YO NO INVENTÉ A CRISTINA NI A NÉSTOR

Buenos Aires-Argentina- EL EMILIO

“Todavía me emocionan ciertas voces
Todavía creo en mirar a ojos
Todavía tengo en mente cambiar algo;
Todavía, y a Dios Gracias, todavía”
Juan Carlos Baglieto.

Por Pedro del Arrabal

El gigante Enrique Santos Discepolo, en uno de sus habituales microprogramas que se emitían por Radio El Mundo allá lejos y hace tiempo (mediados de 1950), le decía a su personaje “Mordisquito” : “-Yo no inventé a Perón ni a Eva Perón”
Pido perdón a ese gran Maestro por afanarle la idea. Lamentablemente, para hacer esta simple reflexión que intentará ser similar a tan brillante deducción , mi mediocridad como hombre de letras no me permitió encontrar algo más original.

Si bien es cierto que hay una gran distancia entre los personajes y sus historias (Perón y Evita por una lado y Cristina y Néstor por el otro), lamentablemente los agravios y ataques contra un gobierno popular (en otro contexto desde ya) se repiten. Con otros protagonistas, y con un telón de fondo casi similar en lo ideológico, en lo económico, en lo político y en lo social, las perversas agresiones volvieron a la escena política nacional.

Hoy la oligarquía cambió sus ropajes, pero su perversión y sus odios siguen intactos. En los “50″ esa oligarquía, y haciendo uso de la libertad de prensa existente, supo transmitir a un sector de esa clase media recien ascendida gracias al peronismo, su odio antiperonista. Se trata de ese sector de clase media que nunca entendió que su ascenso de debió al cambió en la situación económica, política y social que el peronismo había logrado imponer en el país desde una gestión de gobierno que creyó que lo que faltaba era mejorar las condiciones de vida de los que realmente hacían la Patria, la clase Trabajadora. La haragana, especulativa y auto-considerada Clase Patricia, sector social improductivo que se creyó hacedora de la Patria (para pocos), nunca pudo soportar eso; y trabajó para desterrarlo. Pero no lo logró. La justicia social había quedado grabada a fuego en el inconciente colectivo de la clase trabajadora, de los más humildes, de los sumergidos, de los olvidados por la historia. Fueron y son los verdaderos hacedores de la historia de la Patria con su esfuerzo diario. Se sentían y sienten, se sabían y se saben diferentes de los otros, de la parasita oligarquía argentina; porque se reconocen como los genuinos portadores de la identidad nacional a la cual no piensan renunciar.

Y esos olvidados están regresando. Se van sumando y ya son millones los que están volviendo. Evita lo intuyó; y no se equivocó

Entonces…
Ayer, Perón era ladrón. Hoy, ¿por qué Néstor lo iba a ser? Ayer, Evita fue la actriz puta Hoy, ¿Por qué Cristina no iba a ser una Yegua? La bajeza hecha injuria volvio al escenario político alimentada indirectamente pero sin pausa desde los medios monopólicos.

Pero…

Yo no inventé a Critina ni a Néstor, MAGCLANA(1). Los trajeron ustedes con sus intolerancias y su codicia.

Yo no inventé a Cristina ni a Néstor, Lilita. Los creaste vos, con tu falsa modestia, tu arrogancia, tu soberbia, tu incoherencia, tus mentiras y tu bastardeo de la política.

Yo no invente a Cristina ni a Néstor, Chiquita Legrang y “Su” Gimenez. Los rescataron ustedes desde esa marcada ignorancia que las acompaña desde la cuna y con la que fueron construyendo sus peligrosas soberbias. La misma soberbia que las hizo pensar que esas desconocidas televidentes de pueblo, mujeres comunes y corrientes que las seguían a través de la caja boba constituían un rebaño manejable. ¡Si Chiqui, si “Su”! Mujeres que ustedes pensaron que por formar parte del vulgo eran ignorantes como ustedes, ustedes que pretenden no formar parte de ese vulgo; mujeres que en cierta forma las admiraban, y ustedes, equivocadamente imaginaron estúpidas. ¡Si Chiqui, si “Su”! Esas televidentes que ustedes creyeron que las podías engañar; vos “Chiqui” con tus finos y delicados exabruptos despectivos hacía el actual gobierno, vos “Su” con las barbaridades que podían salir de tu boca, querida ignorante. ¡Sí, Ustedes! Dos mujeres con mucha tele y pocos libros; que creen tener autoridad para destilar todo el veneno a través de un discurso gorila contra un gobierno popular, elegido democráticamente. Pero se olvidaron queridas “chicas” que el gobierno al que ustedes intentan atacar es el que le esta devolviendo a sus televidentes, aunque sea en pequeñas cuotas, la dignidad perdida; televidentes que ya no estarán tan pendientes de esa limosna que ustedes distribuyen en sus respectivos programas.

Yo no invente a Cristina ni a Néstor, señores de la prensa “sería”. Los agigantaron ustedes con sus diatribas diarias, con sus ninguneos, con sus burdos mensajes cotidianos tratando de erosionar un gobierno popular, sirviendo descaradamente a espurios intereses monopólicos que controlaron y manipularon a través de ustedes a la opinión publica durante decenios. Son ustedes los que agigantaron sus figuras con ese incesante accionar basado en vituperar un gestión de gobierno que solo está intentado hacer realidad una mejor distribución de la riqueza. Son ustedes, “señores” periodistas, los que con su servidumbre ayudaron a sentir la necesidad social de crear una nueva norma que regule mejor las comunicaciones en términos mediáticos, La bienvenida Ley de Medios Audiovisuales. Fueron ustedes con su irresponsable accionar, desvirtuando la moral y la ética de una noble profesión -la de periodista-, los que ayudaron a este gobierno a que desplegara criteriosamente ese don llamado sentido común que para ustedes es el menos común de los sentidos.

Yo no inventé a Cristina ni a Néstor, queridos izquierdistas de la “Revolución Ya”. Tampoco los inventaron ni las Madres de Plaza de Mayo ni Abuelas de Plaza de Mayo. ¿Tan “locas” están para apoyar a este gobierno que ustedes califican de dictatorial y antipopular? ¿Que culpa tengo yo si el pueblo argentino confía más en las pequeñas conquistas que el gobierno de Cristina les está entregando haciendo posible esa felicidad perdida hace ya largo tiempo y que de apoco van recuperando? ¿Qué culpa tengo yo que el gran pueblo argentino no crea en vuestra propuesta de gran “revolución ya”. ¡Muchachas y muchachos! ¿Qué culpa tengo yo que no los sigan cuando ni siquiera les dicen cómo harán esa gran “revolución ya”? Si ustedes creen que el pueblo en bastante boludo por ser peronista, ¿cómo creen que ese pueblo menoscabado intelectualmente por ustedes puede confiar en librescas y vacías propuestas ? ¿Qué culpa tengo yo que el gran pueblo argentino elija que todo se haga en su medida y armoniosamente? Si ellos eligen eso, ¿quien soy yo para argumentar con soberbia que las reformas no son válidas y las “revoluciones ya” sí?

Con Perón y Evita, Nación fue sinónimo de Pueblo; y el pueblo fue feliz. Con Néstor y Cristina, de a poquito, fue recordando aquella felicidad, y fue recuperando su perdido protagonismo. Es el mismo pueblo que fue proscripto durante 18 años, reprimido, despojado de protección social, obligado a recluirse en el más espantoso silencio a fuerza de asesinatos y desapariciones mientras ustedes, MAGCLANA, “Chiquita” y “Su” disfrutaban de “la paz” y “el orden” de los cementerios. Es el mismo pueblo que hoy toma las calles que son de todos y no son de nadie, sin temor y sin miedo, aunque a ustedes esto les produzca tanto miedo.

Por todo esto es que les doy las gracias. ¡Si! A ustedes, Magclana, Lilita Carrio, Chiqui Legrang y a vos “Su” Gimenez, y a todos los que ustedes intentan representar. Porque con vuestra intolerancia, el pueblo argentino recuperó su importancia y reasumió el protagonismo que por tanto tiempo le fue negado. Porque con sus diatribas permitieron que las AFJP dejaran de ser un negocio para unos pocos usando el dinero de todos; que Aerolíneas Argentina volviera a ser nuestra línea aérea de bandera, que se recuperara el 82 por ciento para nuestros jubilados (aunque falte su movilidad), que fuera una realidad la Asignación Universal por Hijo y que mucho chicos retornaran a la educación.
Gracias les doy, porque tanto agravio hizo que este gobierno nacional y popular les brindara lecciones de lo que realmente significa libertad prensa mientras ustedes practican lecciones de censura.
Gracias porque con sus nefastos dichos y denigrantes actitudes fue posible la más bella fiesta Patria que la historia argentina recuerde. Gracias a la desconfianza sobre ustedes se afianzó la confianza en el Gobierno de Cristina quien, y a modo de gratitud, le permitió al pueblo argentino regalarse las mejores fiestas que haya conocido nuestro país para celebrar sus doscientos años de vida como nación Libre.

Pero te lo recuerdo por si lo llegastes a olvidar…
Yo…Yo no invente a Cristina ni a Néstor. El pueblo argentino agradece a esa intolerancia de unos pocos y en especial a la de ustedes. Sin ella Cristina y Néstor no serían esa realidad de alegría de la que hoy disfruta el gran pueblo Argentino.
¡Ha! Y brindo por su Salud.

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(1) MAGCLANA = Magneto-Clarin-La Nación

LA LECTURA DE LOS PIBES

 

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LAS LECTURAS DE LOS PIBES

El próximo 4 de junio a las 16 hs en Suarez 421, Unidad de Producción Social del Comedor Los Pibes, se inaugurará oficialmente la Biblioteca Popular Rodolfo Walsh.
En este marco se realizará el acto: “Las lecturas de Los Pibes”. En el mismo el Sr. Rodolfo Hamawi, Director Nacional de Industrias Culturales de la Secretaría de Cultura de la Nación, hará entrega de 1000 libros, proveerá 3 muebles y una computadora para el buen funcionamiento de la biblioteca del Comedor, con la colaboración de la ALIANZA EDINAR.
Esta acción es parte del convenio que surge de la articulación entre la Fundación Hábitat y Salud Urbana y el Comedor Los Pibes de La Boca a partir del trabajo común en tareas de promoción y desarrollo vinculadas a la cultura popular.

Para más información comunicarse con la Fundación Hábitat y Salud Urbana (FU.)
Cel: 15 – 44452914
e-mail: [email protected]
www.habitatysaludurbana.org.ar

EN EL AÑO DEL BICENTENERARIO, “HISTORIAS VIVIENTES”

Buenos Aires-Aregentina, EL EMILIO

Revista  EL EMILIO tiene el inmenso placer de presentar otro humilde  trabajo  inscripto dentro de su proyecto OTRA EDUCACIÓN ES POSIBLE.

Esta vez presentamos una pequeña y sintética muestra de un trabajo desarrollado durante varios años en una escuela publica de la C.A.B.A.

Se trata de la historia argentina de los últimos 200 años, de vivencias contadas por abuelos,  por los verdaderos  protagonistas de las mismas;  y la otra historia, la que recibieron estos protagonistas vía transmisión oral, o a través de la educación recibida dentro y fuera del sistema de educación formal.

Después de la fiesta

La alegría de no encontrarse

Por Claudia Gantus

¿Estabas? ¡Yo también! Era el comentario repetido, al otro día, a la mañana, en el chat… ¿Estás acá? Era el mensaje de texto. ¡Por supuesto! La respuesta. ¿Vas a ir? Voy mañana, con los chicos. Y no nos encontramos, pero estábamos encontrándonos. Caminamos entre multitudes. De vez en cuando cantábamos alguna canción. Tomamos mate. Con dificultad llegué cerca del puesto de las Madres. La cola para entrar era interminable. Me sentí feliz. Conozco la casa de las Madres, he marchado muchas veces a su lado, he caminado con orgullo por el ECuNHi. Miré de afuera y sonreímos con mi compañera: qué bueno que tantos quieran entrar y saber. En el puesto de las Abuelas pasó lo mismo, y desde el mural nos sonreían los Nietos recuperados. Elegí unirme a su sonrisa y dar lugar a que muchos, otros, pudieran acercarse. El festejo era estar ahí. Desde cada cartel nos hablaban los verdaderos constructores de la historia: Moreno, Belgrano, Martí, Artigas, San Martín, el Che, Eva, Jauretche,… Sus rostros se dibujaban en esa enorme mole gris sobre la calle Belgrano, que cada tanto se envolvía de celeste y blanco. Todo sentimiento patriótico siempre me sonó confusamente traicionero. Infancia y adolescencia en dictaduras no me permitían asociar la escarapela a otra cosa que no fuera la foto del Billiken o los uniformes militares. Calurosas discusiones juveniles con mis padres, que recordaban la Patria Justa, Libre, y Soberana, y la asociaban al trabajo digno, a la educación para todos, a las fábricas, los hospitales, el voto femenino, la jubilación. Papá insistía en colgar su bandera, mientras yo pedía “banderas rojas, banderas negras…” Pero el tiempo nos pasa, y las ideas maduran como los frutos cuando un árbol es regado buenamente. Y poco a poco empecé a ver otra patria, una patria con minúscula, sin la mayúscula soberbia del patrioterismo. Una patria con p de pueblo. Un pueblo diverso, heterogéneo. Una patria que a veces no tiene prensa, pero cuando le hacen lugar inunda las calles. Una patria llena de chicos en los hombros de sus papás bailando al sonido de la murga. Una patria de abuelos de paso lento entre la multitud. Una patria joven saltando en el asfalto. Una patria que aplaude alegre a los hermanos de otras tierras, y se sabe americana, como decía Bolívar. Esa patria se anima a festejar. Toda fiesta es un momento. Nadie puede vivir de fiesta en fiesta. La fiesta es una pausa, que le da sentido al trabajo, a la construcción cotidiana, al esfuerzo y la lucha. ¿Cómo no disfrutar ese momento? Creo que quienes no estaban felices no fueron, o se iban, porque en mis caminatas (que fueron muchas a lo largo y a lo ancho del paseo, desde la Plaza al Obelisco, del Congreso) me sentía rodeada de un sentimiento común. Y sí. Todavía hay mucho por hacer. Pero eso también es motivo de festejo. Festejar que se puede seguir construyendo. Feliz Bicentenario, para los que se animen…

CLAUDIA

“Movimientos sociales y América Latina hoy”

 

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UNIVERSIDAD POPULAR MADRES DE PLAZA DE MAYO

Universidad de Lucha y Resistencia

 

Jueves 27 de mayo 19 hs 

Seminario “América Latina frente a la reacción neoliberal y el imperialismo” 

 

 

 

Charla “Movimientos sociales y América Latina hoy”

 

GONZALO BARCIELA

GERMÁN IBAÑEZ 

 

 EN EL AÑO DE LA REVOLUCIÓN DEL BICENTENARIO 

 

  CAuditorio “Juana Azurduy”

Sede I 

 

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

 

UNIVERSIDAD POPULAR MADRES DE PLAZA DE MAYO

2000 – 6 de abril – 2010  Diez Años de Lucha y Resistencia

Hipólito Yrigoyen 1584 -  Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Tel.: 4384-8693 – /[email protected] / www.madres.org

 

LA HORA DE AMÉRICA LATINA

Gentileza de Ana T. Lorenzo

MAYO, MES DEL BICENTENARIO

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Por Norberto Galasso

 

La hora de America Latina

La unidad de los gobiernos populares del continente permite soñar con la posibilidad de constituir la Patria Grande. Nuestra América camina un nuevo rumbo. “Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco, yo soy del Partido Americano”, decía José de San Martín.

Estamos en las vísperas. Aquello que soñaron nuestros grandes de la Patria Grande aparece en el horizonte como una aurora que avanza por encima de la prepotencia imperialista y de tantas traiciones de las oligarquías nativas. La Nación Latinoamericana -que debió ser por la comunidad de territorio, de idioma, de historia, de costumbres, de cultura y de lazos económicos- aparece ahora muy cerca, exigiendo su lugar en el mundo.

Nuevas palabras y nuevos proyectos resuenan, a través de sus montañas y sus ríos, anticipando los tiempos nuevos: mercado común, gasoducto norte-sur, complementación económica, Banco del Sur, moneda común, etc. Hasta aquellos que antaño manifestaban desinterés -e inclusive desdén- por la suerte de sus países hermanos -como fue el caso de gran parte de la sociedad porteña en la Argentina- viven ahora con sumo interés los procesos electorales de esos mismos países, con la certeza de que los triunfos populares en cada uno de ellos, aseguran el triunfo de todos. Crece la conciencia de que sólo la unión permitirá a las sardinas -usando el simbolismo de Juan José Arévalo- enfrentar al tiburón, cada vez más viejo, más enredado en sus propias contradicciones, pero siempre feroz y asesino.

Estamos avanzando hacia la unidad latinoamericana y es preciso concretarla en las más diversas cuestiones, dando especial atención a la cuestión militar. El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha planteado claramente la necesidad de avanzar hacia acuerdos militares que impidan toda violación de la soberanía de cualquiera de nuestros países o todo intento de derrocar a un gobierno que no resulte simpático a la plutocracia yanqui. De ahí el comité de Defensa común suramericano que está en proyecto.

Ha sonado la hora de acercar el oído a la tierra que nos pertenece para recuperar los mensajes de nuestros grandes luchadores. Desde lejos, sobreviviendo a muchas décadas de expoliación y sometimiento, regresan las voces de los grandes luchadores. José Martí vuelve para decirnos: “…El deber urgente de nuestra América (Latina) es ser una en alma e intento…El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia, llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos”. “Una sola sociedad -arenga Bolívar- para que nuestra divisa sea Unidad en la América Meridional” y desde los Andes, el Gran Capitán de Chacabuco y Maipú define: “Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco, yo soy del Partido Americano”.

La reciente reunión de presidentes ratifica que la bandera de la revolución nacional latinoamericana se despliega hoy con vigor para englobar a estas tierras desde el río Bravo hasta la Tierra del Fuego. Nuclearse alrededor de ella constituye uno de los compromisos insoslayables de todos aquellos que luchamos por el Hombre Nuevo en una sociedad nueva. Sólo el frente único antiimperialista, con los trabajadores y el pueblo a la cabeza, puede asegurar la reconstrucción de la Patria Grande, pues el grado de trasnacionalización de las burguesías de las patrias chicas les impide encabezar un proceso que necesariamente exige profundos y decisivos cuestionamientos a las relaciones de producción vigentes.

Por esta razón, aquellos proyectos que algunos consideraban utopías imposibles de concretar -la unión latinoamericana y el socialismo- aparecen estrechamente ligados, como momentos sucesivos e ininterrumpidos de un mismo proceso de Liberación.

Lo predijeron sin vacilación aquellos hombres del socialismo revolucionario cuando, ya en la etapa superior del capitalismo, reconocieron la importancia de la cuestión nacional en los países coloniales y semicoloniales, fijando la posición que los socialistas debían ocupar en los frentes únicos antiimperialistas. Lo prueba hoy la realidad latinoamericana cuando el movimiento hacia la reconstrucción de la Patria Grande tiene por principales impulsores a la Cuba socialista liderada por Fidel Castro, la Venezuela que se orienta hacia el “socialismo del siglo XXI,” bajo la conducción del comandante Hugo Chávez, la Bolivia conducida por Evo Morales desde el Movimiento al Socialismo, así como otros países que van por el mismo rumbo. El “fantasma de la revolución” que -según el Manifiesto de 1848- recorría Europa, está reapareciendo en América Latina con distintos ropajes: como resurrección de los pueblos originarios, en Bolivia, como república bolivariana en Venezuela, como altísimos niveles de educación y salud pública en Cuba, al mismo tiempo que despliega potencialidades promisorias en otros países de la región.

Por allí soplan los nuevos vientos y cabalgan los tiempos por venir. Asimismo, también la conciencia latinoamericana es sostenida por países cuyos gobiernos provienen de movimientos nacionales policlasistas cuyas políticas internas no manifiestan todavía las audacias necesarias. Pero debe observarse que, en esos países, donde sus aparatos productivos se hallan altamente extranjerizados, va a llegar inevitablemente un punto de colisión entre su política nacional latinoamericana y su política interna respetuosa del viejo orden. Y allí seguramente, tarde o temprano, serán las masas populares organizadas las que volcarán su fuerza a favor del camino nuevo.

Por supuesto que estos cambios profundos exigen tiempo y un batallar permanente, que habrá inevitablemente repliegues o retrocesos episódicos, que la pelea será dura porque siempre los privilegios se resisten a morir. Pero aquello que han sostenido nuestros grandes luchadores y también aquello que hoy están protagonizando los sectores populares en distintos países permite asegurar que América Latina vive en la actualidad un momento excepcional y ello obliga a ser optimistas y a redoblar esfuerzos.

En dos siglos, sólo el tratado Perú -Colombia de 1822- detrás del cual estaban José de San Martín y Simón Bolívar- o en el siglo XX el corredor revolucionario del Pacífico y del sur, o en los años ’70 Juan Velasco Alvarado, Camilo Torres, Salvador Allende y Juan Domingo Perón, ofrecieron un panorama tan promisorio.
Esta es la tercera gran oportunidad, enriquecida por un avance notable en el plano ideológico, pues las nuevas ideas recorren todo el escenario latinoamericano, aunque con diversa hondura y con los perfiles propios de la aventura transitada por cada una de las patrias chicas. El rumbo está señalado y la oportunidad está planteada. La voz poderosa de Manuel Ugarte, una de las grandes figuras del Socialismo Nacional, viene desde el pasado para alumbrarnos el futuro “Unámonos, unámonos a tiempo, que todos nuestros corazones palpiten como si fuesen uno solo y así unidos, nuestras veinte capitales, se trocarán en otras tantas centinelas que, al divisar al orgulloso enemigo, cuando éste les pregunte: ¿Quién vive? Le respondan unánimes, con toda la fuerza de los pulmones: ¡La América Latina!”

A LAS 00 Hs.00’, 00’’ DEL 25 DE MAYO, LA PATRIA FUE UNA FIESTA

Buenos Aires-Argentina-EL EMILIO, 25 dr Mayo de 2010

LA FIESTA FUE DEL PUEBLO
Y EL PUEBLO
LA ESPERÓ EN VIGILIA;

Y EN EL PRIMER SEGUNDO
DEL 25 DE MAYO DE 2010
EN LA 9 DE JULIO

EL PUEBLO ARGENTINO
ESTALLÓ EN JÚBILO
GRITANDO DESDE SUS VÍSCERAS

 “SEAN ETERNOS LOS LAURELES
QUE SUPIMOS CONSEGUIR
CORONADOS DE GLORIA VIVAMOS
O JUREMOS CON GLORIA MORIR”
 dibujo-del-bicentenario1 

EN EL DÍA DE LA PATRIA LAS IDEAS DE UNO DE LOS MÁS GRANDES PENSADORES DE LA NACIENTE UNASUR

Buenos Aires- Argentina-EL EMILIO- 25 de Mayo de 2010

raul-scalkabrini-ortiz                                                               Por Raúl Scalibrini Ortíz

 

 La economía es un método de auscultación de los pueblos. Ella nos da palabras específicas, experiencias anteriores resumidas, normas de orientación y procedimientos para palpar los órganos de esa entidad viva que se llama sociedad humana. En puridad, la economía se refiere exclusivamente a las cosas materiales de la vida: pesa y mide la producción de alimentos y de materia prima, tasas las posibilidades adquisitivas, coteja los niveles de vida y la capacidad productiva, enumera y determina los cauces de los intercambios y, en momentos de fatuidad, pretende pronosticar las alternativas futuras de la actividad humana. Pero la economía bien entendida es algo más. En sus síntesis numéricas laten, perfectamente presentes, las influencias más sutiles: las confluentes étnicas, las configuraciones geográficas, las variaciones climatéricas, las características psicológicas y hasta esa casi inasible pulsación que los pueblos tienen en su esperanza cuando menos.
El alma de los pueblos brota de entre sus materialidades, así como el espíritu del hombre se enciende entre las inmundicias de las vísceras. No hay posibilidad de un espíritu humano incorpóreo. Tampoco hay posibilidad de un espíritu nacional de una colectividad de hombres cuyos lazos económicos no están trenzados en un destino común. Todo hombre humano es el punto final de un fragmento de la historia que termina en él, pero es al mismo tiempo una molécula inseparable del organismo económico del que forma parte. Y así enfocada, la economía se confunde con la realidad misma.
Temas para extraviar son todos los de la realidad americana. Esa realidad nos contiene, su calidad condiciona la nuestra. Somos un instante de su tiempo, un segmento de su espacio histórico. Ella delimita constantemente la posibilidad del esfuerzo individual. No podemos ser más inteligentes que nuestro medio sin ser perjudiciales a los que quisiéramos servir y a nosotros mismos. Valemos cuanto vale la realidad que nos circunda.
La realidad se anecdotiza incesantemente en nuestros actos y en nuestros pensamientos sin que la inteligencia americana se preocupe de consignarlos. Solemos referirnos a los pasados de América que se anotaron con trascendencia histórica, solemos hilvanar imaginerías sobre su porvenir, pero al instante vivo en que la historia se confecciona, sólo ha merecido desdén de la inteligencia americana que podía haberlos descrito. Y ésa es una de las grandes traiciones que la inteligencia americana cometió con América.
Cuatro siglos hace ya que la sangre europea fue injertada en tierra americana. Tres siglos, por lo menos, que hay inteligencias americanas nacidas en América y alimentadas con sentimientos americanos, pero los documentos que narran la intimidad de la vida que son esos hombres convivieron no se encontrarán, sino ocasionalmente, por ninguna parte.
Razas enteras fueron exterminadas, las praderas se poblaron. Las selvas vírgenes se explotaron y muchas se talaron criminalmente para siempre. La llamada civilización entró a sangre y fuego o en lentas tropas de carretas cantoras. El aborigen fue sustituido por inmigrantes. Éstos eran hechos enormes, objetivos, claros. La inteligencia americana nada vio, nada oyó, nada supo. Los americanos con facultades escribían tragedias al modo griego o disputaban sobre los exactos términos de las últimas doctrinas europeas. El hecho americano pasaba ignorado por todos. No tenía relatores, menos aún podía tener interpretes y todavía menos conductores instruidos en los problemas que debía encarar.
Sin un contenido vital, las palabras que en Europa una realidad, en América fueron una entelequia, cuando no una traición. El conocimiento preciso de la realidad fue suplantado por cuerpos de doctrina, parcialmente sabidos, que no habían nacido en nuestro suelo y dentro de los cuales nuestro medio no calzaba, ni por aptitudes, ni por posibilidades, ni por voluntad. La deliberación de las conveniencias prácticas fue reemplazada por antagonismos tan sin sentido que más parecían antagonismos religiosos que políticos o intelectuales. En esas luchas personales o absurdamente doctrinarias se disipó la energía más viva y pura que hubiera podido animar a estas nacientes sociedades.
Los revolucionarios de 1810, por ejemplo, con exclusión de Mariano Moreno, adoptaron sin análisis las doctrinas corrientes en Europa y se adscribieron a un libre cambio suicida. No percibieron siquiera, esta idea tan simple: si España, que era una nación poderosa, recurrió a medidas tan restrictivas para mantener el dominio comercial del continente, ¿cómo se defenderían de los riesgos de la excesiva libertad comercial estas inermes y balbuceantes repúblicas sudamericanas? Pero el manchesterismo estaba en auge y a su adopción ciega se le sacrificó todas las industrias locales.
América no estaba aislada. Al contrario. Fuerzas terriblemente pujantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Ellas sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar, simultáneamente. El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con las que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Este libro no es más que un ejemplo de algunas de esas falsías.
Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos. Bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos, se oculta la penosa realidad americana. Ella es a veces dolorosa, pero es el único cimiento incorruptible en que pueden fundarse pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más enervantes tentaciones.
Desgraciadamente es difícil aprehender con seguridad a nuestro país. Hay que darlo por presente en las meras palabras que lo denominan o en los símbolos que lo alegorizan. O ser extremadamente sutil, para asir entre lo ajeno y lo corrompido esa materia finísima, impalpable casi e incorruptible que es nuestro espíritu, el espíritu de la muchedumbre argentina: venero único de nuestra probabilidad.
Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo es extranjero o esta sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios de transportes y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero están los medios internos de cambio, la distribución de crédito, el régimen bancario. Extranjero es una gran parte del capital hipotecario y extranjeros son en increíble proporción los accionistas de las sociedades anónimas.
Hay quienes dicen que es patriótico disimular esa lacra fundamental de la patria, que denunciar esa conformidad monstruosa es difundir el desaliento y corroer la ligazón espiritual de los argentinos, que para subsistir requiere sostén del optimismo.
Rechazamos ese optimismo como una complicidad más, tramada en contra del país. El disimulo de los males que nos asuelan es una puerta de escape que se abre a una vía que termina en la prevariación, porque ese optimismo falaz oculta un descreimiento que es criminal en los hombres dirigentes: el descreimiento en las reservas intelectuales, morales y espirituales del pueblo argentino.
No es impulso moral el que anima estas palabras. Es un impulso Político. Cuando los EE.UU. de Norteamérica se erigieron en nación independiente, Inglaterra, vencida, parecía hundirse en la categoría oscura de una nación de segundo orden, y fue la energía ejemplar de Willian Pitt la salvadora de su prestigio y de su temple. Decía Pitt: “Examinemos lo que aún nos queda con un coraje viril y resoluto. Los quebrantos de los individuos y de los reinos quedan reparados en más de la mitad cuando se los enfrenta abiertamente y se los estudia con decidida verdad”.
Ésa es la norma de este libro.

(1)Prólogo de “Política Británica en el Río de la Plata”