar a cargo del levantamiento zapatista, y el escritor mexicano Paco Taibo II(escribio los capitulos pares).
Capitulo III*
ELIAS Y EL CLUB DE CALENDARIO ROTO
Bueno, ahora les cuento cómo fue el encuentro de Elías con el “Club del Calendario Roto”. Una noche se hizo un pequeño escándalo en la champa donde dormimos los campamenteros. Resulta que Juin Hélene, la francesera, padece insomnio y desde su hamaca alcanzó a ver que algo se movía en el techo. Alumbró con su lámpara y resultó ser una culebra, víbora o serpiente. Por supuesto que empezó a gritar y por supuesto que todos nos despertamos. Lo que siguió fue un pánico generalizado, pero disfrazado de debate ecológico esquina con terapia colectiva. Primero discutimos si la matábamos o no.
A la culebra, no a Juin Hélene. Por parte de Danna Mayo se dieron argumentos naturistas en contra de matarla, alertando sobre el peligro de alterar la biodiversidad; por parte de Vittorio Francesco Augusto Luiggi se proponía matarla y se dieron razones culinarias que abundaban sobre las bondades gastronómicas de la culebra, pues había leído en un comunicado del Sup que la víbora asada tenía sabor a pescado. Juin Hélene estaba por alterar el equilibrio biológico matando a la culebra y a mí el pescado me gusta mucho, así
que, por mayoría aplastante, se optó por condenar a muerte a la serpiente. Claro que el problema era primero hacer que bajara del techo, y segundo, matarla. Danna Mayo dijo que consiguiéramos una silla y que Vittorio Francesco Augusto Luiggi la bajara dándole con el cucharón de la sopa de fideo. Panchito dijo, con un notable acento mexicano, que ni madres. En ésas estábamos cuando llegó Elías, se enteró rápido de qué iba la cosa, salió y regresó con una vara larga, golpeó a la culebra tirándola al suelo y, con el
machete, le cortó la cabeza.
- Era una nauyaca -, dijo y se llevó las dos partes no sé donde.
Al rato volvió y nos preguntó si íbamos a salir y cuándo. Le dijimos que sí, que el domingo. Danna Mayo tenía que retirar dinero del banco, Juin Hélene regresar a Francia, Vittorio Francesco Augusto Luiggi comprar algunas cosas, y yo renovar mi visa de turista. Todos teníamos que ir a la Ciudad de México. Elías nos preguntó si podía salir con nosotros. Le respondimos que sí, que por supuesto, que claro, que sería un honor que etcétera.
- Tá bueno–, dijo.
Le preguntamos que a dónde iba él y a qué.
- Voy a México a buscar una medicina, pero no lo vayan a publicar–, nos respondió y se perdió en las sombras de la noche.
Después del susto de la nauyaca, nadie pensaba en dormir, así que se convocó a una sesión extraordinaria del Club del Calendario Roto. ¿Tema? El viaje de Elías.
Junio Ilegal sostenía que lo de la medicina era mentira, que Elías iba a salir para comprar boletos para el Festival de Jazz en la Ciudad de México, al que el Sup iría disfrazado de saxofón y ya luego se iba a trabajar en un Table Dance “sólo para mujeres” para juntar dinero para la causa. Mayo Clandestino alegaba que no, que Elías iba a averiguar la dirección de un hospital donde hacían operaciones de cambio de sexo, porque el Sup es lesbiano, o sea que le gustan las mujeres pero no le hacen caso y se iba a hacer mujer para que lo quisieran. Yo, o sea Julio Secreto, dije que Elías iba para averiguar cuándo
era la Marcha del Orgullo Gay en la que el Sup se haría presente y saldría,
simultáneamente, de la selva y del closet. Agosto Prohibido nos escuchaba en silencio y, cuando los demás nos cansamos de discutir, intervino:
- No saben nada–, nos dijo con desprecio.
- El Sup es más machito que Pedro Infante y Lando Buzzanca juntos, y le gustan los sones y los huapangos. Además, si leyeran el periódico sabrían que Elías va a lo del asunto del Wall Mart de Teotihuacan–.
Nos quedamos mirándolo, sin entender nada.
Agosto suspiró antes de acceder a explicarnos:
- Resulta que la Wall Mart puso una tienda en Teotihuacan para robarse las pirámides del Sol y de La Luna. Se las van a robar por partes. Cada pedazo que se lleven lo van a suplir con uno idéntico, pero hecho de cartón piedra. Las partes originales las empacan en las cajas vacías de mercancías. Por eso, si vas a pedir cajas para una mudanza o para guardar libros, ropa, discos o ayuda humanitaria, ni madres que te dan siquiera una. Se van a robar primero la Pirámide de La Luna, para que el 21 de marzo todavía esté la original de la Pirámide del Sol y así tengan todavía un año para desmantelar ésa sin que nadie se dé cuenta–.
Seguíamos mirándolo y seguíamos sin entender nada. Junio Ilegal preguntó para qué querría la Wall-Mart robarse las pirámides de La Luna y el Sol en Teotihuacan. Agosto Prohibido le respondió con tono de “elemental, mi querido Watson”:
- Pues para que los extraterrestres buenos no ubiquen el lugar para aterrizar. Los extraterrestres buenos están esperando que los zapatistas extiendan su territorio y funden un Caracol en Teotihuacan, entonces van a bajar en las pirámides y tan-tan, se acabaron los Mac Donalds y las Pizzas Hut. Pero si las pirámides no son las pirámides, pues entonces no bajan los extraterrestres buenos y entonces sí tendremos Bush, Blair, Berlusconi, Aznar y FMI forever. ¿Ci siamo capiti?–.
Mayo Clandestino preguntó a dónde se iba a llevar la Wall Mart las pirámides de Teotihuacan. Julio Secreto, o sea yo, me sumé a la pregunta. Junio Ilegal se estaba quedando dormida.
- Eso es lo que va a ir a investigar Elías–, respondió Agosto Prohibido.
Todos estuvimos de acuerdo en que ya estaba bueno de nauyacas, pirámides, puestos de comida rápida y extraterrestres, y que había que dormir.
Ya en la hamaca, en la duermevela, se me confundió todo. Porque resulta que, a diferencia de los demás meses de nuestro roto calendario, yo ya había leído el capítulo uno y dos de la novela ésta de “Muertos Incómodos” y, aunque folia lo que falta, yo ya sabía a qué iba Elias a la Ciudad de México.
Y tuve miedo. Mucho miedo. Pero no un miedo a lo desconocido. No, era algo más racional. Miedo a lo conocido. Miedo a la larga historia de derrotas. Miedo a la costumbre y a la resignación que nos produce esa cuenta en la que siempre aparecemos en las restas y divisiones, nunca en las sumas y multiplicaciones. Tuve miedo de que el Belascoarán y el Elías perdieran, y que nosotros, todos nosotros, perdiéramos con ellos. Porque es sabido que el asesino siempre regresa a la escena del crimen. Pero supongamos que el Elías y el Belascoarán no van detrás de un asesino, sino de EL asesino. Si es quien yo me imagino, entonces EL asesino no va a regresar a la escena del crimen, simple y sencillamente porque él es la escena del crimen. EL asesino es el sistema. El sistema sí. Cuando hay un crimen hay que buscar al culpable arriba, no abajo.
El MAL es el sistema y los MALOS son quienes están al servicio del sistema.
Pero el MAL no es una entidad, un demonio perverso y maléfico que busca cuerpos que poseer y, con ellos como instrumento, hacer maldades, crímenes, asesinatos, programas económicos, fraudes, campos de concentración, guerras santas, leyes, juzgados, hornos crematorios, canales de televisión. No, el MAL es una relación, es una posición frente al otro. Es también una elección. El MAL es elegir el MAL. Elegir ser el MALO frente al otro. Convertirse, por elección propia, en verdugo. Convertir al otro en víctima.
Hay que joderse. Los campamenteros no deberían hacer reflexiones metafísicas. Los campamentistas deben contar tanques de guerra y soldados, deben enfermarse por la comida, deben pelearse entre ellos por tonterías, deben jugar fútbol y deben perder contra los equipos zapatistas, deben ayudar en los proyectos, deben escuchar Radio Insurgente, deben criticar al Sup por no ser ni hacer como ellos quieren que sea y haga, deben hacer
planes de cómo exportar el zapatismo a sus respectivos países, deben aburrirse la mayor parte del tiempo. Todo eso y muchas cosas más, pero definitivamente no deben hacer reflexiones metafísicas. Tampoco se deben colar de indocumentados (nadie le ha pedido el pasaporte a los miembros del Club del Calendario Roto) a novelas policíacas, mucho menos si es una novela a cuatro manos, veinte dedos, ocho extremidades, dos cabezas, muchos mundos.
Pinches zapatistas, van a luchar contra un monstruo con ayuda de un detective y de un chino. Seguro va a aparecer por ahí un ruso. Y clavado que el chino ése es trotskista y el ruso es maoísta. Puta madre. Puta Wall Mart. Puta nauyaca. Putas pirámides. Puta comida rápida. Y puto yo, porque así como en los extraterrestres hay malos y buenos, también hay putos malos y putos buenos, y yo soy de los buenos. Y soy de los buenos porque elegí no ser de los malos. Pinche hamaca. Hay que joderse. No puedo dormir. La hostia que no vuelvo a cenar pozol con frijoles. Y entonces me quedé dormido.
*Subcomandante Marcos, fragmento del libro “Muertos incomodos”, 2005
Compartir esta nota en Facebook
Tags: LECTURAS DE VERANO, muertos incomodos, novela policial, paco taibo II, subcomandante marcos, sup
Mariotto desbarata un caso grave de complicidad policial y narcotráfico en torno a un homicidio en Florencio Varela
23 ene 2012 Notas semanales, Política Nacional
Bs.As, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Politica Nacional
Por Agepeba
El vicegobernador Gabriel Mariotto se reunió con vecinos del barrio Agustín Ramírez en Florencio Varela. Los vecinos denunciaban connivencia de la policía con un narcotraficante del barrio, hoy prófugo por el asesinato de un chico de 22 años, Carlos Gabriel Fretes, torturado y masacrado el pasado 11 de diciembre. Después de la reunión, intervinieron la comisaría 2ª de Varela.
Tranquera bis casi Rawson; barrio Agustín Ramírez de Florencio Varela; casa de la familia Fretes. Hasta allí se trasladó el vicegobernador Gabriel Mariotto, para escuchar a la familia y vecinos de Carlos Gabriel, “El Pelado”, quiénes cansados de tocar puertas, solicitaron la presencia del vicegobernador. De la reunión participaron también el abogado de la familia, José Luis Calegari y abogados del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales).
La intervención de Mariotto provocó una inmediata respuesta institucional: horas después de la reunión, el ministerio de Seguridad dio la orden de la intervención de la comisaría 2° y se inició una investigación interna que, según los vecinos, tendría que haberse iniciado hace mucho. “Nosotros avisamos que iba a haber un muerto”, dicen los vecinos.
La trama
El 11 de diciembre pasado, apareció el cuerpo sin vida de Carlos Gabriel “El Pelado” Fretes en un descampado de Longchams del conurbano bonaerense. Tenía 22 años y había sido brutalmente torturado. “Lo cortaron, lo destrozaron y lo cargaron en un auto”, relata Lisandro Fretes, el hermano de Gabriel. Desde una vivienda cercana a su casa en el barrio Agustín Ramírez, lo trasladan a un descampado de Longchamps donde lo rematan destrozándole la cabeza con un pedazo de concreto, según consta en el expediente judicial.
Por el hecho hay pedido de captura de cinco personas. Una de ellas, sindicado como principal responsable del brutal asesinato, es Claudio Mena, quién se desempeñaba en el barrio como presidente de la Comisión Vecinos Unidos –una suerte de armado vecinal que funciona en distintos barrios de esta localidad para promoción de tareas comunitarias-, y que los vecinos denuncian como “el narco” del barrio. Según el hermano de Gabriel, Mena mandó a matar a su hermano, a quien acusaba por un supuesto robo que había ocurrido en su casa. El narco quería dar una señal fuerte y lo eligió al “Pelado”.
El abogado de la familia Fretes y militante social de Florencio Varela, José Luis Calegari, en diálogo con AgePeBA, relató que “todo el barrio conocía que este personaje era quién se encargaba de la distribución y comercialización de drogas en el barrio. Todos menos la policía”.
Calegari asegura que según indican los vecinos “era habitual la presencia policial en la casa de Mena”. Mientras tanto, según el relato de Callegari, Mena iba ganando poder en el barrio y “llegó a instalar una cocina de droga a una cuadra del CIC – Centro de Integración Comunitaria- que funcionó durante varios meses”. “Estaba a la vista de todos”.
La presencia policial constante en la casa de Mena y las vinculaciones políticas que alegaba tener este personaje, hacían que la comisaría de la jurisdicción no sea un lugar “confiable” para denunciar “nada”. Sin embargo, prosiguió el abogado, “un vecino radicó una denuncia, esa denuncia fue derivada a la fiscalía y nunca más supimos nada. La denuncia planteaba concretamente que había un circuito de venta de drogas y que se sospechaba que el que la manejaba era Mena. Esa denuncia nunca prosperó, la fiscalía nunca avanzó y Mena se había transformado en una figura importante del lugar”.
Según los vecinos del barrio Agustín Ramírez, Mena coptaba pibes del barrio para que trabajen con él en el negocio de distribución de sustancias ilegales y lo relacionan también con el negocio de la prostitución infantil. El clima era irrespirable. Callegari asegura haber sido interceptado en una ocasión por Mena y otra persona en la calle “me arrean y amenazan: dejate de joder con los pibes”, en referencia al trabajo social que Calegari desarrolla en el barrio.
La pueblada
El domingo 11 de diciembre, un patrullero de la comisaría 4° de Longchamps para frente a la casa de la familia Fretes. El “Pelado” había muerto con su DNI en los bolsillos. Un carrero había encontrado el cuerpo torturado del pibe en un descampado en la esquina de Ezeiza e Irigoyen de esa localidad. La indignación fue total.
El barrio se levantó en repudio de este crimen anunciado. “El día 11 fue muy notoria la soledad. No sólo fue la muerte del Pelado, sino el enfrentamiento en el barrio”, relata Callegari. La policía llegó al barrio y comenzó a reprimir a los vecinos que salieron a la calle. Al personal de la Segunda se sumó personal del GAD (Grupo de Apoyo Departamental). Hubo incendio de vehículos, casas quemadas y represión. “Jamás se hizo presente el Jefe de distrito, ni nadie –asegura Calegari- es muy común que por problemas mucho menores se presente alguien. En este caso no fue nadie. Se trataba de una pueblada, con corte en la Monteverde, coches quemados, casas quemadas. Algo ahí no andaba bien”.
“En el momento que se inicia la pueblada, los chicos – hermanos y amigos del Pelado – hicieron un esfuerzo muy grande por mantener la casa de Santiago Mont – donde había sido torturado Fretes- sin que nadie entre”. Hasta entonces no había presencia policial.
El abogado cuenta que en el medio de los disturbios, “empiezan a llegar pibes más grandes, que no los conocían en el barrio queriendo prender fuego la casa de Mont donde había sido torturado el Pelado y desde donde se lo habían llevado”. Lisandro Fretes cuenta que interceptó a esta gente que supuestamente quería venganza y alegaban ser amigos del chico asesinado y que los paró “yo conozco a todos los amigos de mi hermano, rajen de acá”. Había que preservar las pruebas.
Callegari agradece la intervención urgente de la Fiscal Monti quién “tuvo que exigir a la comisaría Segunda que cuide la casa. Salvo los chicos, nadie cuidaba las pruebas”.
La policía finalmente se hace presente en el lugar. Casa de por medio vivía Claudio Mena. Según el relato del abogado y del hermano del Pelado, la esposa de Mena se encontraba en el lugar y se fuga cargando en el auto todo tipo de elementos, frente a la policía. “Familiares de Mena, con custodia policial logran sacar de la casa a la esposa con varias cosas, las cuáles desconocemos qué contenían y qué se llevaron. Se le permite a la mujer, sin ningún tipo de dificultad sacar bolsos, algunos electrodomésticos, todo”. Hoy esta mujer es una de las prófugas de la justicia. Este dato no hace otra cosa, asegura el abogado, que “reforzar la hipótesis del trabajo conjunto”. “En ese momento podrían haber interceptado el vehículo, bajarlos del auto, identificarlos, nadie lo hizo”, concluyó el abogado. Esa misma noche se produce un apagón generalizado en el barrio. El descontrol era total. La casa de Mena termina siendo incendiada.
Comienza “el apriete”
Los reclamos pidiendo justicia y el relevo de las autoridades de la segunda se incrementaron. Había comenzado el “apriete” a los chicos y vecinos que se animaban a denunciar.
“Lo único que se hizo después de todo los planteos fue el traslado del jefe de calle a la comisaría 4ª y de un oficial a la 6ª de Florencio Varela. Nunca existió ningún sumario administrativo para dar curso a una investigación interna, sólo un simple traslado. Nada”, enfatiza Calegari.
Lisandro, el hermano del “Pelado”, muestra indignado un recorte de diario. Es el diario Popular. “El subcomisario de la 2da que hasta ayer seguía en funciones, Rudackoff, fue el que dice en el diario Popular que acá había habido una ´narco batalla´ entre dos familias por el control del territorio”. Mientras se pedía intervención, “la policía manchaba a la familia de la víctima, se la criminaliza y se la vincula a la venta de drogas, lo cual es una canallada”, agrega Calegari.
Mientras tanto, los testigos seguían siendo amenazados, tras una brutal golpiza a uno de los pibes del barrio se consigue una custodia. A los cinco días la retiran. A las horas una de las mamás de los chicos del barrio es salvajemente golpeada. Se documenta. Aseguran que personal de la 2da estaba cerca y no hizo nada.
Al no tener respuesta institucional de ningún orden, la familia Fretes pide una audiencia con el vicegobernador Gabriel Mariotto.
Tranquera bis casi Rawson. Calle de tierra, barriada humilde del conurbano profundo. Los vecinos se reúnen con Gabriel Mariotto. Esa misma tarde se interviene la comisaría 2° y se inicia la investigación sumarial.
Fuente: AgePeBa.org
Compartir esta nota en Facebook
Tags: AGEPEBA, BARRIO AGUSTIN RAMIREZ, COMPLICIDAD POLICIAL, FLORENCIO VARELA, gabriel mariotto
Marxismo y Peronismo: Reforma, Revolución y Movimientos de Liberación Nacional
23 ene 2012 HISTORIA, Política Internacional, Política Nacional
C.A.B.A, Argentina, UNASUR, EL EMILIO, Opinion
Por Raúl Isman y Adrián Carlos Corbella
“Ni calco ni copia, sino creación heroica”.
José Carlos Mariétegui.
Hace aproximadamente un siglo y medio Karl Marx analizaba en “El Capital” (y en otras obras económicas, sociales y políticas) las insalvables contradicciones que corroían al sistema capitalista. Postulaba, en lo central, que esas contradicciones llevarían al orden burgués (necesariamente) a la ruina, bajo la forma de crisis económicas inevitables; que provocarían, a su vez, sucesivas situaciones y crisis revolucionarias. Y que además dicho proceso comenzaría lógicamente por los países centrales, porque en ellos la sociedad capitalista había llegado más lejos. El capitalismo sería sucedido por el socialismo (face inicial), un nuevo modo de producción que, cuando lograra una plena igualdad política, social y económica y expandiéndose por todo el orbe podría ser llamado comunismo (etapa superior). Pero en rigor semejante proceso sólo podría darse en formaciones económicas avanzadas o- por llamarlas ad usum de los años ’90- del primer mundo; en las que se hubiere completado lo central de las tareas burguesas. Dichas tareas resultaban precondición inevitable y necesaria de la revolución proletaria y eran en lo central:
a) Desarrollo de una economía capitalista industrial y avanzada, signo inequívoco que en tal país la clase burguesa se había hecho con el poder económico. Y ligado a lo anterior y desde lo político
b) La creación de un estado nacional, base política correspondiente a la soberanía de dicha clase social. Tales son las tareas propias correspondientes al horizonte correspondiente a la revolución que Marx denominó burguesa.
Hemos glosado, en un apretado y rápido resumen, la teoría de Marx, un analista brillante del sistema capitalista y un profeta de la revolución (proletaria y comunista) que nunca ocurrió. Pero por cierto que la práctica histórica concreta resultó muy distinta a lo previsto en las teorizaciones previas. En principio digamos que uno de los errores o fallas más notorios en las elaboraciones marxianas reside en su mirada general sobre el mundo, notablemente eurocentrista. Son muy escasas las referencias en su obra a la situación colonial (que sufrían al menos tres cuartas partes de la humanidad) y llega a afirmar que el imperialismo ingles asume posturas y rasgos revolucionarios… ¡al conquistar la India! En nuestra opinión, la contradicción imperialismo-nación (o pueblo) asume una centralidad mayor que el enfrentamiento burguesía-proletariado, naciente de la lucha de clases propia del modo capitalista de producción. Por aquellos años, esta última lectura de la realidad mundial (llamada clase contra clase por la tercera internacional) dejaba fuera la comprensión de la problemática en la mayor cantidad de países del orbe y resultaba exótica a los ojos de las masas habitantes en lo que aún no se denominaba tercer mundo. Semejante falla u olvido en la concepción de Marx no puede obviarse para construir una interpretación de casi dos siglos de movimiento obrero y luchas populares en todo el orbe. Puede decirse que la elaboración del autor de Das Kapital es una teoría de la revolución en los países capitalistas avanzados, lo cual puede fundamentarse con diferentes referencias en su obra. La “entrada” de los pueblos del mundo periférico a la “historia” sólo puede ser facilitada por la venia de la avanzada Europa; sea por vía de la burguesía (la colonización británica en la India) o porqué la revolución proletaria en el occidente industrial permitiere a la arcaica Rusia saltar etapas históricas en su desarrollo.
Reforma, revolución y otras cuestiones
En diversas épocas de la historia y durante las distintas sociedades de clases existieron reformadores de la sociedad. Se trataba centralmente de núcleos críticos (o diletantes) del bloque de clases que ejercía el poder real en sus respectivos tiempos. Tales reformadores intentaban modificar los aspectos más agresivos de la sociedad; a efectos de continuar, por otras vías, la misma dominación. Desde los Gracos y Julio Cesar en la antigüedad romana hasta diversas herejías en los tiempos bajomedievales son ejemplos de la orientación descripta. La literatura italiana inmortalizó una orientación y una época con el célebre personaje Don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, protagonista de la famosa novela “Il Gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. El noble novelado de marras era antepasado del autor y melancólicamente pontifica acerca de la necesidad de realizar transformaciones cosméticas para mantener lo esencial del status quo. Se lo puede leer en la obra literaria citada y ver en la magnífica recreación cinematográfica dirigida por el gran Luchino Visconti.
La cuestión se diversifica con el advenimiento de los tiempos modernos; en los que las reformas sociales pasaron a ser mester de filósofos y utopistas, soñadores de mundos ideales, no necesariamente anclados con clases y actores sociales realmente existentes. Y por otra parte asume mayor complejidad con el vasto movimiento cultural denominado ilustración; ya que- al decir de Antonio Gramsci- se trata de una verdadera internacional intelectual de la revolución burguesa. Pero presta ministros y funcionarios de todo tipo a monarquías escasamente progresistas. Y dejemos sentado que con la ilustración la idea de progreso comienza a ser visto como un valor de alcance universal; es decir deseable para todas las personas. Hasta allí progresismo y reformismo parecían ser términos intercambiables o identificables uno con el otro. Poco después comienzan a autonomizarse. Por cierto que la revolución iniciada en Francia en 1789 pone a prueba el significado de todas estas etiquetas (progresista, reformista, revolucionario, que no estaban aún muy difundidos en las ciencias sociales); ya que en principio la común oposición al antiguo régimen unifica a girondinos (burguesía moderada, “reformista”) con jacobinos (ala izquierda de la misma clase, “progresista”) y “revolucionarios” sans-cullotes y rabiosos (que pueden ser llamados en nuestro léxico actual ultraizquierdistas). Es más, la revolución francesa acuñó el propio vocablo revolución para el lenguaje político. La filósofa alemana Hanna Arendt diferencia tal transformación de las que se produjeron en etapas anteriores; para las cuales reserva el término cambio de las cosas (mutatio rerum, en latín en el original). Y fue precisamente en la Francia revolucionaria donde nació el concepto de revolución comunista, cuando en 1799 se desencadenó la conspiración de los iguales. Tales “primitivos” comunistas no eran más que jacobinos insatisfechos con los límites burgueses de la revolución. Una famosa frase de algunos confabulados, tomar el cielo por asalto, hizo historia en la literatura, las ciencias sociales y el lenguaje de la agitación social y política. Continuador de aquellos primeros revolucionarios comunistas fue Augusto Blanqui (1805-1881). Luego de la revolución parisina de 1848 quedan claramente delineadas dos orientaciones opuestas: la recién referida y la que impulsaba Louis Blanc (1811-,1882), consistente en acceder al gobierno (no al poder) para realizar reformas; no transformar radicalmente la economía y la sociedad, como anhelaban Blanquí y sus seguidores.
Karl Marx observaba los debates referidos y muchos más; al tiempo que participaba en las luchas revolucionarias. Su obra no deja de ser una larga reflexión sobre los citados debates en diálogo con la experiencia histórica del movimiento obrero y comunista. Pero si bien el autor nacido en Tréveris reivindicaba una condición científica para “su” socialismo y una carácter radical para la revolución obrera y comunista para la cual militaba, jamás desconoció que diversas fuerzas reformistas (los sindicatos ingleses, los socialistas alemanes, los demócratas franceses; por ejemplo) eran retoños “del palo”; es decir agrupamientos integrantes de una misma familia (o movimiento). No puede ser más contrastante su actitud con, por ejemplo, la posición de los partidos Trotskistas de la Argentina; que se caracterizan no sólo por la agresión verbal constante (que no puede confundirse con la verdadera crítica) hacia las posiciones reformistas, si no también por verdaderas guerras discursivas a lo interno de las propias sectas troskosáuricas; enfrentadas entre si por cuestiones tan acuciantes para las sufridas masas laboriosas como cual de ellas es la verdadera guardiana de la sagrada ortodoxia troska.
La revolución rusa: ¿especificidad nacional o modelo universal?
Los vericuetos de la historia hicieron que la primera revolución exitosa se diera en Rusia, país que distaba mucho de ser una formación social con un capitalismo más avanzado y perfeccionado. La Rusia de 1917 apenas si había comenzado un tímido proceso de industrialización. Por añadidura, el crecimiento de un espacio manufacturero obedecía más a la acción de un modernizador ministro reformista, que al crecimiento de una clase burguesa con capacidad de disputar el poder contra la altiva y parasitaria aristocracia y contra la propia autocracia zarista. Por otra parte, Rusia dependía financieramente de Francia, e industrialmente de Inglaterra, Alemania y Francia. Las oprimidas zonas asiáticas del Imperio eran coloniales y claramente “subdesarrolladas”.
Por todo ello en el Partido Obrero Social Demócrata Ruso las posiciones se dirimían alrededor del carácter de la revolución en Rusia; es decir que revolución era posible en el país de los Zares. Hubo una fracción, denominada Mencheviques, que postulaba una fase necesaria de revolución burguesa, para que recién allí fuere posible una trasformación con objetivos socialistas. Lenin- dirigente de la fracción bolchevique- planteaba que la revolución era posible en Rusia pese a sus aspectos económicos, sociales y políticos atípicos, de acuerdo a los cánones marxistas más arriba descriptos. Rusia, según los Bolcheviques y particularmente su calvo dirigente, debía transitar un proceso revolucionario que era esquematizado bajo la fórmula dictadura democrática de obreros y campesinos. Desde semejante enunciado se afirmaba las clases sociales mayoritarias, explotadas y oprimidas que pudieren resultar sujeto de la transformación; al tiempo que, por omisión, quedaba fuera de la alianza social revolucionaria la impotente burguesía rusa. Así las elaboraciones de Lenin (y Trotski) supieron hacer una creativa lectura de la realidad y no una copia de esquemas muertos. En palabras de José Carlos Mariátegui, “creación heroica y no copia”. Y de este modo Rusia abandonó el capitalismo durante 70 años, logro sortear la invasión y el bloqueo de diversos países, pudo repeler la invasión nazi y disputar contra E.E.U.U. la hegemonía mundial durante los complejos tiempos de la Guerra fría (1945-1991).
Digamos que la revolución rusa significó además un desgarramiento entre las dos tradiciones que conformaban el movimiento obrero y socialista. La nucleada en la segunda internacional (reformista) y el nuevo conglomerado mundial que paso a llamarse la Komintern (Internacional Comunista). La formación de está última significo que la ruptura aparecida con la primer guerra mundial se ahondó hasta volverse definitiva; no sin tétricos resultados para los trabajadores, como demuestra la caída de Alemania bajo el nazismo en 1933. Además, la revolución rusa no fue analizada por los núcleos de la tercera como resultado de una excepción histórica, sino como la norma exclusiva que debería transitar todo proceso transformador en el orbe entero y a la cual deberían amoldarse revoluciones y revolucionarios. A ello contribuyeron la conducción del Partido Comunista de la U.R.S.S. y ciertas elaboraciones de la tercera internacional, como las veintiún condiciones de ingreso, que presentaba el modelo bolchevique como camino exclusivo y excluyente y que cada sección debería impulsar en cada país. Pero sin dudas que resultó un acierto el reconocimiento de la cuestión colonial y nacional, plasmado en diversos documentos. Luego de Marx , el mundo periférico resultaba visible, auspiciosamente, en las elaboraciones teóricas y en la práctica política del movimiento comunista internacional transcurridas casi cuatro décadas de la muerte del filósofo de Treveris. Casi contemporáneamente, en diversos países de América Latina, nacían los debates que dieron por resultado la aparición de la corriente denominada izquierda nacional; que intentaba servirse del marxismo para alumbrar la comprensión de la realidad de nuestro continente y no que la propia realidad fuere constreñida a adecuarse a los cánones de un dogma fosilizado.
El epicentro revolucionario del siglo XX se desplaza hacia el sur tercermundista
Además de Rusia, casi todos los países que hicieron en el siglo XX revoluciones eran formaciones económicas periféricas, no industriales, llamados luego de 1945 tercermundistas, coloniales o semicoloniales. Por fuera de cómo se presentaron discursivamente, se trató de luchas por crear estados nacionales que no podían ser tales por causa de la opresiva presencia imperialista.
Uno de los mejores ejemplos es China; que enlaza su revolución con la lucha contra la fragmentación feudal (los señores de la guerra) y la presencia imperialista en las grandes ciudades. Durante la segunda guerra la lucha se dirige contra la invasión japonesa, y en un largo proceso revolucionario se liquida la dependencia semicolonial respecto a Europa, Japón y Estados Unidos, logrando crear- a partir de la gran revolución de 1949- su primer estado realmente nacional durante los tiempos modernos. Hoy queda sólo el nombre de las intenciones comunistas del partido de Mao, pero China es una formación estatal que disputa en pie casi de igualdad con el resto de los principales país del orbe.
Otro caso es Yugoslavia, un país periférico de Europa, arrasado por los vendavales de expansionismos varios, y claramente “balcanizado” antes y después de la revolución dirigida por Josip Broz (Tito), que al igual que en la patria de Mao pudo lograr por primera vez en toda su historia un estado nacional digno de llamarse de este modo. A la muerte del líder y fundador, su construcción fue liquidada por la presión conjunta del imperio norteamericano y los europeos.
Vietnam hace su revolución, mientras lucha por echar a los invasores japoneses y a potencias coloniales o neocoloniales como Francia y Estados Unidos. La realidad social en la patria de Ho-Chi-Min en la actualidad no es muy distinta a China. Pero las negociaciones con el capital internacional se hacen desde la existencia de un estado nacional soberano.
En Cuba, existía un agregado a la constitución, la Enmienda Platt, que permitía a E.E.U.U. intervenir en la isla cada vez que quisiere y ello puesto en el propio texto constitucional. La revolución que se inicia con la intrépida y audaz expedición del Granma tiene un claro objetivo de independencia nacional y las grandes trasformaciones sociales son posteriores a la primitiva afirmación patriótica. Mas cerca en el tiempo, Nicaragua era parte del “Patio Trasero” en su definición más plena. E inclusive se le puede quitar la condición de patio de los E.E.U.U. En todos los casos que hemos balanceado sumariamente, la revolución fue centralmente un proceso de liberación nacional. Las transformaciones sociales que se dieron fueron en gran medida posteriores a la creación del referido estado independiente. Por otra parte se trató incluso de una política que completó o concretó la organización estatal de marras.
Las izquierdas vernáculas: liberación nacional e incomprensión intelectual (y política)
En todas estas revoluciones con apariencia de “socialistas”, “marxistas”, “comunistas”, el proceso de cambio social fue acompañado de un proceso de “liberación nacional”, de ruptura de lazos coloniales o semicoloniales. Es que resultaba una precondición de cualquier iniciativa a favor del bienestar popular que se rompieren los lazos que ataban a cada país con el imperialismo. Fueron revoluciones “internacionalistas” (parte general del proceso de liberación de los pueblos). Y a la vez fueron revoluciones “nacionales”. Todas integraron ambos procesos, a su estilo, y en distinta medida. En nuestra opinión, resulta decisivo este segundo componente nacional o independentista.
La izquierda latinoamericana, en general, y la argentina, en particular- con escasas y honrosas excepciones como el peruano Mariátegui o el argentino Ugarte- adolecieron, y aún adolecen, de graves dificultades para comprender la marcha de las transformaciones sociales y la simple realidad empírica. Por ello, no podían advertir cómo en esas revoluciones socialistas lo “internacionalista” se fusionaba con aspectos de indudable contenido “nacionalista”, que eran parte de un proceso de liberación nacional. La causa fundamental era el rígido ideologismo padecido por los cenáculos izquierdistas; que los conducía a cuestionar a la impoluta realidad por el grave pecado cometido por ésta, consistente en no adecuarse a sus ensueños teóricos.
Las ideas socialistas y anarquistas llegaron a la Argentina con los inmigrantes europeos. Y, como los europeos tendían a concentrarse en algunas áreas muy definidas (Buenos Aires, Sur de Santa Fe con Rosario como eje) que se europeizaron profundamente, pudieron transplantar sus fuerzas políticas originadas en el ámbito europeo al nuevo continente no sólo sin realizar ninguna adaptación: también sin pensar en las nuevas condiciones en que desenvolverían su acción. De modo que para anarquistas y socialistas no había diferencias entre países imperialistas y periféricos a la hora de encarar la lucha por la transformación social. Su punto de partida implicaba desconocer el profundo carácter condicionante y distorsionante que el imperio tenía sobre nuestras sociedades.
El Partido Socialista, fundado en 1896 por Juan B. Justo y otros dirigentes, era una fuerza pensada para resultar similar y confluyente con los partidos análogos del mundo industrializado. Es decir, se creó bajo una concepción eurocentrista. Había no obstante diferencias muy sensibles: en Europa el socialismo ganó, en general, muy rápidamente al movimiento obrero. Aquí, el escaso desarrollo industrial contribuyo a que la inserción de la creación justista se focalizara en destacamentos de clases medias pobres y trabajadores calificados. El proletariado industrial era una minoría en el océano de los sectores populares de un país semicolonial.
Discursivamente el socialismo en la Argentina se paró en los arrabales de su casi contemporánea U.C.R.: cuestionaba la corrupción y no el modelo económico agroexportador; llegando a la “incomprensible” apología del libre cambio; en lugar de impulsar la defensa de la industria nacional por medio de medidas proteccionistas (que daría por resultado el incremento social de las fuerzas del movimiento obrero). En nuestra opinión existían dos causas para que resulte inteligible la extraña orientación. A saber:
a) La no comprensión (o si se prefiere radical incomprensión) de la cuestión nacional. De hecho, el P.S. fue un ala izquierda del imperio antes que una fuerza anclada en la comprensión de las necesidades, sufrimientos y la propia historia del pueblo argentino.
b) Por otra parte, el partido- al asumir las posiciones anti-protección industrial- refrendaba de hecho su interés e intención de representar centralmente a las capas medias consumidoras; más que a la totalidad del pueblo argentino.
Esta fuerza hacía aquí similares cuestionamientos a los que hacían sus partidos hermanos europeos, pero con un desdén extraño hacia nuestro país: llamaban despectivamente política “criolla” a lo propio de la nuestra sociedad. Quizás por esto mismo nunca pudieron ingresar a la Argentina profunda, criolla, latinoamericana, ni entender sus problemas; a sus habitantes los socialistas les resultaban “extranjeros”. Se autocolocaban además en un extraño sitio de superioridad moral. Conciente o inconcientemente participaban del modo oligárquico de relacionarse con el sustrato popular de nuestra sociedad; al cual negaban. Por ello no puede extrañar que el emerger del verdadero proletariado argentino- el 17 de octubre de 1945- fuera visto por el Partido Comunista codovilleano como la salida a la superficie de los lumpen, a los cuales dichos “comunistas” se proponían para reprimir.
La izquierda que había nacido en tiempos pre-peronistas asumió como propio todo el profuso aparato armado en lo cultural e ideológico por parte de la oligarquía terrateniente y su creación, el Estado liberal de la Organización Nacional. Digamos a modo de ejemplo que el historiador cuasi oficial hasta los años ’80 del Partido Comunista Argentino, Leonardo Paso, era tan mitrista que, a su lado, podría pasar hasta un columnista de La Nación como revisionista del ala ligada a la izquierda. Por otra parte, ni socialistas ni comunistas cuestionaron al Modelo Agro-exportador, ni lo denunciaron como mecanismo de dominación neocolonial. En dichas fuerzas aparecía de modo desvergonzado y ridículo las desviaciones que hemos referido líneas arriba, es decir, plantearle al pueblo un esquema extraño, exótico y extranjero de revolución, al cual era imperioso amoldarse. Por ejemplo, la petulancia del P.S. al analizar muestra sociedad viró muy rápidamente en complicidad con el golpe del ’30. O el P.C. llamando a desarrollar… soviets de obreros y campesinos… en la Argentina, consigna tan imbricada en la realidad como la esperanza de otra secta izquierdista varias décadas después en la llegada de extraterrestres para favorecer la revolución proletaria. Tampoco hubo críticas para con el Estado europeizante que renegaba de todo aquello que oliera a “criollo”, “nacional” o “latinoamericano”. Tomar como propio- sin atisbo ninguno de polémica crítica- el arsenal cultural de la oligarquía terrateniente significa la rotunda y radical incomprensión por parte de dichas fuerzas del problema nacional.
Socialistas y comunistas profesaban una admiración sin límites hacia figuras como Rivadavia y Sarmiento, íconos del liberalismo; los veían como “progresistas”, por su anticlericalismo, su laicismo, los aportes del sanjuanino a la educación y su oposición a los resabios “feudales”. Pero aquellos mentados (reales o imaginarios) ademanes progresistas no alcanzaban a ocultar el rol vasto e inestimable de los mencionados “próceres” en la construcción de un orden neocolonial, ni sus vinculaciones con los imperios; a los cuales tomaban acríticamente como modelos: Rivadavia a los piratas british, Sarmiento (profético) a los E.E.U.U.. Por ende no podían comprender que una Argentina atada al diseño de la división internacional del trabajo diseñada por los países centrales no podría desarrollar todas sus potencialidades. Es decir; el ABC de la cuestión nacional. Por ello, nunca entendieron que la Argentina, a diferencia de Inglaterra, Alemania, E.E.U.U. Italia o Francia, era un país periférico, neocolonial, donde cualquier lucha “social” debería ser paralela a un combate por la “liberación nacional” y por la integración de las dos Argentinas: la Argentina “europea”, tributaria y derivada de la ciudad puerto y del Estado liberal, escenografía monumental pero frágil, y el otro país profundo, con sus bases demográficas y culturales criollas y latinoamericanas, a las que Scalabrini Ortiz llamaría años después “el subsuelo de la patria (sublevada)”.
Por eso, cuando comenzaron a principios del siglo XX las discusiones acerca de la necesidad de aplicar un modelo proteccionista de la industria incipiente que había en el país económico, el socialismo se embanderó con el librecomercio en defensa de los “derechos de los consumidores”, sin entender que de lo que se hablaba era de medidas para lograr una mayor independencia económica, es decir, medidas “descolonizantes”. Es que una sociedad que depende de los suministros externos en bienes manufacturados se halla condicionada fuertemente por tal dependencia. Así, socialistas y comunistas se transformaron en el “ala izquierda” de esa Argentina europeísta y liberal, y fueron quedando cada vez más descolocados cuando esta gran estructura comenzó a desmoronarse y estalló luego de la gran crisis.
Lo ocurrido luego del famoso jueves negro en octubre de 1929 sólo podía resultar asombroso para observadores incautos. El aparatoso edificio de la Argentina liberal, europea y agroexportadora ya había entrado en crisis varios años antes del (primer) Centenario. Síntoma de tal crisis era la conflictividad social que obligó a la oligarquía a abandonar los devaneos reformistas y promulgar las leyes de Residencia y Orden Social. Represión por los “cosacos” de Ramón Falcón y Estado de Sitio fueron el rostro sin máscaras del estado liberal. Por otra parte, la U.C.R.- que significó la pinza política para debilitar al orden oligárquico y que accedió con Hipólito Yrigoyen a la presidencia por primera vez sin fraudes- demostró su incapacidad e inconsecuencia para conducir un proceso de liberación nacional. Durante las huelgas ocurridas durante la primer presidencia de Yrigoyen la represión superó en saña, violencia, masividad e ilegalidad a los terribles tiempos de Falcón.
Además, la Primera Guerra Mundial y en mucha mayor medida la crisis del ’30 estimularon cierto nivel de industrialización por sustitución de importaciones, proceso que se vio acompañado por un éxodo rural que hace entrar en contacto tangible y físico a las dos Argentinas: la Argentina “europea” de las áreas portuarias y la más latinoamericana del Interior. Pero el elemento que dio el golpe de gracia al orden oligárquico y su estado liberal y europeizante en gran medida provino desde el exterior, con los cambios que acompañaron al reemplazo de Inglaterra por Estados Unidos como poder dominante en el mundo. Es que la rubia Albión tenía una economía complementaria con la nuestra; mientras que la de E.E.U.U. competía por vender productos agropecuarios en el mercado mundial. Argentina se había especializado económicamente para ser “socio” de Inglaterra, para venderle carne, trigo, lana y cuero a cambio de sus bienes industriales, Cuando comienza el ascenso de Estados Unidos, nosotros no podemos redirigir nuestras exportaciones hacia el nuevo sol mundial, por la simple razón de que ellos eran productores de esos mismos bienes.
En esta Argentina surge el peronismo, emerge “el subsuelo de la patria sublevada”, como diría Raúl Scalabrini Ortiz, como si de una erupción volcánica se tratase. Es un movimiento que une todo aquello dejado afuera, ocultado, invisibilizado, por la “Organización Nacional”. Y levanta banderas de liberación nacional, que van, desde la integración de esas dos Argentinas que habían marchado paralelas, hasta el rechazo al vínculo neocolonial con Inglaterra y la resistencia a establecer un nuevo vínculo colonial con los Estados Unidos.
El lema “justicia social, independencia económica, soberanía política” hace clara referencia a estas cuestiones, a esta lucha por la liberación nacional y por definir una “Nueva Argentina”, alejada de aquella escenografía europeísta.
Y si bien el peronismo tenía contradicciones ideológicas muy fuertes (y las tiene hoy, y probablemente las seguirá teniendo) los partidos de izquierda se quedaron en el análisis de ese perfil ideológico y no lograron entender el carácter de “movimiento de liberación” que el peronismo asumía. Así, rechazaron al peronismo, lo acusaron de nazi-fascismo (otra vez, aplicar categorías extrañas, elaboradas en otras latitudes que no podían ni rozar la comprensión del nuevo movimiento). En su ensoñación de conducir a un proletariado cuasi virtual se pusieron en la vereda de enfrente de la clase obrera real y junto a los enemigos del pueblo y de la nación. Confundiendo la Argentina de 1945 con la Europa ocupada y arrasa por el hitlerismo, declararon que las masas obreras del 17 de Octubre eran multitudes de facinerosos y desclasados, y cerraron filas con las demás fuerzas de la Argentina europeísta: socialistas, comunistas, radicales, demoprogresistas y conservadores, clases medias y oligarcas; todos unidos en la Unión Democrática, a la que apoyaban el Partido Comunista (es decir, la URSS) y la gran conductora del aquelarre: la embajada de los Estados Unidos que buscaba sentar las bases del dominio norteamericano sobre el país. Durante los dos primeros mandatos de Perón, el nuevo movimiento realizó diversas síntesis en lo ideológico. Primero, en su conformación interna mezclando distintos orígenes políticos para dar lugar a una nueva identidad. Y también de los debates que nosotros glosábamos líneas arriba: en nuestra opinión carece de significatividad la polémica reforma-revolución. Las realizaciones de los dos primeros períodos del fundador- incuestionablemente favorables al pueblo- serían analizadas como procesos reformistas por una mirada marxista libresca. Pero si se analiza la situación de la economía nacional, los beneficios para los trabajadores, la capacidad de intervención estatal y la autonomía de la nación toda contra el orden capitalista mundial ¿Caben dudas que se trató de una revolución (nacional y popular)?
El peronismo, por supuesto, no está exento de sus coloridas y trágicas contradicciones: cuando olvida su rol de movimiento de liberación nacional (durante la nefasta década de los ’90) se transforma apenas en una fuerza de centro-derecha con rasgos populistas, una suerte de conservadurismo de masas. Pero son esas etapas las que permiten a los progresistas blandos, alardear de rumbos avanzados que sólo son posibles discursivamente cuando el gran barco justicialista orilla fuertemente a estribor. Los tiempos actuales son largamente elocuentes acerca de ciertas fuerzas, comunicadores, intelectuales y otras personalidades que cuando el Kirchnerismo coloco al peronismo a la izquierda, quedaron irremediablemente soldados a su derecha, y mostraron su verdadero rostro. Sólo cuando el movimiento creado por el coronel sonriente y la siempre joven Eva recupera la memoria y pone en primer lugar la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, se convierte en la columna vertebral de la larga marcha de la patria hacia su liberación. Entonces se da la mano con otras fuerzas, claramente de izquierda y se convierte en el único progresismo posible y existente. Lo mismo que decíamos poco antes puede afirmarse de los tiempos K: se trata de un gobierno reformista, dirían con más o menos petulancia los cultores del marxismo libresco. Pero cerremos los ojos y evoquemos la Argentina durante los ’90 y hasta el 2003. ¿No es revolucionario que nuestro país integre la vanguardia de los gobiernos que batallan por la segunda independencia continental, que los organismos de derechos humanos tengan la recepción que logran en el actual gobierno, que los trabajadores hayan revertido el sometimiento patronal impuesto por el neoliberalismo, por citar sólo algunas cuestiones destacables? De modo que dejemos para revolucionarios de papel la disquisición acerca de si reforma o si revolución y vamos a sumergirnos de lleno en la militancia para que la consigna nunca menos se transforme de hecho en siempre más (a favor del pueblo y de la patria).
Este otro peronismo, seguramente el más genuino, el peronismo corrosivo, el peronismo disruptor, el que se remonta a Eva, al 17 de octubre (y que integra en síntesis de hecho las luchas obreras previas) que se nutre de la experiencia de la Resistencia, el de Cooke y el Perón de discurso tercermundista, el de La Tendencia y el camporismo, el del Grupo de los 8, el Frente Grande y el MTA, conduce claramente al kirchnerismo: la etapa superior del peronismo.
Gran parte de la izquierda tradicional ha realizado la autocrítica de sus errores en el ’45 (dos fracciones del P.C., algunos destacamentos del P.S). Otras, por el contrario, han tenido demasiadas dificultades para diagnosticar la realidad, no pueden comprender donde se hallan los enemigos históricos de la nación y del pueblo y mucho menos vincular los cambios sociales con el proceso de liberación nacional.
Por sus inocultables virtudes y pese a sus evidentes defectos el peronismo, se ha transformado en el eje inevitable de cualquier proceso de cambio social en la Argentina. Lo fue. Lo es. Y, posiblemente, lo seguirá siendo por mucho tiempo.
Compartir esta nota en Facebook
Tags: ADRIAN CARLOS CORBELLA, Izquierda Nacional, JOSÉ CARLOS MARIATEGUI, marxismo, MOVIMIENTO DE LIBERACION NACIONAL, Peronismo, Raúl Isman, revolución





















